sábado, 26 de diciembre de 2015

CUANDO LOS CONSERVADORES DEFENDÍAN EL ESTADO POR SUS IDEAS TRADICIONALISTAS

De la influencia del Jacobitismo en el Partido Tory al triunfo neoliberal en el Partido Conservador

El movimiento decimonónico de la "Joven Inglaterra" que aglutinaba las viejas ideas jacobitas, y que estaba liderado por Benjamin Disraeli se caracterizó por su anticapitalismo y antiliberalismo hasta el punto de ser tenido en cuenta por Carlos Marx en el Manifiesto Comunista como "Socialismo Feudal".

 LEGITIMISTA DIGITAL
  26 de diciembre de 2015 
Benjamin Disraeli 
En “El Establishment”, el escritor Owen Jones en el capítulo “el cártel de Westminster” en la págnina 84 hace una importante referencia sobre el espíritu del antiguo Partido Torie o Conservador al hablar de la figura de Benjamin Disraeli, uno de los líderes más importantes del movimiento llamado “Joven Inglaterra”. Los mismos Carlos Marx y Engels hablan en el “Manifiesto Comunista” de este movimiento en su mención al socialismo feudal, caracterizado por un fuerte paternalismo que critica y busca el someter a los mercaderes, banqueros y plutócratas al considerarlos enemigos de la paz y justicia social. La “Joven Inglaterra” de Disraeli los señala como enemigos de la tradición y como explotadores del pueblo al que el capitalismo había convertido en verdaderos esclavos.
Esta fuerte corriente del Partido Tory del siglo XIX atacaba a los liberales que se presentaban defensores de las ideas económicas que hoy representan los neocapitalistas de los actuales partidos conservadores, liberales y centristas.

El movimiento “Joven Inglaterra” se nutría de parciales jacobitas cuyo sentimientos y valores cristianos católicos les hacían renegar del sistema capitalista, sobretodo de los abusos e injusticias que este sistema producía en la sociedad, y estaban muy preocupados por el desarraigo de millares de obreros que estaban sometidos al proceso de producción industrial en cadena completamente alienados y explotados. También estaban muy preocupados por el medio ambiente y por los efectos negativos y perjudiciales que la industrialización capitalista estaba causando en el paisaje y la contaminación. Se preocuparon de aspectos caritativos, de las ayudas sociales mientras los liberales les criticaban, porque se preocupaban por los colectivos vulnerables que el liberalismo acrecentaba con su dinámica de explotación capitalista.
Harold Macmillan

Me ha gustado mucho poder encontrar en este libro cuyo autor Owen Jones es un militante de convicciones socialistas e izquierdistas, referencias a Benjamin Disraeli y a los antiguos Tories que tenían un fuerte espíritu anticapitalista y antiliberal, pues nombra al anterior líder de los Conservadores Macmillan quien se enfrentó a Margaret Thatcher en el seno del Partido Conservador.
Este enfrentamiento en el seno del partido conservador significaba la confrontación entre el espíritu de las ideas de la “Joven Inglaterra” que representaba Macmillan, y que significaba una verdadera preocupación por los temas sociales y por su anticapitalismo, frente a lo que representaba Margaret Thatcher, paladín del antiguo y viejo corolario del liberalismo económico dieciochesco de Adam Smith, David Ricardo y John Stuart Mill y que seguían defendiendo Karl Popper, Friedrich Hayek y Milton Friedman “dejar hacer, dejar pasar”, desprotección social, aniquilación sindical, desregulación de la banca, de los tipos de cambio y del mercado, flexibilización laboral y salarial, desprotección social, brecha creciente entre ricos y pobres, la mercantilización de la vida y ser gobernados por el mercado capitalista donde todo y todos somos mercancía.
Margaret Thatcher

Dice así Owen Jones:
Muchos líderes conservadores no habían tenido ningún reparo en apoyar los principios de intervención estatal del régimen de la posguerra, en tratar a los líderes sindicales como iguales y en mantener unos tipos impositivos marginales altos. En la década de los cincuenta, los conservadores competían con el Partido Laborista por ver quién construía más viviendas de protección oficial, un verdadero anatema para los principios thatcheristas posteriores, los de la propiedad inmobiliaria y los de dejar en manos del mercado las políticas de vivienda. Muchos de aquellos líderes de la posguerra eran patricios conservadores, entre ellos exalumnos de Eton como Harold Macmillan. Cuando en 1975, Thatcher se convirtió en líder de los conservadores, se sintió aislada dentro de su propio gabinete en la sombra. Incluso durante los primeros días de su mandato se vio a sí misma batallando contra la oposición interna del llamado “sector blando”, que tenía miedo de las consecuencias de derribar el orden de la posguerra. En 1985, el ex primer ministro Macmillan comparó en público las políticas de privatización de Thatcher con venderse “la plata georgiana” y “todos esos bonitos muebles que antes había en el salón”. En las primeras décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, había imperado entre los conservadores la paternalista tradición de la “nación unida”, que había instaurado el primer ministro conservador del siglo XIX Benjamin Disraeli, y con el que Macmillan comulgaba. Era esta corriente la que -para gran desdén de los paniaguados neoliberales- había aceptado el consenso de la posguerra, y también la que había mostrado reservas o miedo hacia el nuevo orden neoliberal. Bajo el thatcherismo, sus miembros fueron quedando marginados hasta que desaparecieron.”