lunes, 17 de febrero de 2014

ESTAFA ELECTORAL, NACIONALIDAD Y DERECHO A VOTO



Históricamente el voto era familiar y profesional, sobretodo durante la edad media cuando en las Cortes y Parlamamentos se enviaban a los representantes de los estamentos: Nobleza, Clero y Tercer Estado.
Posteriormente el tradicionalismo desarrolló durante el siglo XIX el voto familiar y profesional para amparar un sistema corporativista, vinculado al territorio y al trabajo-local y no al nacional basado en una abstracción que serviría para pervertir la democracia en el capitalismo.

El liberalismo político con su nacionalismo hizo reacaer la soberanía política y jurídica sobre la nación burguesa y el estado capitalista. Ello significó la democracia censitaria y elitista. Posteriormente se avanzaría a un modelo de sufragio universal de una persona igual a un voto.
La dinámica del capitalismo ha desarrollado el poder de la plutocracia hasta límites insospechados, y de ahí se traduce la situación real que se vive en el mundo occidental llamado estafa electoral.

La oligarquía tiene miedo a perder el poder y aliada con el sistema de explotación capitalista que representa trata de seguir detentando ese poder, y por ello se produce entre la partitocracia defensora de la Ley d‘ Hont y las listas cerradas un modelo de estafa electoral que lleva al ciudadano a votar a los partidos mayoritarios.

Numerosos colectivos vulnerables venden sus votos a las formaciones mayoritarias que dan las candidaturas a nuestros gobernantes opresores. En ese mismo ejercicio de la perversión electoral vuelven a votar los muertos. A algunos vivos incluso se les permite tirar dos papeletas en lugar de una. Juegos por el estilo que nos recuerdan al siglo XIX y al pucherazo que sirve para respaldar el turnismo político de “conservadores y progresistas" para que sigan detentado el poder las oligarquías locales inamovibles.

Recientemente hemos sabido que el gobierno del Partido Popular, partido conservador de derechas neoliberal, ha concedido la nacionalidad española a los descendientes de los Judíos Sefardíes. Los sefardíes como otros colectivos históricos víctimas de la represión y la intransigencia religiosa, en este caso del catolicismo romano, merecen y tienen todo el derecho del mundo a tener la “nacionalidad española". ¿Existía esa nacionalidad cuando fueron expulsados por los Reyes Católicos y Torquemada? Obviamente no. Pero si que existían las Coronas de Castilla y Aragón, así que quizá en puridad habría que estudiar exactamente la procedencia exacta de los sefardíes exiliados, para reconocerles la nacionalidad que esta misma “nación española" se niega a reconocernos a los mismos españoles, en referencia a las diversas naciones ibéricas que componen la monarquía española, entre ellas la catalana, la vasca, la gallega, la leonesa,...

Existe una clara intencionalidad por parte del Partido Popular de ganar con mayoría absoluta las elecciones, y no dudan para ello en conceder la “nacionalidad española" a los descendientes de los Judíos sefardíes. El objetivo de ésto es crear una vinculación sentimental con España, que siempre la han tenido, pero la novedad es que se amplie la misma al Partido Popular, partido que aparecerá en la memoria colectiva de los sefardíes, como aquel que nos devolvió “nuestra nacionalidad española" y con ello nuestro derecho a voto.

Si existe algo con lo que no estoy de acuerdo es con que un partido político en el poder vaya concediendo nacionalidades a personas que no viven en nuestro territorio ni se rigen por nuestras normas de convivencia, ni saben cuales son las circunstancias reales locales por las que estamos atravesando en las Españas.
Es un terrible error vincular la nacionalidad de una persona al derecho al voto, porque no estoy conforme que una persona que no vive en nuestro mismo territorio pueda decidir y votar por un gobierno que no le incumbe porque las consecuencias de ser elegido y salir victorioso en las urnas, no le afectarán en su día a día porque no vive con nosotros sino lejos, emitiendo esa persona un voto sentimental e irresponsable que responde más a la lealtad a aquellos que le “devolvieron" la nacionalidad, que a la realidad local y a las necesidades reales de las personas que vivimos en el territorio.

La estafa electoral no solo se produce por la entrega de nuestra soberanía política a los bancos. Se produce también cuando se entregan nacionalidades a personas que no viven con nosotros.

¿Cuántas veces ha ocurrido en las elecciones gallegas, por poner un ejemplo, que votan personas descendientes de gallegos que tienen la nacionalidad española pero que hace mucho tiempo que no viven en Galicia ni saben las verdaderas necesidades y problemas que tienen los gallegos que viven en el territorio?

La estafa electoral comienza precisamente por vincular la nacionalidad de una persona a su hipotético derecho a voto en caso que no viva en el territorio.

No tiene sentido que aquellas personas inmigrantes que viven hace más de cuatro años entre nosotros, bajo nuestro territorio no tengan siquiera derecho a voto porque no tienen la “nacionalidad española", y si en cambio la tengan aquellas personas que viven muy lejos de nosotros y que emiten un voto sentimental e irresponsable que en muchos casos respalda el poder de la oligarquía local que a ellos ni les afecta porque no viven con nosotros y las leyes que emanan de gobiernos elegidos por gente a distancia, por muy españoles que se digan, a ellos ni les afecta, ni les incumbe.

Pienso que aquellas personas que mantegan la nacionalidad local en la que no viven hace más de seis años, no deberían tener derecho al voto para elegir a ningún representante político de esa nacionalidad local, porque lejos de responder a criterios cívicos, reales, responsables que respondan a la pertenencia de la vida diaria del colectivo que por circunstancias abandonó, responderá a criterios sentimentales e irresponsables ajenos a la realidad local que sufrimos quienes vivimos en el territorio.