martes, 6 de diciembre de 2016

CONSTITUCIÓN DE 1978: Nada que celebrar

Herencia franquista disfrazada de "voluntad del pueblo".

La Constitución de 1978 fue fruto de la Ley Para la Reforma Política, blindó a los herederos de la oligarquía franquista: el capitalismo, el centralismo y la propiedad privada.

El Carlismo, desde el Partido Carlista apostó por la ruptura completa con el régimen franquista, y también con sus sucedáneos y marcas blancas, aunque se disfrazasen de "Constitución". 

LEGITIMISTA DIGITAL
06 de diciembre de 2016 

Hoy se engalanan "nuestros" políticos liberales con la parafernalia constitucional. Se autoproclaman herederos del constitucionalismo español y liberal, herederos de la Pepa de 1812, herederos del proyecto constitucional liberal de Bayona de 1810.
Una constitución como es la de 1978, cuya parte social ha caído en saco roto, cuya parte económica se ha desarrollado en pro del mercado y la iniciativa privada capitalista, apartando completamente la planificación de la economía. Una constitución que como sus predecesoras ha consentido la privatización/desamortización de los recursos, bienes y medios de producción. Una constitución que ha amparado bajo su desarrollo el sistema de explotación neoliberal capitalista, que ha entregado la soberanía de las Españas a la plutocracia usurera, cuyos gestores, los políticos una vez más, forman parte de esta podredumbre llamada “nación española”.

Hacen gala de una patria que no existe, de una soberanía que tampoco existe, se proclaman patriotas defensores del país, pero privatizan todo lo público.
Una constitución, la de 1978, que no hemos votado, que es fiel reflejo de la continuidad del régimen franquista por lo que supuso la “aceptación” de la reforma política frente a la ruptura política. Una falsa aceptación impuesta que obligó a optar entre “dictablanda” y monarquía franquista.

Una constitución que acepta y blinda a la actual casa de Borbón, la rama liberal, la alfonsina, la juanista, la que representó Juan Carlos el Usurpador y ahora su hijo Felipe el Impostor. Se anima al analfabetismo social a salir a festejar los años que llevamos con la actual constitución, fruto de la “Santa Transición”. Esa falsa transición “modélica” y supuestamente pacífica que albergó a los comandos de la extrema derecha franquista de Guerrilleros de Cristo Rey, Batallón Vasco Español, la Triple A, y varios asesinos diversos que no tuvieron inconveniente en formar los comandos terroristas de los GAL bajo el gobierno del PSOE, cuyo presidente Felipe Gonzalez Márquez se apunta al rango de la letra X, señor X, responsable político del terrorismo de Estado.

Las sombras de la actual y vigente constitución comienzan por todo su incumplimiento respecto al tema socioeconómico, y prosigue cuando entrega la soberanía de las Españas a Maastrich, o cuando acepta la limitación del techo del gasto de las Comunidades Autónomas, y todo ello sin consultar a la población.
La actual Constitución es terrible cuando apunta que el jefe del Estado es irresponsable de sus actos, o permite que los insuficientes referendos que puedan darse en el país, no sean vinculantes.

La actual Constitución ha servido de excusa para mediatizar y encorsetar a la justicia de nuestro país, de forma que nuestros jueces quedan maniatados bajo el poder político que sirve a los intereses económicos capitalistas, y para ello han terminado instituyendo el nuevo Tribunal de Orden Público Franquista a través de la invención del Tribunal Constitucional que anula en buena medida las sentencias del Tribunal Supremo.

La vigente Constitución de 1978 niega el derecho al trabajo digno y a la vivienda digna, e impide el desarrollo plurinacional de las Españas, porque niega las soberanías territoriales de las partes que conforman el Estado Español. Esta Constitución es la verdadera expresión de la legalidad capitalista vigente, pero no de la justicia y la legitimidad por la que el Carlismo combatió y sigue luchando.

Esta Constitución escupe sobre la separación de poderes y ha sido la artimaña por la cual se ha perpetrado en el poder los herederos de las élites del franquismo, que son a su vez los herederos del liberalismo decimonónico.
No reconocemos la legalidad constitucional vigente, no aceptamos dicho imperativo ilegítimo, porque es fruto de la ilegitimidad histórica y antidemocrática.

Para nosotros los carlistas, no es lo mismo legalidad que legitimidad. La actual Constitución puede ser legal, pero no es justa, ni su aplicación y desarrollo tampoco. Nuestra actual constitución es heredera del golpismo decimonónico turnista, del golpismo contra las leyes históricas, jurídicas y seculares de la Corona de las Españas, representada por los Reyes y monarcas de la Dinastía Carlista, la Legítima. Esta institución hoy se plasma en la Corona Proscripta, mediante la personificación del Rey legítimo Don Carlos Javier de Borbón como Alto Juez del Tribunal Supremo, como el Monarca Defensor del Pueblo. Esto explica para nosotros la legitimidad de origen, que se manifiesta en el poder judicial representado por el monarca. Pero no nos confundamos de monarca, porque no nos referimos a Felipe “VI”, quien en realidad es la imagen y representación del poder ejecutivo del sistema neoliberal capitalista, que impera en esta España centralista conforme al imperativo Constitucional vigente.

Para los carlistas, no sólo es la legitimidad de origen, en este caso la que representa Don Carlos Javier a través del poder Judicial, heredero de la legitimidad histórica, sino la legitimidad de ejercicio la que debe compatibilizarse con la anterior. La legitimidad de ejercicio es la legitimidad democrática, la que nace de la libre voluntad del pueblo, y se expresa en los poderes políticos ejecutivo y legislativo, a través de sus asambleas y parlamentos bajo el árbol local, a través de las cámaras política, socioeconómica y territorial.

Desde el carlismo seguimos rechazando profundamente al neoliberalismo burgués capitalista imperante, y por ello denunciamos esta constitución de 1978, porque tras varios años hemos comprobado que ha servido de excusa para la venta de las Españas al “mejor postor”. Esta Constitución ha servido de contexto político para permitir la corrupción que ha asolado durante los últimos 40 años a las Españas.
Es cierto que en parte esta Constitución de 1978 llenó de grandes y buenas esperanzas a mucha gente, pero ya hemos visto para lo que ha servido. No tenemos nada que celebrar. Hoy hemos trabajado como todos los días. Nada que celebrar.  

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