domingo, 19 de marzo de 2017

EL “MONOPOLIO” DEL LIBERALISMO: terminar con las garantías del proteccionismo

Liberalismo: sustituir el monopolio del Estado por el oligopolio del Mercado

Los taxistas y los estibadores se encuentran enfrentados a las políticas liberalizadoras de la derecha. El Partido Popular, también el PSOE y Ciudadanos, aunque estos dos últimos lo disimulen votando en contra o absteniéndose, vienen aplicando medidas liberales por mandato imperativo de la Unión Europea, sólo que le han dejado el marrón al PP.

LEGITIMISTA DIGITAL
19 de marzo de 2017 

Los liberales acusan al Estado de otorgar la explotación de monopolios como el de la estiba, bajo la garantía proteccionista, y al mismo tiempo tratan de buscar las simpatías de los ciudadanos por las políticas liberales al hacerles ver que jamás ganarán tanto dinero como los estibadores o como aquellos que viven de un empleo basado en la concesión de la explotación de un monopolio estatal. El origen de este modelo lo encontramos en las antiguas monarquías autoritarias y absolutas de los siglos XV al XVIII, y precisamente fueron los liberales ingleses y escoceses quienes se opusieron a las prácticas monopolistas del estado monárquico representado por la dinastía Stuart, de hecho favorecieron el destronamiento de James II en 1688 en la “Revolución Gloriosa”, para hacer triunfar las medidas liberalizadoras y privatizadoras en la economía.

En aquellos siglos el funcionariado público, o lo que venía a ser los funcionarios de la monarquía compraban la licencia, los derechos de explotación de su puesto de trabajo en situación de monopolio, de manera que servía para financiar a la Corona. Estas prácticas monopolistas no gustaban a los liberales quienes se oponían desde el siglo XVII en Holanda e Inglaterra a la intervención del Estado monárquico en la economía.
Los liberales pretendían eliminar los gremios o sindicatos tradicionales que defendían a los trabajadores, a quienes se acusaba, como lo hacen hoy, de privilegiados. Los liberales entienden que un trabajador que compró una licencia para la explotación de un negocio es un privilegiado. Acusan de privilegiados a todo el cuerpo de estibadores, como antaño acusaban de este modo a todos los sectores de la economía que se rigieran por esta característica monopolista estatal, que daba lugar a la creación de un gremio al que todos debían respetar. Y la pregunta que deberíamos hacernos tod@s desde que triunfa en el mundo el liberalismo económico en el siglo XVII en Inglaterra hasta la victoria de Margareth Thatcher y la Escuela de Chicago de Milton Friedman, es la siguiente: ¿En qué ha beneficiado a los trabajadores el desmantelamiento de la práctica monopolista del Estado?
Los liberales nos han vendido las bondades del liberalismo como un bálsamo milagroso que terminaría beneficiando a los ciudadanos que son trabajadores también, por los efectos que tendrían las políticas liberales si se eliminaban los gremios, los monopolios, las protecciones, las garantías, las “trabas feudales”, que es como las llamaban, o también señaladas como “privilegios de otros tiempos”, en base al supuesto abaratamiento de los precios por la competencia entre los productores. Lo que se ha traducido realmente es en la precariedad laboral representada por la incertidumbre, los bajos salarios y el despido libre.
Los liberales tratan de congraciarse con aquellos ciudadanos desamparados o que están al margen de las estructuras gremiales y sindicales para utilizarlos como carne de cañón para servirse de ellos y favorecer un proceso tendente a la “revolución capitalista”, en el sentido liberal exacto, que trataría de desmantelar todas las protecciones señaladas anteriormente bajo la acusación vehemente de “privilegios proteccionistas”.
Desde los años 70 venimos viviendo un fuerte proceso de desmantelamiento del Estado que se ha traducido en la aceptación por parte de la ciudadanía de la precariedad laboral.
¿Cómo hemos llegado a la precariedad laboral?
Pues una de las causas hoy día tiene que ver con la dejación en la defensa de los derechos sindicales por parte de los trabajadores. Hemos asistido durante años a un supuesto diálogo entre la patronal y los sindicatos, que ha llevado a los sectores estratégicos de la economía, a su liberalización y privatización. Y más por imperativo de la Unión Europea, una entidad gobernada por la oligarquía plutócrata, que está interesada en la privatización de la creación del dinero, y por ende, de los Bancos Centrales; no en vano, ha creado el Banco Central Europeo, pero además, no conforme con esto, toda la legislación europea viene a establecer todo un proceso y proyecto privatizador de los recursos, bienes y medios de producción, de acuerdo a las ideas de esa oligarquía plutócrata que nos vende el liberalismo económico bajo el paradigma que todos los ciudadanos tenemos derecho a trabajar en la estiba como antes lo decían señalando aquellos sectores económicos que consideraban privilegiados al estar amparados por la explotación monopolista del Estado.
Solo hay que ver la precariedad laboral en condiciones de inestabilidad e incertidumbre de la cual somos víctimas la inmensa mayoría de los ciudadanos que no somos funcionarios, o que no trabajamos en la estiba. Sólo el egoísmo de los ciudadanos que no trabajamos en estos gremios, es la correa resultante de transmisión utilizada por los liberales para que se sumen al proyecto liberalizador y privatizador, al hacerles creer que podrán trabajar en la estiba en las nuevas condiciones de igualdad que se establezcan desde el libre mercado en base a la precariedad laboral. Su intención es conseguir nuevas parcelas de trabajo en condiciones precarias para los ciudadanos en paro. Utilizados estos últimos como lumpenproletariado, ariete de la burguesía liberal para finiquitar y desmantelar todo lo público en la economía.

El resultado de la liberalización
No hay mucho que afirmar al respecto, el resultado de toda liberalización únicamente beneficia a todos aquellos actores implicados en la desaparición de la intervención del Estado en la economía, con el fin de hacer posible la privatización de los sectores económicos que todavía se rigen por criterios distintos al liberalismo, para posibilitar la explotación y precariedad laboral en condiciones de hacer caer los precios y salarios, añadiendo a estos sectores al mismo panorama en el que se encuentran todos los ya existentes en la economía española: incertidumbre, precariedad y desempleo.
Con el gremio de los taxis ocurre exactamente lo mismo. Lo paradójico de ello, es que la mayoría de sus miembros se han mantenido durante años fieles a la derecha que representa el Partido Popular. Y es que el Partido Popular, como Ciudadanos y como el PSOE, tienen un programa y proyecto económico afín a la liberalización y privatización de los sectores de la economía española. No entiendo bien, qué hace la ciudadanía de nuestro país confiando en partidos políticos que favorecen la precariedad y explotación laboral, porque lo que estas fuerzas políticas pretenden con su liberalismo económico es proceder a un enrase salarial fijado por la libre competencia resultante del cruce de la Oferta y la Demanda, lo que se traduce en incertidumbre, precariedad y desempleo como ya han demostrado el resto de sectores económicos que se han entregado al liberalismo.
La crítica de “privilegiados” que realizan los liberales solo tiene como objetivo el monopolio de los sectores económicos en manos de la oligarquía plutócrata, una oligarquía que mediante las fuerzas liberales que controla y que la defienden siempre ha tildado al papel del Estado, representado por los diferentes organismos públicos, como monopolista y proteccionista al objeto de desprestigiarlo, porque escondían su deseo explotador de las personas, bienes, recursos y medios de producción, que el Estado en su papel garante y protector, le impedía realizar o limitaba esa explotación, impidiendo el “monopolio” de los liberales traducido en oligopolio. Así entendemos la oposición de la oligarquía burguesa liberal al estado monárquico antiguo, y entendemos su posterior oposición al sistema socialista. Su objetivo es liquidar cualquier fórmula que se rija por criterios distintos al liberalismo económico en el seno de los sectores de la economía, y para ello se valen de la precariedad laboral social vigente, al objeto que las víctimas ciudadanas que la padecen se sumen a la crítica liberal contra los estibadores o las reivindicaciones de los taxistas, con el fin de conseguir que esa precariedad laboral también llegue a estos dos gremios que si han sabido defender sus derechos laborales.