martes, 11 de febrero de 2014

LA INGLATERRA DE LAS REVOLUCIONES: la Gloriosa de 1688



Recientemente ha salido a la venta el libro de Steve Pincus sobre la Revolución Gloriosa inglesa de 1688. El destronamiento de Jacobo II de Inglaterra fue debido a unas circunstancias de intolerancia e intransigencia religiosa, pero también al rechazo frontal de la sociedad inglesa al absolutismo real.

Desde la revolución política y la guerra civil que azotó las islas británicas en 1642 hasta 1649, los ingleses habían tomado una fuerte conciencia política, en la que destacaba los debates de café en tabernas, hospederías y cafeterías de todo el país, donde llegaban noticias de la situación social, económica que se vivía en el continente europeo y en las islas británicas.

El protestantismo inglés muy heterogéneo y la libertad religiosa defendida por los whigs y disidentes religiosos plantearon un debate general en torno al proyecto de Jacobo II que significaba la recatolización de Inglaterra y la vinculación de la misma al poder absoluto del monarca.

Eran tiempos en los que la prerrogativa real lidiaba con los derechos del parlamento pero que tenían como referente la Constitución Inglesa, aunque no escrita, disponía la limitación del poder de la Corona.

Una minoría fanática intentó impedir la subida al trono de Jacobo II, hermano de Carlos II Stuart, y duque de York y recién convertido al catolicismo. Jacobo intentó validar la libertad de culto de los disidentes protestantes y de los católicos con la prerrogativa de la Corona, a cambio de que los políticos y cargos elegidos en el parlamento, la universidad, el ejército, la justicia, … la defendieran con la abolición de las Text Act y las leyes constitucionales.


La mayoría de los ingleses vieron peligrar sus libertades y derechos civiles individuales cuando se apercibieron que el gobierno arbitrario del catolicismo absolutista de Jacobo II intentaba sustituir el consenso parlamentario y las leyes inglesas por la arbitrariedad personal de un monarca, que conforme a su interés personal afirmaba proteger los derechos civiles y por tanto la libertad de culto para hacer preeminente la posición política de la institución monárquica, pero que llegado el momento futuro no tendría inconvenientes y en función de su política de recatolización inglesa, abolir dichos derechos políticos y religiosos sin consentimiento del parlamento, tal y como había hecho su primo Luís XIV de Francia con la abolición del Edicto de Nantes, edicto real que fue emitido por su abuelo Enrique IV de Francia. Ello llevó a una fuerte crisis política en Inglaterra en la cual la mayoría social que tenía conciencia política rechazó el gobierno arbitrario y personal de un monarca absoluto.

Deja claro el autor que no todos los católicos ingleses estaban de parte del “galicanismo” de Jacobo II, ya que estaba enfrentado al mismo Papa de Roma, al ser aliado de Luís XIV.
La economía política de los whigs o liberales estaba basada en la manufactura y el comercio al negar la economía como un juego de suma cero, interpretación del partido tory y del propio Jacobo.

El establecimiento de la usurpación Orangista, con Guillermo III en el trono, y el dominio político de Inglaterra por parte de los whigs, significó una progresiva y elevada imposición sobre las posesiones de los terratenientes, y una eliminación del impuesto sobre el consumo para favorecer el comercio. La creación de la Banca inglesa ligada al parlamento frente al monopolio de las compañías comerciales que representaba la monarquía de Jacobo, favoreció el desarrollo del sistema económico de explotación capitalista.