sábado, 8 de abril de 2017

GRECIA

El Grexit que se avecina

Grecia fue portada y noticia constante tras la victoria de Syriza. Luego sobrevino la rendición a la Troika. Desde entonces, y como no hay interés en doblegar a un gobierno ya doblegado, Grecia ha desaparecido de las portadas. Pero eso no durará mucho tiempo...

josé antonio sánchez cabezas / l.d.
08 de abril de 2017 

No parece haber novedades en Grecia desde que Tsipras hincase la rodilla ante la Troika. Y, en realidad, no las hay: el actual gobierno heleno se ha dedicado de forma obediente a aplicar el programa impuesto desde el FMI, y que consiste en aplicar impuestos confiscatorios a las clases medias – verdadera especie en peligro de extinción, y no solo en Grecia-, y aplicar toda suerte de recortes, para pagar la deuda. Así ha sido durante los últimos dos años. No hay nada nuevo que reseñar al respecto.

¿Se podría, al menos, publicar la disminución de la deuda griega como noticia? No, salvo que queramos mentir, pues no ha habido disminución alguna digna de publicarse. Todos los sacrificios de los griegos no han servido para bajar la deuda del 170% del PIB. Lo que sí se ha logrado es agravar el sufrimiento humano, y situarse como el país europeo con más paro.


Vamos a repetirlo, por si acaso el dato se ha pasado por alto: la deuda pública de Grecia es del 170% de su propio PIB. Eso significa que - descartando la utópica idea de pagarla- para reducirla a un nivel “razonable” del 90% su economía tendría que registrar un superavit del 1% durante 80 años, o del 2% durante 40 años. Lo cual constituye una meta prácticamente inalcanzable para cualquier país, y especialmente para uno que está inmerso en una recesión.

Porque esa es otra cuestión: Grecia, tras aplicar las sabias políticas de la Troika, está en recesión. Y no es ninguna sorpresa: la economía privada y la economía pública son simbióticas. La combinación de subida de impuestos y recortes de gasto – todo ello para enviar el dinero así conseguido al extranjero vía pago de la deuda pública- hace que el Estado se convierta en una suerte de esponja que absorbe los recursos de la economía privada sin reinvertirlo luego. Por lo tanto, la economía privada se desangra. Entra en recesión.

Los griegos están en caída libre, y eso no sorprende a nadie, y mucho menos a la Troika, que no esperaba aplicó un programa destinado a la recuperación, sino, por el contrario, al expolio sistemático e intensivo del país. La privatización de los aeropuertos griegos, otorgados a una multinacional alemana a cambio de un precio simbólico, es, tal vez, el más espectacular ejemplo de lo que está ocurriendo, pero no pasa de ser eso: solo un ejemplo.

En los años ochenta, los tiburones de Wall Street se dedicaban a hacerse con empresas solventes, vía opa hostil, para después desguazarlas y venderlas por piezas, en unas operaciones tan destructivas como rentables. En los años noventa aplicaron ese mismo despiece a países sudamericanos como Argentina. Y ahora, perdida toda mesura, aplican el sistema a países europeos. (Al final resultará que los grandes poderes financieros no son nada prejuiciosos; despedazan con la misma despiadada alegría a cualquier país de cualquier región. Nadie está a salvo.)

Acallados los gemidos de dolor de las masas y los lamentos de las familias por los medios de comunicación, el proceso sigue su curso de forma opaca y sigilosa. Pero ese silencio no durará mucho más, pues la situación de Grecia es tan espantosa que este año – tal vez este mismo verano- volverán a bordear la quiebra. Y entonces retornarán los griegos a los titulares de la prensa, y colmarán de nuevo los informativos.

Pero no contarán la verdad.

La derrota de Syriza – expulsión de Varufakis mediante-, y la traición de Tsipras a la izquierda, antaño ruidosamente celebrada, ahora deberán ser borradas de la memoria colectiva. Nadie debe saber que la angustiosa situación de Grecia es resultado de aplicación obediente del programa de la Troika. En lugar de ello, hay que vender la historia – sutilmente, si se puede, o mintiendo descaradamente, si no queda más remedio- que el desastre es producto de políticas de izquierdas, también conocidas como podemitas.

Así pues, no se sorprendan si, cuando se anuncie la quiebra técnica de Grecia, volvemos a desayunar, comer y cenar con la imagen de Pablo Iglesias abrazado a Tsipras cuando este último todavía se perfilaba como una némesis del neoliberalismo, y no su mercenario.

Pero, más allá del uso torticero de imágenes antiguas y descontextualizadas, ¿como harán para vender la mentira desde los medios? ¿no será acaso demasiado evidente que Tsipras se ha pasado los últimos años aplicando el programa del FMI?

Pues no os preocupéis, que ya está todo pensado. Cuando llegue el momento, los mass media proclamarán que Tsipras ha faltado a su palabra con la Troika porque no ha cumplido con los objetivos.

Y es que a Grecia le ha dado, desde las altas instancias, dos clases de instrucciones: primero, unos objetivos de déficit y de pagos, que son la meta a conseguir, al menos de cara al público. Pero también le han impuesto las políticas específicas para tratar de conseguir dichos objetivos.

Así, el gobierno heleno no podía decir “bien, voy a intentar alcanzar esos objetivos de déficit aumentado el PIB con una bajada de impuestos a las clases bajas y un aumento del gasto público para reactivar la economía”. No, señor. Para cumplir con los objetivos marcados – que eran completamente irreales, por cierto-, a Grecia solo se le daba una opción: aplicar el programa de la Troika.

Estamos, en todos los sentidos, ante un fracaso programado. Pero la prensa no dirá nada de eso; se limitarán a señalar que Tsipras, ese izquierdista cercano a ciertos demagogos españoles (y de nuevo colocarán la foto de Pablo Iglesias con Tsipras. Todo muy sutil), se ha saltado los compromisos (los objetivos) suscritos con la Troika, y va por libre con su izquierdismo y su ruina.

Del programa de la Troika nadie dirá nada. Lo borrarán de la ecuación. No es la primera vez lo que lo hacen. Al fin al cabo, el FMI lleva décadas arrastrando a la quiebra a naciones sudamericanas co sus “programas” - el ya citado ejemplo de Argentina fue el máximo exponente de las naciones que confiaron los expertos del FMI su economía, para acabar en crisis total, corralito financiero incluido-.

Los programas del FMI no... funcionan... NUNCA. Pero de eso no escuchareis nada.

La nueva crisis Griega, como el invierno, se acerca. De hecho, los helenos están destinados a ser expulsados del euro, y tal vez de la propia UE. Lo harán cuando ya no quede nada qué expoliar. Pero mientras eso llega vamos a estar entretenidos con los dramas griegos, las crisis y los “rescates”. El guión del próximo ya lo han escrito los medios de manipulación: el problema, dirán, es que Tsipras no ha cumplido con los objetivos... por culpa de Pablo Iglesias. 

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