domingo, 19 de julio de 2015

SISTEMA ECONÓMICO SOCIALISTA PARA LAS MONARQUÍAS

"El Rey tiene que estar por encima de ideologías y partidos políticos"

Esta frase tan conocida y muy repetida en el ámbito monárquico europeo y internacional vinculado a las "democracias liberales" esconde una gran contradicción práctica y real: ¿Es cierto que los Reyes están por encima de ideologías y partidos políticos porque lo establece las Constituciones de sus respectivos países?

LEGITIMISTA DIGITAL
19 de julio de 2015 
¿Socialismo monárquico? si, monarquía socialista
Monarquía y Comunismo son términos que a los ojos de la historia se nos aparecen como fenómenos contrapuestos. El papel de la burguesía capitalista a lo largo de la historia y el poder de la banca y el desarrollo del capitalismo aparentemente hizo apoyarse a la monarquía en la burguesía para recortar los poderes al clero y a la nobleza levantisca. Clero y Nobleza representaban la oligarquía terrateniente de la época feudal hasta mediados del siglo XVIII.


Con las revoluciones burguesas capitalistas, los grandes comerciantes, banqueros y empresarios tomarán el poder bajo el chantaje a la institución monárquica del préstamo a interés la institución quería hacer frente a los gastos del Estado Monárquico. La realidad fue que las monarquías europeas se vieron obligadas por los acontecimientos a ir cediendo prerrogativas y derechos a la nueva clase social que se levantaba en occidente: la burguesía. Por tanto el Estado pasaría a estar bajo el control de dicha clase social que comenzó un proceso revolucionario por el cual privatizaron las tierras comunales que estaban en manos campesinas para pasar a manos privadas, abolieron los Fueros Constitucionales o Parlamentos históricos locales como el existente en territorios como Bretaña, para crear la unidad nacional de mercado, y abolieron los gremios "sindicales" que eran la garantía de los trabajadores para hacer frente a los abusos de los mercaderes.

El siglo XIX asistió a un proceso de centralismo, homogenización, privatización y capitalismo, y en este proceso la monarquía dejó de ser un referente de protección popular y social para convertirse en el instrumento de la clase dominante: la oligarquía plutócrata de los negocios.
Esa nueva clase social, la burguesa, es la que redactará las nuevas constituciones liberales muy diferentes de la Cartas Pueblas y el proceso de elaboración de estas, mucho más participativo en el ámbito local y social. La burguesía capitalista redactará sus constituciones y las impondrán al resto de la población como demostración del secuestro del Estado por esta clase dominante, bajo el chantaje del préstamo a interés.

En la dinámica de ese chantaje al viejo Estado monárquico que había sido proteccionista, paternalista, intervencionista, feudal, confederalista, federalista, comunista, e incluso anarquista; la burguesía ya en el poder reclama unas reformas estructurales que tratan de desmantelar el viejo Estado Monárquico de antiguo régimen, y una de sus primeras medidas es que imponen el reconocimiento de la Deuda Soberana o Pública y la creación de un Banco nacional que garantice que los ingresos del Estado se destinen al pago de la deuda más los intereses generados a la clase capitalista. Así es como la monarquía es conservada como estructura capitalista favorable a la burguesía pero no quiere decir que esta institución haya sido siempre a lo largo de la historia una institución compinche, paladín y soporte de dicha clase oligárquica dominante.

Hubo muchos requisitos y exigencias burguesas que negaban el sufragio universal en favor del censitario, negaban la pluralidad de los partidos políticos consolidando una estructura política favorable al bipartidismo turnista que en lo esencial mantenía los intereses del capitalismo: reconocimiento de la Deuda Pública, hipotecación de los ingresos del Estado destinados a la devolución de los empréstitos, privatización de lo público estatal mediante las medidas desamortizadoras, centralización territorial e imposición de la unidad de mercado, prostitución de la sociedad mediante la introducción del consumo de drogas: alcohol y tabaco, abolición gremial sindical lo que suponía mayor explotación laboral en condiciones insalubres, indignas y lamentables. La vida del obrero no valía nada, y la monarquía mediante el chantaje de la burguesía se convirtió en el instrumento de la clase dominante. Para las guerras comerciales se recurriría al patriotismo vinculado a la religión en muchos casos y a esa misma monarquía en referencia al Rey nuestro señor. Así la burguesía tenía la posibilidad mediante el caos de acrecentar sus negocios con las acciones mercantiles relacionadas con la guerra. Aparecieron las bolsas europeas donde las burguesías compraban y vendían sus acciones y con los beneficios suculentos de unos, por las grandes pérdidas de otros, se prestaba de nuevo dinero a un Estado deficitario que hipotecaba sus ingresos entregándoselo a la burguesía capitalista como pago de sus deudas forzadas y contraídas año tras año, década tras década.

Ante la desprotección social impuesta por la burguesía capitalista, las monarquías estaban mirando hacia otro lado, como también lo hacía la Iglesia que ahora veía reconocido un presupuesto destinado al culto y clero e incluso recibía dinero de la burguesía para que los curas no metieran ideas reivindicativas y subversivas a los estamentos populares que todavía seguían acudiendo a las Iglesias a escuchar la "palabra de Dios".

Las guerras carlistas habían significado un intento de impedir este proceso de secuestro del Estado por la burguesía capitalista. Los carlistas se habían levantado desde el día 2 de octubre de 1833 para impedir toda esta dinámica capitalista que habían denunciado con un lenguaje tradicionalista y muy religioso porque era el lenguaje que la masa social de la época entendía. Se levantaron por Dios, la Patria, los Fueros y el Rey en lo que significaba realmente una protesta popular interestamental que reivindicaba justicia social, mantenimiento de los derechos Constitucionales forales y la protección paternalista de la vieja monarquía para que actuara como Juez e impediera los abusos de la nueva clase dominante burguesa. Sólo los elementos empobrecidos de los Estamentos tradicionales: nobleza, clero y tercer estado; fueron a amalgamar el carlismo. Los hidalgos, los curas rurales y el campesinado fueron carlistas, porque los elementos de los Estamentos tradicionales que habían conseguido grandes beneficios con la llegada y establecimiento del capitalismo, como lo fueron las desamortizaciones que enriquecieron a las altas Nobleza y Burguesía con las nuevas adquisiciones a precio de saldo de las tierras comunales y eclesiáticas, se pusieron del lado del capitalismo y del trono que representaba la niña reina Isabel "II" y su madre regente María Cristina. El Alto Clero miraba con simpatías al carlismo, pero no lo ayudó, porque prefirió mantenerse del lado del nuevo régimen liberal burgués capitalista que finalmente lo recompensaría con una partida presupuestaria de los ingresos del Estado porque la burguesía necesitaba tener controlada a la Iglesia para que no metiera ideas levantiscas, reivindicativas y subversivas a los estamentos populares y ello pusiera en duda su situación de liderazgo y predominio.
Así las cosas, los primeros comunistas en defender la propiedad comunitaria de los comunales públicos municipales fueron los carlistas para quien se sorprenda desde el año 1833.

Pero es que los liberales, una vez impuesto el capitalismo burgués, establecieron que el Rey, como representante de la monarquía, no podía estar vinculado a una ideología política, ni a ningún partido político porque era y es el Rey de todos los habitantes y ciudadanos. En un ejercicio de cinismo e hipocresía política, la burguesía capitalista determinó que todos los movimientos contestatarios (carlistas, vendeanos, brigantes, jacobitas, realistas,...) que respondieron al establecimiento de la monarquía capitalista, eran todos ellos de un "signo político determinado" y que ello no podía ser porque convertían al Rey, en el Rey de un Partido (Carlista, Jacobita, Brigante, Realista,..), mientras que ellos, los "Constitucionales", los "liberales", los "burgueses", se otorgaban así mismos la representación de la pluralidad política, la equidistancia, la moderación, y afirmaban que su monarquía, la capitalista, no era afín a ninguna ideología política determinada. Por eso se escucha en toda Europa y en el mundo entero de manos de los monárquicos decir: "El Rey no puede ser el Rey de un Partido Político, porque los reyes son de todos los ciudadanos, representan a todos los ciudadanos y por ello el Rey está por encima de ideologías y partidos políticos".
De este ejercicio de cinismo e hipocresía se sirven ciertos elementos monárquicos y liberales afines al capitalismo burgués hoy neoliberal para seguir tachándonos a los carlistas de pretender hacer Rey a una persona que tiene una determinada ideología política y que ello vulnera la equidistancia y la neutralidad que se le presupone a las monarquías en el ejercicio de sus funciones. Y me pregunto: ¿Cuántas monarquías hoy son independientes, equidistantes, neutrales respecto al sistema económico capitalista? ¿Acaso no vale ese ejercicio reflexivo hipócrita que se hacen los liberales monárquicos capitalistas para señalar que su monarquía y sus reyes representan una tendencia determinada y por tanto aquello que cacarean tan repetidamente y sin pensar, resulta que no se cumple?
Entonces ellos, los monárquicos capitalistas responden: "El Rey no puede ser el Rey de un Partido Político, y el Rey de los Carlistas lo es del Partido Carlista y de los Carlistas y ello vulnera su independencia política como figura que debe representar a todos los Españoles"
Y la pregunta que les hago a los monárquicos capitalistas: Acaso Felipe "VI" el impostor o Isabel de Inglaterra, ¿no representan ser monarcas del capitalismo?

Y los monárquicos liberales capitalistas responden que "el rey no debe meterse en esas cuestiones cuando se trata del sistema económico" y entienden que los actuales monarcas europeos no deben cuestionar el funcionamiento del sistema económico capitalista porque los Reyes están por encima de esas cuestiones, cuando resulta lamentablemente que las representan.

La paradoja y la contradicción que denunciamos en esta reflexión política y económica, es que cuando algunos monarcas y reyes han criticado el sistema económico capitalista y han defendido argumentos y posiciones socialistas como ocurrió con S.M. Don Carlos Hugo de Borbón Parma cuando era el dirigente del Partido Carlista, entonces los monárquicos capitalistas afirmaban que no podía existir un Rey Socialista porque ello vulnera la independencia de la figura del Rey de todos, para ser solo el Rey de una parte; sin embargo ¿si puede haber Reyes capitalistas? ¿si puede haber monarquías capitalistas? Todas las monarquías que hay hoy en el mundo se rigen por patrones y criterios capitalistas, y aunque esos reyes y monarcas no digan nada al respecto, están vulnerando realmente el principio de independencia que se presupone a la institución monárquica.
Y si bien, como dicen algunos, no es el monarca el que se debe cuestionar estas cosas, para dar a entender neutralidad e independencia y por tanto una cierta ecuanimidad y equidistancia, al igual que los monárquicos capitalistas hacen al establecer y ayudar a la dinámica y desarrollo capitalista, los monárquicos socialistas tenemos el mismo derecho de entender y desarrollar nuestra monarquía bajo los principios económicos del socialismo y no por ello convierte a nuestra monarquía en tendenciosa o representativa de una parte. ¿Por qué la monarquía capitalista se arroga la representación de ecuanimidad, independencia y equidistancia apareciendo sus reyes como monarcas de todos los ciudadanos, y cuando la monarquía es socialista se la tacha como tendenciosa de una parte? Es un ejercicio de una doblez, cinismo y enorme hipocresía el que tienen aquellos afines al capitalismo quienes se pronuncian de semejante modo y forma, que con este artículo los pretendo desenmascarar.

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