sábado, 16 de enero de 2016

Y, sin embargo, es urgente

Nicolás Maquiavelo, en su obra "El Príncipe", dijo que los problemas políticos eran como la tisis: 

En sus primeros estadios es fácil de curar, pero difícil de detectar, y cuando ya está avanzada, es fácil de detectar pero difícil de curar. 

Casi todos los problemas de esta vida responden a este patrón. 

 JOSÉ ANTONIO SÁNCHEZ CABEZAS/L.D.
  16 de enero de 2016 

Habría sido más fácil solucionar hacer estallar la burbuja inmobiliaria a finales de los noventa, y la crisis no habría sido tan terrible, pero en aquel momento los expertos financieros nos decían que no era una burbuja, sino que era progreso. Había que dejar hacer a la magia del mercado. Así que lo dejamos engordar. Luego se hizo evidente que era una burbuja especulativa, pero para entonces nadie quería reventarla para no cargar con la culpa de la ya inevitable crisis, así que dejó hincharse aún más. Hasta que estalló sola. 

Igualmente, habría sido relativamente sencillo sentarse a solucionar la cuestión catalana durante la transición, pero entonces todo parecía estar bien; lo que preocupaba era el País Vasco y la ETA. Y así continuó siendo durante décadas. Hasta que el nacionalismo catalán mutó en separatismo. Ahora el problema es evidente, pero ya no tiene solución sencilla.

Este sistema ha sido importado del mercado, pues toda empresa privada clasifica los problemas en función de dos variables: a) La importancia, y b) la urgencia.
Distinguir entre ambas variables puede ser algo desconcertante para el ciudadano de a pie, que siempre entenderá que lo más importante es también lo más urgente. Para entender la diferencia nada mejor que un ejemplo: si una empresa tiene que cerrar un trato millonario, y tiene un año para alcanzar el acuerdo, y también tiene que realizar una gestión administrativa de escasa importancia, pero cuyo plazo vence en pocos días, entonces el trato millonario es lo más importante, pero como tiene todo un año por delante para arreglarlo, la empresa se centra primero en solucionar la gestión administrativa, cuyo plazo vence en poco tiempo.
El Estado ha terminado copiando este modelo de comportamiento de la empresa privada, debido a que ya no hay verdaderos estadistas que sepan ver más allá de las siguientes elecciones. Al fin y al cabo, ¿Cómo le explicas al político que debe prevenir los futuros problemas del país, si eso supone no salir reelegido dentro de dos años?
Maquiavelo, en “El Príncipe”, hablaba de solucionar los problemas antes de que surgieran, pero ya no hay Príncipes (salvo en Moscú).
Es por todo ello que en las últimas elecciones, y en su posterior digestión (que amenaza con hacerse interminable), hay un tema que ha sido ignorado, pues aunque todos lo reconocen como el más importante, nadie lo considera urgente: el ecologismo.

Totalmente ausente de los debates (televisados o no), y de la campaña en sí. Y eso teniendo una magnifica excusa para tratarlo, pues estos días se desarrolló la Cumbre de París para luchar contra el cambio climático. Cumbre que ha culminado en un tratado insuficiente – como el de Kyoto- y que nadie piensa cumplir – como el de Kyoto-.
Entre tanto, los científicos predicen que este año el fenómeno de El Niño será monstruoso. Ya lo está siendo, de hecho: la mitad de Inglaterra está pasando por un calor inusual, mientras que la otra mitad está sufriendo inundaciones a una escala sin precedentes. Este verano la India padeció una ola de calor que mató a miles de personas, huracanes en el Atlántico, tifones y ciclones en el Pacífico, tornados extraordinarios en EEUU, oleada de incendios en Argentina, etc, etc…
Todas las señales nos indican que el problema no solo es importante; es URGENTE. Y sin embargo no se hace nada.
A veces me pregunto de qué hablarían los habitantes de la Isla de Pascua el día que talaron la última palmera…
 

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