viernes, 3 de agosto de 2012

LA VENGANZA DE LOS PRÍNCIPES: EL SOCIALISMO FEUDAL (IV PARTE)


Marx y Engels acusaron a los feudales de ser los creadores de la burguesía, porque esta clase se gestó durante el Antiguo Régimen. Pero no se gestó un movimiento obrero hasta que el campesinado y el proletariado sufrieron en sus carnes los desafueros burgueses. ¡Tuvieron que esperar hasta ver a la burguesía apoderarse del poder político, cuando los “socialistas feudales” venían denunciando las pretensiones de la burguesía capitalista y sus formas de explotación!

El socialismo feudal, cual socialismo de alpargata campesino, socialismo cristiano, socialismo hidalgo y principesco se amalgamó en una protesta contrarrevolucionaria como rechazo a priori del sistema de explotación capitalista. El movimiento obrero lo hizo aposteriori y no sin menor razón pero como una amalgama proletaria de campesinos y obreros que explotaron contra la injusticia y el egoísmo burgués. Ahí está la postura común entre los tradicionalistas y la izquierda.

Aquellos que han pretendido alejar el marxismo del tradicionalismo lo han hecho tanto con escritos marxianos como tradicionalistas y ello ha significado la división del pueblo tradicionalista y el pueblo de izquierdas. Los izquierdistas jamás entendieron que pudiese haber pueblo entre los partidarios del tradicionalismo y el antiguo régimen, porque confundieron esta postura política, social y económica con el pensamiento de la derecha burguesa capitalista y conservadora. Confundieron a los tradicionalistas por conservadores y a los conservadores por tradicionalistas por la defensa común de la religión cristiana católica.

Si bien durante el proceso desamortizador decimonónico la Iglesia Católica encontró en el liberalismo conservador a un enemigo y a los tradicionalistas en amigos; esto fue sólo en apariencia porque al final la jerarquía de la Iglesia Católica traicionó al tradicionalismo al venderse al sistema capitalista que imponía la burguesía a cambio del presupuesto de culto y clero. Así desde el propio tradicionalismo se adoptó una actitud crítica contra todos aquellos que deseaban apuntalar el nuevo orden liberal burgués de explotación capitalista.

Y es más, demostraría que en el enfrentamiento entre la economía capitalista y la economía marxista ha denunciado el verdadero rostro de la derecha conservadora, ya que con su capitalismo, los tratantes de usura han mecanizado unas formas para hipotecar los ingresos futuros de la sociedad destinándolos al pago de la deuda y los intereses. Los adelantamientos del capital por parte de la banca eran impensables en las sociedades tradicionales que tenían unas rentas derivadas de la tierra y el trabajo. La sociedad tradicional rechaza la deuda soberana y el pago de los intereses de la misma a los usureros.

La economía marxista no hace sino heredar muchas de las tradiciones económicas del pasado colectivo y comunitario rechazando el endeudamiento colectivo, rechazando a la banca y al capitalismo. Los conservadores engañaron a los tradicionalistas para atraerlos a su causa mediante la hipotética defensa de la religión, cuando la verdadera religión de los conservadores, liberales y progresistas es la del poder del dinero y el sistema capitalista.

La excusa fue admitir que el marxismo, incluso por los propios marxistas, es materialista, cuando no hay nada más materialista que el propio sistema económico capitalista que los tradicionalistas ayudaron también apuntalar por miedo a las huestes marxistas, comunistas, separatistas y ateas. Una cantinela que todavía el carlismo está pagando por haberse apuntado al bando nacional durante la guerra incivil.

En la actualidad sufrimos la crisis económica del sistema capitalista, su materialismo y egoísmo, su competitividad, recortes, flexibilizaciones, privatizaciones, despidos, etc.

La izquierda y los tradicionalistas carlistas claman por la justicia social y la solidaridad, rechazan el egoísmo burgués y el sistema neoliberal capitalista. Teniendo la perspectiva del pasado y viendo el desarrollo de los acontecimientos políticos, sociales y económicos podemos redescubrir la venganza de los príncipes, de los “feudales” en su lucha contra el capitalismo por haber mercantilizado y prostituido la vida del ser humano hipotecando a todo el planeta bajo los intereses de los mercaderes. La justicia de los príncipes se convierte entonces en la venganza de los príncipes, de aquellos que son legitimistas y son portaestandartes y paladines de la contrarrevolución, porque luchan contra la revolución neoliberal capitalista y su globalización.