miércoles, 6 de diciembre de 2017

ECONOMÍA REAL

Las Tres Economías (II): La economía real.

Carl Menger definió los “bienes económicos” como aquellos respecto a los que existe una necesidad mayor que la oferta disponible. Es el clásico principio de escasez. Y lo que siempre se hace con el principio de escasez es mencionarlo una vez, y acto seguido esconderlo en una caja fuerte, cerrarla, enterrarla en lo profundo de un valle, y luego inundar el valle con las aguas del Océano del Olvido. No vaya a ser que nos joda la fiesta... 

JOSÉ ANTONIO SÁNCHEZ CABEZAS / L.D.
06 de diciembre de 2017 
Los economistas liberales son, aunque no lo parezcan, unos soñadores. Todos ellos saben – se lo explican al principio de la carrera- que la economía es la gestión de la escasez. La gestión del hambre y la pobreza. Y “gestionar” no es “solucionar”. La economía como tal ni puede, ni pretende, erradicar la escasez.

Pero los economistas liberales sí lo pretenden. Y se creen capaces de conseguirlo. Los muy ilusos.

Detengámonos un momento a pensar sobre el mercado. Tenemos los ciudadanos de a pie, todos ellos -bueno, la mayoría- tienen un trabajo. Son empleados de empresas. Empresas que buscan beneficios. Eso es, las empresas pagan un sueldo a sus trabajadores – esos ciudadanos de a pie- para que estos produzcan bienes y servicios que luego venden por un precio mayor que el coste de producción (salarios incluidos) de dichos bienes y servicios. ¿A quién se los venden? A los consumidores. ¿Quienes son los consumidores? Los ciudadanos de a pie que pueden consumir por que tienen un sueldo... por que trabajan para las empresas.


Los trabajadores y los consumidores son las mismas personas, y es ahí donde los engranajes chirrían. Porque las empresas necesitan que los trabajadores/consumidores se gasten MÁS dinero del que las propias empresas les pagan como salario. Si lo hacen, los trabajadores/consumidores se arruinan, porque gastan más de lo que ganan. Si no lo hacen, las empresas se arruinan, ganan menos de lo que invierten. Y en cualquiera de los dos casos, el mercado entra en crisis.

¿A que es genial?

Toda la economía de mercado está plagada de estas situaciones sin salida; si las cosechas son malas, el precio se dispara y cunde el hambre. Si las cosechas son abundantes, el precio cae en picado, y los productores se arruinan (lo que significa que al año siguiente hay menos campos activos, se cosecha menos, y cunde el hambre).

Los mismos economistas liberales que definen los bienes económicos como aquellos que se necesitan en cantidades mayores de las disponibles, creen tener la receta para que dejasen de ser escasos. Bienes económicos abundantes. Lo cual es imposible, pues, por definición, los bienes económicos solo pueden ser escasos. De lo contrario, no son bienes económicos.

Ergo la economía es escasez. Por lo tanto, la escasez no es un problema económico, pues los problemas tienen solución, y la escasez no tiene solución económica. Es, no un problema, sino una situación. Una situación que se debe gestionar. Y sin embargo, toda la escuela liberal moderna está fundada en la premisa de que la economía puede erradicar la escasez. Escuela liberal moderna (escuela austriaca) fundada por un tal Carl Menger, que fue el primero en definir los bienes económicos como aquellos que son escasos... y el primero en olvidarlo.

Se obstinan en erradicar la escasez utilizando una herramienta – el mercado- que no está diseñada para ello. Que no sirve para ello. Y de ahí que se caiga una y otra vez en la más enloquecedora de todas las situaciones: las paradojas.

Durante la Guerra Fría se estudio mucho la paradoja de la guerra nuclear: si la URSS lanza sus bombas contra EEUU, EEUU responde lanzando sus bombas contra la URSS, y ambas naciones arrasadas. Si es EEUU el que comienza lanzando sus bombas contra la URSS, entonces los americanos responden enviando las suyas, y ambas naciones quedan arrasadas. Destrucción mutua asegurada.

Las paradojas no tienen solución; por lo tanto, no debes perseguirla. Como buscar la forma de ganar la guerra nuclear, o como tratar de solucionar la escasez con la economía de mercado, supone meterse en un laberinto sin salida. Lo que debes hacer es no caer en la paradoja. No entrar en el laberinto. No librar la guerra nuclear.

No aplicar la economía de mercado.

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