miércoles, 2 de julio de 2014

DEL SOCIALISMO TRADICIONALISTA AL LEGITIMISMO SOCIALISTA

Durante el reinado de Luis XIII y Luis XIV de Francia tuvo como consecuencia un proceso de fortalecimiento del Estado Monárquico en el cual la oligarquía fue sometida a los intereses del Estado con el objetivo de proteger el bien público.


El absolutismo, detestado principalmente por la oligarquía y los tratantes de usura, tuvo una faceta económica por la cual puso la economía al servicio de la política. La obra de Keynes no fue algo inventado por él, ya que este autor se inspiró en la obra de Jean Baptiste Colbert, ministro de finanzas de Luís XIV de Francia, quien impulsó la intervención del Estado monárquico en la economía a través de la realización de infraestructuras, la creación de la manufacturas reales, que eran las empresas públicas de la época, una importante presencia de la burocracia y el funcionariado público vinculado a la Corona, y la articulación y desarrollo de monopolios estatales, junto a un sistema de control público de los precios protagonizado por el impedimento de vender el trigo en el extranjero a través de las leyes de granos y el control económico de aduanas.
Antes de la subida de Colbert como ministro de finanzas, en su puesto estaba Nicolás Fouquet. Éste se descubrió como el jefe de los tratantes de usura del Reino, como el máximo representantes de los tenedores de deuda pública del Estado, y él mismo se procuraba los intereses que el Estado le debía por sus servicios de adelantamiento de capital financiero.



Los ingresos públicos se veían hipotecados para pagar la deuda soberana a los tratantes y tenedores de deuda, y por tanto el reino tenía el riesgo de caer bajo la faz de los especuladores y usureros que se agarraban como una sanguijuela parasitaria.
Luis XIV mandaría encarcelar a Fouquet, obligando a la oligarquía a someterse al Estado, y sobretodo impidiendo que los tipos de interés saltaran más allá del 5%.

Mientras, en Inglaterra, los Stuart no habían sido capaces de someter a la oligarquía, que representada en la City financiera a través del Parlamento ganaba la revolución capitalista en los años 1642 a 1688. A Carlos I de Inglaterra lo asesinaron públicamente el 30 de Enero de 1649 y Jacobo II decidió huir a Francia para no terminar igual que su padre. La Oligarquía Capitalista se desquitaba de la “opresión” y el control del Estado monárquico para imponer su modelo capitalista basado en el libre mercado.

Entre otras características, el modelo intervencionista del Estado de Luís XIV en la economía se caracterizaba por las medidas mercantilistas de control: mantenimiento de una balanza de pagos positiva manteniendo las exportaciones superiores a las importaciones a través de impedir el libre comercio, poniendo aranceles y prevelements a la importación. Por otra parte se procuraba toda exportación a través de la producción en las manufacturas reales de vidrios, tapices, espejos, cerámicas y porcelanas, productos de lujo destinados a una demanda interna y externa de la alta nobleza, que era la población que en aquel entonces podía activar el consumo.

La Estatalización de la economía durante este periodo tuvo como consecuencia un incremento de los ingresos públicos, que se destinaron a las partidas presupuestarias de gasto de la época: marina, ejército, infraestructuras hidráulicas, eólicas, agropecuárias, palaciegas y militares, y en la apertura de nuevas manufacturas reales para incentivar el comercio público y estatal, también a través de los diferentes monopolios del Estado, que impedían la libre explotación privada.

Mediante la creación de nueva moneda, y con las diferentes aleaciones de los metales preciosos: oro, plata, cobre; la moneda podía ser devaluada cosa que no agradaba a la oligarquía, la cual perdía también poder adquisitivo.
Antoine de Monchretien activo precursor teórico del mercantilismo señaló que la moneda era la sangre del reino, y había que procurar su flujo monetario si se quería progresar. Ello estimulaba una política monetaria expansiva con bajos tipos de interés que potenciaba una política comercial de mayores exportaciones y menores importaciones.

El Estado Francés por esa época quedó inundado de oro y plata, y aunque se destinó el dinero a diferentes partidas presupuestarias, la mayor parte de ellas no fueron para el incremento de la producción de bienes y servicios que impidieran la inflación de los precios.
Los precios se dispararon a pesar de la limitación del justiprecio en diferentes artículos de primera necesidad como el pan. El precio del trigo tenía un precio máximo, que no podía sobrepasar porque estaba protegida la paz y el orden social para impedir cualquier tipo de revuelta o descontento social.
Las innumerables e interminables guerras de Luís XIV devastaron el reino, y sacrificaron el estado francés porque los ingresos se destinaron a partidas de gasto improductivas, como la marina, el ejército, y palacios. Tenía que haber dedicado esos ingresos al desarrollo de más empresa pública ligada a la Corona, para procurar beneficio social suficiente, y es aquí donde Keynes se percató del asunto.
No obstante, en la aplicación de la política Keynesiana durante el siglo XX, en numerosos países ha tenido como error el hecho de utilizar los ingresos del estado en partidas de gasto no productivas generando inflación por la subida de los precios, lo cual debiera compensarse con un incremento de la producción de bienes y servicios para impedir la subida de precios.
Al mismo tiempo en este sistema convivían los bienes y tierras comunales ligadas a los municipios y la amortización de estas tierras al pueblo, de manera que no podían venderse en el libre mercado. Con la vivienda pasaba algo parecido, ya que al estar en tierras de la Iglesia, de la Nobleza o de los municipios y comarcas, no podían ser vendidas al mejor postor.

Pero el reinado de Luís XIV fue tan amplio, que algunos de sus hijos, herederos de la Corona, no pudieron reinar. Esto le ocurrió a Luís duque de Borgoña. Este príncipe se convirtió en la esperanza de la oposición aristocrática al reinado de Luís XIV. El exceso de absolutismo, la focalización de la actividad económica enmarcada en la industria manufacturera descuidando el campo y el mundo rural, la promoción de gentes venidas de la burguesía a altos puestos burocráticos de la administración estatal de la Corona, el exceso de interventores, intendentes que chocaban con las leyes consuetudinarias de los parlamentos locales, la profunda mercantilización de la economía en el endiosamiento de los metales preciosos, y el proteccionismo económico, tuvo como consecuencia una reacción aristocrática que tildaba el reinado económico de Luís XIV como el reinado el de la “vil burguesía”.

La reacción de la oposición aristocrática tuvo dos líneas de pensamiento, una que mantenía el de un proteccionismo rural que mantuviera las tradiciones campesinas y nobiliares de la antigua Francia, representada por Fenelón y por el Marqués de Saint Simón; y otra línea basada en el liberalismo capitalista agrario representado por François Quesnay y por el Marqués de Mirabau, los cuales defendían un sistema económico fisiócrata.



Mientras que Fenelon y el Marqués de Saint Simón trabajaban en el gabinete proteccionista agrario vinculado al príncipe heredero Luís, duque de Borgoña, los fisiócratas trabajaban por su cuenta y en el último momento se adhirieron al cardenal Fleury regente de Francia durante la minoría del futuro Luís XV.
Fenelon y Saint Simón soñaban con el restablecimiento del mundo rural campesino francés y con una economía agraria proteccionista y una sociedad quietista. Soñaban con la aldea rural. Fenelon, en sus “Aventuras de Telémaco” hablaría de la ciudad de Salento, modelo de ciudad virtuosa, donde la nobleza y el campesinado viven en armonía en base a una economía agraria de tipo comunalista, cooperativista y socialista. De hecho el modelo de Salento fue aclamado por los Jacobinos, seguidores de Robespierre, que en sus arengas y fervor revolucionario dirigido a las masas afirmaba: ¡Creemos Salento!



Este socialismo agrario tradicionalista defendido por Fenelón y Saint Simón fue desplazado a la muerte del duque de Borgoña, y soñado por los futuros revolucionarios. Muchos de los antiguos mercantilistas, seguidores de las políticas económicas de Monchretien y de Colbert se sumarían posteriormente a este proteccionismo comunalista agrario como desprecio a la política económica francesa que terminaría por triunfar: la fisiocracia y el capitalismo agrario.



François Quesnay y Mirebau aunque denostaban la sociedad industrial y manufacturera que impulsaba el desarrollo del comercio como Fenelon y Saint Simón, porque señalaban que la única actividad que creaba excedente (producto neto), y la verdadera riqueza agregada se encontraba en la tierra gracias a la agricultura, mientras que el resto de actividades económicas no aportaban realmente ningún tipo de riqueza porque la manufactura era simplemente modelar los imputs para convertirlos en outpust. Luego deban mayor importancia a la materia prima agrícola y despreciaban el producto elaborado, que no era más que un simple adorno presentado de otra manera para imputarle un precio más alto. Así los comerciantes no eran más que especuladores de productos, y los artesanos meros transformadores, que dependían del alimento. Y aquí el alimento lo generan los productores reales: los campesinos que trabajan la tierra y proveen a todo el mundo de comida extraída de la misma.

La reacción aristocrática es lo que Marx señalaría con el tiempo en el Manifiesto Comunista junto con Engels, como socialismo feudal o reaccionario que caracterizará a los movimientos legitimistas europeos.
Hasta aquí la crítica de ambos sectores agrarios, mientras que Fenelon y Saint Simon se pronunciaban por un proteccionismo agrario y comunitarista; Quesnay y Mirebau se inclinaban por un capitalismo agrario liberal. Explicando los objetivos de los segundos, entenderemos las negaciones de los primeros.




Quesnay y Mirebau estaban por la concentración de la tierra, bienes y servicios en pocas manos. Eran partidarios de la privatización de las tierras y criticaban fuertemente los bienes comunales y la economía intervenida por el Estado monárquico francés. Fleury, el regente duque de Orleans y Luís XV se dejaron orientar por esta escuela que liberalizaba el mercado y privatizaba las empresas, bienes y servicios. Llegados al reinado de Luís XVI el Conde deTurgot, ministro de economía y finanzas mantenía esta orientación liberal y capitalista, lo que significó el triunfo de la revolución francesa. No sólo fueron las malas cosechas, sino que la tierra no estaba repartida, se había atentado contra los gremios, se había acabado y limitado la intervención del Estado en la economía francesa, y ello había favorecido finalmente a la oligarquía y a la plutocracia que no velaban por el bien público y habían convertido a la monarquía francesa en su baluarte particular contra la revolución. Cuando en el pasado la monarquía había tenido claro su papel institucional de sometimiento de la oligarquía en pro del bien público, las garantías y las libertades; finalmente la oligarquía secuestraría la monarquía para revertir el proceso y privatizarlo todo.
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Notaciones y referencias bibliográficas:
- Los Orígenes de la Europa Moderna: el mercantilismo. Autor: Pierre Deyon. Editorial: Península. 1976. Páginas 35, 36, 78, 79, 85, 86, 87, 88 y 110
- Hilaire Belloc. Luís XIV. Carlos I de Inglaterra. Editorial: Juventud.
- Neil Faulkner. De los Neardentales a los Neoliberales. Editorial: Pasado y Presente.
- J.M. Keynes. Teoría General del Empleo, del interés y de la moneda. Capitulo XXIII. 1936. Páginas 349 y 353
- R.L. Meek. La Fisiocracia. Editorial: Ariel. 1975.
- Karl Marx y Friedrich Engels. Manifiesto Comunista. Alianza Editorial, pag 70, punto 3 Literatura Socialista y Comunista.
- Jean Touchard. Historia de las ideas políticas. Páginas 281 a 285.
- List. Système d´économie nationale. P. Boissonnade identifica el colbertismo y el socialismo de Estado. R. Gonnard, en su Histoire des doctrines économiques proclama el génio socialista de Colbert en su política económica.
- Boisgilbert y los economistas franceses del siglo XVIII reprocharon a Colbert el haber descuidado la agricultura, fuente de toda riqueza, el haberla descuidado en provecho de las manufacturas.
- El propio Colbert, cuyas fórmulas sobre la "abundancia del dinero" han sido identificadas  como keynesianas posteriormente, autorizaba la salida de numerario con destino a Levante y a las Indias Orientales. El verdadero medio para conseguir y conservar las especies, era hacerlas circular, "dar medios a los hombres para sacar provecho y conseguir mediante el trabajo y las empresas inversiones productivas".
- "No es la abundancia de oro y de plata, la cantidad de perlas y diamantes la que hace a los Estados ricos y opulentos, sino la consecución de las cosas necesarias para la vida y el vestido". Vauban repetía las palabras ochenta años pronunciadas antes por Montchrétien: "no son los montones de oro y de plata los que hacen las riquezas sino su buen empleo diario y la abundancia de los artículos de primera necesidad, sin los que nada aprovecha". Vauban, Oisivités et Correspondece, edic. de 1910, vol 2, página 89.
- Ésta es también la opinión en Inglaterra, Thomas Mun, Josiac Child, Petty y D. Davenant. Si a pesar de ello unos y otros dieron mucha importancia a las especies preciosas, fue porque eran los recursos de la Corona que representaba el Estado, la base de un sistema de crédito rudimentario y el único medio de reglamentar los sueldos internacionales.
- Fue J. M. Keynes quien consagró en el capítulo XXIII de su Teoría general del empleo, del interés y de la moneda (1936) a justificar el mercantilismo y la obra proteccionista de Colbert. Keynes: "En un tiempo en que las autoridades no podían actuar directamente sobre los tipos de interés interior  ni sobre los motivos que las gobernaban, las entradas de metales preciosos, que resultaban de una balanza favorable, eran los únicos medios indirectos de rebajar dichos tipos de interés, de acrecentar incitación por realizar inversiones (...) había también una determinada sensatez en la voluntad de los mercantilistas por mantener un débil tipo de interés, mediante las leyes contra usura, la prohibición de stock monetario y la lucha contra el alza de la unidad de salarios". J.M. Keynes. Teoría General del Empleo, del interés y de la moneda. Capitulo XXIII. 1936. Páginas 349 y 353 traducción francesa.
- La Ciudad de Salento, el ideal de Telémaco era la de un rey económico, pacífico, amado por sus súbditos, ciudad numerosa, frugal, compuesta por una mayoría de labradores y artesanos, que vive sobre un mismo pie de virtuosa igualdad en la que la actividad financiera y usurera está muy mal considerada.
- "El municipio medieval legó al Estado moderno una sólida tradición de intervención en la vida económica y social. Dicho municipio medieval no permanecía indiferente ante ninguna de las actividades profesionales y comerciales de sus burgueses, y ejercía sobre los extranjeros una vigilancia sin indulgencia.
Los Estados monárquicos de los siglos XV y XVI encontraron, pues, en este tesoro de experiencias y de reglamentos, los primeros elementos de su política económica; en cierto modo, el mercantilismo que empezó a afirmarse en Francia y en Inglaterra durante la segunda mitad del siglo XV, extendió las preocupaciones y las prácticas de las ciudades de la Edad Media, a los límites de las jóvenes monarquías nacionales". * H. Pirenne, Histoire économique de l´Occident médiéval, brujas, 1951, pág. 356.
- "La reglamentación de estas economías urbanas obedecía a determinados imperativos que encontramos en la política económica de las monarquías europeas. Los concejales y magistrados municipales velaban por el avituallamiento de la ciudad, tanto de productos alimenticios, como de materias primas base de toda su actividad económica. Intentaban reservar para la ciudad cierto número de fabricaciones y de tráficos luchando contra la competencia de otras ciudades. Incluso obligaban a los extranjeros, llegados a la ciudad, a pasar por los intermediarios indígenas. Hallaremos, en el cuadro de una política que ya afecta el conjunto de un Estado, las mismas preocupaciones y las mismas actitudes". Pierre Deyon, "Los orígenes de la Europa moderna: el mercantilismo", págs 17-19.
- "Otra anticipación mercantilista fue la preocupación de evitar las salidas de numerario y las exportaciones de oro y plata". Pierre Deyon, "Los orígenes de la Europa moderna: el mercantilismo", págs 17-19.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me parece un artículo interesante. Me hubiera gustado que se publicara con notas a pie de página que hicieran concisa eferencia a los textos de los autores de las teorías expuestas.