domingo, 5 de febrero de 2017

Congreso de Vistalegre II

Errejón: El camino equivocado, en la dirección incorrecta

Desde ayer, y durante los próximos días, se va a celebrar en la plaza de Vistalegre, el segundo gran congreso de la historia de Podemos. Un congreso que estará marcado por el enfrentamiento entre Pablo Iglesias, actual líder del partido, e Iñigo Errejón, que aún detenta su posición como segundo, si bien dependiendo de cómo transcurran los acontecimientos, podría acabar al frente del partido... o fuera de él.

josé antonio sánchez cabezas/l.d.
05 de febrero de 2017 

Este enfrentamiento, que ambos contendientes quieren revestir de debate puramente ideológico, pero que inevitablemente también es una cuestión de poder personal, determinará si Podemos, un consigue abrir un verdadero debate de ideas, que se presenta a cara de perro, sin que termine en una demolición del propio partido. Un equilibrio difícil, pero no imposible, y en el que será fundamental ver como se cierra – o si se cierran- las heridas que sin duda se producirán en la lucha.

Respecto a las posturas ideológicas, y teniendo una inmensa mayoría de posiciones comunes – esperemos que no pierdan de vista ese hecho-, la disensión se halla más en la forma que en el fondo: Pablo Iglesias continúa defendiendo un modelo de partido militante, purista, en el cual las maneras son coherentes con los objetivos. Podemos nació como un partido fuertemente activista, surgido de las movilizaciones del 15-M, de vocación contestataria, y que defiende modelos muy distintos a los que hemos visto hasta ahora. Tan distintos a lo acostumbrado que suscita esperanzas y temores a partes iguales.


Errejón, por el contrario, considera que dicho modelo ya no tiene más recorrido. Entiende que, tras quedarse estancando en las últimas elecciones, conviene moderar las formas – y quien sabe si variar también los objetivos- para “vender” mejor el partido entre los ciudadanos que se consideran de izquierdas, pero que se sienten rechazo ante la imagen antisistema del partido morado. Considera que hay que ganar “transversalidad” para conseguir más votos.

Y llegados a este punto, debo decir que considero que Errejón está completamente equivocado, y por partida doble.


En primer lugar, Errejón subestima la volatilidad del voto que Podemos ha conseguido aglutinar, si quiera temporalmente; personas jóvenes en su mayoría, escépticas y desengañadas con la supuesta democracia española, que se sintieron atraídas por el aire distinto, alternativo, y casi bohemio, de los planteamientos de Pablo Iglesias.

Esa imagen de marca, además, está ya tan profundamente ligada a Podemos en el imaginario colectivo que el partido prácticamente no tiene opción de ser otra cosa. Al menos, no si quiere sobrevivir como formación de nivel nacional.

En otras palabras: es demasiado tarde para anunciar el “nuevo Podemos” que pretende Errejón. Los votos de la izquierda más burguesa “no se dejarían engañar” por algo que es una mera operación de marketing, y demasiado evidente además. Así pues, la estrategia que defiende Errejón no lograría atraer las masas que quiere cortejar; pero lo que sí lograría, con toda seguridad, es la huida en desbandada de los votos que actualmente constituyen su única base electoral, y que se sentirían amargamente traicionados.

Podemos es un partido demasiado novedoso. A diferencia de PP y PSOE, no tiene una base electoral asentada, y los votos que tan rápidamente ganó se pueden perder aún más rápido. Y sin embargo, Errejón parece ciego a este hecho, aparentemente convencido de que cuenta con un “voto cautivo” que seguirá fiel al partido de forma acrítica, borreguil.

A ello conviene añadir que la victoria de Errejón supondría el abandono de Pablo Iglesias. Y siendo este último un personaje controvertido, al que solo se puede amar u odiar, no es menos cierto que Errejon carece todo carisma.

Dicho de forma castiza, a Errejón no le votaría ni el tato.
¡Qué alegría! ¡qué alboroto!; otro perrito piloto.


Pero es que es aún peor: Errejón no solo parte de una premisa falsa respecto a la naturaleza de sus actuales votantes, no solo se engaña sobre sus posibilidades de atraer a los votantes de la izquierda más aburguesada. Además se equivoca respecto de las posibilidades de éxito de la propia “transversalidad”.

Los tiempos han cambiado. Los duros y persistentes efectos de la crisis económica han radicalizado las posturas de la masa. El centro político, y en particular el centro-izquierda, se está quedando vacío. Los votantes huyen de él en masa, para volverse a partidos de posiciones mucho más contundentes

A nivel internacional, los ejemplos se cuentan por docenas: el ascenso del Movimiento Cinco Estrellas en Italia, la llegada al poder de Syriza en Grecia, la victoria de Donald Trump en EEUU, el Brexit y el UKIP en Reino Unido, el Frente Nacional en Francia, las últimas elecciones austriacas – en las cuales el poder se lo disputaron entre los eco-comunistas y la extrema derecha-, el gobierno de confluencia social-comunista en Portugal,...

Con todas sus diferencias, que son muchas, los mencionados movimientos y partidos tienen dos cosas en común: primero, que están en franco ascenso – o incluso gobiernan ya-, y en segundo lugar, que no son en absoluto moderados ni “transversales”. Y no lo son ni en el fondo, ni en las formas.

Errejón pretende poner rumbo al centro en un momento en el que el viento sopla en la dirección contraria. Y ni siquiera cuenta a su favor con el factor tiempo, puesto que se anuncian recesión económica en el horizonte, por lo que las aguas no volverán a su curso.

Por lo tanto, Errejón ha elegido el camino equivocado, pues un “nuevo Podemos” sería igualmente rechazado por la izquierda militante y por la moderada (por no hablar de que se perdería el principal activo electoral del partido, que es Pablo Iglesias). Pero sobretodo ha escogido la dirección incorrecta, pues pretende cosechar votos en un centro político cada vez más escuálido en el que se apelotonan PSOE, PP y Ciudadanos.

Así pues, esperemos que Pablo Iglesias se imponga en el Congreso de Vistalegre, porque el Podemos que defiende es el único posible.

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