viernes, 21 de septiembre de 2012

LA MONARQUÍA CATALANA Y LA LEGITIMIDAD (1ª PARTE)



La historia nos ha transmitido una serie de conocimientos a través de la experiencia que supone la tradición. Donde jamás antes hubo ni existió problema, aconteció el mismo a causa de la abolición foral a partir de 1713-1714 con los Decretos de la Nueva Planta. Ello suponía la aniquilación histórica constitucional y tradicional de las libertades catalanas, que bajo ningún concepto, ni de ninguna manera defienden los separatistas y secesionistas.
El Carlismo, surgido en primer momento para defender los usos, tradiciones, costumbres y libertades de los habitantes de Catalunya y sus ciudadanos trató de plantar cara al centralismo homogenizador apoyando al candidato Austriaco, más conocido por Rey de las Españas, Conde de Barcelona y Principe de Catalunya. Y esto entre 1701-1714.
Posteriormente el Carlismo surgía para volver a defender los Fueros, Usos, Derechos y Libertades arrebatadas por la revolución burguesa capitalista de 1833, que arrasaba con el comunal de los municipios y los valores comunitarios, ya que establecía el gobierno de la propiedad privada con la aniquilación del Antiguo Régimen. Los Carlistas catalanes defenderían a partir de 1833, los derechos sucesorios de Don Carlos María Isidro de Borbón, legítimo y verdadero Conde de Barcelona y Príncipe de Catalunya.
En esta defensa que hacían los carlistas y el carlismo trataban de poner en evidencia que Catalunya, sus habitantes y ciudadanos a través de sus derechos y libertades, se había desarrollado historicamente un autogobierno verdadero por la que el “Estado Catalán” era independiente y formaba parte a la vez de la histórica y antiquísima Monarquía Hispánica o Española.
La Monarquía Catalana estaba integrada en la Monarquía Española, ya que sus monarcas eran compartidos al mismo tiempo por el resto de los habitantes y ciudadanos de las Españas Americanas y Peninsulares.
Así Catalunya, sus habitantes gozaban de la existencia de Fueros propios, Cortes propias, Tribunales de Justicia propios, Hacienda propia, moneda. Hasta el propio Solórzano Pereira (1575-1655) político y jurista madrileño afirmaba  el hecho confederal de la Monarquía Hispánica: "Los Reinos deben ser regidos y gobernados como si el Rey que los mantiene unidos fuera sólo Rey de cada uno de ellos".
Esto significa que cuando el siglo de oro español y durante los siglos XV-XVI y XVII no se había experimentado un descontento secesionista y separatista, sino más bien al contrario, y cuando ese descontento ha aparecido teniendo lugar, ha sido por los intentos de algunos políticos centralistas madrileños de imponer la homogenización y la uniformización tratando de hacer realidad su lema de “ancha es Castilla”. La situación se agravó en 1640 con la política de “Unión de Armas” del Conde-Duque de Olivares, se agravaría un poquito más, por decir algo con la abolición foral una vez ganada la guerra de sucesión por el bando borbónico de Felipe V, Duque de Anjou y Rey de las Españas, y finalmente se agravaría con la llegada del capitalismo y la revolución burguesa, donde la propiedad privada absoluta y la concentración de los recursos en pocas manos serían un hecho absoluto e indiscutible. Sólo los carlistas protestaron y se sublevaron contra tales injusticias. El Carlismo catalán es consciente de ello.
Pero tampoco hay que olvidar el interés egoísta y caciquero, el materialismo nacionalista del capitalismo y su burguesía. Pues la burguesía catalana no se salva de las acusaciones de las que es pasto en este blog toda burguesía capitalista servidora del poder del dinero, aniquiladora de las tradiciones, valores comunitarios y destructora del bien público, de la cosa pública, de la rex-pública, a la que cínicamente dice defender.
Convergencia i Unió, y el resto de fuerzas políticas amigas del nacionalismo independentista, separatista y secesionista utilizan la historia, el pasado para enarbolar los sentimientos de los ciudadanos de Catalunya. Ellos pretenden la república catalana secesionada, que rompe con todo el pasado “Español”. Si se refieren al “pasado Español” como el nacionalismo español, el centralismo y la uniformización egoísta de esa patria española, sesgada y única, a la que aclamaron todos los “patriotas españoles” enfermos de revolución francesa y jacobinismo centralista uniformizador. Entonces que rompan de inmediato con esa España traidora a sus ancestros, renegadora de su tradición confederal que fue la Monarquía Foral, una monarquía compuesta y polisinodial, una monarquía “territorial”, confederal, donde Madrid no gobernaba sobre Catalunya y Catalunya no gobernaba sobre Castilla.
Pero el separatismo y los separatistas no tienen las buenas intenciones de restaurar la Monarquía Confederal y por tanto la Monarquía Catalana, porque en su mayor parte son republicanos. Y la monarquía catalana para llevarla a cabo necesita de verdaderos monárquicos tan celosos por la defensa de los Fueros, Derechos y Libertades de los Ciudadanos del Principat de Catalunya, como defensores de la Monarquía Hispánica o Española. La Verdadera monarquía puede restablecer la paz en los corazones de los habitantes de Catalunya y reconciliarlos con España, con las Españas.

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