lunes, 17 de julio de 2017

ECONOMÍA FINANCIERA

Las Tres Economías (I): La Economía Financiera.

Durante la Edad Media, tiempo de ignorancia, nació una parodia de la ciencia empírica llamada “alquimia”. La alquimia era totalmente inútil, pero enmascaraba su falta de resultados con una generosa dosis de complejidad, confusión, y secretismo, expresado todo en una jerga incomprensible. De esa forma se lograba vender que la alquimia funcionaba, y el único problema era que algunos no la aplicaban correctamente. La economía financiera es, sin duda, la alquimia de nuestros días. 

josé antonio sánchez cabezas / L.d.
17 de julio de 2017 

Una pregunta muy directa: ¿cómo se pone en circulación el dinero? ¿lo saben?

Cuidado, aunque la cuestión parezca sencilla, es engañosa. De hecho, es muy probable que usted ya haya caído en el equivalente intelectual a una ilusión óptica. Posiblemente, al leer “¿cómo se pone en circulación en dinero?”, su mente lo haya traducido de otra manera. “¿Cómo se gana el dinero?” es una buena candidata; a todos nos preocupa el tema de cómo ganar dinero. “¿Cómo se crea el dinero?” es otra posibilidad. Vamos a intentar responder las tres:


Sobre como se gana el dinero poco puedo decirles que ya no sepan – lo siento-. Robando puede ganar mucho, muy rápido, pero solo hasta que les pillen. Trabajando ganarán dinero, pero nunca mucho dinero. Estafar es una alternativa mucho mejor; ganas mucho dinero, muy rápido, y es difícil que te pillen. Ni siquiera es necesario violar la Ley; puedes, por ejemplo, fabricar zapatillas malas en el tercer mundo, con un coste de 5 euros el par, y venderlo por 80 euros en occidente. Un verdadero timo.


Sobre la segunda cuestión, de cómo se crea el dinero... bueno, el dinero físico se imprime en los Bancos Centrales. Antiguamente se hablaba de “acuñar”, pero eso solo se aplica a las monedas, y hoy en día el dinero físico es, mayoritariamente, billetes.

De cualquier manera, no tiene mayor misterio: le das al botón, y la máquina comienza a acuñar/imprimir dinero. Lo mismo que hacen los falsificadores en oscuros sótanos, pero en plan legal.

Más, dicho sea en honor a la verdad, lo cierto es que el dinero físico NO es todo el dinero. Ni siquiera la mayoría. No, señor. En torno al 99% del dinero que existe en el mundo es dinero bancario. Eso es, anotaciones en cuentas bancarias. Y no se equivoquen; no hay nada que respalde esas anotaciones en cuenta. De hecho, si los clientes de un banco acudiesen a retirar – por ejemplo- la mitad de sus depósitos, descubrirían que el banco no se lo puede dar. No porque no lo tengan en esa sucursal en concreto, sino porque no lo tienen. En ningún sitio.

El dinero bancario lo crea el propio banco cuando otorga un préstamo. La creencia generalizada es que el dinero que el banco entrega a los que solicitan un préstamo (uno hipotecario, por ejemplo), sale del dinero de los ahorradores. Sin embargo, si te paras a pensar, hay algo que no cuadra: los ahorradores pueden sacar su dinero cuando quieran. Incluso los que invierten a plazo fijo pueden sacarlo en algunos casos, sufriendo la debida sanción. Más aún: los préstamos hipotecarios se fían a 15, 25 o 40 años. Y nadie realiza depósitos a plazo fijo a tan largo plazo.

El dinero que prestan los bancos no sale de los ahorradores. De hecho, no sale de ninguna parte; lo crean de la nada. Abren una cuenta, y escriben en ella la cantidad que se va a prestar. Paralelamente, crean una cuenta de débito – deuda- que genera vencimientos parciales a plazo (las famosas letras del préstamo) que el infeliz prestatario debe de ir abonando, si puede, y mientras pueda.


Pero veces el prestatario exige el dinero físicamente.”, pensará usted.

Bueno, es un caso más infrecuente de lo que parece. Los bancos muestran una cierta resistencia a operar con efectivo. Y es normal. Ocurre que el banco tiene una cierta cantidad de efectivo con el que va realizando las operaciones diarias, incluidas puntuales entregas de grandes cantidades. Pero ese dinero es una diminuta fracción de la cantidades que maneja el banco; la inmensa mayoría son solo anotaciones en cuenta. El truco no se descubre porque la inmensa mayoría de los clientes no suelen sacar físicamente todo el dinero, de forma que los reembolsos van compensándose – más o menos- con los ingresos de dinero físico que realizan otros clientes.

Algún día – y creo que no dista mucho- habrá un pánico bancario a nivel mundial, y los hasta entonces confiados clientes acudirán en masa a las sucursales a sacar su dinero. Y descubrirán que no existe. No físicamente. Por consiguiente, no se lo pueden entregar. Crash.


O tal vez no. Tal vez los que dirigen las cosas se adelanten al problema y eliminen el dinero físico. En Dinamarca ya lo han propuesto. Así que ya veremos qué llega antes: la prohibición del dinero físico, o el pánico bancario mundial. La carrera, en cualquier caso, será muy ajustada.

Llegados a este punto, hemos de afrontar la primera pregunta que había planteado: ¿cómo entra en circulación el dinero? Pues... en forma de deuda.

El Banco Central imprime/acuña el dinero, pero luego no lo regala. Lo presta. Eso es, lo entrega a alguien – a los Estados, o a los bancos comerciales, por lo general- con la condición de que sea devuelto, y con intereses. Es como se ha hecho siempre, desde el principio.

Acto seguido, los Estados ponen en circulación ese dinero a través del gasto público, y luego tratan de recuperarse a través de los impuestos. Deben recuperarlo, pues tienen la obligación de devolver todo lo prestado al Banco Central, y con intereses.

La banca comercial, por su parte, utiliza el dinero prestado por los Bancos Centrales para entregar préstamos. Préstamos que generan dinero bancario, pero que también generan una cantidad todavía mayor de deuda, pues todos esos préstamos deben pagarse con intereses.

No hay que ser muy avispado para darse cuenta de como acaba el asunto: dado que se está generando constantemente más deuda que dinero, el sistema económico está condenado, sí o sí, a acabar colapsando por la cantidad ingente de deuda impagable. Es, de hecho, lo que ocurre periódicamente, y es inevitable que ocurra aunque tanto familias como Estados y empresas se guíen con mesura y corrección. Porque todo el dinero que existe es el justo y necesario para pagar el principal de las deudas, pero no existe el dinero para cubrir los intereses.

Sin embargo, este no es un problema sin solución. Toda la economía financiera, después de todo, es una convención, un invento humano, pura alquimia. Si nos ponemos todos de acuerdo – o si así lo deciden los que mandan-, esas deudas pueden borrarse. Y ya está. No es tan raro. Lo hacían en la Antigua Babilonia y en el Japón de los Shogun. También en la Europa Medieval. Se decreta una condonación generalizada de las deudas, y ya está. El sistema se reinicia.

Claro está que lo dicho solo sirve en un sistema en el que el Estado es más fuerte que los bancos. Y no estamos en ese sistema. Vivimos en un sistema en el que los Estados – los políticos- están subordinados a los bancos, por lo que los créditos de estos últimos son sacrosantos. No puede haber condonación generalizada. No lo permiten. Así pues, la forma de reiniciar el sistema es a través de terribles crisis periódicas, que conllevan quiebras, ruina y sufrimiento. Las deudas desaparecen junto con las empresas, que, devoradas por la avalancha de deuda, desaparecen. Y con ellos los puestos de trabajo de millones de trabajadores, que a su vez deben entregar a los bancos todo lo que tienen para intentar – normalmente sin conseguirlo- pagar sus propias deudas con los bancos, con lo cual estos últimos acceden a bienes reales (coches, casas, etc) a cambio de ese dinero bancario que habían creado de la nada.

Todo es falso, amigos. Pero, como la alquimia, no importa que no sea real. Lo que importa es que la gente crea que es real. Que el dinero que ve en su cuenta bancaria existe. Que las deudas se pueden – y se deben- pagar. Que los pobres y endeudados lo son por su propia culpa. Y que el sistema no se puede cambiar.

Pero resulta que sí se puede cambiar. Y se debe cambiar. Es más: el cambio es inevitable. Porque sosteniendo toda esa economía financiera, toda esa alquimia, existe una economía real (fabricación de bienes y servicios) y una economía fundamental (gestión de recursos básicos). Y resulta que ninguna de las dos van a sostenerse por mucho más tiempo...

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