miércoles, 17 de diciembre de 2014

LIDER PARA LA LISTA ÚNICA EN CATALUNYA


La propuesta política que se hacía días atrás desde el portal carlista “Carlistes de Catalunya” para situar a Su Majestad don Carlos Javier I como posible líder de la mencionada lista única, no deja de ser una propuesta. No es una obligatoriedad absoluta, porque a mi juicio lo que han tratado los compañeros catalanes ha sido lanzar una sonda a la sociología política del carlismo, y con ello atraer a posibles simpatizantes en Catalunya. Por ello, reitero mi respeto y hasta simpatía por lo que quieren realizar los compañeros catalanes.

Sin embargo, hago varias objeciones al respecto sobre este tema:

1.- Situar a don Carlos Javier I como el líder posible e hipotético de la lista única es convertirlo en el representante político de la causa secesionista, cuando realmente el monarca debe representar un papel de árbitro, juez moderador que debe atender a toda la sociedad catalana y no sólo a una parte de la misma, pero siempre sin descuidar a la parte separatista, ya que la unitarista encuentra su reflejo y respaldo en la actual monarquía felipista, y no hay nada más soberanista y catalanista en Catalunya que el carlismo.

2.- La monarquía que siempre he planteado ha de reflejar aquello que afirmaba el político y jurista madrileño del siglo XVI, Solórzano Pereira: “los reinos deben ser regidos y gobernados como si el rey que los mantiene unidos fuese el rey de cada uno de ellos”. Y ello significa que como se trata de diversos reinos, son por tanto diferentes y distintos estados políticos territoriales independientes unos de otros pero confederados en la Monarquía Hispánica.

3.- Hace un par de años escribí un artículo sobre Catalunya y la posibilidad de convertir al Principat en una plataforma territorial a semejanza de lo que don Carlos VII hizo con el Señorío de Bizkaia durante la tercera guerra carlista. No se trataba de articular una nueva guerra, sino proceder a la creación del embrión del Estado Catalán del mismo modo en el que se construyó el Estado Vasco del Señorío de Bizkaia. Pero he encontrado una gran incomprensión en cuanto a dar pié a abrir nuevas oportunidades políticas en los diferentes espacios sociales debido al inmovilismo existente en la sociología política del carlismo del centro. Mientras que más o menos en la periferia territorial los carlistas entienden las reivindicaciones y argumentos defendidos por algunos líderes nacionalistas e independentistas, encontramos en el centro territorial la mayor incomprensión a estas demandas. Es cierto que el carlismo catalán ha sido siempre muy distinto del resto de las Españas, pero no entender la diferencia que existe entre propuesta política a modo de globo sonda, y una formalidad política a modo de compromiso político asumido y rubricado directamente por la persona responsable o dirigente que lo quiera liderar, existe una gran distancia y diferencia, que algunos interesa no diferenciar.

4.- Va a resultar que aquella frase que afirmaba el Almirante de Castilla, Enriquez tenía razón por la animadversión que los castellanos tienen a los catalanes, pues es lo que estoy viendo, con aquella frase parecida que afirmaba que Castilla jamás aceptará a un rey que entre por Aragón y menos aun por Catalunya. El problema de los carlistas que prefieren que nos quedemos como estamos porque a todo esto lo llaman jugar a experimentos, pues es el timoratismo de siempre, aquel que asustó tanto en los años 60 y 70 porque una parte del carlismo utilizaba una dialéctica y práxis marxista. Ese mismo timoratismo fue el que acabó compinchando al sector tradicionalista más ortodoxo con el franquismo y su inmovilismo: Zamanillo, Valiente, Fagoaga, Forcadell lo representaron muy bien con su actitud colaboracionista con el franquismo y el bunker nacional.
Aquí tenemos más de lo mismo, a quienes prefieren una actitud inmovilista que trata de ignorar las oportunidades políticas para el carlismo y que lo encierran en la marginalidad histórica con sus supuestas atribuciones inquisitoriales, no se les ocurre que afirmar descaradamente y sin pruebas mi vinculación a “Carlistes de Catalunya”. Ni soy autor de esa web, ni tengo tiempo para más trabajos de esta índole, aunque respeto la buena voluntad de mis compañeros catalanes, considero que don Carlos Javier I no puede ser el líder político de una lista que fracciona a la sociedad catalana, porque es como si lo pusiéramos como líder del otro bloque unitarista-neolerrouxista que se está formando en Catalunya.

5.- Lo que hay que hacer es dialogar y exponer nuestra monarquía confederal a la sociedad catalana, plantear el soberanismo desde una óptica constructiva y confederal, es decir, no desde una visión secesionista o separatista como pretende la lista única, sino desde una idea de unidad en la variedad. Hablemos de Monarquía Ibérica y planteemos la diversidad de naciones existentes. El actual Estado Español no reconoce la Nación Catalana, ni la Valenciana,..., porque solo reconoce la Nación Castellana a través de la Nación Española, porque ha entendido España, como una gran Castilla, y esta es la explicación que no se entiendan en el centro las demandas y reivindicaciones forales de la periferia.

6.- Por último vuelvo a repetir que en don Carlos Javier I recae la soberanía jurídica de Catalunya, y que la soberanía política corresponde al pueblo de Catalunya, a la Nación Catalana. Este planteamiento monárquico pactista ya se expresaba y funcionaba en Catalunya con la Casa de Habsburgo, lo defendió la escuela neoforalista a final del siglo XVII y se sostuvo durante la guerra de sucesión a la corona de las Españas a principios del siglo XVIII por el partido austracista y maulet. Posteriormente esta misma idea pactista y confederal que expresaba la monarquía compuesta fue revitalizada por el Partido Carlista a lo largo del siglo XIX, sobretodo en el País Vasco, Navarra y Catalunya, solo que el sector timoratista del carlismo, amigo del orden obsesivo para dar una imagen del carlismo afín a la burguesía quiso atraerse a los elementos reaccionarios del catolicismo, y para esta gente España solo es “una, grande y libre”. Luego, no creo conveniente la operancia de presentar a don Carlos Javier I como líder político de la lista única de Catalunya, porque el Rey en el Carlismo sobretodo es más Juez, árbitro, coordinador y mediador, mas que un líder político que representa a una parte de la sociedad. La realeza permanece, los políticos pasan.

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