martes, 25 de febrero de 2014

¿MONARQUÍA O REPÚBLICA?

Thomas Hobbes: "El hombre es un lobo para el hombre"

Con la crisis de la institución de la actual monarquía que preside el heredero del dictador Franco, se ha puesto de manifiesto en algunos medios de comunicación y en señaladas manifestaciones la presencia y defensa de la institución de la república.

Ambas formas de gobierno son igual de antiguas, y ambas pueden ser antidemocráticas.
Objetivamente, la república se basa en la igualdad y en la libre elección y representación, aunque nadie se atreva a señalar los riesgos reales de esa supuesta “libre elección y representación", porque para empezar no existe la igualdad aunque pretendamos una sociedad igualitaria en el sentido de justa y garantista que proteja los derechos del pueblo y defienda las mismas oportunidades.

En cuanto a la forma de gobierno Hobbes defendía el modelo monárquico porque este destacaba a un individuo por encima del resto de ciudadanos. Ello no tiene porque implicar la desigualdad entre los ciudadanos, sino la de estos con respecto del destacado. El destacado es el monarca que tampoco puede ignorar que los ciudadanos juntos son más que él, y que el monarca si es consentido es porque el pueblo así lo quiere.

¿Qué puede ofrecer al pueblo la institución de la monarquía?
Básicamente, estabilidad por herencia del cargo de la Jefatura de los Estados, independencia del Jefe de los Estados para garantizar la justicia y el arbitraje; y esto lo permite el derecho de la sangre. Es decir, un Rey no debe su posición a un grupo poderoso y oligárquico porque no ha sido fruto de una elección.

¿Qué puede ofrecer la república?
La elección, libre o no, universal o censitaria, la elección supestamente disfrazada como democrática, porque los resultados estáticos producto de la elección no pueden valorar de forma objetiva el hecho de la elección. ¿Qué lleva a un ciudadano a una determinada elección? 

Quien tiene el dinero, hace las reglas; la democracia se ha demostrado quimérica por la fuerte presencia de la plutocracia, y sólo la monarquía tiene fuerza capaz de someter al poder financiero.

La libre elección queda pues secuestrada por el poder del dinero disfrazado sutilmente, parapetado tras los grupos de poder mediáticos, bancarios y capitalistas. En esto radicará la futura república que venga a España.

La monarquía no es un sistema perfecto, y es cierto que limita la elección y la representación en la cúpula de los Estados. Pero es que la república tampoco es un sistema perfecto, y aunque más racional, se ha demostrado mucho más cara, cuando se comparan las repúblicas italiana, francesa o alemana con la monarquía inglesa, noruega o belga. 
Pensar que la república que venga no va estar sujeta a inestabilidades plutócratas y a designios burgueses es creer en una quimera fantástica.

Es más, no todos los poderes deben estar sujetos a elección, y en este sentido el poder judicial no lo puede ser ni por el pueblo, ni por los partidos políticos. Los jueces deben ser independientes, siendo el Alto Juez el Rey. Por eso el cargo del Rey no puede ser elegido, del mismo modo que debiera pasar con los jueces.
Permitir la elección de los jueces sería politizar la justicia y hacer dependiente el poder judicial del político. Permitir la elección del Jefe de la Justicia o de los Estados, sería mercantilizar la Alta institución del Estado y hacerla dependiente de designios ajenos a los intereses del pueblo.

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