sábado, 30 de mayo de 2015

“ODIO LO QUE DICES”

No importa lo que digas, lo que pienses, o lo que hagas. Siempre habrá alguien feliz de ofenderse por ello

Es algo absolutamente transversal: los aficionados a la telebasura detestan a los intelectuales por sus aires de superioridad, y los intelectuales se enfadan con los televidentes porque les consideran subnormales voluntarios.

josé antonio sánchez cabezas / l.d.
30 de mayo de 2015 


Los islámicos no toleran a los cristianos porque son infieles, los cristianos no perdonan al Islam por ser radicales, ambos odian a los judíos por ser los dueños del dinero, y todos ellos acabarían con los ateos porque piensan de verdad que sin religión no puede haber bondad, moral ni tolerancia.


Los políticos se enfurecen con los ciudadanos cuando se manifiestan en su contra, y los ciudadanos matarían a todos los políticos después de ver el Telediario. La izquierda se ofende cuando los muchachos de la falange sacan a pasear sus banderas del águila, y la derecha chilla porque desde la izquierda se cuestionan la idea de España. A los Indignados se les reprochaba querer cambiar el sistema por la vía revolucionaria en lugar de formar un partido, y a Podemos se le acusa de tener ansias chavista-comunistas de poder por presentarse a las elecciones.


Rajoy metería en la cárcel a Rivera por robarle votos, y Rivera quiere acabar con Rajoy por traicionar los valores del PP. Pablo Iglesias ataca a Pedro Sánchez porque es la casta, Pedro Sánchez insulta a Pablo Iglesias por que le considera un demagogo, y Esperanza Aguirre ataca a Pedro Sánchez, insulta a Pablo Iglesias, metería en la cárcel a Rivera, quiere acabar con Rajoy, y atropella a la Guardia Urbana porque… bueno, porque ella es así.


Rojo, facha, liberal, independentista, religioso, ateo, culé, madridista, homosexual, hombre, mujer,… no importa lo que seas, lo que pienses o lo que hagas; ahí fuera hay alguien profundamente ofendido por ello.

Viene todo esto a que hace unas semanas un sujeto – un auténtico cenutrio- ofendió a propios y extraños al proferir en twitter una “broma” sobre los catalanes que fallecieron en la catástrofe aérea de los Alpes. No voy a repetir aquí la supuesta broma; ya pueden ustedes imaginar qué habrá dicho un facha con poca gracia y menos inteligencia sobre las víctimas catalanas del accidente.

Pues he aquí que al aspirante a humorista lo van a procesar. Por lo penal.

Este caso nos remite a lo ocurrido hace ya un año, cuando también procesaron penalmente a un muchacho que había colgado en Youtube una canción sobre el asesinato (a manos de otra militante del propio Partido Popular) de la Presidenta de la Diputación de León, Dª Isabel Carrasco. Al parecer, el motivo era que el estribillo de la canción era la frase “no debería alegrarme, pero me alegro”.

Llama la atención el talento del artista a la hora de captar el sentir de la ciudadanía, pues no fueron pocos lo que se sintieron mal por sentirse bien tras conocer la noticia (otros muchos, en cambio, no vieron razón para avergonzarse de su alegría). Y es que no hay nada más español que, cerveza en mano, exigir el empalamiento de tal o cual político, cuando no de todos ellos.

Y si el cantautor en cuestión se hubiese limitado a cantar la melodía por los barrios, guitarra en mano, nada habría pasado, e incluso habría conseguido unos eurillos. Pero como osó compartir sus sentimientos por Youtube, fue procesado. Por lo penal.

Facha uno, perroflauta el otro, ambos tuvieron el mismo destino tras compartir sus pensamientos en las redes: el Juzgado de Instrucción. Ahora bien, y como sabemos todos los que hemos estudiado Derecho, resulta que el Derecho Penal es la medida última que el ordenamiento reserva para los ataques más graves (solo los más graves) a los derechos fundamentales (y solo a los derechos fundamentales) de las personas.


No parece que este sea el caso de ninguno de los ejemplos citados. Parece, más bien, que estamos ante otra señal más del terror que tiene este gobierno a que la ciudadanía puede expresarse con libertad, y cuyo ejemplo más reciente es la publicación de la llamada Ley Mordaza, que no es sino otro intento de asustar al personal para que nadie se atreva a levantar la voz. Por lo que pueda pasar.

Dicho sea de paso, el terror que le tiene el actual gobierno a la población está totalmente infundado, porque esto es España, un país en el que nunca pasa nada, y en el que hasta las guerras civiles nos las organizan desde fuera, porque a ver quién monta la Revolución pudiendo ir a pasar el día a Benidorm. Es lo malo de España: resulta ser un país tan hermoso y acogedor – hablo del país en sí, no de sus habitantes- que te permite ser feliz a pesar de los pesares (en los glaciales páramos de Escandinavia, Zapatero estaría en la cárcel y Rajoy colgando de una soga).

No había razón, por tanto, para dar esos tiros de aviso. Al cantautor de Youtube puedes ponerle un comentario negativo, o darle a “Me gusta”, según tu criterio, y el facha gracioso merecía nuestro universal desprecio, y nada más. Ninguno de los dos debería estar haciendo frente a un procedimiento penal. Sobretodo porque la libertad expresión de ambos es también la nuestra, y la mejor garantía de esa libertad es que hasta el más tonto del pueblo pueda soltar sus imbecilidades sin temor a dar con sus huesos en la cárcel.

O, como ya lo dijere Voltaire:


Odio lo que dices, pero moriría por tu derecho a decirlo”.

Y ese, señoras y señores, es el principio irrenunciable de toda democracia. 

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