domingo, 22 de febrero de 2015

S.A.R. DOÑA MARÍA TERESA DE BORBÓN PARMA Y EL PARTIDO CARLISTA

La "clarificación ideológica" del Partido Carlista

Introducción del libro escrito en 1979 que lleva el mismo subtitulo del artículo

L.D. / S.A.R. doña maría teresa de borbón parma
22 de febrero de 2015 
S.A.R. doña María Teresa de Borbón
Al alba de un siglo, treinta años después de su comienzo, un pueblo se despierta. Una gran posibilidad histórica acaba de naufragar. Una posibilidad que, después del "2 de Mayo", hubiera podido significar un diálogo entre clases sociales antagónicas y llevar a la España del Antiguo Régimen a la democracia. Pero esto no fue posible. Un hombre, Fernando VII, la camarilla que le rodea, evitará esa oportunidad. Una democracia formal se incardina sobre la vieja España de las castas, una realidad capitalista entronca con los feudalismos heredados. Por el pueblo español, pueblo de las Españas, no tomará parte activa de esa nueva estructura. ¿Qué quiere este pueblo que, a la muerte de Fernando VII se levanta al grito de ¡Rey y Fueros!? Sus libertades, su identidad perdida: sus Fueros, esos derechos regionales, "espacios de libertad popular colectiva" que representaban de alguna manera el plano cultural, político y administrativo, aunque fuera sólo como reminiscencia histórica, como en el caso de Catalunya. 

En cuanto a lo demás, a la pugna dinástica entre Isabel y su tío Carlos María Isidro, el Carlos V carlista, no es esencial. Está claro que Don Carlos será su abanderado. Pero, ¿podemos suponer que su pasión por la Ley Sálica era tan grande como para dejar sus mieses y sus pueblos, hicieran frente a ejércitos entrenados y modernos para devolver el trono a Don Carlos? No. Don Carlos será el "medium", es el Rey. Ha prometido el restablecimiento de los Fueros. Esta es la razón de su combate. Lo que no impedirá que el liderazgo monárquico sea esencial para el Carlismo. Cuando aparece por primera vez el Partido Carlista no hay otros partidos en España. Cuando hace propuestas, no hay ideologías. Al menos no hay otros partidos, no hay otras ideologías populares... Las voces proféticas que hablan fuera de sus fronteras no se harán oír en España hasta más tarde. Por ello el Partido Carlista inventa sólo su caminar histórico y por ello este caminar suscita tantas polémicas. 

¿El partido socialista y autogestionario de 1978 es realmente el heredero, como afirman los que militan en él, del Partido Carlista que en 1833 se alza contra Isabel? ¿O ha traicionado su "misión ancestral", como dicen otros? La clarificación ideológica quiere decir poner a la luz ciertos elementos que ya existían y que un día desembocarían o podrían desembocar en lo que propone hoy el partido. ¿Cuáles son esos elementos? ¿Qué quiere, qué hace ese Partido Carlista? Quiere lo que hoy llamamos las libertades colectivas, la justicia social, los bienes comunitarios. La primera guerra carlista se llama en Catalunya, en València, la guerra del hambre. En esas regiones los carlistas atacan a los hombres de la oligarquía, que oprimen a los trabajadores. En el curso de la segunda guerra, la de los Matiners, los oligarcas de la ciudad de La Garriga lanzan el 25 de Enero de 1849 a sus contemporaneos un solemne llamamiento: "lo que busca el Carlismo es el fatal comunismo en toda su extensión y horror".


La clarificación ideológica es esta aventura,... en la cual mujeres y hombres se han comprometido profundamente

En el curso de la tercera guerra, el Carlismo implanta, durante su breve mandato en el País Vasco, unas medidas que le servirán a Unamuno de base para una obra que quería escribir sobre el "socialismo carlista".
El Carlismo no quiere gobernar para los ricos en detrimento de los pobres, sino a la inversa. En una palabra, hacer un gravamen progresivo de impuestos sobre las propiedades.

 Y la lista de estos proyectos, de estas realizaciones socialistas del Carlismo, se podría alargar. ... Entonces, ¿por qué asombrarse del Carlismo actual? Es Unamuno el que da la respuesta -y Marx también- cuando habla de un movimiento "libre y popular". Unamuno, el gran existencialista, ha comprendido al Carlismo.

De algún modo fue el primero en desear su clarificación ideológica, si bien es verdad que una acción de este tipo atañe también a los factores sociológicos, soporte de las opciones ideológicas. Según el profesor Pérez de la Dehesa, en su libro Política y Sociedad en el primer Unamuno, éste ve un Carlismo intrahistórico, popular, socialista, federal y hasta anarquizante, que considera es la expresión "reveladora del pueblo español", fuerza poderosa y saludable. " Es poco inteligente condenar un río que sale de su lecho y arranca lo que puede en las laderas. Lo que es inteligente es dominar su curso". (En torno al casticismo, Unamuno).

Luego ve otro carlismo, el de Mella y de El Correo Español, que encuentra su forma más característica en el integrismo "este tumor escolástico, esta miseria producto de bachilleres, canónigos, curas y barberos" (Pérez de la Dehesa, Política y Sociedad en el primer Unamuno). Pero este tumor escolástico no es el Carlismo, es un parásito que aparece en ciertos períodos históricos. Para otras fuerzas populares las cosas son más sencillas. Aparecen más tarde y tienen, desde el principio, un esquema perceptivo que han recibido de partidos que funcionan ya a nivel europeo. 

No tienen ningún tipo de dependencia con la Iglesia. Para el Carlismo la religión forma parte de su patrimonio y tiene intuición profunda que es origen, en el plano cultural, de las utopías socialistas contemporáneas. Pero la Iglesia, salvo válidas excepciones, en España es algo bien distinto a la encarnación de esa corriente evangélica profunda. Fue inquisitorial, sierva fiel del poder y del sistema, prestándole el concurso no sólo de su autoridad sino también de su cosmología. Tanto peor para los cristianos y, cuando forman una comunidad política, tanto peor para los carlistas. Tanto mejor para las "élites", siempre asustadas por una revolución pendiente, siempre dispuestas a utilizar los "valores cristianos", a decir no a la lucha de clases, no al compartir, dispuestas a producir platónicas promesas de cara al futuro y cuando los Papas por fin hablan, ponen entre sus palabras y el auditorio popular la mayor distancia posible. Realmente el tumor escolástico y sus responsables es este entendimiento entre cierta Iglesia y ciertas capas de "intelectuales". 

Por mucho que el Carlismo lo aparte, vuelve a brotar. Carlos VI se separa de Jaime Balmes y Donoso cortés; Carlos VII de Aparisi y Guijarro; don Jaime de Mella y sus amigos. Esperan siempre pacientemente sentados en las puertas de las iglesias... Una vez, en el curso de la historia, parece que alcanzan el triunfo: es en 1936. Don Jaime ha muerto en los agitados años que preceden a la guerra. El Carlismo está debilitado. Su jefe es un hombre mayor. La derecha se aprovecha de esa situación, le invade otra vez y juega a la provocación religiosa. La República, por otra parte, la ayudará con sus torpezas en ese campo. He aquí otra vez el tumor escolástico que se ha fijado en el Carlismo. Le llevará al lado "nacional". Será el gran drama de su historia, la contradicción mayor cara a su pasado, a su realidad popular y a sus grandes aspiraciones de libertad. Debería desaparecer. 

Pero va a revivir. Afrontando esta contradicción la domina y emprenderá dificil y apasionadamente, su reconversión para llevar sus aspiraciones profundas al nivel de opciones políticas decisivas. La clarificación ideológica es esta aventura. Una aventura en la cual mujeres y hombres se han comprometido profundamente. Porque la historia no es un hecho forzoso. Su curso se puede perder en el "inhibirse" que no es decidirse, suspender su juicio y, finalmente, suspender su ser y también su facultad de crear el acontecimiento. Pero el Carlismo no se ha inhibido. Su ser y su acontecimiento configuran su propia clarificación ideológica.