lunes, 22 de diciembre de 2014

EL LIBERALISMO DE SCHRÖDINGER

Colaborador articulista: José Antonio Sánchez Cabezas

El Gato de Schrödinger

La física cuántica es absurda, ¿lo sabían? Probablemente no, y quizás tampoco les importe. Pero el caso es que resulta absurda. Si mides la velocidad de una partícula, es imposible saber su posición. Si localizas la posición de una particular, es imposible averiguar su velocidad. Los experimentos dan resultados totalmente distintos según los hagas con las luces encendidas o apagadas. Y un electrón puede estar en dos sitios al mismo tiempo; de hecho, estará en varios lugares al mismo tiempo. Cuando lo localizas en un lugar concreto, y entonces solo está en ese; pero hasta entonces estará en varios al mismo tiempo.

Cuando, a principios del siglo pasado, estos descubrimientos de la física cuántica fueron aflorando, los científicos clásicos quedaron horrorizados. Einstein lo rechazó de plazo, afirmado que “Dios no juega a los dados”. Algo más original fue el físico Erwin Schrödinger, que usó la siguiente metáfora:
Tenemos un gato encerrado en una caja. Dentro de la caja hay un aparato que detecta la posición de un electrón. Si su posición es X, se activa un mecanismo que mata al gato. Si su posición no es X, entonces el mecanismo permanece en pausa. Y la pregunta es: transcurrido una hora, ¿cómo estará el gato? Y la respuesta, según la física cuántica, es: vivo y muerto al mismo tiempo.
Absurdo, ¿verdad?



David Ricardo: el mejor capitalismo es el que no está

Todos los economistas conocen, o deberían conocer, la obra de David Ricardo, economista de finales del siglo XVIII. Sus teorías productivistas y librecambistas vienen a resumirse en que, si cada nación se dedica a producir aquellos productos que genere de forma más eficaz -es decir, más eficaz que los demás-, y de esa forma todos ganan con el comercio internacional.
Así, si Portugal cultiva más y mejor vino que Inglaterra, e Inglaterra produce paños mejores y más baratos que Portugal, sería una pena que los aranceles, aduanas y proteccionismos de esos países distorsionaran el orden natural de las cosas, que es Inglaterra produciendo paños y no vino, y Portugal produciendo vino y no paños.

De hecho, esta analogía tiene tantas omisiones en sus premisas que no puede calificarse sino de falacia. La primera observación es que Inglaterra no puede producir vino; en su clima, las vides no crecen. Así que sería Portugal, y solo Portugal, la que tiene que abrir sus aduanas para que pasen los paños ingleses (es curioso como las teorías librecambistas y liberales del siglo XVIII y XIX parecen creadas expresamente para favorecer a Inglaterra y a la Compañía de las Indias Orientales).

La segunda omisión flagrante es el dinero: simplemente no forma parte de la ecuación. Y así debe ser para el engaño funcione, porque si de repente tenemos en cuenta el valor económico de las exportaciones de paño de Inglaterra a Portugal, y el valor de a las exportaciones de vino luso a la pérfida Albión, de repente resulta que no ganan todos. Gana uno, y el otro pierde. ¿Adivinan cuál es el ganador y cual el perdedor?



Sin embargo, omitir el dinero es omitir el capitalismo. Los principios de David Ricardo solo lograrían que “ganaran todos” en el supuesto de que el intercambio fuese una especie de trueque destinado a cubrir las necesidades de todo el mundo (así, en plan socialista), y no basado en la plusvalía y el dinero.
Es decir, que, según el Sr. David Ricardo, el libre mercado es lo mejorcito, y todos ganan… pero solo si eliminamos al mercado de la ecuación.

El liberalismo no funciona por culpa del socialismo

Alguna vez ya he incidido en ello, pero conviene repetirlo por si acaso cae en el olvido: el sistema económico de nuestro querido Occidente solo se sostiene sustrayendo materias primas y mano de obra barata del llamado Tercer Mundo. Si nos viésemos imposibilitados de extraer los recursos naturales y humanos de los países subdesarrollados, nuestra economía se derrumbaría instantáneamente. 

 Igual que si tuviésemos que pagar un precio justo por ellos, o – la peor opción de todas- si el Tercer Mundo desarrollase su propia industria, y pasase de ser un suministrador de materias primas y mano de obra, a ser un competidor comercial. Solo hay que ver el daño que nos ha hecho el crecimiento industrial de China…

Así pues, no debemos ver a Occidente y al Tercer Mundo como dos sistemas distintos, sino como dos caras del mismo sistema económico.



Dicho esto, resulta que los liberales están muy cabreados. Han ganado la Guerra Fría, pero, por raro que suene, no aceptan la victoria. Asumir que el liberalismo es el sistema imperante en el mundo entero sería también aceptar que los problemas del mundo se deben a las limitaciones, contradicciones y defectos del liberalismo, y eso no puede ser.

Así que, según ellos, no hay liberalismo. Los Estados de los países Europeos son “paquidérmicos”, enormes, insostenibles. En EEUU, la FED distorsiona el mercado a base de imprimir dólares sin parar. África está lleno de sátrapas (los mismos que les abren la puerta a las multinacionales), y, claro eso no es liberalismo. ¿Asía? Naciones comunistas, tiranías varias, y pseudocapitalismos gobernados por keynesianos. ¿Sudamérica? Populistas, marxistas, socialista, etc. ¿Canadá? Socialdemocracia. ¿La Antártida? ¡Ay, si los eco-terroristas permitiesen al mercado explotar todos esos recursos!


Pero no todo es malo, ojo: en muchos países crece el PIB, la población se ha duplicado en el mundo varias veces, y aumenta el número de ricos en el mundo – también el de pobres, pero eso no lo miremos ahora-, tenemos Ipads, tenemos robots de cocina, estaciones espaciales, internet, … ¿y gracias a quién? ¿a la tecnología y la ciencia? ¿a quemar combustibles fósiles por un tubo? No, hombre, no: gracias al libremercado, que lleva doscientos años dirigiendo los destinos del mundo hacia el progreso. Ese libremercado que derriba aduanas, nos libera de fronteras, y gobierna nuestra economía global de la forma más eficiente.

Olvidemos, pues, del socialismo vs capitalismo, y el resto de anticuados conceptos de la guerra fría. Estamos en una Nueva Era: la Era del Liberalismo de Schrödinger, que está vivo y muerto al mismo tiempo.









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