jueves, 26 de enero de 2017

LA EXTREMA DERECHA EUROPEA SE REUNE EN COBLENZA AL IMPULSO DEL TRIUNFO DE DONAD TRUMP

"Ayer, una nueva América; hoy, Coblenza, y mañana, una nueva Europa"

La derecha populista pronostica en Europa el regreso de los "Estados Nación", desde una perspectiva ultranacionalista tras la toma de poder de Trump, y celebran una "Convención de los Patriotas" en nombre de las "Libertades y de las Naciones" en Coblenza.

LEGITIMISTA DIGITAL
26 de enero de 2017 
Los "Patriotas de Coblenza" blandiendo las banderas de la xenofobia, el odio y la exclusión

Corría en año 1791 de la Francia revolucionaria, hacía varios años, desde el 14 de julio de 1789 que los parisinos se habían sublevado contra la monarquía francesa, arrasando con el centro simbólico del poder monárquico: la Bastille.
1791 representaba el año de la monarquía constitucional burguesa y capitalista, elemento decorador que los girondinos y fuldenses, más moderados en sus aspiraciones revolucionarias, querían conservar la institución monárquica en el marco del poder ejecutivo, manteniendo a Luis XVI con derecho de Veto. La oposición jacobina no tardó en despertar y denunciar este hecho, y sin embargo, los sucesos políticos que acontecían, tampoco gustaban a los llamados “exiliados”.

Los exiliados eran los supuestos “monárquicos de pro”, aquellos que cuando Luis XVI se vio obligado a reunir a los Estados Generales, a petición de ellos mismos; el rey aprovechó para exponerles la situación financiera tributaria del país, llamando al compromiso de todos los Estamentos para hacer frente a las deudas del reino. Entonces a los “monárquicos de pro”, a aquella nobleza y alto clero, ya no les gustó lo que el Rey pedía en las sesiones de los Estados Generales. Y es que la revolución de “los patriotas”, como dijo Chateabriand, “la trajeron las clases privilegiadas”, pero la explotó la clase burguesa.
En 1791, la ciudad de Coblenza, se había convertido en la Corte de la Contrarrevolución, donde se reunían gran cantidad de “exiliados” o “monárquicos de pro”. Habían demostrado que su lealtad monárquica llegaba hasta donde satisfacía a sus bolsillos. Y lo que estaba sucediendo en Francia, no les gustaba nada. Aquella nobleza terrateniente, enemiga de los acontecimientos revolucionarios jamás pensó que en el futuro saldría fuertemente beneficiada gracias a su asimilación y alianza con el capitalismo liberal burgués que tras la revolución se impondría, no sólo en Francia, en toda Europa. Los “monárquicos de pro”, aquellas dinastías principescas feudales se adaptarían a las nuevas circunstancias que imponía el capitalismo, muchos a regañadientes, y con denuedo otros, lucharon en el campo de batalla contra el capitalismo, que era la expresión de “luchar contra los patriotas”.
La Revolución Francesa se había convertido en la representación de la unidad de los Patriotas, y la Corte de los Exiliados de Coblenza les combatía con el fin de aplastar la Revolución Francesa. Aquellos “monárquicos de pro” no querían abandonar su vieja y antigua concepción del mundo, su insolidaridad había empujado al país a la revolución francesa, y como no la dirigían al estilo de poder convertirla en una antigua y tradicional revuelta medieval de aspiraciones feudales, se encontraron con la sorpresa que significaba la existencia de la clase económica y social burguesa. La burguesía, era la clase social que dominaba las artes del comercio y la que realmente detentaba el poder del dinero y las finanzas. El factor capital de la burguesía, se impuso sobre el factor tierra de la nobleza. Coblenza significó en el pasado el símbolo de la Contrarrevolución, el nombre de la vieja monarquía francesa en su lucha contra los patriotas. Y aquellos patriotas de la revolución, simbolizaban el poder burgués capitalista de las ciudades que había roto con la tradición feudal.
El 21 de enero de 1793 moría guillotinado Luis XVI de Francia, a quien los jacobinos habían condenado a muerte. La revolución de los patriotas decretaba el asesinato público del rey de Francia, porque lo había considerado traidor a su revolución capitalista burguesa.
El paso del tiempo nos lleva a la paradoja de lo ocurrido el día 21 de enero de 2017, porque ha significado la toma simbólica de esta ciudad por los nuevos congregados, por los nuevos patriotas de extrema derecha, reunidos en Coblenza, no se sabe a bien con qué significación la eligieron, quizá creían atribuirse el fenómeno y elemento de la Contrarrevolución que nada tiene que ver con el Nazismo de las Naciones que representan, más bien al contrario. Sin embargo esta extrema derecha, enemiga de la actual Europa, porque la considera heredera de los valores de la revolución francesa, se ha reunido en Coblenza, quizá para demostrar su oposición simbólica. Pero los valores de aquellos patriotas y estos nuevos de ahora, son exactamente los mismos: egoísmo de la comunidad nacional que comparte rasgos culturales comunes, el proteccionismo capitalista como bandera de guerra, y el imperialismo como supremacía económica y racial. Son la deformación de la otra cara de los valores de la revolución francesa los que gobiernan Europa, son la cara burguesa del ultranacionalismo exacerbado que tiene el objetivo de llevar a los pueblos a la guerra de todos contra todos. Y esa guerra, ya la estaba librando el neoliberalismo capitalista bajo el dominio del mundo anglosajón, y mientras fue el mundo anglosajón el que sentía determinante y controlador del mango de la sartén, jamás pondría en duda los planteamientos surgidos de los valores de la revolución francesa: la libertad de comercio y de mercado, la libre circulación de mercancías y personas,... porque era el mundo occidental el que se imponía desde el capitalismo al resto del mundo. Sin embargo la elección de Donald Trump como presidente de los EEUU y su toma de posesión, indica un punto de inflexión realmente asombroso porque de alguna manera representa la inseguridad de los estadounidenses y el mundo anglosajón. Es decir, cuando el liberalismo o neoliberalismo ya no les funciona, después de haber obligado al mundo entero a regirse por las reglas del libre mercado, la flexibilidad laboral y las condiciones de trabajo precario y contaminación del planeta, después de todo esto, entonces pretenden cambiar de modelo porque el neoliberalismo ya no les beneficia.
Bajo el paradigma neoliberal de los patriotas surgido de la revolución francesa burguesa, la plutocracia occidental parece desconfiada. El avance y la aparición de nuevos populismos de ultraderecha camina para establecerse como un nuevo orden mundial como el que aconteció tras la revolución francesa de los patriotas. Aquellos patriotas que tomaron el reino de Francia, el pasado 21 de enero de 2017 han tomado la ciudad de Coblenza, símbolo de la Contrarrevolución, en su sentido tradicional, no en el sentido que le dan estos nuevos patriotas, que tratan de despertar una “primavera de las naziones”. Mientras que el significado antiguo de la Contrarrevolución, perteneciente al siglo XVIII, opuesto al liberalismo, inspiraba un mundo y universo anticapitalista y comunalista donde la monarquía tradicional refrenaba y sometía las aspiraciones burguesas plutócratas; el nuevo significado de la Contrarrevolución durante el siglo XX, ha servido para identificar el regreso de las ideas liberales decimonónicas de libre mercado y competencia, y la progresiva eliminación de la intervención pública estatal, representado por la Escuela de Chicago de Milton Friedman, y los políticos como Ronald Reagan y Margareth Thatcher, o dictadores criminales como Pinochet en Chile.
Ahora surge un nuevo concepto de Contrarrevolución que bebe del fascismo puro, del ultranacionalismo, y que tiene como ejemplo el marco de ruptura entre el pueblo y el rey, porque considera a cada pueblo como superior respecto de los otros pueblos, lo cual envuelve de nuevo a estos en la escalada creciente de un nuevo egoísmo, no sólo mercantil, sino chauvinista.
Hemos llegado a esta situación en el mundo por los impulsos de las recetas y aplicación del modelo económico neoliberal capitalista, donde se ha tomado por meta y triunfo una feroz e inhumana competencia entre las personas. Se ha desnaturalizado a los seres humanos convirtiéndolos en máquinas, y a la vista del creciente paro, y sufrimiento económico social que supone para los ciudadanos, al verse desamparados por los poderes públicos, y por un Estado inexistente en cuanto a las coberturas sociales públicas se refiere, entendemos que la población haya asumido un rol basado en la desconfianza y la incertidumbre, que es el mejor caldo de cultivo para el crecimiento y auge de la extrema derecha.
Toda esta situación nos debe hacer reflexionar, para desarrollar una recomposición de los elementos y claves sociales, para impedir este auge, y la izquierda, lamentablemente, no está a la altura de las circunstancias. La izquierda comunista de alguna manera ha asumido la referencia de la antigua Unión Soviética, y de alguna manera se han convertido en nuevos tradicionalistas de un mundo que ya no existe. Ocurre lo mismo con el Carlismo, donde se asume las referencias de un mundo y universo anticapitalista y comunalista que quizá podemos encontrar en algunos pueblos y pequeñas comunidades rurales sin ningún impacto real en la población y en nuestra sociedad.

La extrema derecha se está haciendo fuerte y hay que impedir que sus discursos insolidarios e inhumanos consigan establecerse y perpetuarse en el poder, pero llevamos desde la caída de la Unión Soviética en 1989, una deriva social cada vez más antihumana al contemplar como los efectos sociales de la competitividad feroz, ha establecido un paradigma mental, que ahora se trata de superar bajo la vía estrecha de la insolidaridad, en lugar de apostar por un modelo económico social cooperativo, no competitivo, transversal y solidario, donde el proteccionismo sea una herramienta interventora de los pueblos, no para hacerse la guerra entre ellos, sino para limitar e impedir los abusos del negocio del libre mercado y comercio internacional, donde el proteccionismo signifique un modelo de progreso ecológico social, al favorecer la demanda de productos y servicios que son respetuosos con el medio-ambiente, y no como pura arma arrojadiza que sirva para dañar aún más al Planeta. Un modelo proteccionista social ecológico en el campo de la economía socialista sería un sistema a desarrollar, para contraponerlo al egoísmo proteccionista de un ultranacionalismo desnortado, que trata todavía más de deshumanizar a la humanidad.

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