lunes, 18 de julio de 2016

80 AÑOS DEL GOLPE MILITAR CONTRA LA II REPÚBLICA

Santiago Carrillo, reconoció que de haber conocido antes de 1936 al Rey don Javier I, no hubiera habido guerra civil.


La fatídica fecha nos lleva al recuerdo del fratricidio, el cual debe servirnos de experiencia para que el hecho, no se repita. Al final triunfó el mercado capitalista de la derecha con la mercantilización de la vida; ni la Fe de los Católicos, ni la socialización de los medios de producción de las izquierdas.

 LEGITIMISTA DIGITAL.
  18 de julio de 2016 
Los Requetés carlistas desfilaron con orgullo, cuando entraban triunfantes en las ciudades, también el día de la Victoria. No intuyeron nunca su derrota al aliarse con los herederos de los liberales que sus antepasados combatieron durante las guerras decimonónicas, y que en 1936 representaba el bloque derechista de la CEDA y Renovación Española. Este carlismo clerical hoy día ya no tiene una amplia base social como en el pasado, en parte, porque la propia Iglesia Católica ha evolucionado, incluso para terminar apoyando al capitalismo de mercado representado en los gobiernos conservadores y liberales. La exposición y arraigo cristiano aparente de la derecha se ha demostrado falaz y objeto de instrumento para seguir detentando el poder. Nos encontramos con la paradoja de los valores cristianos y sus supuestos defensores contra una supuesta izquierda atea y anticlerical. Hoy el carlismo sociológico está dividido, muchos de sus miembros no saben lo que son los Fueros e ignoran completamente la economía comunal, gremial y artesanal que defendía el carlismo. Defienden el centralismo, y el nacionalismo español capitalista del carlofranquismo, son nacionalcatólicos

La fecha de hoy es una fecha triste, sin embargo debemos recordarla en pro de la memoria para que el hecho no se repita. Es muy importante tener en cuenta las siguientes preguntas: ¿Cómo se llegó a tan lamentable acontecimiento? ¿Por qué el 18 de Julio? 
La II República vino a solucionar muchas cosas pero también fue testigo de otras a las que debería haber puesto límite.

La II República intentó entender y solucionar el problema territorial a través de una vertebración Federal de España y posibilitó la constitución de los Estatutos de Estella y de Nuria para Euskadi y Catalunya. En ese desarrollo estatutario colaboraron los carlistas junto a los nacionalistas vascos y catalanes. 

La II República quiso garantizar el derecho al trabajo de los jornaleros y de todos los trabajadores, pero se encontró con el boicot permanente de una oligarquía terrateniente dispuesta a encalar las tierras fértiles para hacerlas inservibles y evitar contratar mano de obra local porque la estimaban muy cara. Los señoritos estaban acostumbrados a contratar trabajadores foráneos cuyo jornal era mucho más barato que el demandado por el trabajador local.


La II República quiso repartir los bienes y recursos de producción, socializarlos para hacer accesible el trabajo y el comunal público al pueblo trabajador. Quiso extender la educación y la cultura a toda la población y limitar los altos cargos militares por la sangría del presupuesto en gasto absurdo e improductivo.
Grandes objetivos se planteó la II República, pero desde la izquierda se le hizo el juego a la derecha porque ambos mezclaron la religión con la política, unos para basar sus leyes en los preceptos cristianos con lo cual habían construido un relato que denostaba a una supuesta izquierda anticristiana y atea que además quiso asumir ese rol. Desde la proclamación de la II República ardieron varias iglesias y conventos el 14-04-1931. La II República no respetó las creencias religiosas de una buena parte de la población. 

En el año 1932 la derecha militar comandada por el General Sanjurjo intentó un golpe de Estado contra la II República. Ese golpe fracasó porque no tenía pueblo detrás que respaldara esa acción militar.
En 1934 una insurrección de anarquistas y comunistas pretendió hacer lo mismo, tomar la II República.
El 18 de Julio de 1936, después de una jornada de asesinados, el asesinato de Calvo Sotelo fue la espoleta de la rebelión militar a la que se apuntaron los falangistas y los carlistas. Las injusticias y el desorden permanente al que la II República no pudo enfrentarse, pretendieron hacerlo los militares. Militares golpistas como Mola, que era militar republicano y que quería sublevarse con la bandera tricolor republicana, intentaron ganar la II República. Pero el futuro proyecto de los golpistas no estaba claro si sería la monarquía tradicional de los carlistas, el fascismo republicano de los falangistas o el militarismo con la bendición clerical del nacionalcatolicismo representado por la figura del tiránico caudillo dictador Franco.

Para no dar lugar a semejante situación es muy importante tener en cuenta lo necesario que es el diálogo, la paz, el respeto y la tolerancia. La derecha sigue cayendo en el mismo error, fue la derecha la que mata a Cristo y al Cristianismo cuando mercantiliza la vida de los seres humanos y la deja sin valores humanos para dotarla de valores bursátiles. No es la izquierda la que mata a Cristo sino la derecha burguesa, la oligarquía. Sin embargo la derecha aprovecha la ignorancia de las masas Obreras al observar los comportamientos radicales que llevaban a individuos desesperados a quemar Iglesias. Y es que la Jerarquía Católica española, en lugar de hacer empatía y comprender las penurias por las que atravesaban los desheredados, los sin tierra, los mal contentos, los que tenían hambre de tierras cuyos antepasados militaron en el carlismo por la misma razón, encontraron en el anarquismo y en el comunismo la respuesta a las ansias de justicia social, que el carlismo había significado en el pasado. 

La dirección integrista católica del carlismo en 1936 era bien distinta del carlismo decimonónico, cuyo movimiento se dotaba de la masa social que en 1936 pasó a formar parte de anarquistas y comunistas. 
Muchos no entendieron la importancia de la presencia de la religión católica en España, y pretendieron borrarla de la faz de la tierra, o al menos es lo que entendieron muchos de los combatientes que pasaron a formar parte del llamado bando nacional de 1936, pensaban que su Fe desaparecería si ganaban "los rojos". Hoy se ha demostrado que con el triunfo de la derecha capitalista y de la mercantilización de la vida, ha sido la derecha la que ha matado a Jesucristo, no el marxismo, ni el comunismo, ni el anarquismo. Valores cristianos de solidaridad y amor al prójimo que podían haberse compartido entre todos los pueblos de las Españas, intereses comunales y formas de producción ligadas al comunalismo del pasado defendidas por comunistas y tradicionalistas, podían haber supuesto el culmen del diálogo y el abrazo del "comunista ateo" y el "facha católico". Pero había un trasfondo que nos separó a todos: la banca y la oligarquía capitalista no estaba dispuesta a perder la explotación colonial que venía ejerciendo sobre España desde la instauración del Trono de Isabel "II" en 1833. 

Las fuerzas obreristas luchaban por la socialización de los medios de producción mientras que las fuerzas capitalistas querían mantener sus privilegios conservadores adquiridos tras la revolución burguesa capitalista de 1848 y 1868. Del mismo modo que esta oligarquía capitalista se había enfrentado al carlismo decimonónico en el campo de batalla, para negarle al pueblo el comunal público que reclamaba haciendo uso del derecho histórico Foral, en 1936 esa misma oligarquía capitalista haría lo mismo con la II República, con las masas Obreras desheredadas que tenían hambre de medios de producción y de acceso al trabajo, a la autogestión. Pero los carlistas no lucharon por la II República, porque percibió que aquellos desheredados prendían fuego a las Iglesias, esto y nada más que esto, es lo que llevó al carlismo a luchar junto a los enemigos que había combatido en el siglo XIX, por eso el carlismo ganó la guerra civil, pero perdió la paz. Sus ideas y sus sueños no contaron nunca en la España franquista. Ganó un dictador que impuso el centralismo, la privatización de los medios de producción y el capitalismo, y una interpretación de la religión católica que terminó bendiciendo al libre mercado y al capitalismo, valores bursátiles que terminarían matando a Cristo y a la religión católica, lo que supuestamente trataron de impedir los carlistas cuando se enfrentaron en el campo de batalla con los "ateos anarquistas, socialistas y comunistas". 

La paradoja de la historia ha sido que el capitalismo mató a Dios, y que supuestamente lo que la guerra civil trató de dirimir para los miles de combatientes de los Tercios era la conservación de un Dios que la propia derecha en el ejercicio y dinámica capitalista, les terminaría por quitar a los tradicionalistas. 

Los hijos de los combatientes requetés carlistas que no habían vivido la guerra civil durante los años 70, evolucionaron hacia unos planteamientos carlistas progresistas e izquierdistas consistentes en la defensa del socialismo autogestionario y en la vertebración confederal de las Españas, hoy representado en el actual Partido Carlista, el cual volvió a sus orígenes comunitaristas y socialistas, de esencia Foralista, que estaba dirigido por el reclamante carlista, que fue rey legítimo de las Españas para los legitimistas, Don Carlos Hugo de Borbón Parma. Con él, el carlismo superó la guerra civil española, superó el enfrentamiento, y vio en las izquierdas a grupos aliados del carlismo, aunque después muchos dieran la espalda al Carlismo legitimista.