martes, 6 de marzo de 2012

DON QUIJOTE DE LA MANCHA Y LOS MERCADERES


En algunas aventuras del caballero Don Quijote, del celebre autor Miguel de Cervantes Saavedra, nos aparece nuestro caballero Don Quijote como emblema y símbolo del mundo antiguo e icono de los valores, virtudes y símolos de la caballería. Don Quijote encarna ese código de caballería o al menos intenta aplicar todo lo bueno que existe en él al mundo real. Sancho Panza, su escudero, de alguna manera le vienen a recordar constantemente la realidad de este mundo. Sin embargo Don Quijote es un romantico, y un idealista, pues su intención es plasmar para el mundo real el código de la caballería y por tanto las tradiciones del mundo medieval, aunque para él fuera un mundo en parte imaginario, ya que los libros que había leído de caballerías estaban plagados, según Cervantes de encantamientos, pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles, porque había dragones, grifos, y gigantes, en definitiva un mundo de fantasía y encantamiento que para Don Quijote era una realidad. Pero de todo aquello, para Don Quijote, significaba la aplicación del Codigo de la Caballería: Honor, Verdad, Justicia, Virtud, todo ello al servicio de los desvalidos, los menesterosos y los oprimidos, y todo ello realizado en nombre de Dios y del Rey, y en el recuerdo permanente y sincero por el amor que profesa a su dama Dulcinea del Toboso, ya que todos los caballeros tenían una dama a quien servían. Esta es una de las interpretaciones de este fantástico personaje, que procede en realidad del romanticismo medieval originado en la Corte del Rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda, corte, que por cierto trataron de imitar los reyes de Francia, Inglaterra y los Emperadores Germánicos, y sobretodo la Corte de Felipe el Bueno, Duque de Borgoña estaba entusiasmada por poder plasmar el código caballeresco con la Orden Ducal del Toison de Oro, así mismo, por ejemplo S.M.C. Don Carlos Javier de Borbón, Rey de las Españas mantiene la Orden de la Legitimidad Proscripta, una orden que integra a Damas y Caballeros Carlistas, y destaca el servicio que los mismos han representado y representan para nuestra sociedad, para las Españas y para el Carlismo.
Siguiendo con el enfrentamiento entre Don Quijote y los mercaderes toledanos podemos encontrar numerosas interpretaciones, así el enfrentamiento de nuevo entre la aristocracia hidalga de la caballería andante que representa Don Quijote, cual corte "carlista" trashumante frente a la burguesía pragmática capitalista representada por los mercaderes toledanos, más preocupados por sus dineros y negocios, que por los ideales, o por las juras de los códigos caballerescos. Don Quijote los hace parar: "Todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella más hermosa que la Emperatriz de la Mancha, la sin par dulcinea del Toboso".
A los mercaderes esto les de absolutamente lo mismo, incluso estan dispuestos a jurar lo que sea cualquier cosa, con tal de poder proseguir su camino y realizar sus negocios, por ello les estorba en el camino el caballero Don Quijote, que es para ellos la traba feudal a convencer o abatir. No sería la primera vez en la historia, y en la historia de la literatura que la arsitocracia caballeresca le pida a la burguesía capitalista que se detenga, aunque a todos los efectos prácticos significara el hundimiento real del mundo de la caballería, ya que la burguesía capitalista jamás se detendría, y escupiría sobre el código del honor y los ideales caballerescos. Esto tiene que quedar claro si queremos entender lo que pretendo afirmar aquí.
El idealismo de Don Quijote y su código caballeresco, representante del mundo tradicionalista y antiguo, es para la burguesía capitalista representada en los mercaderes como la locura y sinrazón más absoluta. Los mercaderes no tienen problema alguno en afirmar y rubricar lo que quiere Don Quijote, sin embargo, no sólo intentan hacerse pasar por príncipes: "Señor caballero, replico el mercader, suplico a vuestra merced en nombre de todos estos príncipes que aquí estamos, que, porque no encarguemos nuestras conciencias confesando una cosa por nosotros jamás vista ni oída, y más siendo tan en perjuicio de las emperatrices y reinas de la Alcarria y Extremadura, que vuestra merced sea servido de mostrarnos algún retrato de esa señora, auque sea tamaño como un grano de trigo; que por el hilo se sacará el ovillo, y quedaremos con esto satisfechos y seguros, y vuestra merced quedará contento y pagado; y aun creo que estamos ya tan de su parte, que, auque su retrato nos muestre que es tuerta de un ojo y que del otro le mana bermellón y piedra azufre, con todo eso, por complacer a vuestra merced, diremos en su favor todo lo que quisiere."

Desde luego la respuesta burguesa y burlona no tiene desperdicio, aunque trata de persuadir a nuestro caballero Don Quijote, este no se deja convencer por las palabras de los mercaderes toledanos, muy al contrario que otros caballeros en la historia, que se dejaron persuadir por la burguesía capitalista y la aceptaron, accediendo a ser cómplices de la situación de nobleza aburguesada y dedicada a los negocios lucrativos (ejemplo Iñaki Urdangarin o Juan Carlos Rey de los empresarios y el capitalismo en España) y de burguesía ennoblecida, pues cuantos casos hay de aquellos que son nobles porque compraron el título o porque se hicieron dueños de las tierras comunales de los municipios, traicionando el espíritu de Don Quijote de la Mancha y por tanto en cierta manera también el espíritu del carlismo, pues Don Quijote responde:

"¡No le mana, canalla infame, encendido de cólera, no le mana, eso que decís, sino ámbar y algalia entre algodones; y no es tuerta ni corcovada, sino más derecha que un huso de Guadarrama! Pero ¡vosotros pagaréis la grande blasfemia que habéis dicho contra tamaña beldad como es la de mi señora! Y diciendo esto, arremetió con la lanza baja contra el que lo había dicho.

Nuestro caballero Don Quijote, símbolo de la caballería y de la justicia cargaría con denuedo contra la burguesía capitalista representada por los mercaderes toledanos en la defensa de su Señora Dulcinea, ya que en ella se esconde la defensa de las Españas, de los derechos sociales de sus ciudadanos, de los desvalidos, de los menesterorsos, de los oprimidos, de todos aquellos sobre los que escupe la vil burguesía capitalista. Por ello, ese espíritu de Don Quijote es el que de alguna manera se plasma en el carlismo y en sus monarcas proscriptos, pues con nobleza, gallardía y caballerosidad, así como con nuestros Reyes Legítimos, los carlistas podemos, al menos conservar este espíritu de Don Quijote, para decirle a la burguesía capitalista que se detenga, que ya no podrán tomarnos más el pelo, que no nos vendrán a persuadir y a manejar jamás y que ha llegado la hora de vencerles sea en el campo que sea.

Y de alguna manera el enfrentamiento de las tres guerras carlistas contra los liberales simbolizan esta lucha sin cuartel entre el idealismo romántico del mundo antiguo vinculado a la tierra y a la naturaleza y el realismo pragmático de la burguesía capitalista mercantil.

Y sigue Don Miguel de Cervantes Saavedra en el Quijote:

Y en diciendo esto, arremetió con la lanza baja contra el que lo había dicho, con tanta furia y enojo, que si la buena suerte no hiciera que en la mitad del camino tropezara y cayera Rocinante, lo pasara mal el atrevido mercader. Cayó Rocinante, y fue rodando su amo un buen trecho por el campo, y queriendose levantar, jamás pudo: tal embarazo le causaban la lanza, adarga, espuela y celada, con el peso de las antiguas armas. Y entre tanto que pugnaba por levantarse y no podía, estaba diciendo: ¡No huyais gente cobarde; gente cautiva, atended; que no por culpa mía, sino de mi caballo, estoy aquí tendido!
Un mozo de mulas de los que allí venían, que no debía de ser muy bien intencionado, oyendo decir al pobre caído tantas arrogancias, no lo pudo sufrir sin darle la respuesta en las costillas. Y llegándose a él, tomó la lanza, y, después de haberla hecho pedazos, con uno de ellos comenzó a dar a nuestro Don Quijote tantos palos, que a despecho y pesar de sus armas, le molió como cibera.

Y al final triunfaron los mercaderes liberales y su sistema económico capitalista, la paliza que recibió Don Quijote y las fuerzas monárquicas legitimistas en Europa y en España son perfectamente comparables y ello ha significado el hundimiento de la izquierda europea por haber aceptado y haberse dejado persuadir por los defensores del sistema economico capitalista, tal y como hicieron en el pasado del XIX parte de la Aristocracia y Clero, que se dejaron encandilar por los vientos de la revolución liberal burguesa, aquella que nos ha traido los palos de los recortes, la especulación, el egoísmo y la competitividad abusiva, imponiendonos una percepción del mundo despiadada y cruel muy alejada de los principios caballerescos y los valores legítimos defendidos por Don Quijote y por la monarquía socialista que defiende el carlismo.

No hay comentarios: