viernes, 9 de marzo de 2012

DON QUIJOTE DE LA MANCHA Y EL LEGITIMISMO MONÁRQUICO


"Non fuyades, cobardes y viles criaturas que un solo caballero es el que os acomete"


Don Quijote de la Mancha tenía una concepción del legitimismo monárquico y dinástico basada en la lealtad a las causas justas y a la legitimidad de origen y también de ejercicio. El hecho de ver destronada por un Gigante a la princesa Micomicona, le hace por defender la Causa Legitimista monárquica frente a la usurpación del trono del Reino Micomicón por parte del Gigante.
Veámoslo según Cervantes:

... Se trataba de un ciertos sujeto llamado Cardenio y una hermosa labradora llamada Dorotea. El barbero les contó lo que pasaba con Don Quijote, y también les refirió su plan para llevarle a su casa. Entonces Dorotea dijo que ella haría de doncella en lugar del barbero, y que lo podría hacer muy bien, porque había leído muchos libros de caballerías.
Dorotea se vistió con unas ropas vistosas y se puso un collar y otras joyas que llevaba en una cajita. En un instante se adrnó, de manera que parecía una rica y gran señora.
Llegó entonces Sancho dando voces. Le preguntaron por Don Quijote. Les dijo le había hallado flaco, amarillo y muerto de hambre. Sancho, asombrado al ver a Dorotea, preguntó al cura quién era aquella ilustre señora y qué buscaba por aquellos andurriales.
-Esta señora- respondió el cura-, Sancho hermano, es la heredera por línea recta de varón del gran reino de Micomicón. Viene en busca de vuestro amo para que le deshaga un agravio que un mal gigante le tiene hecho. Se llama la princesa Micomicona.
Sin más razones, se pusieron todos en camino, guiados por Sancho. Tres cuartos de legua habían andado cuando descubrieron a Don Quijote entre unas intrincadas peñas.
Dorotea, después que Sancho le dijo que aquél era Don Quijote, se fue a hincar de rodillas ante él y le habló de este modo:
-De aquí no me levantaré, oh, valeroso y esforzado caballero!, hasta que vuestra bondad y cortesía me otorgue un don, el cual redundará en honra de vuestra persona y en pro de la más desconsolada y agraviada doncella que el sol ha visto.
-No os responderé palabra, hermosa señora- respondió Don Quijote- , ni oiré más, hasta que os levantéis de tierra.
-No me levantaré, señor - respondió la afligida doncella-, si primero no me es otorgado el don que pido.
Y estando en esto, llegó Sancho Panza al oído de su señor y le dijo: -Bien puede vuestra merced concederle el don que pide, que no es cosa de nada: sólo es matar a un gigantazo, y ésta que lo pide es la alta princesa Micomicona, reina del gran reino de Micomicón.
Don Quijote, volviéndose a la doncella, dijo:
-Vuestra gran hermosura se levante, que yo le otorgo el bien que quisiere pedirme.
-Pues el que pido es -dijo la doncella- que vuestra magnánima persona venga en cuanto antes conmigo. Tiene que darme venganza de un traidor que, contra todo dereho divino y humano, ha usurpado mi reino. Y vuestra merced tiene que prometer que no se entretendrá en ninguna otra aventura hasta haber cumplido venganza.
-Digo que así lo otorgo - respondió Don Quijote, y pidió a Sancho que pusiese las cinchas a Rocinante y que le armase a él, añadiendo:
-Vamos de aquí, en nombre de Dios, a favorecer a esta gran señora. ......
....Antes de emprender la marcha, Don Quijote dijo a la doncella:
-Vuestra grandeza, señora mía, guíe por donde más gusto le diere. Antes que ella respndiese, dijo el licenciado:
¿Hacia qué reino quiere guiar vuestra señoría? ¿Es por ventura, hacia el de Micomicón? Que sí debe ser, o yo sé poco de reinos.
Ella, que estaba bien en todo, entendió que debía responder que sí, y dijo:
-Sí, señor, hacia ese reino es mi camino.

A continuación de todo este encuentro entre Don Quijote y la princesa Micomicona, a quien se compromete a restaurar en su legítimo trono del gran reino de Micomicón, continúa la novela de Don Miguel de Cervantes Saavedra con la batalla de los cueros de vino, que no es ni más ni menos que el encuentro bélico que tiene Don Quijote con el gigante usurpador del trono del reino de Micomicón.

"Llegaron todos al otro día a la venta. La ventera, el ventero, su hija y la criada Maritornes, que vieron venir a Don Quijote y a Sancho, les salieron a recibir con muestras de mucha alegría.
Don Quijote les dijo que le preparasen un lecho mejor que el de la vez pasada. La ventera le respondió que, como la pagase mejor que la otra vez, se lo daría de príncipes. Don Quijote dijo que sí pagaría, y así le prepararon uno razonable; y él se acostó luego, porque venía muy quebrantado y falto de sueño.
Hizo el cura que les preparasen de comer. Estaban hablando de las extrañas cosas que le habían sucedido a Don Quijote, cuando entró Sancho Panza todo alborotado, diciendo a voces:
-Acudid, señores, y socorred a mi señor, que anda envuelto en la más reñida batalla que mis ojos han visto. Ha dado tal cuchillada al gigante enemigo de la princesa Micomicona, que le ha cortado la cabeza de cuajo.
-¿Qué decis, hermano? -dijo el cura-. ¿Estáis en vos, Sancho? ¿Cómo puede ser eso que decís, estando el gigante a dos mil leguas de aquí?
En esto oyeron un gran ruido en el aposento, y que Don Quijote decía a voces:

-Tente, ladrón, malandrían, que aquí te tengo y no te ha de valer tu cimitarra!

Dejamos finalizar aquí la historia, y nos quedamos con las palabras que Don Quijote de la Mancha dirige al Gigante usurpador del trono de la princesa Micomicona, legítima reina del gran reino de Micomicón. El lector se dará cuenta, que aquí el Gigantazo usurpador del Trono es Juan Carlos y su familia de la Zarzuela, mientras que el Rey Legítimo de las Españas es S.M.C. Don Carlos Javier de Borbón. Por analogía en esta historia del carlismo, mientras que la actitud de Don Quijote es la que comparten los seguidores Carlistas, que con la misma voluntad tratamos de restaurar en el Trono de las Españas al Legítimo Rey y quitar de ahí al tirano que representa a la casta capitalista neoliberal. Si verdaderamente a todos gusta el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, deberán saber que la cuestión carlista no es baladí, porque forma parte de la idiosincrasia de la caballería: es decir, la lealtad al Rey Legítimo.