domingo, 15 de febrero de 2015

Robert Vallverdú: “El carlismo ha incidido en muchos aspectos de nuestra vida”

Robert Vallverdú y el Carlismo

Entrevista realizada por Josep M. Grau

tarragona / josep m. grau
15 de febrero de 2015 
Josep M. Grau
Robert Vallverdú i Martí, nace en la Masó (Alto Campo). Es doctor en Historia Contemporánea y licenciado en Filología Románica, miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia, investigador activo del Centro de Historia Contemporánea de Cataluña, catedrático de Historia en el Instituto de Enseñanza Secundario Pons de Icart de Tarragona y profesor asociado de la URV, donde ha impartido cursos de doctorado. También ha dirigido la revista local Sis Fuegos (1982-1997). Vallverdú alterna la docencia con la búsqueda histórica, fruto de sus trabajos es la participación como ponente en numerosos congresos y seminarios. Ha publicado una veintena de libros y una cincuentena de artículos de investigación centrados, básicamente, en el siglo XIX y el carlismo, cuyo último libro es “La metamorfosi del carlisme català: del ‘Déu, Pàtria i Rei’ a l’Assamblea de Catalunya" (Barcelona, 2015).

¿Cuándo y por qué se despierta tu interés por el carlismo?
Los estudios modernos de carlismo se iniciaron cuando Josep Benet, en un artículo en la revista Serra d'Or, recogía las palabras de Pere Coromines —escritor, político, republicano y catalanista— referente a los años veinte, cuando pedía la creación de un Instituto de Historia del Carlismo en los Países Catalanes y subrayaba que el carlismo no era solo un movimiento dinástico y regresivo, sino un auténtico movimiento popular, defensor de la tradiciones más liberales y nacionalistas. A mi parecer, los estudios sobre el carlismo fueron más tardíos. Después de presentar mi tesis doctoral centrada en la Milicia Nacional, comprobé, una vez más, que la historia la escriben los vencedores y, en general, está falseada. Fue a partir de aquí cuando empecé a interesarme por los movimientos carlistas con el fin de intentar comprender la historia desde el punto de vista de los perdedores.

A lo largo del siglo XIX hay tres guerras carlistas, después del tema sucesorio, ¿qué otras causas encontramos de la existencia del movimiento?
Son muchas y variadas, intentaré resumirlas: entre los factores que influyeron hay que tener presente la consolidación de las reglas de la propiedad burguesa del campo a costa —en buena medida— de la propiedad comunal campestre; la desamortización eclesiástica que envió a miles de campesinos jornaleros a una brutal proletarización y al hambre; la imposición de “las quintas” a los catalanes; los impuestos de los “consumos” y en especial la forma más aterradora, que era la de los derechos cobrados en las ciudades; la desintegración de los gremios; la actitud de la Iglesia a favor del carlismo, motivada por determinados actos anticlericales de los liberales como la persecución del clero y los incendios de algunas iglesias; las crisis económicas que provocaran escasez de grano y, en consecuencia, el aumento del precio del pan; el anuncio de medidas liberalizadoras de la circulación de productos extranjeros que perjudicaron, gravemente, la industria catalana; la ilusión de los catalanes por recuperar las instituciones perdidas desde la guerra de Sucesión y que los reyes carlistas prometían restituir.
Robert Vallverdú
¿Por qué el levantamiento de partidas armadas lo encontramos básicamente en los territorios de Navarra, el País Vasco, Cataluña y el País Valenciano?
En todas las naciones y regiones de España se levantaron partidas carlistas; en algunas, como Aragón y Galicia, con fuerte intensidad. Es cierto que en estos territorios fueron más importantes a causa de los derechos históricos y de las características culturales, sociales y económicas que facilitaron el levantamiento de grandes masas de población.

¿No es un fracaso de la modernización del Estado, un enfrentamiento estricto de ideologías entre conservadores y liberales?
Las guerras carlistas son complejas y las ideologías, un poco confusas. Lo que movía a la gente no era siempre el pensamiento político, había también intereses diversos y se apuntaba en un partido o en el contrario según convenía. Es muy aclaratoria la proclama de los propietarios de la Garriga, que al final de la guerra del Matiners manifestaron que tanto les importaba Isabel como Carlos V, porque al fin y al cabo los cambios serían pocos. Lo que les preocupaba era conservar el statu quo ante la aparición de las ideas socialistas que ellos llamaban “el fatal comunismo”.


En la actualidad eres uno de los mejores especialistas en el carlismo en Cataluña, ¿qué rasgos diferenciadores ves con otros territorios?
La segunda guerra, conocida como la dels Matiners, explica la diferencia entre el carlismo catalán y el del resto del Estado. Cataluña era el único territorio donde había habido un desarrollo de la industria, el único que la tendencia librecambista del gobierno español perjudicaba más notablemente y provocaba una reducción de la producción con la consiguiente destrucción de puestos de trabajo. Las otras causas, como los reemplazos militares o los impuestos, contribuyeron al éxito del levantamiento carlista a nuestra tierra y a su fracaso en el resto de España. Hay que apuntar que los carlistas catalanes no estaban comprendidos en el indulto de Bergara, ni sus oficiales pudieron incorporarse al ejército regular, como lo hicieron los carlistas vascos y castellanos.
¿Por qué, pasadas tantas décadas, el carlismo despierta tanto interés entre los historiadores?
Porque el carlismo ha incidido en muchos aspectos de nuestra vida social, política y cultural; además, a lo largo de los años ha contribuido a formar la mentalidad de determinadas personas. Sin el estudio del carlismo nos sería muy difícil entender muchos pasajes de la historia contemporánea de Cataluña.
¿Qué líneas de búsqueda aconsejarías a los investigadores en el tema del carlismo?
Quizá la línea menos estudiada es la comprobación de las conexiones o puntos de contacto del movimiento carlista con otros levantamientos conservadores europeos. Con todo, el carlismo hay que investigarlo en cada ciudad y en cada pueblo, porque su actuación a lo largo de las guerras no resulta comprensible sin un análisis profundo de la estructura específica de los diferentes núcleos de población del territorio donde se libraron los lcombates. Hay que seguir las implicaciones de los individuos en estos fenómenos y los diversos niveles antagónicos de la sociedad, para comprobar como se dieron aspectos que se entrecruzan y realidades a las que nos debemos acercar aunque sea parcialmente. No podemos olvidar que el carlismo ha sido un movimiento interclasista complejo a lo largo de su historia, en una contradictoria coalición de fuerzas, intereses y opiniones.
¿A qué dificultades se debe enfrentar un historiador en la búsqueda histórica al nuestro país?
Hasta las dos últimas décadas, el principal problema del historiador del carlismo en nuestro país era que su estudio resultaba incómodo, que costaba de encajar en una historia de la Cataluña contemporánea; la cual, casi se identificaba con la industrialización y la Renacimiento, entendida, además, esta, en un sentido progresista, por defenderla de los que pretendían interpretar el resurgimiento del nacionalismo catalán como un fenómeno arcaizante y negativo, ante la lógica modernizadora de la construcción de la nacionalidad española. Los historiadores actuales han tenido que superar estas reticencias e integrar el carlismo en nuestra historia y darle el papel que le corresponde, que no puede reducirse a una narración de los hechos armados de cuatro trabucaires.
¿Se celebran Jornadas sobre el estudio del carlismo de manera periódica?
Sí, yo conozco dos. Cada dos años en Solsona se celebra un seminario sobre el carlismo, organizado por la Fundación Francesc Ribalta, y los dos últimos años ha tenido mucho éxito un simposio sobre la historia del carlismo en Avià y Berga, organizado por el Centro de Estudios de Avià, donde se presentan y discuten un importante número de ponencias y comunicaciones.
Tu último libro trata sobre el carlismo en Cataluña en el siglo XX, ¿qué conclusiones sacas?
Muchas y variadas, pero creo que la principal es el gran esfuerzo del príncipe Carlos Hugo por modernizar el carlismo. Hay que tener presente que desde octubre de 1833, cuando se levantaron las primeras partidas carlistas hasta hoy, han pasado más de 180 años y eso quiere decir dos cosas: que el carlismo es el partido más antiguo de España y que durante estos años las personas han evolucionado y han cambiado las costumbres, la vida, el pensamiento y la economía. Pero el carlismo hacia los años sesenta del siglo anterior continuaba unido al cuatrilema del siglo XIX (“Dios, Patria, Rey y Fueros”), mientras que la sociedad avanzaba y evolucionaba hacia formas más modernas. Su incapacidad de adaptación a los nuevos tiempos le condenaban a desaparecer, porque hacer retroceder la historia es una tarea imposible. Los Borbón-Parma se percataron que el carlismo no podía mantenerse anclado en el pasado y decidieran transformarlo, actualizarlo y adecuarlo a los tiempos modernos, sin renunciar a nada del pasado. Carlos Hugo promovió una espectacular democratización interna y una evolución lógica que lo llevó a adoptar el socialismo autogestionario y la participación activa en la Asamblea de Cataluña y en las plataformas de oposición al franquismo. Desgraciadamente, no todos los carlistas entendieran estos cambios y algunos huyeron del debate político y quedaron al margen de cualquier novedad.