viernes, 13 de julio de 2012

EL CAPITALISMO, LOS RECORTES SOCIALES Y LA REVOLUCIÓN FRANCESA 1789

 


La toma de la Bastilla por algunos miembros del pueblo de París fue ejemplo de cómo la burguesía capitalista utilizó al pueblo como ariete contra el símbolo de la monarquía francesa, representado por esta fortaleza. El poder absoluto de la Corona también fue considerado por muchos como la garantía de los débiles frente a la plutocracia capitalista, por ello la burguesía no dudaría en transformar la monarquía absoluta en una monarquía capitalista, al servicio de los intereses de su casta y no del pueblo. Por otro lado el desmantelamiento del sistema de antiguo régimen dejó al campesinado y a las clases más humildes e el más absoluto desamparo, pues la propiedad privada capitalista sólo beneficiaría a las clases pudientes, dejando aniquilada la propiedad compartida del derecho consuetudinario, a pesar del esfuerzo de los jacobinos por defender la propiedad de la tierra para los campesinos.


La revolución francesa de 1789 y las que le seguirían fueron burguesas y capitalistas. Con la toma de la Bastilla el 14 de Julio de 1789 algunos parisinos celebrarían la caída del Antiguo Régimen. La monarquía francesa, antiguo baluarte de los derechos y libertades de los franceses, se había deteriorado a lo largo de los siglos XVII y XVIII por aceptar el liberalismo económico como principio en las relaciones comerciales y financieras. El rechazo al sistema mercantilista, por proteccionista e intervencionista, había llevado al poder a los liberales fisiócratas. Éstos últimos, si bien daban importancia, que la tiene, a los recursos naturales y a la actividad agraria, como la única capaz de dar excedente en la economía, habían desarrollado una teoría de liberalismo económico que garantizaba la propiedad privada latifundista e pocas manos, el rechazo frontal al intervencionismo de la Corona en la economía, y por tanto partidarios de la iniciativa y competencia privada en lugar de la pública estatal representada por la monarquía francesa.

En el antiguo reino de Francia de la época de Luís XVI de Bourbon, todavía había regiones enteras donde sus habitantes legislaban y se autogobernaban, sobretodo en las zonas del ducado de Bretaña, en Borgoña y en el país del Languedoc, la antigua ocitania. Así la Francia monárquica era federalista, porque la Corona de Francia vertebraba al reino de forma federal, bajo un abigarrado y complejo mapa de condados, ducados y principados, cuyo representante máximo era la institución de la Corona. En aquella época todos los franceses tenían por Rey a Louis XVI pero no todos hablaban francés, debido a ese federalismo historico que representaba aquella monarquía.

Durante los siglos XVI, XVII y XVIII la monarquía francesa se había apoyado en el sector agropecuario, y por ello destacaba la agricultura, frente al comercio y las finanzas que querían potenciar los liberales. Con los recursos de la agricultura el Reino de Francia fue capaz de crear un excedente suficiente para ponerlo al servicio de la monarquía subyugando al poder creciente de la plutocracia. La idea principal era impedir lo que había ocurrido en Inglaterra, es decir, impedir que la plutocracia burguesa capitalista asaltara la institución de la Corona para imponer el liberalismo económico, el sistema capitalista, la libre competencia, el dinamismo económico, la inestabilidad financiera, la especulación comercial, la eliminación de trabas, controles y reducciones al comercio y las finanzas, y sobretodo impedir que los tratantes de usura con Nicolas Fouquet a la cabeza intentaran prestar dinero a las arcas públicas por encima del 5% de interés, porque dejar a la plutocracia burguesa gobernar, significaria dejar gobernar a los tratantes de usura, y ello equivalía al establecimiento de un Banco Nacional, al reconocimiento de la Deuda Pública o Soberana, y por tanto equivalía a hipotecar los ingresos futuros del Estado Monárquico, que en lugar de satisfacer las distintas partidas presupuestarias irían a pagar unos crecientes intereses generados por la Deuda Nacional.

Por mucho que la derecha burguesa quiera negarlo, al hacer hincapié en la racionalización sobre que no se debe gastar más de lo que se tiene, y por tanto que los ingresos públicos deben ser siempre iguales o superiores a los gastos públicos del Estado, lo cierto es que no se lo creen ni ellos, porque el sistema capitalista existe precisamente por los adelantos monetarios liquidos que la plutocracia capitalista ofrece a los gobernantes para afrontar los gastos en un momento determinado, pero a cambio, esa misma plutocracia chantagea al Estado, obligando a este a hipotecar los ingresos futuros para destinarlos al pago de la Deuda pública o soberana.

La Corona de Francia se había propuesto ser el ariete de la plutocracia burguesa, mientras que la Corona de Inglaterra, una vez destronados los Esturado del trono, se convirtió en una institución al servicio de la casta capitalista, y nunca más al servicio del pueblo de Inglaterra, y si al servicio de la burguesía liberal que impondría el capitalismo en todo el mundo bajo la supremacía del Banco de Inglaterra y la City de Londres.

Con estos antecedentes es fácil comprender lo que fue la revolución francesa, una revolución burguesa que dio finalmente el poder a la plutocracia capitalista de la misma forma que había ocurrido en 1688 en Gran Bretaña. Dejando a parte que ciertas demandas igualitarias y de derechos para los campesinos eran realmente legítimas porque responden al lema de la tierra para quien la trabaja, los derechos del hombre y del ciudadano iban a imponer cosas como la disolución de la sociedad y vida comunitaria, la institucionalización del capitalismo, la propiedad privada, así como unos pretendidos derechos individuales, abrigados por una supuesta libertad de pensamiento y la libertad de comercio. Esto se extendería por toda Europa y el mundo entero, con las revoluciones de las guerras de independencia de los países hispanoaméricanos, y ya hemos visto todos, a quien dio el poder político y económico, sino a la plutocracia burguesa y capitalista. Esto es señores el liberalismo, que tanto se admira y hacen gala en el Partido Popular heredero de ese mismo liberalismo del que hacía gala Antonio Canóvas del Castillo, un liberal conservador del siglo XIX que simpatizó con la revolución gloriosa de 1868, última revolución burguesa, por la cual la historiografía progresista considerará a la burguesía como una clase progresista porque se enfrentaba a las instituciones del antiguo régimen en las Españas.

La ignorancia de todos aquellos que se ponen al lado de la revolución burguesa, sea Inglesa, Francesa, Española o Americana, deberían saber, que aquellas revoluciones dieron el poder a la plutocracia capitalista, es decir, a todos aquellos que aniquilaron el antiguo régimen, y con todo ello aniquilaron derechos y garantías sociales consuetudinarias, para imponer el liberalismo, el capitalismo y la privatización.

Las medidas actuales de la subida del IVA en España por parte de los liberales conservadores (Partido Popular) nos recuerdan a los impuestos de "los consumos" que grababan la demanda de bienes y alimentos necesarios para vivir, castigando con ello a las clases más humildes. ¡Hay que recuerdos nos produce la historia! ¡Se vuelve a repetir la inclemencia conservadora!. Ni más ni menos que producirá como decían los progresistas de la época, el hundimiento de la Demanda Agregada, y es que ya se sabe que los liberales pasan de leer a Keynes, porque sólo saben hablar de recortes sociales, salariales y de subidas de impuestos, que afectan sobretodo a los ciudadanos que tenemos menos rentas, a los parados a los que dicen que quieren ayudar, ¡jajajaja!. Y es que sin darnos cuenta hemos vuelto al siglo XIX en España.

La revolución francesa llevó a la desaparición de la monarquía en Francia porque esta institución finalmente no le plantó cara a la plutocracia burguesa y capitalista, ya que esta clase capitalista con sus medidas de política económica defendía provocaría el descontento e inestabilidad popular con el incremento del precio del trigo. Eso es lo que tiene la liberalización, que te habla primero de una competecia teórica para en la realidad encontrarte con la subida del precio de los alimentos. Eso el o que tiene el liberalismo económico, que te habla que todos tenemos los mismos derechos, pero que en realidad sólo unos pocos, los que tienen dinero pueden campar a sus anchas comprando las tierras comunales de los municipios desamortizadas o privatizadas, bienes y propiedades públicas vendidas al mejor postor. ¡Esto es lo que fue la revolución burguesa!

Los monárquicos legitimistas se dieron cuenta de estos desafueros que provocaba la revolución burguesa y por eso la combatieron también. Es cierto que combatían por la vuelta del orden antiguo, sin embargo hoy estamos muy lejos de aquel antiguo orden, y que es importante tratar de entender cuales son los propblemas de hoy, compararlos con los del ayer, y darle solución inspirándonos en la tradición que combatía la revolución burguesa. Y en esto irremediablemente nos damos la mano con la izquierda. A pesar de su pretedido anticlericalismo y antimonarquismo, es comprensible que la izquierda haya mamado este pensamiento laicista y republicano, para combatir a una religión y una iglesia que está con el poder capitalista y no está con Dios, y para combatir una monarquía burguesa y capitalista que está con los opresores y no dando cobertura y protección a los oprimidos. Por eso surgió el Carlismo, como paraguas protector a los "pequeños de España" frente a los "grandes de España".

La lucha no es Cristianismo si o cristianismo no; monarquismo si o monarquismo no. No es la república frente a la monarquía para que la institución republicana sea igual de servidora a la plutocracia capitalista, como lo es la república alemana, griega, italiana o estadounidense por poner ejemplos. Tampoco es señalar a los Católicos como si fuesemos culpables, cuando sabemos que unos pocos utilizan la religión para enriquecerse, y otros la utilizan para combatirnos a los Cristianos, tal y como hacen los laicistas.

Son precisamente los laicistas y los "valores" laicistas los que surgieron tras la revolución francesa, porque la religión hipnotiza y mantiene a la plebe en la ignorancia, pero esto la izquierda laicista no se lo puede reprochar hoy a la religión, sino al propio sistema capitalista y a todo el ocio generado por la sociedad de consumo, que si bien parece ser moderna, abierta y progresista, es en realidad cerrada, egoísta, materialista y superficial, más fascista que a quienes nos acusan como tal.

 

La caída del muro de Berlín en 1989 significó el triunfo aplastante del pensamiento económico del sistema neoliberal capitalista, y con ello daría comienzo un proceso de desarticulación y desmantelamiento del Estado de Bienestar, eliminendo las coberturas y garantías sociales, primando la competencia, la iniciativa privada, la flexibilización laboral y salarial, los recortes sociales, la lucha contra la inflación, la liberalización, las nuevas desamortizaciones o privatizaciones. La escuela de Chicago con Friedman, los gobernantes Margaret Thacher y Reagan junto a S.S. Papa Juan Pablo II serían los dirigentes y responsables de la triple alianza, que se vinculaban contra el enemigo común comunista enarbolando los derechos individuales y la propiedad privada capitalista. Estos supuestos "derechos capitalistas" ya hemos visto todos en qué lugar han dejado a la religión católica, y a los trabajadores de todo el mundo, pues sólo han contribuído a la mercantilización de la vida, a la disolución de los valores que tanto dicen defender la Iglesia Católica y la derecha política y todo ello en beneficio del sistema económico capitalista y la plutocracia burguesa.

La revolución francesa trajo los conceptos de izquierda y derecha. Jacobinos, Girondinos y Fuldenses,  los primeros republicanos, los segundos monárquicos, pero todos ellos partidarios al fin de un sistema económico capitalista. Ese pareció fue aquello de señalar el principio y el comienzo del fin de la historia, cuando la caída del Muro de Berlín en 1989. El supuesto fin de la historia es que la izquierda y la derecha aunque distintas habían pactado aceptando el arbitraje del sistema capitalista. Y este sistema los enguyó a ambos, haciendo sucumbir a la socialdemocracia y a los cristianodemócratas, y ¿por qué? pues por liberales y capitalistas, por hablarnos de una falsa democracia, en la cual quien tiene dinero es quien hace las reglas, la cual ha mantenido durante años en la más absoluta ignorancia a todos los ciudadanos de nuestro país porque los ha mantenido inmersos en la sociedad de ocio y consumo, con un brindis de despotismo ilustrado del "todo para el pueblo pero sin el pueblo".

Los opositores a la revolución burguesa y capitalista han sido los llamados por la historiografía oficial como "los contrarrevolucionarios". Nada que ver con "la contra neocon" partidaria del sistema capitalista, todo lo contrario. Los movimientos contrarrevolucionarios del siglo XVIII y XIX, aunque denominados por algunos como "ultras" y "reaccionarios" en realidad tenían mucho de antiburgués y anticapitalista, no sólo porque pudieran estar dirigidos por algunos curas y nobles venidos a menos, sino porque eran enemigos de la instauración de un banco central, negaban el reconocimiento de la deuda pública, estaban en contra de los impuestos y querían grabar a los ricos, es decir a los liberales, a la plutocracia capitalista. Los "contrarrevolucionarios" eran el pueblo mismo, campesinos, artesanos, jornaleros, gentes empobrecidas con la instauración del capitalismo, el liberalismo y la propiedad privada. Los "contrarrevolucionarios" de los siglos XVIII y XIX ya fueran jacobitas, realistas, miguelistas o carlistas tenían muy claro que el enemigo a abatir era el liberalismo económico que había sido engendrado por el sistema capitalista, engendrado a su vez por la religión y revolución protestante de los siglos XVI y XVII, y esto ha significado el triunfo de las revoluciones liberales burguesas que han dado el gobierno bajo golpes de estado, a la plutocracia burguesa capitalista.

El fin de la historia para los capitalistas es el inicio y el nuevo comienzo y resurgir de la nuestra. Pues inspirados por la justicia legitimista de aquellos movimientos "contrarrevolucionarios" trataremos de dar la batalla y luchar contra las injusticias que han provocado los liberales con su revolución capitalista. Devolver al campo de la política el dominio sobre la economía, y no al revés, hacer que la economía esté bajo las decisiones públicas, y que la intervención estatal sobre la economía sea un hecho. Hacer que la Corona ponga freno a los capitalistas y los reduzca a lo que tienen que ser, y no a lo que son hoy, un monstruo de siete cabezas engendrado por la revolución con tanto poder, que hoy ya no sabemos como enfrentarnos a ella.

 Respecto a los partidarios del sistema capitalista hoy estan encuadrados en la derecha y la extrema derecha, y lo encontramos en el movimiento neocon, el tea party, y los grupos mediáticos, influidos por el capitalismo y una religiosidad al estilo Opus Dei, Legionarios de Cristo, los Kikos, en fin toda una parnafernalia que pretende legitimar el sistema capitalista, el liberalismo y la propiedad privada. Representa lo que para este blog simbolizan los denominados: conservadores, ya que conservan aquello que sus antepasados ideológicos robaron durante los años y siglos de revolución capitalista. A esto último se opone el carlismo, como a los recortes sociales y al sistema capitalista surgido de las revoluciones Inglesa de 1688 y Francesa de 1789, y a la globalización neoliberal derivada de aquellas.

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