jueves, 7 de julio de 2016

Socialismo Autogestionario y Socialdemocracia

El Objetivo específico: Salir del capitalismo


La respuesta socialdemócrata de Unidos Podemos es un parche cortoplacista a un problema real mucho más complejo y de mayor calado, porque no atiende al decrecimiento económico, y por tanto a la salida de la sociedad, respecto al sistema capitalista.

 LEGITIMISTA dIGITAL
  07 de julio de 2016 


El comunismo y la socialdemocracia tienen ambos en principio el objetivo de la producción. Producir y producir trabajadores, producir, es su lema. Este crecimiento económico aunque más lento es comparable al que exige el sistema capitalista. No en un sentido del despilfarro, que también, por una inadecuada planificación económica, que fomente la producción ineficiente de ciertos bienes.


El capitalismo aunque presume de eficiencia económica, es en realidad un sistema económico de despilfarro e ineficiencias consecutivas que repercuten en el medio ambiente muy negativamente; pero ello no quiere decir que al sistema comunista no le ocurra lo mismo, aunque en menor medida.


La socialdemocracia antigua y moderna, tienen un objetivo de reforzamiento del Gasto Público, para incrementar el PIB (Producto Interior Bruto). Uno de los principios fundamentales económicos keynesianos es la denuncia a la ley de Jean Baptiste Say. Éste economista liberal decimonónico, afirmaba que en la economía, todo lo que se produce se consume, porque “toda Oferta tiene su Demanda”. Esta afirmación se puso en evidencia durante la crisis de 1929 y la llamada “Gran Depresión”, que dio lugar a la respuesta Keynesiana con las políticas de New Deal. La idea era favorecer la Demanda Agregada potenciando el consumo privado de las familias y las empresas a través de la inversión pública, ya que la inversión privada era incapaz de contratar a la población que quedaba en paro.


PIB = Consumo + Inversión + Gasto Público

Para los liberales, el Gasto Público no existía, y hoy en día sus homólogos neoliberales, son partidarios de la progresiva eliminación del mismo, para hacer dependiente el PIB, del Consumo e Inversión privada. Por ello tienen tanta confianza en el mercado. Pero cuando la inversión privada es escasa y no es capaz de favorecer el crecimiento porque realiza sus previsiones en función de rentabilidad y competitividad de los precios de los factores, ya que los inversores entienden que es más caro poner en funcionamiento su actividad, y deciden cerrar sus empresas, inmediatamente ello repercute en el incremento del paro, y por tanto en la caída del consumo privado.


Resulta paradójico, que los mayores defensores del sistema de explotación capitalista  favorecen la depresión del mismo, aunque ellos siguen ganando, porque el nuevo precio de equilibro de mercado, les permite obtener beneficios en condiciones óptimas, contando con menos trabajadores a través de la precariedad laboral. Esta realidad permite un nuevo ajuste privado, que vuelve a favorecer tímidamente la inversión y el consumo, pero a un coste social muy grande: el incremento del paro y la desigualdad con un gran empobrecimiento generalizado, notándose en la regresión de la clase media.

La derecha neoliberal que responde a los intereses de equilibrio del consumo e inversión privados, no quiere oír ni hablar del Gasto Público, porque en el corto plazo no obtienen beneficio privado derivado de sus efectos. Para la oligarquía capitalista, los efectos de una verdadera política socialdemócrata, radica en el corto plazo, en una subida de impuestos para financiar el Gasto Público, y por eso la rechazan, aunque en el largo plazo signifique un incremento del consumo privado derivado de la empleabilidad de parte de los parados.


Socialismo Autogestionario como sistema económico carlista

El carlismo siempre ha sido muy crítico con el crecimiento económico, aunque ha aceptado soluciones cortoplacistas socialdemócratas de economía mixta, donde los sectores estratégicos de la economía fueran de propiedad pública, a través de una planificación de la economía descentralizada basada en la municipalización, comarcalización o localización de la economía, que a los efectos significa la nacionalización de los sectores estratégicos de la economía, pero a nivel local, favoreciendo un proceso nacionalizador desde abajo a arriba, y no al revés como se entiende en las economías soviéticas.


La solución cortoplacista del intervencionismo estatal o comarcal en la economía, incrementa el Gasto Público, pero no planifica el objetivo en la mayoría de los casos. No se hacen las preguntas: ¿Qué pretendemos conseguir con el incremento del Gasto Público? ¿Favorecerá la salida de la sociedad respecto del capitalismo, o servirá para sumir a la sociedad en la dinámica del sistema de consumo y el despilfarro?

Desde un punto de vista económico, el Gasto Público, incrementa el modelo de sociedad de consumo, que está lejos del modelo autogestionario, de la economía del crecimiento cero, de reciclaje. El socialismo que se nos vende desde Unidos Podemos, incluso desde el PSOE, es más socialdemócrata porque en realidad apuntala el sistema de explotación capitalista porque le da más consumidores, y por tanto se trata de un socialismo liberal, que termina despersonalizando el socialismo al ponerse a copiar al capitalismo.


El socialismo liberal copia la tecnología existente en las economías capitalistas para popularizarlas, y en esa democratización de la tecnología, en lugar de favorecer la Autogestión de un Socialismo económico tradicionalista, en su sentido ecológico, de reciclaje, y de consumo necesario; termina favoreciendo la rueda de consumo e inversión privados y por tanto respaldando el sistema de explotación capitalista, que acaba en realidad con la economía socialista.


La proyección teórica del sistema socialista autogestionario que queremos los carlistas, es crítico con la implementación de la gestión del Gasto Público, a un modo muy distinto de cómo lo considera la derecha neoliberal capitalista. Ya hemos visto porque la derecha no lo quiere, no en cambio el carlismo. Desde los valores autogestionarios basados en la autarquía localista económica que está mucho más relacionada con el crecimiento cero, la economía circular del reciclaje, el desarrollo del comercio justo de kilómetro cero, que favorece el localismo agrario y la diversificación productiva de subsistencia, alentando únicamente la producción necesaria y no la superflua, para dar lugar al decrecimiento económico en la línea que muestran los profesores como Carlos Taibo, Serge Latouche o Antonio Turiel

¿Para qué el Gasto Público?, para crear las condiciones económicas que permitan un decrecimiento económico controlado por el cual se realicen las inversiones oportunas necesarias que se canalicen en la implementación del desarrollo de las energías ecológicas renovables y posibilitar la adquisición de tecnología ecológica.


Deberíamos profundizar en una economía ecológica decrecentista, localista, circular y de reciclaje que implica unos sacrificios de moderación en el consumo, incremento en el reciclaje e incremento de la inversión en las tecnologías ecológicas, si queremos hacer sostenible la pervivencia de la humanidad en el Planeta Tierra.


“El decrecimiento es inevitable. La economía financiera se alimenta, cual parásito, de la economía real, que a su vez se sostiene consumiendo recursos naturales. Según se agotan estos últimos –y ya se están agotando-, la economía real se contraerá. Lo cual también está ocurriendo ya. Ahora se abren dos escenarios posibles: si persistimos en el mismo sistema, la economía financiera seguirá alimentándose de la cada vez más débil economía real hasta que la mate. Eso también lo estamos viendo ya, con los rescates bancarios financiados con dinero de los trabajadores, entre otros ejemplos menos evidentes. La alternativa ya la conocéis todos. Decrecimiento catastrófico o decrecimiento controlado. Esa es la verdadera elección que la realidad nos permite.” (José Antonio Sánchez Cabezas).

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