domingo, 22 de julio de 2012

TRONOVACANTISMO Y LEGITIMISMO MONÁRQUICO

S.S.M.M Don Carlos Javier y Ana María de Borbón

 

El sector tradicionalista de CT (Comunión Tradicionalista) hace un análisis del monarquismo legitimista y pone a Sixto Enrique como regente, no como hacen algunos de los partidarios de este príncipe que lo señalan como Rey Legítimo. A partir de ahí realizan una crítica feroz a los otros tradicionalistas, más bien integristas, representantes del carlismo angelizado, tronovacantista y neocatólico, es decir, a la CTC (Comunión Tradicionalista Carlista).

El tronovacantismo de la CTC es surrealista, así como esa "esperanza" en que el rey legítimo llegará, aunque no se sabe quien es. Patético!!. Un carlismo sin rey, es como una limonada sin limón, o como un PSOE sin socialismo. Pura contradicción.

Por otra parte la CT se burla del "carlismo pacifista" de la CTC. Evidentemente también se burlarán por lo mismo del PC (Partido Carlista). ¡Y es que no entiendo con esas burlas, qué pretenden los miembros de la CT; ¡quizá una nueva guerra civil!, ¡ametralladoras al poder!, prefiere sin duda la guerra al diálogo, una actitud que los aleja del mismo Cristo Jesús a quien dicen representar por sus doctrinas.

La CT se arroga a si misma un pretendido monarquismo legitimista, pero habría que ver en realidad cual sería realmente el margen de maniobra en la política de un monarca carlista. Es un monarquismo autocomplaciente, es algo así como decir: "somos más monárquicos que todos vosotros" pero habría que ver en la realidad hasta donde estarían dispuestos a defender ese monarquismo personalista, porque lo tienen muy claro con Sixto Enrique, pero cuando éste falte, ¿entonces qué?. Ese monarquismo tan cacareado, tan reburgitado, tan repetitivo, y eso que yo me considero monárquico legitimista como el que más, quizá se transforme en otra cosa, porque entonces el príncipe heredero ya no les gusta, y seguirán la doctrina tronovacantista de la CTC.

En la CT se presenta a Sixto Enrique como un príncipe tradicionalista. Quizá algunas reflexiones suyas lo sean, pero en realidad y a los hechos historicos recientes me remito, este príncipe ha estado al servicio de la extrema derecha nacional e internacional. Lo estuvo cuando el régimen de Franco o lo que quedaba de él, cuando era ministro del interior Fraga Iribarne y los servicios de inteligencia españoles, para dividir al carlismo, le propuso la "reconquista de Montejurra en 1976" de manos de las "huestes marxistas, separatistas y ateas". ¡Vaya se ve que yo soy todo esto último! ¡Pero monárquico legitimista siempre a las claras!.

Si bien, como dice el artículo de la CT al Rey no se busca, tal y como dicen en la CTC. Es cierto, el Rey legítimo puede que no sea una persona al gusto de todos, y no se puede ignorar la genealogía, ni la legitimidad política de derecho.

Ambos grupusculos CT y CTC niegan la legitimidad de ejercicio de quien fue rey legítimo de las Españas para los carlistas, es decir, de S.M.C. Don Carlos Hugo de Borbón, porque, y esto lo atribuyen así, Don Carlos no les contestó a unas cartas que le enviaron unos señores tradicionalistas a los efectos que se pronunciara sobre la defensa del lema histórico del carlismo Dios-Patria-Fueros y Rey y por tanto le llamaban la atención al entonces príncipe carlista para que reculara al tradicionalismo político en la opinión de estos señores, ignorando que Don Carlos Hugo tenía un comportamiento político mucho más tradicionalista que todos ellos juntos. El Carlismo de Don Carlos Hugo era de un tradicionalismo, podríamos decir que de "izquierdas".

Pues bien, no hay artículo alguno de Don Carlos Hugo negando el lema histórico del carlismo más bien al contrario y siempre basandose en el mismo imprimió una línea de pensamiento político más acorde a las tradiciones medievales recuperables para el presente. Lo que pasa es que el dilema sobre este asunto es ¿qué recuperamos del pasado?. Recuperamos quizá la Inquisición, quizá ¿una falsa idea sobre la unidad política de España jacobina y decimonónica o la monarquía confederal de los Reyes Católicos y la Casa de Austria?. Recuperamos la propiedad y valores comunitarios, tierras comunales, y le otorgamos a esto amplitud de miras para la defensa de "lo público", o defendemos "los avances de la economía capitalista", para congraciarnos con los sedicentes burgueses integristas católicos y puritanos, que aunque liberales y capitalistas, son muy buenos católicos porque contribuyen con la Iglesia Católica!!, verdad?.

La CT, a mi entender siempre buscó hacer de Sixto Enrique un príncipe asociado a Blas Piñar y a Fuerza Nueva, y en esa optica se defiende una España centralista con capital en Madrid, muy lejos de la idea confederal de la monarquía hispánica vinculada a la Casa de Austria y a la Casa de Borbón carlista. Y sobre la defensa de la propiedad privada y el capitalismo, no se discute ni se pone en tela de juicio el sistema, aunque se ataca el liberalismo y el neoliberalismo, nos recuerdan el paternalismo del viejo capitalismo proteccionista, de forma que tanto la CT como la CTC no critican el capitalismo en si, espero equivocarme, sino su forma liberal y neoliberal, cuando el carlismo histórico siempre criticó el capitalismo en si, porque era la causa y razón de la plutocracia burguesa en las guerras carlistas, la causa y razón por la cual la burguesía capitalista buscaba la transformación de la estructura económica de las Españas, para imponer el régimen de explotación capitalista.

Así ponen mayor empeño en la defensa de la ortodoxia católica y los valores cristianos, y quieren una sociedad cristiana católica, aunque esta sea perfectamente compatible con el sistema de explotación capitalista, tal y como ocurre en países como Polonia. ¡Pura contradicción!. Lo veremos con la absorvente presencia del mercado en estos países que renacen muy cristianos, pero donde la religión y los valores cristianos se diluyen conel paso del tiempo por los efectos de la sociedad de consumo y el capitalismo de mercado.

Volviendo al texto de CT: "Don Sixto como los auténticos monarcas tienen su propio criterio, y no ha adoptado la política por ellos deseada". Volvemos al monarquismo y a lo que representa este príncipe. Tabién Don Carlos Hugo tenía su propio criterio y como a Don Jaime III de Borbón, por considerarse socialista sincero lo condenaron y tacharon de desviacionista por comprometerse demasiado con la causa revolucionaria. Ahora, siempre es mejor tender puentes y dar amplitud de miras con una actitud de diálogo, y no utilizar la fuerza de las armas y menos contra inocentes. Es más facil empuñar las armas contra los inocentes y desarmados, pero ¿y contra los capitalistas? ¿por qué los partidarios de Sixto van a favor del movimiento neocon y los pistoleros de "la contra"?. Deberían haber reflexionado que "la contra" de los siglos XVIII y XIX no tienen nada que ver con "la contra" del XX, pues la segunda contrarrevolución busca aplastar el marxismo, y por tanto busca la institucionalización del sistema capitalista, mientras que la primera contrarrevolución busca aniquilar los intentos de imposición del sistema capitalista con el rechazo a la propiedad privada absoluta, vigencia de concejos y gremios, vigencia de trabas aduaneras, limitación fiduciaria, tasas, manufacturas reales, intervención de la Corona como poder público, representante del Estado de Antigo Régimen en la economía, defensa del Comunal de los Municipios, Fueros y Valores Cristianos que se traducian en efecto en la economía y sociedad del país guardando estructuras comunales y subyugando a la plutocracia capitalista y financiera, esto era más parecido al futuro marxismo que la defensa que han hecho de la segunda contrarrevolución, más afin esta última de los intereses capitalistas de mercado.

Son muy tradicionalistas, pero no se acuerdan de las masas carlistas de la guerra de Els Matiners en Catalunya, pues convergían en el XIX viejos absolutistas, con aquellos jóvenes que siendo carlistas tenían ideas socialistas y nacionalistas, en el sentido de dar una autarquía soberanista a Catalunya por ejemplo.

Monarquía y Democracia. Precisamente es la crítica a la actual monarquía parlamentaria la que cuestiona si no sería mejor un sistema democrático, de monarquía democrática por el cual se desarrollara la autarquía, la autogestión a nivel local, dando prioridad a lo local, a la "democracia de aldea bajo el arbol de Guernica". Y esto ha sido algo muy tradicional en el carlismo histórico y que siempre se ha reivindicado utilizando palabras y vocabulario, quizá ajeno al vocabulario carlista para dar explicación al resto, sobre lo que queremos, para que nos entiendan con lenguaje de hoy, lo triste de todo es que no haya cultura política para que nos entienedan todos.

La monarquía tradicional no es una monarquía antidemocrática, como trataron de señalar los liberales y la plutocracia burguesa capitalista, es más, a los carlistas estos últimos nos llamaron bolcheviques blancos en tiempos de don Jaime, y posteriormente a grupusculos como el de Acción Jaimista, que colaboraría con el PNV en el año 1932.

Sobre el matrimonio desigual al que hace referencia el artículo para desacreditar a S.M.C. Don Carlos Javier de Borbón, actual Rey de las Españas, decir en su defensa que el matrimonio desigual siempre que estuviera legitimado por su padre el Rey, dando su conformidad, queda invalidada la Pragmática de Matrimonio de Carlos III, porque esta pragmática que condena el matrimonio desigual de los príncipes herederos, y aparta a los sucesores de la sucesión al trono, quedó modificada por una pragmática del Rey Carlos IV, por la que vinculaba la vigencia de la anterior a libre designación de papá, es decir, del Rey, y que se sepa Don Carlos Hugo no estuvo en contra de la relación de su hijo con la actual reina de España Ana María de Borbón. Para mayor información al respecto la llamada también Pragmática Sanción, de 27/3/1776, promulgada por el rey Carlos III, prohíbe el uso de apellidos y armas de la Casa para aquellos cónyuges que hubieran causado la desigualdad en la pareja al contraer matrimonio con una persona real. Pero el Real Decreto de 10/4/1803, en la Novísima Recopilación, promulgado por el Rey Carlos IV, supedita todo casamiento de las personas reales y por tanto supedita la Pragmática de Carlos III de matrimonio morganático, a la expresa autorización del monarca, en su día a Carlos IV, o de los reyes sus sucesores. Así pues no tiene ningún sentido la validez que se le quiere dar a la Pragmática de Carlos III por parte de los partidarios de Sixto Enrique para desacreditar el matrimonio de Don Carlos Javier y Ana María de Borbón, ya que no tienen en cuenta el Real Decreto de 10/4/1803 de la Novísima Recopilación.

Si bien es ridículo el carlismo sin rey de la CTC, también lo es el Carlismo de la CT al pretender anular y limitar el monarquismo legitimista a la persona, en su caso de Sixto Enrique, porque de acuerdo a su análisis monárquico, a la muerte de Sixto Enrique entrarán en una deriva de contradicciones, porque Sixto no tiene descendientes reconocidos y legítimos, con lo cual la línea monárquica de estos monárquicos aparentemente empedernidos queda en la nada. Agunos de ellos jugarán al tronovacantismo propio de la CTC Neocatólica.

La CTC desprende neocatolicismo integrista al estilo nocedaliano, y por eso esgrime tronovacantismo, mientras que la CT desprende un tradicionalismo integrista y aparentemente ortodoxo, debido a su proximidad a los grupos ultras de la extrema derecha, para los cuales España es una, grande y libre. Desprenden así autoritarismo y un aparente respeto integral por la persona real, o por la Familia Real. Desacreditando a Don Carlos Javier no conseguirán hacernos tragar su monarquismo legitimista, pues como todo el mundo sabe, después de Don Sixto Enrique, para ellos, no habrá nada y tendrán que aceptar un tronovacantismo a la fuerza.

Por otro lado el Rey de las Españas es el Rey de todos los Españoles y no puede ser que a todos caiga bien el Rey. Lo importante de la persona real, es que sea buen Cristiano y buen Católico, pero ello no puede implicar que todos los Españoles tengan que ser a la fuerza católicos, de ninguna de las maneras, y sólo lo serán por convicción en la Fe o en la Razón, y si no les entra por activa o por pasiva se les deja estar. No opinan así los más integristas y recalcitrantes, enemigos de las libertades y el pluralismo político. Esto último no lo han asumido. El pluralismo político en si no es negativo, lo negativo es cuando las fuerzas plutócratas se hacen con los resortes de algunos partidos políticos e instituciones para cargar contra el pueblo exigiendo la burguesía el liderazgo de la política afín a sus intereses económicos, para garantizarse el cobro de las inversiones y la devolución de la deuda crediticia y soberana, hipotecando los ingresos futuros de todos los españoles.

El Partido Carlista se declara accidentalista en la forma de gobierno, no obstante reconoce que en caso de optar las Españas por una forma de gobierno monárquica, ésta tendría que estar representada por la Familia Real Legítima, es decir los Borbones de la Dinastía Carlista, y por eso se dice que en el Carlismo pesa más el fenómeno dinástico que monárquico, aunque yo soy monárquico legitimista.

Los intentos de tronovacantismo en la CTC o republicanismo en el PC son algo innovadores y poco tienen que ver con el carlismo, pues es más propio de una lectura de la legitimidad de ejercicio extrema que la lleva a la deriva de un monarquismo bizantino: pondremos como rey a quien nosotros queramos, y eso vulnera el principio de legitimidad dinástica histórica.

En el caso de la CT, parece agrupar un sentimiento monárquico tradicionalista lejano al neocatolicismo integrista de la CTC, más partidaria de un carlismo sin rey, porque dicen ellos, el rey ya vendrá como si lo sacaran de la chistera.

Lo que si ha quedado claro es una cosa, y es que el monarquismo legitimista en el carlismo, para la gran mayoría de los carlistas es accesorio, como un elemento decorativo, porque detrás esconden un republicanismo de facto, y un reconocimiento sentimental a la Familia Real, pero que según interpreto, no va más allá de una defensa del principio monárquico legitimista, donde el Rey es una figura que ejerce un poder efectivo, ejecutivo y judicial, porque para muchos que lo malinterpretan traería a colación el absolutismo y el despotismo real.

Pero ya he hablado en otras ocasiones sobre el despotismo y absolutismo parlamentario actual que trabaja por y para la plutocracia neoliberal capitalista, y para frenar esto último, no basta con reconocer y practicar la democracia de aldea bajo el arbol de Guernica, porque necesitamos de una institución supranacional que proteja a las democracias locales, a las republicas locales y territoriales, para que ponga coto efectivo y subyugue al poder del dinero, y esa institución es la monarquía carlista representada por la persona del Rey Legítimo, y en este caso lo sería S.M.C. Don Carlos Javier de Borbón, el príncipe prudente, que prefiere crear adhesiones y no crear más odios y divisiones.