sábado, 7 de julio de 2012

El Duque de Monmouth, Jabobo II de Inglaterra y el Sistema económico de explotación capitalista

 Para entender la instauración del sistema capitalista en el mundo, hay que entender las revoluciones liberales burguesas que tuvieron lugar en Inglaterra, al amparo primero de la revolución religiosa protestante de Enrique VIII e Isabel I, y posteriormente con la revolución de Cromwell, la decapitación de Carlos I de Inglaterra, y la revolución de 1688 que puso en el exilio a Jacobo II de Inglaterra. Sería reducionista y pretencioso hablar del conflicto civil inglés como la lucha entre los absolutistas y liberales del siglo XVII, tratando de poner como "los malos" a los absolutistas, y "los buenos" a los liberales. Esto es lo que ha hecho la historiografía oficial. La lucha entre católicos y protestantes era en realidad una lucha económica, a ver quienes se quedaban con la propiedad privada del Comunal de los Municipios, las tierras comunales de la Iglesia Católica y de los Campesinos, de los monasterios, leproserías horfanatos, etc. De un lado estaba el mundo rural, y de otro el poder plutócrata y financiero de la City de Londres, centro de los negocios, que manipulaba e instrumentalizaba el parlamento. Sus miembros trabajarían por sus negocios lucrativos, jamás por el pueblo de Inglaterra, pero el cinismo, la hipocresía y la falsedad pasó a ser referente mundial en la historiografía oficial. La prosperidad económica ocasionó una profunda crisis moral y un enfriamiento hacia la religión. Según Montesquieu, "el dinero es aquí soberanamente estimado y poco el honor y la virtud. Después de los Estuardo la corte de Inglaterra se convertiría en una taberna de ladrones, y la City, el centro de los negocios financieros y comerciales, en centro de piratas y bandidos. El triunfo del sistema capitalista no es más que la legalización comercial de la piratería, y la City se convertiría en el espejo de todo el mundo, que a galope de la libertad individual y la propiedad privada absoluta harían triunfar la industrialización y nuestra sociedad de consumo capitalista. Monmouth, cual Guillermo III de Orange, ambos personajes oscuros de la historia, trabajarían para el triunfo del sistema capitalista y la libertad burguesa. Ese triunfo que supone la vigencia del sistema económico de explotación capitalista comienza a ser puesto en tela de juicio y en evidencia por parte de los partidos políticos de izquierda minoritarios. Las críticas compartidas que se vierten contra el sistema capitalista son al mismo tiempo la venganza histórica de los legitimistas. Dicen que la venganza es un plato que se sirve frio, y el legitimismo monárquico está esperando de nuevo su momento: apartar del poder a quienes lo usurpan desde hace siglos. La plutocracia y el capitalismo son sus objetivos.

 

 El Duque de Monmouth

El comportamiento político de este príncipe llevó a Jacobo II de Inglaterra a apoyarse en el sector duro de algunos consejeros reales que eran de un catolicismo intransigente. La Rebelión de Monmouth, fue claramente protestante, y se apoyaba en la City de Londres, cuna del sistema económico capitalista. La revolución protestante en Inglaterra tiene un origen claramente económico: poner las tierras comunales y de la Iglesia Católica de Monasterios, Horfanatos, etc en manos de los nuevos ricos comerciantes, mercaderes y financieros, que anteriormente ya habían colaborado con Enrique VIII, Isabel I y Oliver Cromwell, para aplastar el comunal, y el mundo rural, y hacer de Inglaterra un país industrial. Estos capitalistas son el origen de la revolución Inglesa de 1642-1649, y serán los futuros revolucionarios que en 1688 con la Glorioso Revolución mandarían al exilio a Jacobo II de Inglaterra.
Nunca me cayó bien Monmouth. Aunque hijo natural de Carlos II, fue un traidor a la Corona Legítima de Inglaterra, y al Rey Jacobo II su tio, quien lamentablemente y finalmente en lugar de proseguir con la política de libertad religiosa tolerante con todas las creencias de sus subditos, decidió apoyarse en el sector integrista católico para realizar una severa represión, que está sublimada y envenenada en los libros de la historiografía oficial al objeto de dejar en mal lugar al Rey Jacobo II de Inglaterra. Tras el fracaso de la revbelión de Monmouth, Jacobo II Stuart desconfiaría de sus subditos protestantes. Estos a su vez utilizaban el poder del dinero que emanaba de la City de Londres para subyugar el poder soberano de la Corona de Inglaterra. 

 Jacobo II de Inglaterra

La Corona de Inglaterra representada por los Estuardo, y concretamente por Jacobo II significaba las garantías comunales y municipales, las libertades comunitarias y campesinas de los labradores y el mundo rural, frente a la agresión del poder capitalista e industrial que despertaba en las ciudades bajo la religión protestante. Ser católico y protestante en Inglaterra significaba, o estar con las libertades comunitarias y una especie de socialismo tradicionalista basado en las limitaciones que el poder de la Corona imponía a la plutocracia del reino frente a la libertad individual, que significaba el derecho de los ricos a la propiedad privada absoluta, apoyada en el proceso de industrialización capitalista, y en el triunfo de la plutocracia burguesa de la City sobre la Corona de Inglaterra. La ejecución de Carlos I de Inglaterra, y el exilio de su hijo Jacobo II son un símbolo en realidad: es el triunfo del sistema económico capitalista y la plutocracia burguesa sobre la Corona y los derechos del pueblo que esta última institución defendía. El deber del Rey era sujetar a los ricos en interés de todos, es decir subyugar a la plutocracia capitalista en interés de la rex-publica. Prueba de ello fue la decapitación de Carlos y el exilio de su hijo Jacobo II, y paradójicamente, la hipotetica subida al trono de Monmouth se encuentra clarificada y ejemplarizada con la subida del usurpador Guillermo "III" de Orange, rey de Inglaterra por la gracia del Capitalismo de la City de Londres y su plutocracia burguesa. Curiosamente quiero resaltar que el Catolicismo Inglés tenía tintes socialistas y comunitarios basados en la tradición histórica frente al protestantismo que era individualista, egoísta y sobretodo de origen capitalista, basado en la propiedad privada absoluta y los "derechos individuales".

Si para la historiografía oficial los tories eran los conservadores y los whigs los progresistas, sería recomendable una relectura sobre ambos partidos y sus características políticas, económicas y sociales, ya que a los whigs (liberales) jamás les importó el bienestar del pueblo de Inglaterra, aunque trataran de utilizar el nombre del mismo para aniquilar los derechos soberanos de la institución de la Corona. Institución que por cierto, limitaba y subyugaba al poder del dinero y a los negocios de esos liberales.

Por ello, los tories eran en realidad los tradicionalistas y los whigs los conservadores. Los primeros, mantenedores de las prerrogativas y derechos de la Corona de Inglaterra, y los segundos, los conservadores de los bienes robados al Comunal de los Municipios, a los Labradores y a la Iglesia Católica. Los Tories eran partidarios del mundo rural y las tradiciones comunitarias, y los whigs eran los defensores de la propiedad privada y los derechos individuales, es decir del capitalismo plutócrata burgués. Dista mucho por tanto llamarles progresistas a los whigs, que en realidad eran liberales, defensores del liberalismo económico y la propiedad privada absoluta. Lo curioso es como se dividió el partido tory y como algunos de ellos aceptaron el capitalismo liberal burgués, origen del actual sistema económico capitalista. La otra parte del partido Tory, la que siguió fiel a la tradición legitimista, fueron llamados Jacobitas, partidarios de los Estuardo, y los antiguos Tories, defensores de la Corona y las libertades de los pueblos frente a la plutocracia neoliberal capitalista. De aquella división surgió el Partido Jacobita, movimiento legitimista, que trataba de devolver a los pueblos escocés, inglés e irlandés las legitimas libertades, frente a la City de Londres y a su Capitalismo protestante.
En Francia pasaría algo parecido más tarde con los Legitimistas y los Orleanistas, y en España con los Carlistas y Liberales. La historia se repite, y encontramos príncipes traidores como el Duque de Monmouth, que con tal de ser rey de Inglaterra se efrentó a su tio Jacobo II. Fue instrumentalizado por los mismos de siempre, por las fuerzas del capitalismo y el poder del dinero. Eso si, la historiografía oficial dirá otra cosa, al pretender Jacobo la restauración del absolutismo monárquico en contra de las "libertades individuales" y los derechos civiles. Paradójicamente ha quedado demostrado para que han servido dichos derechos, para amparar al poder capitalista, para que este secuestre a la democracia, para que sean los tratantes de usura los verdaderos gobernantes de los países, subyugando a todas las instituciones, supuestamente democráticas, al poder capitalista. La farsa de los liberales ha quedado desenmascarada, su libertad sesgada, era en realidad, la libertad del capital, del poder del dinero, la libertad burguesa, no las libertades de los pueblos, sino la condicionada al capital.