jueves, 17 de marzo de 2016

A VUELTAS CON LA POLÍTICA AGRARIA COMÚN

Un grito desde los pueblos de Teruel por Aragón, las Españas y Europa


Las consecuencias que ha traído el éxodo rural tardío, unidas a las épocas de falsa bonanza del capitalismo, con sus crisis, han propiciado el paso en pocas generaciones de una sociedad rural en cierta manera tradicional, a una clase obrera urbana o pequeño burguesa, a grandes rasgos, aunque con excepciones. Se ha diluido en ese paso del medio rural al urbano, ese campesinado desposeído que trabaja en otro tiempo los bienes comunales en mancomunidad.

 OLEGARIO GARCÍA LÁZARO / l.d.
  17 de marzo de 2016 


El sector agrícola en Aragón, otrora importantísimo, se concentra en productos excedentarios y de escasa viabilidad en el contexto de la PAC, de rentabilidad baja, poco industrializados y en manos de pequeñas empresas muy limitadas para competir internacionalmente. El sector se ve sometido a una fuerte reestructuración con una fuerte pérdida de empleo, cifrada en el 35% desde la década de los 80 y con previsión de aumento por el impacto de la PAC: las perspectivas apuntan al declive de los cultivos tradicionales, con tendencia a la gradual desaparición de los cereales de secano en Huesca y Teruel, y a la insuficiencia de las iniciativas de calidad agroalimentaria. El auge del agroturismo se enfrenta a dificultades como las insuficiencias en infraestructuras turísticas, la falta de articulación de los canales de comercialización de la nueva oferta rural o la concentración turística en torno al esquí en el Pirineo, en contraste con el escaso pero valiosísimo desarrollo turístico de la provincia de Teruel.



Es lógico, hasta cierto, punto que se pretendiera reconvertir el sector hacia los servicios o hacia donde fuese y que se redujeran los puestos de trabajo en la agricultura, lo negativo es que esas cuantiosas subvenciones de Europa para diversificar, como de costumbre, no siempre se emplearon de la manera precisa para que esos puestos de trabajo se pudieran mantener y una generación casi entera se vio obligada a marchar del campo a la ciudad.

 La innovación tecnológica que se llevó el trabajo, se llevó también a los animales de carga que venían desarrollando ese trabajo hasta entonces en lugar de las maquinas, llevando incluso al tradicional burro al peligro de extinción, por ejemplo. También otros animales domésticos que suplían a la agricultura en la economía familiar desaparecieron de los pueblos para en el mejor de los casos ser masificados en granjas tan asfixiantes como productivas.

Es preciso señalar también que debido a la gran inversión que suponía actualizarse para cada pequeño propietario, se  ahondó más la fractura económica propia del medio rural, haciendo mucho más  rentable económicamente las grandes explotaciones que concentran mucha propiedad frente a las dispersas y pequeñas parcelas del  propietario medio que posee y trabaja él mismo y su familia. Lo que paulatinamente ha llevado sin haber habido relevo generacional, prácticamente al abandono, es decir, extensiones enteras de cultivo familiares que pasan añada tras añada a yermo. Como mucho se mantiene trabajando por afición o tradición una pequeña explotación comúnmente hortícola, con lo que nos encontramos con vastas extensiones de terreno productivo sin explotar.


La media de la cuantía de las subvenciones europeas ha sido en torno a 350 millones de euros si tomamos la del año 2002 como cúspide y ejemplo , que fueron 352 millones de euros, aunque desde entonces ha ido descendiendo. 350 millones de euros anuales en el mejor de los casos, por los que hemos desmantelado todo un sector productivo tan vital como es la agricultura en base a mandatos externos que atienden solo a principios económicos. Siendo además los sectores más afectados los de más alta calidad aunque no muy constante rendimiento, por estar sujeto a factores climáticos. 350 millones de euros anuales por los que hemos aceptado unos precios que salvo en el caso del trigo duro y su espectacular auge de hace unos pocos años no han experimentado apenas cambios, es decir, se sigue pagando a casi lo mismo que lo que se pagaba antes de la PAC, mientras que los costes y gastos han subido a lo largo de todos estos años, algunos exponencialmente como es el caso de los combustibles. Aunque por otro lado también es de justicia reconocer que no se tienen en cuenta factores exógenos (temperatura y precipitaciones que determinan la cosecha) y se asume siempre la compra de la totalidad de la misma fijando los precios atendiendo a la previsión y comparación de años anteriores.


Aun así, a pesar de todas estas consecuencias negativas de la PAC, el trabajo estacional, o de temporada se ha mantenido e incluso ha aumentado, al concentrarse en un periodo más específico las temporadas de recogida de fruta, lo que ha posibilitado que hubiera cierto exceso de oferta, que una vez huidos forzosamente a la ciudad los jornaleros, han cubierto trabajadores extranjeros, quienes han ayudado además a combatir la despoblación, llegando a asentarse con mayor facilidad de arraigo en el medio rural que en las ciudades o cabeceras de comarca.

Unido a toda esta problemática, pervive, en el imaginario colectivo de toda una provincia, un grito de protesta que viene sosteniéndose en el tiempo durante al menos un año y medio. Se trata de las diferentes marchas que han venido realizando los agricultores y ganaderos de Teruel, agrupados en torno al sindicato agrigate. Sus movilizaciones intentan hacer frente a una imposición injusta que ha mermado, más si cabe todavía, su ancestral modo de vida.

Son gentes humildes, en su mayoría de edad avanzada, sus familias y sus pueblos, quienes están sufriendo el agravio que el actual gobierno de Aragón y su consejero, prometieron solucionar. Es un tema delicado y controvertido. Puede verse en sus caras la preocupación y a la vez, esa paciencia tan característica de su profesión, con la que afrontan esta situación. Hace poco tuve oportunidad de charlar sobre el tema con varios de los pocos jóvenes que se han incorporado al sector recientemente. No sin antes invertir una elevada cantidad de dinero y reconociendo que han tenido suerte, están trabajando en lo que les gusta. Pero ellos no tienen la misma paciencia, quizá por una condición biológica evidente, que sus compañeros. Ven las cosas desde otra perspectiva, igual con algo más de visión de futuro dado que han visto a sus amigos marchar a estudiar para volver el fin de semana, primero y para no volver a hacerlo, luego.

Sirvan estas líneas ante todo como agradecimiento, esperemos que su situación mejore pronto.