viernes, 3 de agosto de 2012

LA VENGANZA DE LOS PRÍNCIPES: EL SOCIALISMO FEUDAL (I PARTE)




Hubo un tiempo en que los príncipes pasaron de todo, donde otros se preocuparon por todos, y donde algunos lucharon por algo que valía la pena vivir: ¡¡¡la venganza de los príncipes!!! Frente a la injusticia algunos clamaron por la venganza legitimista en el exilio, contra la usurpación burguesa y capitalista. Pero, ¿quienes trajeron esta usurpación? El liberalismo, la masonería especulativa y los amigos de la usura bajo una supuesta "venganza templaria-masona" contra el absolutismo monárquico, lo que impulsó la revolución francesa y todas las revoluciones burguesas.


La venganza es un plato que se sirve frio y los príncipes claman y se reúnen contra el neoliberalismo burgués capitalista. El primer socialismo en existir fue denominado feudal por Marx y Engels. Al ser precapitalista y apriorístico respecto de la instauración del sistema capitalista por la burguesía plutócrata, fue meritorio y contrarrevolucionario, al oponerse al nuevo sistema económico que daba lugar a la mercantilización de la vida en el siglo XIX.

El socialismo feudal es el resultado y suma de diversos socialismos. Reúne el socialismo campesino, el socialismo de los artesanos y de los diferentes gremios, el socialismo frailuno y clerical del catolicismo medieval, y también reúne el socialismo de los príncipes preocupados por las transformaciones que implicaba la llegada del sistema económico de explotación capitalista. Así este socialismo feudal no era ni más ni menos que una defensa de aquellos componentes sociales y comunitario del Antiguo Régimen.

Al estudiar ese socialismo feudal comprobamos como la propiedad de la tierra, el suelo y los bienes inmuebles no están sujetos al libre mercado, no se pueden comprar ni vender, porque están amortizados y sujetos al apellido y linaje familiar. Las tierras comunales de los municipios no son de nadie, ni pertenecen exclusivamente a nadie, allí se labra o pasta el ganado. Los campesinos tienen donde dormir, donde trabajar y qué comer. Tampoco están a merced y desamparo del libre mercado, sino protegidos por un gremio o un concejo. Podían reunirse bajo “El Árbol de Guernica” y así todos los campesinos peninsulares en el resto de reinos señoríos y principados de las Españas, y hasta en la misma Europa ocurría algo similar. En cuanto a la Iglesia Católica su forma y funcionamiento tenían características propias de un sistema socialista y comunitario, los curas y frailes trabajaban la tierra y en comunidad, vivían de su trabajo agrícola.