sábado, 7 de febrero de 2015

SIN PERDÓN

Colaborador articulista: José Antonio Sánchez Cabezas


Estamos en junio de 1918. El lobo alemán anda suelto por Europa.
Media Francia ha sido invadida y arrasada. Según se descubrirá después, la mayoría de los daños no obedecía a motivos bélicos; fue un plan de destrucción premeditada de fábricas , orquestada desde la clase empresarial alemana, que era la que señalaba los competidores que convenía destruir para obtener la hegemonía económica tras la guerra.
Mientras tanto, continúa el plan para partir Bélgica en pedazos. La nación se declaró neutral al comenzar la guerra. No le sirvió de nada. Miles de ciudadanos belgas son reducidos a la esclavitud y llevados a las fábricas alemanas; el Reich necesita a sus obreros en el frente, pero también necesita la mano de obra para que la producción de armamento no se detenga.


Esclavos belgas, llevados a las fábricas alemanas
En el Atlántico, la flota de superficie germana está recluida en los puertos, impotente ante la Royal Navy. La venganza se la cobrarán los submarinos, que han elegido a los buques mercantes como blanco. Militares a la caza de civiles. Enemigo o neutral, no importa.
En Oriente, Rusia se ha derrumbado. Los bolcheviques han firmado la paz con Alemania. Pero Alemania no cumple el acuerdo, y su ejército continúa arrasando Ucrania para poder saquear sus recursos…
Estamos en junio de 1918. El lobo alemán anda suelto por Europa.

Syriza ha ganado las elecciones en Grecia, y habrá quien se pregunte porqué.
La respuesta tal vez haya que buscarla en la lógica de la situación; si tu situación es extrema, los extremismos comienzan a parecer una solución adecuada.
Syriza



En 1917, en la Rusia zarista que estaba al borde de la explosión, un príncipe se atrevió a decirle al Zar que “el pueblo no busca la revolución, no quiere la revolución, pero el gobierno no para de empujarle hacia ella”. Era verdad.
Ocurre que los revolucionarios siempre están ahí, pero se precisa que los conservadores destruyan el sistema para que el pueblo caiga en sus brazos.

En Grecia, la llamada “Troika” ha impuesto unas condiciones de pago que han sumido en la miseria a la población. Son miles los padres que se han visto obligados a dar a sus hijos en adopción porque no tenían nada con qué alimentarlos. El consumo ha caído en picado. Los sueldos son tercermundistas, pero los precios son europeos. El ciudadano griego ya no vive; sobrevive. Si puede.

Syriza ha ganado las elecciones en Grecia, y habrá quien se pregunte porqué. Y la respuesta es que han ganado por culpa de la Troika.



Estamos en 1930. Los acreedores de Alemania se han reunido para decidir qué hacer con la gran culpable de la Primera Guerra Mundial, ahora derrotada y en bancarrota.

Durante años, Alemania ha estado afrontado las deudas contraídas por sus crímenes a base de pedir prestado a todos los países, especialmente a los EEUU. Pero tras el Crack bursátil los americanos se han visto sumidos en la Gran Depresión, y ahora exigen que les devuelvan los créditos concedidos. Las deudas deben pagarse. Pero Alemania no puede pagar.

Hay entre los acreedores quien no ha olvidado la razón por la que el gigante germano está en su actual situación. Sus deudas son de sangre. No se puede olvidar el horror vivido. Sin embargo, entre la mayoría de los naciones la razón se impone a la ley: las deudas se deben pagar, pero solo si es posible pagarlas. Y Alemania no puede.

Por mayoría, los Estados vencedores –entre los cuales se encuentra Grecia- acuerdan personar la mitad de la deuda alemana. Otra parte será perdonada años más tarde, en las Negociaciones de Lausana. La parte restante, minúscula en comparación, será pagada en cómodos plazos. Tan cómodos que Alemania se tomará 80 años para pagarla.




Grecia no va a pagar su deuda. No se trata de que lo diga Syriza, o lo deje de decir. Es un hecho: Grecia no va a pagar su deuda. Porque no puede.
“PIB” significa “Producto Interior Bruto”, eso es, toda la riqueza que genera un país en un año, sin computar el degaste del capital, ni las materias primas que necesita exportar, ni deudas ni depreciaciones. Toda la riqueza del país, y nada más que la riqueza. Eso es el Producto Interior Bruto. Grecia debe tiene una deuda que asciende al 170% de su PIB. Y pretenden que pague.
Es imposible.

Estamos en 1944. El lobo alemán anda sueldo por Europa.


Francia, vencida, ocupada, y divida en dos: una mitad, en el sur, está bajo el gobierno títere de la Republica de Vichí. El resto de Francia, la mitad norte, se gobierna desde Berlín sin disimulos.
Holanda y Bélgica se declararon neutrales, como en la Primera Guerra Mundial. Como en la Primera Guerra Mundial, Alemania viola la neutralidad de ambas.

Los Balcanes han sido tomados por la wehrmacht. Grecia también. En un principio fue atacada por la Italia de Mussolini, que, celosa de los éxitos alemanes, busca emularla, aunque sea a pequeña escala. Sin embargo, el ejército griego les rechaza. Hitler acudió en ayuda de su aliado, y aplastó Grecia en pocas semanas.

Pero aquello fue en 1941, y ahora estamos en 1944. Italia ya no es una aliada. Ha sido traicionada, e invadida por los alemanes. En el norte del país se ha creado la República de Saló, replica italiana de la Republica de Vichí francesa, ambas títeres de los alemanes.

La URSS también fue aliada de los nazis. Juntos se repartieron Polonia. Pero también fue atacada a traición. El Oso Ruso sangra por mil heridas en 1944, pero así y todo se impone en el frente Oriental. El precio es inmenso: cuando acabe la guerra, Alemania habrá matado 20 millones de ciudadanos soviéticos.

Inglaterra es la única enemiga de Alemania, en toda Europa, que se ha librado de la invasión. Ha sido bombardeada a conciencia por la Luffwafe, cuyos objetivos fueron los civiles de las ciudades, pero La Royal Navy sigue ahí, y no habrá invasión; por desgracia, los submarinos alemanes también han vuelto, y de nuevo se dedican a cazar barcos mercantes de todos los países.

Se diría que hemos vuelto a 1918. Tanto horror agota a los pueblos, sobretodo porque queda la sensación de que la Gran Guerra no sirvió de nada. Todo ha vuelto, tal y como sucedió la primera vez.

Sin embargo, en lugares como Majdanet y Auschwitz, los alemanes han puesto en marcha algo que no se había visto en la Primera Guerra Mundial. Algo que no se había visto jamás. Y que no tiene nada vez con la guerra…




Estamos en 1944. El lobo alemán anda sueldo por Europa.

No hay país que no sea adicto a la deuda pública.
España, nuestra patria, tiene una deuda de más del 90% de su PIB. Y si alguien pregunta cómo vamos a pagar eso, la respuesta es muy simple: no lo vamos a pagar. No podemos.
Francia tiene una deuda del 90% de su PIB. Portugal, del 100%. Italia, del 130%. Ninguna de esas naciones va a poder pagar.

¿Será verdad que los decadentes europeos nos hemos empeñado en nuestro “inviable” Estado del Bienestar? ¿Tienen razón los liberales, tal vez, y la solución es más empresa y menos Estado?
Japón tiene una administración pequeña, más pequeña que la nuestra, y más del doble de población. Japón tiene una industria potente - de las mejores del mundo-, y empresas punteras en gran cantidad. Y otra cosa que posee Japón es… una deuda pública del 240% de su PIB. Deben dos Japones y medio.
En proporción, los nipones son la nación más endeudada del mundo. Pero en cifras absolutas, la mayor deuda pública no es suya; es la de EEUU, que ya no puede ni computarse.


Todas las naciones citadas son incapaces de pagar su deuda; de hecho, no la está pagando. Se limitan a refinanciarla una y otra vez, emitiendo deuda hoy para sobrevivir a la deuda que se emitió ayer. Y cada vez la deuda es más grande.
Y sin embargo, nos dicen que el problema es Grecia...

Estamos en 1953, y los acreedores de Alemania se han reunido en Londres. Porque Alemania se niega a pagar.
Hace solo ocho años que el mundo vivió el infierno de la Segunda Guerra Mundial. Otra vez, la culpable es Alemania. Otra vez, carga con deudas de sangre. Y otra vez dice que no puede pagar.
Entre las naciones acreedoras está Grecia, de nuevo. Y de nuevo, Alemania verá perdonada su deuda.


Grecia está en quiebra, como lo estaría España, Francia, Italia o Portugal si les desenchufase el Banco Central Europeo. Sus acreedores le han impuestos unas condiciones imposible, al mismo tiempo que le privan del acceso a la deuda pública. El motivo de esa actitud es que el gobierno democráticamente elegido por el pueblo heleno se dispone a cumplir su programa electoral, y la Troika no puede pasar por alto tamaña ofensa.

Grecia está en manos de sus acreedores, y solicita que le concedan una quita, o al menos un aplazamiento. Porque, como Alemania en 1930 y en 1953, no puede pagar aunque quiera. Le es imposible. Pero no parece que a los helenos se les vaya a conceder nada.

Al fin al cabo, lo de Alemania eran deudas de sangre por haber perpetrado los dos mayores horrores que ha conocido la humanidad. Grecia, en cambio, se ha excedido con la deuda pública. Y eso no tiene perdón de Dios.

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