jueves, 18 de junio de 2015

HACE 200 AÑOS DE LA BATALLA DE WATERLOO

El bulo lanzado por los afines a los Rothschild les entregaría el país a precio de saldo.

Muchos accionistas creyeron en la victoria de Napoleón y comenzaron a vender sus bienes y acciones, adquiridas fácilmente por los Rothschild quienes se convertirían en plutócratas y oligarcas capitalistas a costa de las desgracias ajenas.

LEGITIMISTA DIGITAL
18 de junio de 2015 

El 18 de junio de 1815, justo hoy hace 200 años se libró cerca de la localidad de Waterloo (Bélgica) una de las batallas más numerosas y sangrientas de la historia de la humanidad.
Tras la vuelta de su exilio en la isla de Elba, Napoleón tuvo un periodo de gobierno de 100 días para tratar de convencer a sus enemigos con quienes los carlistas, legitimistas de pro, siempre nos hemos sentido identificados, entre otras cosas por el rechazo a la invasión napoleónica a las Españas.

Justo en estos momentos de esta tarde, hace 200 años los regimientos ingleses formaban sus cuadros ante la proximidad de las oleadas de la caballería francesa. Impresionante escenario, triste y lamentable batalla.

En Europa al "Emperador de los Franceses" siempre se le ha tenido por un dictador, un megalómano, y un furioso devoto de Marte, pues la guerra era su golpe de victoria, su afán de triunfo. Sus ejércitos llevaron la ola de nacionalismo y patriotismo liberal por toda Europa, y para protegerse de todo ello, las potencias aliadas formarían la "Santa Alianza"; una especie de OTAN Santa basada en la alianza de Prusia, Austria y Rusia para frenar al Emperador. A esta gran alianza ingresó Gran Bretaña que era el bicho raro debido a su modelo constitucional aristocrático y capitalista. El enemigo era Napoleón y había que derrotarlo, pues él encarnaba para los absolutistas continentales, la revolución francesa.

La paradoja de la Santa Alianza, aquella alianza de antiguos reinos de la cristiandad cuyo crisol se veía oscurecido por las apariencias de una sociedad aristocrática en decadencia que se había refugiado en sus mitos e ideales, pero que se había dejado dominar por la burguesía capitalista a la que despreciaba, pero necesitaba de sus dineros para hacer la guerra. 

La contradicción de los reinos absolutistas que formaban la Santa Alianza, destacaban por su fidelidad tradicionalista, pero se vieron carcomidos por el  poder capitalista que triunfaría tras Waterloo.


Valientes caballeros y nobles ideales se enfrentaron hace veinte décadas en el campo de Waterloo. Utilizados para la confrontación por el capitalismo de las oligarquías burguesas que comenzaban a gobernar las economías de aquellos reinos tradicionales que eran sombras del esplendor que había significado en el pasado el Antiguo Régimen. La protección y garantías del Comunal Público, las Cartas de Derechos, Constituciones medievales, Gremios y Parlamentos locales y regionales habían significado una red de democracia antigua que en gran parte había desaparecido por el despotismo y el militarismo de los príncipes. 

Guerra tras guerra, victoria tras victoria, derrota tras derrota, los siglos XVIII y XIX significaron la instauración del capitalismo plutócrata y oligárquico burgués, fenómeno económico de corrosión que asolaban a los antiguos reinos y les hacían adoptar a sus gobernantes una serie de medidas privatizadoras y liberales que tenía como telón de fondo la instauración del sistema de explotación capitalista. Así acabaron con los parlamentos locales, las constituciones medievales, impusieron el centralismo en nombre de la locura nacionalista, y se lanzaron a la guerra.

Los liberales europeos eran los fanáticos de la guerra, lo triste es que los tradicionalistas no supieran pararles los pies y se vieran afectados también por la locura nacionalista aunque fuera bajo una interpretación tradicionalista.

Waterloo no fue ganada por los príncipes, ni por nobleza y aristocracia antigua, fue ganada por el poder del dinero. Los adelantos de capital financiero a los príncipes europeos significó el endeudamiento de los países y de los pueblos, significó la apertura y aceptación de la banca capitalista, y por tanto la aceptación de la deuda soberana y pública. Los pueblos y ciudadanos no sólo padecieron la guerra sino que tendrían que padecer el dominio y secuestro capitalista.

La Santa Alianza pretendía volver al pasado, restaurar los antiguos reinos europeos de la cristiandad. Solo quedó restaurada la sombra de aquello. Secuestrados por el capitalismo burgués, los reinos quedaron sometidos a las directrices del capital y aquellos monarcas que se negaron a ello fueron destronados por las revoluciones capitalistas y burguesas.

El absolutismo decimonónico fue sustancialmente de base capitalista, había aceptado el sistema económico de la burguesía liberal y ello favoreció la desaparición de los reinos con el paso del tiempo. El Antiguo Régimen no podía basarse en un sistema económico ajeno a su ser, al adoptarlo como propio, descuidó los derechos, garantías y libertades comunales de los pueblos, que una vez se sintieron desprotegidos con las desamortizaciones y privatizaciones que imponía el capitalismo, se lanzaron al derrocamiento de los antiguos tronos que les habían traicionado.

Congreso de Viena. Duró entre el 02/05/1814 al 09/06/1815 y tenía por objetivo rediseñar y restablecer el mapa político europeo existente antes de la revolución francesa

Tras la batalla de Waterloo los agentes afines a la familia Rothschild lanzaron el bulo de la victoria de Napoleón, y aquellos que desconocían la verdad empezaron a vender sus bienes y acciones que fueron compradas por esta familia, pero cuando quienes vendieron se enteraron de la realidad, los Rothschild se habían adueñado del país a precio de saldo.

La conclusión es que las guerras aniquilan las tradiciones, alienan a los pueblos y los convierten en reos del capital bajo la oscuridad del empobrecimiento. Lo triste es que los herederos de los responsables de aquellas guerras siguen detentando hoy el poder económico como es el caso de esta familia capitalista de los Rothschild.

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