lunes, 23 de noviembre de 2015

CASTÁSTROFE Y POSIBLE REVOLUCIÓN

La tragedia se cierne sobre medio mundo

Sobrecogido todavía hoy por el drama vivido, mientras el otro medio, con la mezquina alegría del envidioso, se regocija ante el sufrimiento, tan intenso como inseperado, de los ricos y poderosos. Sí, estoy hablando de lo que pensáis: Real Madrid 0 - 4 F.C. Barcelona.

josé antonio sánchez cabezas / l.d.
  23 de noviembre de 2015 

El sábado 21 de noviembre, el deseo tantas veces repetido por las hermosas aspirantes a Miss Mundo se cumplió: hubo Paz en la Tierra. Desgraciadamente, solo duró entre las 18:15 y las 20:45 horas del sábado;  justo 90 minutos.
Y es que se equivocan los que piensan que este es un país de pandereta, que deja de lado la pobreza, el paro,  la corrupción, y hasta los procesos separatistas, cuando rueda el árbitro pita el comienzo de un Clásico. Se equivocan, digo. No es el país; es el mundo entero.


Real Madrid vs Barcelona, Barcelona vs Real Madrid. Un evento deportivo que ya no es cosa de dos ciudades, dos Comunidades Autónomas, ni un país. Es evento global. En serio. Ni la Super Bowl -¿se escribe así?- de los americanos, ni el entierro de Nelson Mandela, ni la multitudinaria boda del Felipe VI, ni su semiclandestina coronación (la más vergonzosa entronización de la historia de este país, la mayoría del cual se enteró del acontecimiento una semana más tarde),  ni siquiera la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos, concita la atención del planeta entero de la misma manera que el clásico de la liga española. Insisto: no es hipérbole. Lo estoy diciendo en serio.


Así pues, sin importar nuestro  género, raza o color de camiseta, alegrémonos todos como españoles de tener la mejor liga de fútbol del mundo. Otras naciones centraron sus esfuerzos en el poder militar, o en el Estado del Bienestar, o en las ciencias y las artes. Las muy gilipollas. Nosotros, en cambio, hemos copado el primer puesto de nuestro globalizado mundo en lo único que importa, junto con el sexo y las drogas: el fútbol. Tres cosas a las que, a diferencia de la mujer trabajadora y el medio ambiente, la ONU no ha designado un día mundial  no hace falta: cada puñetero día es el día del sexo, las drogas y el fútbol. De la mujer trabajadora y del medio ambiente nos acordaremos cuando ya no estén.
Dicho lo cual, si el fútbol tuviese un día mundial, sería el día del Clásico.


Y como hablábamos del acontecimiento máximo de esa religión secular que es el fútbol, y siendo como son días peligrosos, había tres anillos de seguridad alrededor del Estadio Santiago Bernabéu, formados por policía montada, antidisturbios, vehículos blindados, Guardia Civil, y, en resumidas cuentas, la élite de nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Tanto es así que si los alegres chicos de AlQaeda hubiesen querido, habrían podido entrar en Moncloa y liquidar al presidente, y nadie se habría enterado hasta el lunes; si no lo hicieron fue porque estaban viendo el partido.

El caso es que se asomó Benzemá por la bocana de vestuarios, según vio a la policía husmeando entre el graderío le entraron sudores fríos: “¡Mierda, me están buscando!” se dijo. “Disimula, Karim. Intenta pasar desapercibido”. 

Y en efecto, logró pasar totalmente desapercibido.
Otros que se pasaron el partido mirando al aire fueron Kroos y Modric, sin que se conozca la razón. Tal vez Benitez debería haber reservado a uno de los dos, y darle la banda a Gareth Bale para tener otra opción en ataque…
… oh, perdón, me comunican que Bale fue titular y estuvo en el campo los 90 minutos. Aprende, Karim.
Messi, en cambio, no fue titular. Sorprende que quisiese jugar  (digo “que no quisiese”, porque si hubiese exigido jugar, habría jugado. Eso que no lo dude nadie), pero en cualquier caso al campo salió el once tipo de los últimos partidos. 
El Real Madrid hizo la salida de gaseosa destapada que acostumbre en los últimos partidos: efervescente los primeros minutos, y sin fuerza el resto del partido. De hecho, una vez transcurrido el arreón inicial, el FCB se hizo con el mando del partido. Después fue solo cuestión de ver caer los goles, porque  el RM no es un equipo que sepa jugar al cattenaccio – ya le gustaría a Benitez-, y sufre sin balón. Y anoche ni lo vio.
Primero Luis Suarez, acabando una jugada brillante con un remate todavía mejor, después Neymar en un fuera de juego que nadie protestará, dado el baño futbolístico, pusieron el dos a cero en la primera parte. Iniesta – que luego sería aplaudido en el cambio; grande el Bernabeu, a pesar de todo- y de nuevo Luis Suarez pusieron los otros dos en la segunda parte. 
En ningún momento se atisbó reacción por parte del RM. Es cierto que al comienzo de la segunda parte tuvo un par de arrancadas, y que gozó de alguna otra ocasión al final, que Claudio Bravo atajó con brillantez. Pero estos latigazos fueron más los espasmos del moribundo que una verdadera rebelión contra el dominio del FCB, que en algún momento también pecó de cierta dejadez cuando vio el partido ganado.
Dicho lo cual, hay que volver a Gareth Bale, porque el galés merece capítulo aparte; lo trajeron pensando que alcanzaría el nivel de Cristiano Ronaldo, y es el portugués el que comienza a arrastrase casi al nivel de Bale. Casi. En cualquier caso, he ahí 100 millones de euros tirados a la basura. 
El RM, de hecho, comenzó a morir en la delantera, donde la famosa “BBC” apenas dio signos de vida. Perdido el medio campo, donde el FCB tocaba como en los mejores tiempos del Tiki-taka, los compañeros no lograban hacerles llegar el balón, y ellos tampoco bajaron a buscarlo. Y esa dejadez fue transmitiéndose al resto del equipo, que acabó bajando los brazos de forma bochornosa.
El único jugador del RM que tuvo la rabia y el talento para intentar desafiar al destino fue James. Fue inmediatamente detectado por el ojo clínico de Benitez, que le sacó del campo en el primer cambio. Las cámaras captaron el momento en el muchacho colombiano salió desconcertado del campo, perseguido por los gritos de “esquirol” que le dedicaron sus compañeros.
Tampoco se puede culpar al entrenador; para cambiar a Cristiano, Bale o Benzemá hace falta tener un par de huevos, y Benitez fue castrado el primer día que pisó el Bernabeu; una exigencia contractual de Florentino, que ahora tiene los genitales del entrenador en un tarro que guarda en un armario del almacén, entre el corazón de Pellegrini y el cerebro de Butragueño.

Así las cosas, no es de extrañar que al final del partido la ira de los aficionados, ignorando al eunuco del banquillo, se volcase contra su propio presidente. Normal: quien tiene el poder, tiene también la responsabilidad. Y Florentino no comparte el poder con nadie. 



...Ah, casi se me olvida: en Bali ha habido un atentado, o algo así, y… en fin, ¿a quién le importa, verdad?

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