lunes, 9 de mayo de 2016

MONTEJURRA 76: 40 AÑOS DEL CRIMEN DE ESTADO PERPETRADO POR LA MONARQUÍA FRANQUISTA DE JUAN CARLOS

Desde las cloacas del Estado se diseñó la "Operación Reconquista" de Montejurra


Dicha maniobra ultraderechista tenía por objetivo aniquilar el carlismo socialista autogestionario y de izquierda Federalista que representaba el Príncipe - Reclamante don Carlos Hugo de Borbón Parma, considerado Rey de las Españas, por los Legitimistas. La Monarquía Carlista era la alternativa socialista y popular frente al régimen oligárquico y plutócrata que representaba Juan Carlos; de manera que a través de los servicios secretos la monarquía capitalista dio soporte a grupos ultraderechistas nacionales y extranjeros como la TRIPLE A, Batallón Vasco Español y Guerrilleros de Cristo Rey, que posteriormente algunos de sus miembros formarían los comandos terroristas de los GAL con el mismo procedimiento bajo las estructuras del poder establecido, favoreciendo la guerra sucia de "estado paralelo" contra las reivindicaciones populares, ejerciendo un papel represor en beneficio del asentamiento de la monarquía capitalista de Juan Carlos y su oligarquía capitalista que se sigue amparando a través del bipartito PP-PSOE.

 LEGITIMISTA DIGITAL
  09 de mayo de 2016 


Los jóvenes carlistas no vivimos Montejurra 76, pero sabemos su significado. Desde la muerte del dictador Franco el 20 de noviembre de 1975, la recién estrenada monarquía capitalista representada por Juan Carlos I que había sido designado por el dictador como “Rey de España”, estaba en entredicho de acuerdo a la valoración de la opinión popular, la misma sigue sin ver a la monarquía como una institución popular y democrática, entre otras cosas porque no fue validada democráticamente mediante un plebiscito popular entre monarquía y república, que ni siquiera había valorado a las otras ramas Borbónicas. En este sentido, carece a todas luces de legitimidad democrática que el referendum por el SI a la reforma política del 15 de diciembre de 1976, trató de esconder y representar dicha validación a la institución franquista.


1976 fue el año de la violencia asesina de los ultras que estaban amparados por los cuerpos policiales y las más altas instancias del Estado que representaba la recién estrenada monarquía capitalista de Juan Carlos. Por aquellos días era presidente del gobierno, Carlos Arias Navarro, ese señor que a veces aparece en algunas chanzas digitales retocadas en el programa de El Intermedio, y que afirmó lamentándose con voz llorosa “Españoles, Franco ha muerto”.
En 1976, la oligarquía capitalista estaba muy preocupada, porque a diferencia de 1936, las fuerzas populares de la oposición democrática se habían reorganizado en la clandestinidad destacando el papel de los comunistas y de los carlistas; esto fue reconocido en las memorias del luchador y preso comunista Simón Sánchez Montero quien se sorprendió como muchos otros comunistas de encontrar en las cárceles franquistas como la de Carabanchel, a presos carlistas. Y es que el carlismo desde los años sesenta venía blandiendo la bandera de la “Revolución Social”, para en 1968 junto a la expulsión gubernamental impuesta a la Familia Real Carlista de los Borbón Parma, terminar de defender la Revolución Socialista que luego se constituyó políticamente en los Congresos del Pueblo Carlista ocurridos en Villa-Valcarlos en Arbonne durante los años 70. El Partido Carlista volvía a recuperar sus orígenes populares del siglo XIX, al combatir contra el capitalismo, por el comunal de los municipios adoptando la generalidad en la defensa del “Comunal Público” el cual estaba en peligro por la privatización desamortizadora de los liberales, y que siempre había sido la preocupación social defendida en las Constituciones Forales en cada uno de los antiguos Reinos, Señoríos y Principados de las Españas que recordaba el carlismo como la vertebración Federal o Cuasiconfederal de las Españas, representadas en su monarquía popular. La evolución del carlismo sociológico venía al compás de la apertura católica del Concilio Vaticano II patrocinado por el papa Juan XXIII, lo que llevó a la reacción de los sectores ultras a instalarse en la violencia asesina cuando observó que un movimiento político e histórico como el carlista se tornaba en contra de las consignas e intereses de los ultras, y que esos mismos ultras consideraban tradicionalmente como carlistas, sólo porque el carlismo había participado en el bando “nacional” durante la guerra civil.
La utilización y manipulación de los muertos de la “cruzada”, que es como llamaban los ultras a la guerra civil, tenía como resultado una inquebrantable adhesión al franquismo institucional, y así desde el poder, Franco y sus acólitos señalaban que el carlismo era parte del nuevo régimen que había ayudado a construir. Nada más lejos de la realidad, aunque cierta historiografía oficial ayudaba a construir una lectura afín al falso relato para poner al carlismo del lado de la oficialidad franquista, interpretación o visión aplaudida y compartida por ciertas personas y pensadores considerados luchadores antifranquistas, que aun habiendo conocido a los carlistas en su lucha antifranquista, o pretenden ignorar, o se olvidaron completamente del papel destacado de los carlistas que defendieron las libertades y la democracia haciendo frente a la agresión capitalista dictatorial.

Santiago Carrillo llegaría a ser durante el exilio de la Familia Carlista en París uno de los que esperaban durante horas para conseguir entrevistarse con el príncipe carlista don Carlos Hugo de Borbón Parma, y encontrarse con su hermana doña María Teresa de Borbón Parma en innumerables ocasiones en la Platajunta y la Coordinadora Democrática desafiando al régimen franquista; fue uno de los que pretendió olvidarse de los carlistas, quizá quiso olvidar a su famosa compañera Dolores Ibárruri, la Pasionaria, nieta de carlistas y por ello terminó recriminando a su sucesor Gerardo Iglesias, “¿qué hacían los carlistas formando parte de Izquierda Unida en 1986?” .

Montejurra 76 pasó a la historia por cierta historiografía oficial como una pelea entre hermanos, entre carlistas. Aquel 9 de mayo los servicios secretos cuando era ministro del Interior Manuel Fraga Iribarne, fundador posterior del Partido Popular, organizaron con el apoyo de los ultras la llamada “Operación Reconquista”, reconocida por las declaraciones del general Sáenz de Santamaría. La idea era propinar un golpe a los carlistas boicoteando su reunión política anual que expresaba la romería de Montejurra y que con el paso de los años fue tomando un carácter político y reivindicativo contra el régimen franquista. Por aquel año la Familia Real Carlista había sido amenazada de muerte, y se recomendaba desde el ministerio de asuntos exteriores a la Familia Real Holandesa que no fuera ningún miembro de la misma, pues don Carlos Hugo estaba casado con doña Irene de Holanda, princesa de los Países Bajos. Los desaires gubernamentales a la Dinastía Carlista eran continuados porque la oligarquía capitalista desde el poder que detentaba apostaba por reforzar y respaldar a la monarquía que Juan Carlos empezaba a representar y que tras 40 años, lamentablemente, hemos podido descubrir con la actual crisis económica de dependencia capitalista y de entrega completa de la soberanía social y popular a los mercados internacionales en beneficio de los designios de la plutocracia capitalista, lo estamos viviendo.

La Operación Reconquista tenía como objetivo quitar el protagonismo a los carlistas que habían evolucionado a unos planteamientos progresistas socialistas autogestionarios y federalistas, para en su lugar poner a aquellos elementos tradicionalistas identificados con el carlismo oficial del franquismo. El carlismo de Franco o el “carlofranquismo” ya venía desde el apoyo franquista al Archiduque Carlos Pio de Habsburgo, que era el pretendiente carlista oficial del franquismo durante los años 40. El dictador Franco para dividir a los monárquicos utilizó al candidato Habsburgo neutralizando a los carlistas y alfonsinos que dirimían la sucesión dinástica sin resultado alguno.
Pero en el año 1976, Don Carlos Hugo de Borbón Parma era el Rey Legítimo para los Carlistas y para todos aquellos que tenían esperanzas con romper completamente con el pasado franquista y que reivindicaban ir hacia un proceso constituyente rechazando las leyes franquistas.
Mientras el franquismo evolucionaba postulando una “democracia formal tutelada” censurando a determinadas fuerzas políticas como el Partido Comunista de España, Esquerra Republicana de Catalunya o el Partido Carlista (el cual no fue autorizado a presentarse a la primeras elecciones democráticas del 15 de Junio de 1977. Las fuerzas de la oposición antifranquista se olvidaron del “O todos o ninguno”); los hombres del Régimen como Torcuato Fernández Miranda o Adolfo Suarez postulaban el planteamiento llamado “de la ley, a la ley”, que era utilizar las leyes franquistas para que a través de ellas o mediante las mismas “nos diéramos todos” un sistema democrático, que primero estaría tutelado por el ejército, y después como ya hemos visto, por las fuerzas del mercado neoliberal capitalista. De esta manera, los grupos conservadores o de derechas liberales se avinieron a la pantomima que les beneficiaba, al igual que ocurriría con el PSOE y con todos aquellos que aceptaron los “Pactos de la Moncloa”, que fue el culmen de la capitulación de las tan cacareadas libertades democráticas, las cuales en esencia fueron entregadas su gestión a los grupos de poder oligárquico que mantenían el sistema económico capitalista, bajo el esperpento del turnismo bipartito que tenemos PP-PSOE, que algún día se habrá de llamar el régimen de la II Restauración Borbónica, porque se ha tratado de un esquema similar al decimonónico planteado por Cánovas del Castillo y Sagasta, al margen de la voluntad democrática de las fuerzas populares.

Pero los carlistas de 1976 no aceptaban el planteamiento “de la ley a la ley”, porque ello implicaba reconocer el origen franquista de la ley, y por tanto el origen franquista de la actual constitución de 1978 y vigente monarquía neocapitalista.
Las fuerzas conservadoras representadas por la oligarquía capitalista en 1976, estaban muy preocupadas por la creciente oposición democrática que formaba el Partido Comunista de España y otras fuerzas radicales de izquierda obrera y revolucionaria, las cuales eran conscientes de la evolución revolucionaria de un sector del carlismo sociológico que había restaurado el Partido Carlista que estaba dirigido por el príncipe Carlos Hugo de Borbón Parma, de ideología socialista autogestionaria, y ello planteaba la posibilidad de un entendimiento real en el plano político hasta el punto de oponer la alternativa de monarquía socialista autogestionaria y federal, a la monarquía instaurada por el franquismo representada en aquel momento por Juan Carlos. Este hecho es lo que llevó a los servicios secretos del Estado y al ministerio del interior, cuyo responsable era Manuel Fraga Iribarne, y de acuerdo a las declaraciones posteriores del general Sáez de Santamaría, a golpear contundentemente y de la manera más violenta y brusca posible a los carlistas el día 9 de mayo de 1976, con el objetivo de desacreditar públicamente al carlismo y descabezar a la oposición democrática, protagonizada por los movimientos sociales y políticos de izquierdas, al quitarle la posibilidad de estar liderada o representada por un Rey Socialista que respondía a una superestructura de Monarquía Socialista Autogestionaria y Federal.
Los mismos ultras en declaraciones posteriores años más tarde, reconocerían después la intentona de la alianza del Carlismo con la Izquierda para restaurar a la rama de los Borbones Carlistas bajo la fórmula de una monarquía socialista, y ellos mismos se jactaban, como se siguen jactando del papel representado y ejercido por los pistoleros ultras aquel día 9 de mayo de 1976 que dispararon contra la masa del pueblo carlista con el resultado de dos muertos (Ricardo García Pellejero y Aniano Jimenez Santos) y varios heridos de bala, y mientras ocurrían dichos actos, la guardia civil allí presente tenía la orden de no hacer absolutamente nada, dejando que los terroristas allí enviados por el Estado y los servicios secretos, perpetraran todas las atrocidades que les diera la gana como muy bien pueden verse en las fotografías e informes documentales de Montejurra 76 que hay al respecto.

Pistoleros ultras como Jean Pierre Chèrid formaron parte de la comitiva que integraba a diversos miembros de la Triple A, Batallón Vasco Español, Guerrilleros de Cristo Rey; algunos de ellos como Chèrid, formaría posteriormente parte de los famosos GAL del señor X, que el actual dirigente de PODEMOS, Pablo Iglesias ha recordado muy bien en el Congreso de los Diputados, cuando ha destacado a los asesinados Lasa y Zavala, e imputado la responsabilidad de aquellos hechos al expresidente del gobierno Felipe González Márquez. Y es que las cloacas del Estado tienen mucho que contar y que decir al haber servido a los intereses de la oligarquía capitalista, la cual siempre ha tratado de mantenerse en el poder a toda costa, impidiendo el triunfo de las fuerzas sociales de izquierdas, tratando de reducir Montejurra 76 a una guerra entre hermanos, cuando en realidad fue un crimen perpetrado por el Estado contra el carlismo para evitar que triunfara la democracia y el socialismo, garantizando el desarrollo de una democracia formal tutelada por la plutocracia capitalista. Así el establishment quedó bien asentado y tranquilizado bajo el paraguas de la monarquía neoliberal que representó Juan Carlos y que sigue presente en su hijo Felipe.
Desde aquí, rendimos homenaje a los asesinados: Ricardo y Aniano, a quienes no olvidamos, pedimos se haga justicia, esclareciendo la verdad de los hechos, desclasificando los documentos oficiales que hay al respecto, condenando debidamente a los culpables tanto directos como indirectos, y por ello señalamos a la institución monárquica representada hoy por Felipe, como cúlpable cuando su padre estaba de Rey por Franco, ya que esta "Operación Reconquista" de la montaña de Montejurra 76, tenía la intención de aplastar las aspiraciones del Rey Carlos Hugo de Borbón Parma como referente de la Monarquía Socialista Autogestionaria.