lunes, 30 de junio de 2014

INGRESOS Y BENEFICIOS PRIVADOS FRENTE AL GASTO PÚBLICO Y SOCIAL

Desde la década de los setenta del siglo XX hemos asistido a un proceso de privatizaciones de los sectores estratégicos de las economías nacionales en beneficio exclusivo de las oligarquías burguesas locales.


La alianza tácita llevada a cabo entre Ronald Reagan, Margaret Thacher, Juan Pablo II y la escuela de Chicago de Milton Friedman ha significado la escenificación del restablecimiento de las ideas liberales y el sistema de explotación capitalista defendido por pensadores como Adam Smith o David Ricardo.
Las crisis de demanda agregada llevaron a poner en riesgo el sistema capitalista, porque sus defensores desde Say, afirmaban que todo lo que se produce en el sistema se consume. La realidad ha sido bien diferente. El sistema solo se fija en el punto de equilibrio entre la oferta y la demanda y el control de la inflación pero deja de lado el fomento del empleo real entre los ciudadanos condenándolos al paro y la desprotección social.


Desde los años de la “santa transición” venimos padeciendo la venta desamortizadora y privatizadora de las grandes empresas relacionadas con los sectores estratégicos de la economía. Desde la banca al sector energético, pasando por las telecomunicaciones, todas las empresas públicas que daban ingresos públicos y hacían solventes al Estado, han sido privatizadas.


Esta privatización ha redundado en el descenso de ingresos públicos y por tanto en la imposibilidad de hacer frente al gasto social y a las prestaciones públicas, de manera que el Estado se ha visto obligado en recurrir a la deuda soberana, pidiendo dinero prestado a los tratantes de usura institucionalizados.


La cesión de soberanía al Banco Central Europeo en la política monetaria, ha dejado a los gobiernos sin posibilidad de maniobrabilidad y ante situaciones diferentes entre Alemania y España, las políticas que se han impuesto han sido restrictivas, con la reducción que supone de masa monetaria del sistema. Ello ha puesto en tensión y en la cuerda floja a la economía española, que sin crédito para las familias y las empresas ha caído en picado. Si a esto añadimos que el Estado en lugar de respaldar a familias y empresas a dado soporte a quienes han creado la crisis capitalista dándoles dinero, observamos que la situación es todavía más espeluznante.


Al disminuir los ingresos públicos por privatizar las empresas públicas, ha presionado a la baja el gasto social, incrementando los recortes en aquellos sectores que no se han privatizado todavía.
La oligarquía capitalista ha condenado a los países a una espiral de endeudamiento progresivo institucionalizando la deuda pública, imputando a la misma los despilfarros de la deuda privada. Este hecho presiona a la baja el gasto social, y por ello hemos visto como PP-PSOE pactaba en el parlamento la contención del gasto social en lugar de recurrir la reversión del proceso.


Se nos dijo que la privatización redundaría en grandes beneficios privados que el Estado podría aplicar determinados impuestos sobre beneficios, sin embargo parecen no haber querido contar en su discurso liberal capitalista con la evasión de capitales financieros.


La situación final ha sido que se han privatizado los ingresos y beneficios de las antiguas empresas públicas y se han socializado los gastos públicos imponiendo además a la sociedad un incremento en la presión fiscal.


Las políticas liberales se han demostrado falaces, perversas y desleales con los ciudadanos. Y todo ello debemos agradecérselo al PP-PSOE, a un Papa, a la Thacher y a Mr Reagan.
La solución está en revertir el proceso, porque los carlistas lo venimos denunciando desde el siglo XIX cuando nos dimos cuenta de los intentos de privatizar los recursos y bienes comunales. 

Este proceso de privatizaciones lo seguimos padeciendo porque está en el afán de la derecha conservadora la de privatizar los recursos públicos y desmantelar el Estado, aunque luego presumen de “patriotas”, su patria no es más que el dinero que está en sus bolsillos.


Con la reestatalización de las grandes empresas privadas que están vinculadas a los sectores estratégicos de la economía, el Estado tendría ingresos suficientes para hacer frente al gasto público y social.