viernes, 3 de agosto de 2012

LA VENGANZA DE LOS PRÍNCIPES: EL SOCIALISMO FEUDAL (III PARTE)


El desarrollo del movimiento obrero durante los siglos XIX y XX expone un rechazo frontal al capitalismo liberal burgués de origen anglosajón. Los obreros y campesinos tratan de rescatar una sociedad socialista y comunitaria. Marx y Engels escriben el manifiesto comunista y aunque en él aplauden los logros de la burguesía capitalista al destruir las instituciones de Antiguo Régimen al entender que aquel sistema era el enemigo común de burgueses y obreros, ataca el papel inmisericorde de la burguesía capitalista y llama a los trabajadores del mundo a la unión para luchar contra el nuevo amo soberano del mundo: la burguesía capitalista y el poder del dinero.

Sin embargo las escuelas marxistas serán mucho más críticas que los propios Marx y Engels respecto al papel de la burguesía capitalista, y simpatizarán con aquellos movimientos históricos que demostraron resistencias frente a la instauración del sistema económico capitalista. Estos movimientos como el jacobita en las islas británicas, el legitimista francés, el miguelista en Portugal y el carlista en las Españas, incluso en el bando realista contrario a la independencia de los países americanos respecto de la Corona española, demostraron su rechazo al sistema capitalista de los criollos burgueses, ya que los pueblos indígenas se pusieron de parte de la Corona española al ver en esta institución unas garantías sociales frente a las transformaciones liberales de la plutocracia burguesa.

El rechazo  a la instauración del capitalismo, legitima a los movimientos contrarrevolucionarios para ser el alma mater de todo lo que está ocurriendo actualmente con la crisis del sistema neoliberal capitalista y su globalización internacional. El mérito de los “socialistas feudales” fue que  sin demasiados estudios se apercibieron de lo que significaría la entrada de la revolución en España. El desmantelamiento del sistema de Antiguo Régimen significó también la destrucción de muchas garantías sociales de instituciones políticas que el liberalismo capitalista no toleró, y la falta de garantías sociales del régimen liberal burgués, que con su competitividad, su sobreexplotación, su liberalización, su desamortización, su privatización, llevó a la sociedad a la mercantilización absoluta de la vida y por tanto a su prostitución y lo más triste de todo es que lo hacía en nombre de la libertad, la igualdad y el progreso. Aquello escondía el proceso industrializador capitalista, la concentración de los recursos y los medios de producción en pocas manos, pues era la imposición del yugo capitalista. Los obreros y toda la izquierda comprendieron lo que significaban los desmanes burgueses una vez instaurado el capitalismo.

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