jueves, 30 de abril de 2015

CARLISTES VALENCIANS AMB DON JAUME DE BORBÓ PARMA

El 21 d´abril, a Riudecols (Baix Camp, Tarragona).

 Una representació  de "Carlistes Valencians" va assistir el passat dimarts, 21 d abril, al dinar que es va celebrar a la casa del Baró de Llorach,  a la vila de Riudecols,  amb motiu de les conferències que l'infant Jaume de Borbó Parma  va pronunciar a les universitats catalanes Abat Oliba (Barcelona) i Rovira i Virgili (Tarragona). A la vesprada es va celebrar a la mateixa casa una trobada amb els carlistes. Dos companys de "Carlistes Valencians" presentaren, a títol personal,  unes aportacions sobre el rol que el Carlisme i la Dinastia deuen tindre a l'actual problemàtica socio-política. Remitim els textes dels nostres correligionaris, Josep Miralles de Castelló de la Plana i Manuel Fernández de Sevilla d'Alacant, sense que "Carlistes Valencians", com a col·lectiu , s'identifique amb totes les propostes: les oferim com un material obert per al debat

LEGITIMISTA DIGITAL
30 de abril de 2015 
Intervención de Josep Miralles Climent:

"Soy carlista y católico desde la cuna y creo que moriré siendo carlista y católico, aunque a lo largo de mi vida he evolucionado en ambos terrenos, en el político-ideológico y el religioso-espiritual. Aunque digo esto, no quisiera parecer que mezclo política y religión como hacen los integristas, sin embargo para mí, la mejor política está inspirada en el cristianismo, sin rechazar otras religiones y filosofías.
Estoy afiliado al Partido Carlista que, con todas sus imperfecciones, es la organización carlista que mejor me representa hoy. Por eso creo que todos los carlistas deberíamos estar afiliados para poder influir en él participando democráticamente.
Creo en un Carlismo comprometido con la sociedad, con el pueblo. Lo mismo que creo en un cristianismo cercano a como lo preconiza la teología de la liberación. Por eso no creo en la acción política entendida como partitocracia, sino en el compromiso de los carlistas con los más desfavorecidos en todos los sentidos.
Tampoco creo en el juego de poderes; en alcanzar el poder. No creo que la sociedad cambie por alcanzar el poder un partido determinado ni porque la gente consiga más dinero para vivir mejor. Lo más importante es que cambiemos las personas, un cambio basado en el esfuerzo, el sacrificio y la compasión y no tanto en buscar la comodidad y el egoísmo; en ser más solidarios, más justos, en buscar la verdad, la paz, como lo hizo Gandhi... y sobre todo en desterrar el odio y sustituirlo por el amor como lo hizo Jesús de Nazareth. (Todo ello son valores más espirituales frente a los valores materiales y de "bienestar" que plantean los defensores de la Sociedad del Bienestar que es lo que tradicionalmente reivindican todos los partidos políticos: engrandecer el pesebre y consumir)


No creo en el sistema capitalista ni en la sociedad de consumo. La explotación capitalista ha ido siempre de la mano de la opresión política y social. El capitalismo a menudo se justifica diciendo que ser egoísta es propio de la naturaleza humana, sin embargo, como sugiere Emma Goldman, aquellas cosas que se atribuyen a la naturaleza humana no son más que las proyecciones de nuestras instituciones dominantes dentro de nosotros mismos; estamos contaminados del discurso capitalista. El capitalismo no es un sistema surgido naturalmente, sino que se construyó artificialmente y del que se puede prescindir.
Tampoco creo que el crecimiento económico -ni siquiera ese que llaman sostenible- sea la panacea que solucione todos los problemas de la gente.
Lo que hace falta no es crecer, sino decrecer porque creo que este Planeta no puede soportar tanto crecimiento (Hay que buscar el equilibrio entre el Tercer Mundo que quizá tenga que crecer y el Primero que ha de decrecer. Lo que no sé es cómo se puede llegar a ello, puesto que parece muy difícil ir en contra de eso que llaman progreso)
Por todo eso no veo al Carlismo -ni al Partido Carlista- como un fin en sí mismo ni a la Dinastía carlista como un elemento destinado a sustituir a la dinastía liberal. Tanto el Carlismo y el Partido, como la Dinastía deben ser dos elementos que estén al servicio de la sociedad, y no para conquistar el poder.
Creo que la Dinastía carlista que hoy nos representa es digna de admiración por su honradez (todo lo contrario que la reinante que todo indica que ha participado de la corrupción institucionalizada, pues Juan Carlos fue entronizado sin una gran riqueza y según parece hoy es una de las mayores fortunas de las Españas)
Reconozco que nuestra Dinastía es, de hecho, un elemento de atracción para la mayor parte de los carlistas. Por eso, y porque el Carlismo es uno de los amores de mi vida, desearía que la Dinastía se implicara más en impulsar el Carlismo.
Sin embargo he de decir que, personalmente, no soy ni monárquico ni republicano porque no creo en el Estado tal como lo concibe la sociedad moderna, sino que creo en la autogestión de pequeñas comunidades confederadas al estilo de los antiguos Concejos abiertos y en el principio de subsidiariedad. No soy nacionalista, ni español ni periférico; soy foralista/confederalista. Hay que tender a disminuir el poder del Estado en beneficio del poder de la Sociedad. Porque pienso que lo que hace el Estado en economía, más que proteger a la gente es proteger la propiedad privada y la acumulación de capital. Capital y Estado son las dos caras de la misma moneda. También rechazo la postura leninista de apoderarse del Estado. Si pienso en algún ejemplo no de sistema político sino de líder político ejemplar, ese sería el ex-presidente José Mújica del Uruguay porque hizo realidad aquella frase de Carlos VII: "Si el pueblo es pobre, vivan pobremente el rey y sus ministros".
Por otra parte como a lo que aspiro es a establecer los fundamentos de una futura sociedad ideal en el presente, reconozco que hasta llegar a ella algo habrá que hacer para favorecerla y en ese sentido creo que los carlistas, sin dejar de serlo, hemos de implicarnos, de la forma más consecuente posible, en colectivos de trabajo y movimientos sociales que incidan en esa línea a la que aspiramos, es decir, algo parecido a eso que bajo el liderazgo de D. Javier y Carlos Hugo en los años 70 del siglo XX llamamos "Socialismo Autogestionario y Federal/Confederal y al que Mella llamó "Sociedalismo". Y hoy, en las Españas, creo que los que más se aproximan a eso en el terreno político son grupos como "Podemos" y similares, y en el terreno de lo social, ONG's como Cáritas, Intermón-Oxfam, HOAC, Cristianismo y Justicia, etc., que no se limitan a protestar y reivindicar sólo derechos materiales y libertades formales, sino que trabajan también en pro de aspectos más espirituales e intangibles, que implican una autocrítica personal para mejorar la calidad humana de las personas sin la cual no habrá jamás revolución duradera (muchos quieren cambios, pero ¿cuántos estamos dispuestos a cambiar?).
Creo que en una línea similar se encuentra el papa Francisco al que Jaime, el miembro de nuestra Dinastía aquí presente, conocerá sin duda mucho mejor que yo por su condición de diplomático en el Vaticano.
Quiero aprovechar para reivindicar la figura de viejos compañeros nuestros que creo trabajan en esa línea, algunos de los cuales siguen militando en el Carlismo (como José María Tercero, en Madrid), o que, sin militar en el presente, se sienten deudores del Carlismo (como Pedro Zabala, en La Rioja), ambos, por cierto, comprometidos en comunidades cristianas de base críticas con el neoliberalismo que padecemos.
Creo que todo cuanto he dicho es una versión semi-desarrollada del viejo lema carlista de Dios, Patria, Fueros y Rey"
Tarragona, 21 de abril de 2015


Intervención de Manuel Fernández de Sevilla:
"Alteza: Bienvenido a Catalunya, bienvenido a las Españas.
La situación por la que estamos atravesando los ciudadanos de las Españas es muy grave. Llevamos desde el año 2008, cuando comenzó la actual crisis económica, que está azotando a miles de hogares, ciudadanos y familias que han perdido su puesto de trabajo y, en muchos casos, no tienen ingresos con los que hacer frente el pago de la hipoteca, con la consiguiente pérdida dramática de su vivienda. El llamado “Estado de Derecho” ha permitido la expropiación de sus casas a miles de familias que se han visto arrastradas a la mendicidad, mero objeto de caridad, que buscan en los contenedores de la basura para poder alimentarse. Una situación que, además, ha obligado a la juventud a exiliarse, de nuevo, para poder encontrar un puesto de trabajo que aquí, en las Españas, se nos niega, por las lamentables condiciones laborales. Asistimos al exilio del capital humano. El Estado invirtió desde 1979 en capital humano, en educación, y nos encontramos con que los beneficios económicos derivados de esa inversión se los están llevando otros países que no realizaron, ni realizarán, semejante inversión. 
Hoy los ciudadanos estamos al borde de la proletarización, porque peligra la existencia de la clase media. La proletarización significa el creciente empobrecimiento de la sociedad debido a la privatización de los sectores estratégicos de la economía y a la mercantilización de los derechos, que la oligarquía quiere convertir en privilegios, bajo condición de prepago, al objeto de lucro capitalista.
Desde el Banco Central Europeo, y el resto de instituciones europeas, se ha fomentado una política monetaria restrictiva que ha estado muy lejos de lograr unos objetivos sociales de respaldo a la ciudadanía, pues se ha ignorado el rescate ciudadano para acometer el rescate bancario, a todo el sector bancario que, en definitiva, aliado con la casta política de los grandes partidos, nos han llevado a esta crisis económica galopante. Tras la respuesta electoral de los ciudadanos en las últimas elecciones europeas de mayo de 2014, que han hecho crecer a las formaciones de extrema derecha y extrema izquierda, es cuando las autoridades monetarias han realizado tímidas devaluaciones monetarias que permitieran una inyección de masa monetaria mayor en el sistema, posibilitando un refuerzo de liquidez y disminuir las tensiones sociales.
Los ciudadanos de las Españas percibimos a las instituciones europeas muy lejanas y contrarias a nuestros intereses. Mucha ilusión pusieron nuestros padres en formar parte de la Unión Europea, una unión que nos hizo renunciar al sector de la industria pesada y al agropecuario para especializarnos en el monocultivo del turismo y los servicios, lo que por otro lado supuso un terrible encarecimiento de la vivienda en nuestro suelo por el empuje de la demanda agregada exterior.
El neoliberalismo conservador y progresista puso el suelo al servicio de los intereses lucrativos y especulativos de la banca y de las constructoras -basta con observar el crecimiento de los precios de la vivienda- y llevó la economía de las Españas hacia una economía financiera, irreal y especulativa que ahora la ciudadanía estamos pagando con los recortes sociales en educación, sanidad y con las privatizaciones de todos los sectores estratégicos de la economía, que ya se dieron desde antes del triunfo electoral del Partido Popular en 1996. Hemos asistido, y asistimos, Alteza, a una nueva y gran desamortización del comunal de los municipios basada en la privatización de todo el tejido empresarial público, el cual posibilitaba la obtención de ingresos y beneficios que redundaban en el interés de los ciudadanos y en el bienestar social, y todo ello bajo el patrocinio de las instituciones europeas, que están en manos de la oligarquía capitalista. Empresas energéticas como REPSOL, o de telecomunicaciones como TELEFÓNICA, llamada ahora MOVISTAR, eran la joya de la Corona de lo Público, y ahora al estar privatizadas significa que los beneficios que generan, suculentos miles de millones de euros, quedan en manos de la oligarquía financiera y la plutocracia de los negocios, y no en manos de los ciudadanos y el pueblo que terminó siendo expropiado y desamortizado con la privatización de lo público.
Ahora para acceder a los derechos de educación, sanidad, justicia y pensiones, hemos de pagar. Y entendemos que el deber de la Dinastía, de vuestra Familia, de vuestro hermano don Carlos Javier de Borbón Parma, el Rey, es la defensa de los derechos, garantías y libertades públicas, frente a toda privatización, que significa mercantilizar los derechos para convertirlos, como quiere la oligarquía, en privilegios a condición de pago, por persecución de lucro.
La Monarquía que representa la Familia Borbón Parma es una institución pública que vela y defiende los intereses y derechos del pueblo, de los pueblos y ciudadanos de las Españas, mientras que la actual monarquía capitalista representada por Felipe, y su padre Juan Carlos, han convertido a la figura del monarca y a la Corona en comisionistas de los negocios nacionales e internacionales, ejerciendo un papel de comparsa y soporte de la oligarquía y la plutocracia capitalista en detrimento de los ciudadanos. La actual monarquía es franquista, porque los ciudadanos no la elegimos, se nos impuso por designio del dictador Franco, y por tanto es ilegítima a los ojos de muchos ciudadanos de las Españas. Es ilegítima porque altera el orden histórico genealógico que hace llegar a vuestro hermano, el Rey, la titularidad histórica de la Corona de las Españas, y por eso hay que decirlo, la Corona de las Españas está siendo usurpada en manos de una Familia a la que no le corresponde el Trono, ni la Corona. Además se han demostrado cómplices de toda corrupción, pues el caso del Instituto Noos, que en apariencia únicamente salpica a Iñaki Urdangarin, resulta que, en realidad, salpica a toda la familia de los usurpadores, porque se ha tratado de un entramado para conseguir financiación irregular y extraordinaria por parte de la actual y vigente Corona que representa Felipe de Borbón. Una monarquía capitalista, compinche, soporte y paladín de la oligarquía capitalista, totalmente alejada de los intereses, derechos, libertades y garantías sociales del pueblo, de los pueblos y ciudadanos de las Españas, y por tanto es, y se trata, de una monarquía enemiga del mismo pueblo, como así se viene demostrando.
El poder financiero de la banca, a través del dominio de los tenedores de deuda, se ha convertido en el secuestro de la democracia por los usureros y en una clara pérdida de soberanía real en las distintas facetas que el carlismo siempre ha venido representando. La realidad de la autogestión política, la autogestión territorial, la autogestión económica y la autogestión personal han quedado diluidas como un azucarillo en un océano de corrupción, significando reos de los designios del capital. Pues hemos visto como las instituciones y los partidos políticos han caído en manos de unos intereses ajenos al verdadero interés del pueblo. Es normal que ante semejante situación se haya producido, como respuesta, la eclosión de nuevos movimientos sociales y políticos, como Podemos y Ciudadanos, que también señalan, como lo hacemos nosotros, las injusticias sociales que se están dando diariamente desde que nos está sacudiendo el terrible drama de la crisis económica. Yo mismo, por mi experiencia personal y profesional en mi trabajo, como gerente de una ONGD, estoy viendo diariamente como se ha sustituido la acción de la autogestión y soberanía de la libertad humana de alcanzar las capacidades del desarrollo humano por la propia persona, para pasar a la pasividad que da el asistencialismo de la caridad, que promueve la dependencia y las limitaciones del desarrollo humano, debido a la cantidad de familias y personas que no tienen ni siquiera para comer. Nosotros, los carlistas, tenemos un deber social con el pueblo, como lo tiene la Corona Legítima en la Dinastía que representa don Carlos Javier.
Ahora que el barco se hunde, afloran los separatismos que, amparados en la diversidad cultural, histórica y plurinacional de los diferentes Estados que conformaron las Españas, tratan de salvar los muebles con la secesión que se autoproclama y vende bajo bombo y platillo como “independencia”, ignorando el proyecto común, Confederal o Federal, que tenemos los Carlistas para todas las Españas: el restablecimiento multiconstitucional, desde la foralidad, para todos los Estados que siempre conformaron la Monarquía Ibérica.
En cuanto al tema de los recursos naturales, que son recursos ecológicos que estudia la economía ambiental y también la economía ecológica, tenemos el problema Malthusiano, que trata de ignorar una parte de la ciencia que trabaja de la mano con el capitalismo. Si la tasa de reposición de los recursos naturales es inferior a la tasa del crecimiento poblacional de los seres humanos, estaremos ante una problemática mundial, ante un auténtico drama internacional que acrecienta su gravedad por los condicionamientos del cambio climático y el desplazamiento de las zonas climáticas que permiten la fertilidad de los campos, al verse desplazadas desde la actual línea del Ecuador hasta los Polos. De manera que cada vez habrá menos tierra fértil que cultivar, y la poca que queda, se dedica a alimentar el ganado, en lugar de paliar el hambre en el mundo y tomarse en serio el control del crecimiento poblacional.
Muchas gracias por haber venido, Alteza."
Tarragona, 21 de abril de 2015

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