martes, 6 de enero de 2015

S.M. Don Jaime III de Borbón (1909-1931)

“Cuando se ha tratado de mejorar las condiciones sociales del obrero, me han parecido siempre tibias todas las reformas e insuficientes todos los esfuerzos; me considero y me he considerado siempre como un socialista sincero, en el sentido exacto de la palabra, y nadie podrá negarme que en todo momento he hecho cuanto he podido para conocer las necesidades verdaderas del pueblo y procurar que se considerara la cuestión social como el problema esencial para todos los hombres de gobierno. La autonomía municipal, los estatutos regionales, las autonomías universitarias, son los primeros pasos de este gran movimiento descentralizador que está ya en camino en la obra presente. Hay que ir preparando hoy el espíritu de las masas a los beneficiosos avances de la tendencia federativa. Los políticos que pretenden ir contra esta corriente natural, poderosísima desde el día en que se penetra de su alcance el alma popular, serán arrollados fatalmente por querer luchar contra una aspiración indestructible que saca toda sus fuerzas de las entrañas mismas del pueblo. En un sistema netamente regionalista como el nuestro, España vendría a ser una confederación de Repúblicas sociales gobernadas por la Monarquía; reconocida a las regiones su personalidad jurídica, su legislación autónoma, sus libertades administrativas, judiciales y universitarias, el Poder central tendría como misión privilegiada, lejos de todo despotismo, ser lazo de unión entre todas las regiones” (Don Jaime, el Príncipe Caballero, Francisco Melgar, 1932, Espasa-Calpe)

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