jueves, 29 de septiembre de 2011

S.M.C. DON CARLOS VII DE LAS ESPAÑAS: "SI LA NACIÓN ES POBRE, VIVAN POBREMENTE EL REY Y SUS MINISTROS"



"Hay en la actualidad, mi querido Alfonso, en nuestra España una cuestión temerosísima: la cuestión de Hacienda. Espanta considerar el déficit de la española; no bastan a cubrirlo las fuerzas productoras del país; la bancarrota es inminente… Yo no sé, hermano mío, si puede salvarse España de esa catástrofe; pero, si es posible, sólo su rey legítimo la puede salvar. Una inquebrantable voluntad obra maravillas. Si el país está pobre, vivan pobremente hasta los ministros, hasta el mismo rey, que debe acordarse de don Enrique el Doliente. Si el rey es el primero en dar el gran ejemplo, todo será llano; suprimir ministerios, y reducir provincias, y disminuir empleos, y moralizar la administración, al propio tiempo que se fomente la agricultura, proteja la industria y aliente al comercio. Salvar la Hacienda y el crédito de España es empresa titánica, a que todos deben contribuir, gobiernos y pueblos. Menester es que, mientras se hagan milagros de economía, seamos todos muy españoles, estimando en mucho las cosas del país, apeteciendo sólo las útiles del extranjero… En una nación hoy poderosísima, languideció en tiempos pasados la industria, su principal fuente de riqueza, y estaba la Hacienda mal parada y el reino pobre. Del Alcázar Real salió y derramose por los pueblos una moda: la de vestir sólo las telas del país. Con esto la industria, reanimada, dio origen dichoso a la salvación de la Hacienda y a la prosperidad del reino”.






Carlos VII. 1869, Carta manifiesto a su hermano S.A.R. Don Alfonso de Borbón y Austria-Este, que en 1931 se convirtió en Alfonso Carlos I. Primer documento con el que se presentó a los españoles.






miércoles, 28 de septiembre de 2011

EL PARTIDO POPULAR Y LA REVOLUCIÓN FRANCESA





He aquí los herederos de los revolucionarios burgueses, tanto de la revolución francesa (1789), como de la usurpación española de 1833. Pretenden hacernos creer que son víctimas de la revolución del 15M, cuando fueron beneficiados por la revolución liberal conservadora que tuvo lugar en España en 1833, con la subida al trono de la niña Isabel "II". Ellos, los burgueses, introdujeron en España el sistema económico capitalista, la centralización constitucional y la privatización de los medios de producción, dejando al pueblo sin sus tierras comunales y sin su sistema de control y fiscalización de los precios. No pueden presentarse como víctimas de la revolución. Esperanza Aguirre ¿de dónde le viene el título de marquesa?. Muchas familias burguesas se ennoblecieron comprando títulos nobiliarios a la monarquía capitalista que la plutocracia burguesa imponía en las Españas dejando al Carlismo proscrito, y al Rey Legítimo Carlos María Isidro de Borbón en el exilio. La revolución francesa fue una revolución burguesa y ellos son la prueba mismo.





El Partido Popular presenta junto a Pedro J. Ramírez, su mujer, Esperanza Aguirre, Pepe Bono (Psoista) y Mariano Rajoy, un libro sobre la Revolución Francesa con la intención de poner en evidencia el golpe de Estado que tuvo lugar durante la Revolución Francesa, por Danton, Marat y Robespierre.
El libro denuncia el golpismo revolucionario sin querer atender al hecho que significaba la propia revolución burguesa en si, porque la historia de la revolución francesa no es más que la historia de una revolución burguesa. Quienes pretenden advertirnos desde las filas del Partido Popular (Partido liberal burgués conservador heredero del golpismo y la revolución burguesa, desde 1789, 1812, y 1833) que la práctica golpista y revolucionaria, que la via de la violencia no lleva a ningún lado, amparándose en los hechos acontecidos durante la revolución francesa, presentándose y todo casi como víctimas de la misma, como si sus antepasados hubiesen sido víctimas de aquella revolución burguesa, que trascendió en las Españas, con la proclamación de la Pepa en 1812, y en la usurpación liberal burguesa conservadora de 1833, no tiene legitimidad para decirlo ni para hacerlo, porque tanto ellos, como sus antepasados son los herederos de la revolución liberal burguesa capitalista conservadora. Ellos son los herederos de los ladrones que conservan sus robos y usurpaciones al clero y al pueblo.
Recordemos que fue la burguesía, la clase que instrumentalizó al pueblo para realizar la revolución, utilizándolo como ariete contra las instituciones del Antiguo Régimen; instituciones que muchas de ellas sometían y ponían en vereda a las actividades financieras y comerciales de la burguesía capitalista. Fue la burguesía capitalista comercial quien máximo interés tenía por destruir los gremios, tasas y aranceles por considerarlas trabas feudales. Fue la burguesía financiera y capitalista, de quienes son hoy herederos los señores del Partido Popular y toda la derecha europea, quienes se empeñaron en destruir los usos y costumbres que el municipio medieval legó a la Monarquía Tradicional sobre la sólida tradición de intervención en la vida económica y social, que no permanecía indiferente ante ninguna de las actividades profesionales y comerciales de sus burgueses, fiscalizando permanentemente bajo una política de control de precios los bienes producidos en la economía, mediante la intervención de los gremios y buscando siempre el justiprecio, y la crítica feroz a la usura.
Por tanto si bien la revolución francesa ponía algunas tierras a disposición del campesinado facilitando el reparto de las mismas y creando una clase campesina vinculada a la tierra, tampoco debemos olvidar que el sistema de Antiguo Régimen tenía las tierras, el suelo y propiedades amortizadas, de manera que no se podían vender, ni ser compradas en el mercado, garantizando así a los campesinos su vivienda intergeneracional o transgeneracional. Fue la burguesía financiera y capitalista la que destruyó la amortización con la Revolución, la que introdujo el libre mercado y el capitalismo, la que prostituyó a la humanidad y a sus instituciones. Por ello no pueden venir hoy aquí estos burgueses usureros a demostrarnos que la revolución francesa no estuvo bien, y que se trató de un golpismo de Danton Marat y Robespierre como si tratasen de afirmar que los nuevos revolucionarios que tienen esas mismas características fueran hoy los movimientos de izquierdas y en concreto el movimiento del 15M.
No señora Esperanza Aguirre, no señor Rajoy y señor Pedro J. Ramiriez; aquí los únicos revolucionarios que asesinaron y robaron a su población con la revolución han sido la burguesía plutocrática europea y española, con tal de usurpar la legitimidad del Antiguo Régimen. Es el liberalismo económico y su capitalismo, del que ustedes hacen gala, el que precisamente el mundo entero se encuentre en la situación de cómo se encuentra. Son ustedes, quienes con su ideología neoliberal capitalista los que han creado estos destrozos mercantilizando la vida del ser humano hasta grados insospechados. No pueden venir ustedes hacerse pasar por las víctimas de la revolución francesa, porque ustedes no representan al pueblo campesino de la Vandee, ni a los Chouans de la Bretaña Francesa, ni representan tampoco al campesinado Carlista, ni a la Aristocracia tradicionalista, ni al Clero antiguo quienes escupían sobre el capitalismo y el individualismo burgués que ustedes representan. No pueden venir ustedes hacerse pasar como víctimas de la revolución que hicieron vuestros padres al contribuir con el hundimiento de las instituciones de Antiguo Régimen, de manera perversa y violenta, aliados con la masonería y la plutocracia nacional e internacional. No pueden ustedes venir presentando libros sobre la revolución francesa tachando de revolucionarios y golpistas a los antepasados de "los otros", como si no fueran los de ustedes, porque las instituciones liberales capitalistas que hoy ustedes representan son las que impusieron sus antepasados, sus propios padres a sangre y fuego, y ahora pretenden ustedes echarles la culpa a los colectivos vulnerables,a los deseherdados, a aquellos que se quedan sin casa y hogar y tienen que seguir pagando la hipoteca, y a todos los desahuciados, que además ustedes les reprochan el hecho de ser unos revolucionarios, como si se trataran de vuestros propios antepasados.

Pero para demostrarles que ustedes señores liberales conservadores del Partido Popular nada tienen que ver con las víctimas de la revolución francesa y española, les recordaré que fueron ustedes en España quienes privatizaron las Tierras Comunales de los Municipios, que fueron ustedes quienes privatizaron las Tierras de los Monasterios dejando a la Iglesia Católica arrodillada ante la plutocracia capitalista. Fueron ustedes los que homogenizaron las Españas bajo una sola constitución liberal cuando en el pasado habían sido los Fueros y Constituciones Consuetudinarias Tradicionales las que regían la vida política y económica de los habitantes de los Reynos Señoríos y Principados de las Españas. Fueron ustedes quienes usurparon la institución de la Corona dejando que la plutocracia capitalista gobernase a toda la Nación. Esto, pasó de ser diversos Estados a ser un único estado centralizado y homogeneo, imponiendo el castellano como Español. Impusieron el mercado y el capitalismo aniquilando con ello la tradición de la antigua monarquía hispánica y rompiendo con ello los lazos comunitarios de todos los habitantes de las Españas. En Francia significó con todo ello la caída de la monarquía tradicional y la llegada de la república burguesa y capitalista.
Fueron sus antepasados y las ideas capitalistas de sus antepasados las que privatizaron y vendieron el país a toda la plutocracia capitalista extranjera y nacional. Ustedes pues, son patriotas, los patriotas del dinero, servidores del dios capital, por ello no pueden ustedes presentarse como victimas de ninguna revolución porque ustedes son los hijos y descendientes de aquellos revolucionarios que dejaron al pueblo desnudo frente al sistema liberal capitalista que padecemos.






Los señores del Partido Popular no quieren una revolución porque no les interesa, ya que hace muchos años, sus antepasados realizaron la suya propia.

viernes, 23 de septiembre de 2011

LA REVERENCIA PERMANENTE DE LA BANCA Y NICOLÁS FOUQUET

Nicolás Fouquet, (1615-1683); Superintendente de Finanzas y Ministro de Economía de Luís XIV de Francia






Durante la regencia de la Reina de Francia Ana de Austria y el Cardenal Julio Mazarino llegó a superintendente y ministro de finanzas del Reino de Francia Nicolás Fouquet.
Cuando Luís XIV subió al trono, Fouquet era uno de los integrantes del grupo de administradores que, en privado con el joven rey, resolvían los asuntos públicos. Luís lo había heredado de Mazarino, ya que bajo el gobierno del cardenal Fouquet era quien comprobaba los ingresos y gastos del estado fracés representado por la Corona de Francia. Jean Baptista Colbert, cuyo nombre habría de quedar unido a la economía francesa, no era más que un subordinado que esperaba su oportunidad.
El cardenal Julio Mazarino nunca intentó doblegar al poder del dinero. Su error fue debido en parte a las necesidades económicas apremiantes. Además en el pasado, después del caos de la rebelión de los hugonotes -1560,1590- y el saqueo de los bienes del Estado efectuado por sus servidores encumbrados, se llegó a la estafa escandalosa de Sully el gran hugonote amigo de Enrique IV.
Posiblemente Mazarino no quisiera darse cuenta de lo mala y corrompida que era la administración de Fouquet. El cardenal miraba para otro lado con tal de que su ministerio se viera provisto de algunos fondos.
Los efectos inflacionarios que tuvo la llegada de oro y plata americana se traducía en una depreciación real de las rentas obtenidas en los territorios de la Corona. El valor nominal cobrado seguía siendo el mismo, mientras que el valor real por la inflación significaba una creciente disminución de los ingresos reales de la Corona.
Como consecuencia de todo esto, una monarquía basada en la agricultura y no una oligarquía burguesa basada en el comercio, se endeudaba de forma creciente y debía dedicar todo su ingenio a la tarea de arbitrarse fondos. Esta situación era perfecta para los traficantes de créditos que eran los prestamistas, los usureros, los banqueros.
La Corona para saldar sus gastos solicitaba pequeños préstamos que tenían que devolver con intereses elevados, viéndose la monarquía obligada a renovar los préstamos perpetuamente. Jamás pagaban intereses menores del ocho por ciento y frecuentemente tenían que pagar el doce. Así, los futuros ingresos de la monarquía quedaban hipotecados y los funcionarios de la administración real se veían precisados a componérselas para obtener el dinero imprescindible para las necesidades inmediatas. Esta situación terminó por arruinar a la monarquía inglesa.
Fouquet, al administrar las finanzas del Estado independientemente de toda fiscalización real, no sólo amasaba una fortuna enorme para lucro propio; fortuna con la que concedía préstamos a la reina regente y al cardenal Mazarino, sino que actuaba de verdadero amo, sirviendo de ejemplo a la grey de traficantes de su calaña y a los prestamistas de las ciudades y aldeas a quienes tenían que recurrir humildemente las municipalidades, al igual que los contribuyentes.
Desde joven, Fouquet conocía los negocios del estado, y había participado en la dirección del Tesoro Público de la Corona. Cuando dio comienzo el reinado de Luís XIV, Fouquet era un experto financiero y amo del Estado que contribuía a la privatización del mismo, porque los ingresos futuros quedaban hipotecados para abonar los intereses de la deuda.
A la muerte de Mazarino, Fouquet era para Luís XIV, lo que para la Inglaterra actual es el subsecretario del tesoro y director del Banco de Inglaterra.
Fouquet prestaba dinero a quienes estaban identificados con el Estado, e incluso al Estado mismo. Al hacerlo, se llamaba así mismo partriota, quien servía a sus propios intereses, ya que sacaba beneficios de los contratos públicos en cuantas ocasiones se le presentaban. Uno de los métodos favoritos consistía en entregar pagarés en lugar de pagar al contado, a fin de negociar dichos documentos con un gran descuento, para luego cobrar al Tesoro todo el importe y guardarse la diferencia.
Nicolás Fouquet era sobornable y sobornaba a todo el mundo. Sobornó a Soissons, a Lionne, al limosnero de la reina, e icluso lo intentó con el confesor del rey. Creyó que el joven rey Luís XIV aceptaría cualquier rendición de cuentas que se le presentara, pues no tendría tiempo ni capacidad para descubrir la verdad a través de semejante laberinto de cifras donde aparecían los gastos y los ingresos y los adelantos. Todo ello ante la incansable, educada y permanente reverencia que Fouquet le hacía al rey Luís, mientras este examinaba las cuentas que no entendía. Era una situación cómica, típica de la villanía bancaria, pues Fouquet era la imagen y símbolo de esa oligarquía bancaria y financiera. Mientras estaba en situación permanente de reverencia ante el monarca, no lo se veía la cara, cubierta por su gran ostentosa peluca. ¿Se estaría riendo Fouquet ante el rey Luís, mientras este examinaba las cuentas que no entendía?

La reverencia educada y permanente de Fouquet ante el rey Luís de Francia, nos recuerda a la misma que hoy la Banca nos rinde a toda la sociedad, con frases como la de “queremos ser tu banco”, “tenemos las puertas abiertas” “queremos ayudarte”. Son las típicas frases y slogans de aquellos que jamás dan nada sin recibir. Es decir, la oligarquía burguesa financiera y capitalista, personificación del egoísmo.
Fouquet había contado con la condescendencia y apatía del joven e inexperto monarca, mientras se inclinaba ante Luís haciendo burla de él, tal y como hacen hoy los bancos con todos nosotros, con toda la sociedad. Esta es pues la reverencia educada y permanente de la Banca ante toda la sociedad.
Pero Colbert ayudaba a Luís XIV a examinar las cuentas que Fouquet le presentaba, y así llegaron a darse cuenta del gran timo que representaba él y toda la oligarquía burguesa financiera y capitalista, en cuanto al cáncer que significaba el hecho de hipotecar los ingresos del Estado, para destinarlos al pago de los intereses de la deuda soberana.
Y en este sentido se explica la detención y encarcelamiento del superintendente de finanzas del Cristianisimo Reino de Francia.
La caída de Fouquet fue el ejemplo más contundente y sorprendente que se podía dar a Europa y sobretodo a la oligarquía financiera y capitalista de lo que tenía que significar la monarquía. En los comienzos mismos de su poder soberano, el más grande de los monarcas de Europa se había medido con el poder del dinero, y éste yacía ensangrentado. La monarquía popular doblegaba así, parcialmente a esa oligarquía plutocrática. Pero en la guerra entre el campo y la ciudad, el mundo rural y la oligarquía comercial, las instituciones de monarquía y banca iban a significar una lucha constante y permanente a lo largo de los siglos. Los símbolos de Esparta y Atenas, del estatismo económico y el dinamismo económico, del escolasticismo y el relativismo, del monarquismo y el republicanismo, del cristianismo y el ateismo o agnosticismo, del comunismo y el capitalismo. En ambos, religión, política y economía, se recogen en las instituciones de monarquía popular y república oligárquica comercial las inquietudes de una lucha eterna, despiadada y sin cuartel, donde al final nos hemos dado cuenta todos que frente a esa monarquía socialista o tradicionalista surgió una oligarquía capitalista y plutocrática que acabó finalmente por suplantar a la monarquía, y con ello se hundió todas las libertades y esperanzas de toda nuestra sociedad.

Luís XIV de Francia encarceló a Fouquet en la fortaleza de Pignerolo situada al otro lado de los Alpes, en el antiguo Ducado de Saboya. Allí vivió aislado durante años. Nosotros en nuestras “democracias occidentales y plurales” todavía no hemos sido capaces de encarcelar y encerrar de por vida a los banqueros y usureros que han propiciado y provocado la actual crisis económica financiera, y todavía vemos como hay algunos banqueros que pretender dar "lecciones de honradez" en algunos canales televisivos. Sobretodo porque estas democracias están condicionadas por el poder del dinero y el capitalismo que la monarquía tradicional siempre trató de combatir y aniquilar.
El poder del dinero, centralizado y respaldado por la experiencia y extendido por toda una red de intereses comunes, se constituye, en el transcurso de los años, en una temible institución que cuenta con numerosos miembros en el interior y con contactos permanentes en el extranjero, hasta el punto de que su fuerza y poder soberano es más difícil de destruir que cualquier otra persona o institución. Cuando ha llegado a arraigar en esta forma, el poder del dinero es casi invencible. La hiedra sólo puede ser exterminada arrancando de cuajo sus raíces.



La acción más importante de Colbert con relación a las finanzas públicas de la Corona de Francia consistió en la drástica reducción de la usura. Sin embargo la monarquía francesa no se vio libre completamente de esta plaga, como tampoco la inglesa. Al principio los banqueros habían atrapado al Rey e Francia en sus garras, lo mismo que a su primo Carlos II de Inglaterra, pero Francia era cada vez más monárquica y en Inglaterra sucedía lo contrario; pese a tener monarquía la oligarquía burguesa y financiera con los prestamos carcomía los ingresos del reino, de modo que la oligarquía comercial usurpó el lugar de la Corona, cayendo la monarquía inglesa a merced de los intereses de la plutocracia capitalista y no del pueblo, los grupos vulnerables de campesinos y jornaleros.
El esfuerzo financiero de Colbert pudo impedir que Francia se derrumbara ante la oligarquía plutocrática burguesa. Nadie hubiera podido decir que la Corona de Francia estaba insegura, como lo estaba la inglesa, donde el poder del dinero en aquellos años de 1660 a 1690 estaba aniquilando por completo a la monarquía, sometiéndola a los intereses de la plutocracia burguesa y capitalista.
La lucha que emprendió Colbert contra la usura sería la siguiente:
Las obligaciones llamadas rentas, que más tarde en Inglaterra se llamaron deuda nacional y hoy llamamos deuda soberana, créditos obtenidos por el gobierno con promesa formal de pagar intereses a los deudores con el dinero de los impuestos, constituían una deuda pública que no fue abolida.




Colbert no la podía abolir, pero la limitó, metiendo en cintura a los banqueros, saldando las últimas deudas mediante una operación cubierta con las sumas adelantadas a la Corona, omitiéndose las comisiones y los intereses acumulados. Los grandes comerciantes y burgueses que habían invertido su dinero en estas “obligaciones del gobierno” protestaron vehementemente, perdiendo la batalla. En los años en que el monarca Estuardo en Inglaterra, después de su restauración, continuaba en dificultades con los prestamistas ingleses, a los que tenía que pagar sus deudas con el recargo del doce por ciento de interés, Colbert obligaba en Francia a los prestamistas a no cobrar más del cinco por ciento. En todas sus acciones el nuevo ministro de finanzas francés contó con el apoyo de ese instrumento único para dominar y someter el poder de la plutocracia burguesa y capitalista: la monarquía.

lunes, 19 de septiembre de 2011

LA MONARQUÍA TRADICIONAL Y EL SISTEMA ECONÓMICO CAPITALISTA

En el mundo medieval del Caballero y el Sacerdote surgió un tercer poder, el de las ciudades y la burguesía, el poder monetario y plutocrático, el poder capitalista al que habría de someterse el futuro. El Clero y la Nobleza durante mucho tiempo se mantivieron anticapitalistas, defendiendo el factor tierra frente al capital financiero de la burguesía. La monarquía tradicional también combatió el sistema económico capitalista que la plutocracia burguesa imponía en la economía y en la sociedad, destruyendo con ello los lazos sociales y comunitarios, imponiendo el materialismo, el consumismo y el egoísmo burgués y capitalista en la sociedad. Por ello el mundo de los sentimientos se pronuncia argumentando: ¡Muerte al Mal, muerte al Capital! en la esperanza que cambie todo.





La defensa de lo público se presupone con una República, en el sentido de defensa de la Cosa Pública mediante un presidente de la república elegido por una parte de la sociedad mediatizada por los intereses capitalistas bancarios, financieros y mercantiles. Ese presidente electo deberá el poder a una parte de la sociedad representada, y deberá rendir cuentas, no ante toda la sociedad, sino a los grupitos de presión y capitalistas que lo han colocado en la presidencia de la república, pues es precisamente esto lo que pasa con la presidencia de gobierno.
La Monarquía también puede ser capitalista, y de hecho la actual, tanto en España como en Europa representa a la oligarquía financiera y capitalista, porque se trata de una institución postrada ante el capitalismo y los intereses de la oligarquía de mercaderes que tenemos en España, Europa y el Mundo.
Hubo un tiempo en que la monarquía era tradicional, y en este sentido tenía un fuerte contenido socialista, tanto por su concepción escolástica, como por la crítica que hacía la Iglesia Católica Medieval a la Usura, y la defensa del Justiprecio para mantener la Paz Social en expresión actual reclamada por la izquierda como Justicia Social.
Y sólo puede haber justicia social si lo público, si la rex-pública está protegida y a salvo de los intereses financieros y capitalistas de la nueva aristocracia capitalista que se erige en representante de una oligarquía que aniquila los derechos públicos de todos los habitantes de los Reynos, Señoríos y Principados de las Españas, que en expresión de la izquierda y la derecha serían los derechos de todas y todos los ciudadanos.

La monarquía tradicional siempre se apoyó en el campo y sus labores agrarias, el factor tierra era el elemento económico que tanto la Iglesia, como los Caballeros y el Rey detentaban para ejemplificar y demostrar el llamado poder feudal. La aparición del artesanado y las actividades comerciales, fomentaron la aparición de la clase burguesa capitalista que acumulaba capital financiero, y con el tiempo esas acumulaciones sirvieron de garantía financiera para llevar a cabo empresas y actividades de mayor proporción mediante el fondo de salarios. Adam Smith explica el fondo de salarios, que el capitalista debe poner encima de la mesa adelantando los salarios de los trabajadores, y a consecuencia de esos adelantos salariales justifica el interés de usura que cobra el empresario capitalista a cada trabajador suyo. Carlos Marx crítica este hecho, conocido en las Españas como “las demasías”, que no era ni más ni menos que la plusvalía que el empresario robaba al trabajador. La doctrina marxista en los planteamientos económicos fundamenta criticando a Adam Smith y a los llamados liberales, que el empresario capitalista no tiene derecho alguno en cobrar las plusvalías, es decir, en cobrar intereses por adelantar el salario a sus trabajadores de la empresa capitalista.

La lucha comenzaba y quedaba representada en las instituciones, pues los banqueros y la oligarquía burguesa y mercantil azuzaron pretextos religiosos, protestantes y calvinistas para hacer la revolución económica que llevara a tolerar en la Europa cristiana tradicional, el capitalismo liberal burgués, la libre circulación mercantil y capitalista, posibilitando el descontrol financiero, facilitando la movilidad ineficiente de los recursos y factores productivos, hasta el punto de quedar absolutamente todos los estamentos e instituciones postrados ante el “poder del dinero”.

La Revolución de los Países Bajos contra la Monarquía Española, la Guerra Civil Inglesa, la Revolución Francesa, la llegada de la Pepa y el Constitucionalismo de 1812 y la revolución de 1833 que pondría en el trono a Isabel “II” de España, son ejemplos claros y graves, de cómo el capitalismo oligárquico burgués fue apoderándose de gremios, estamentos e instituciones políticas, y de cómo los factores tierra y trabajo perderían la batalla contra el factor capital de la burguesía. Porque en el mundo medieval surgió un nuevo poder, el de las ciudades y la burguesía, el de la oligarquía capitalista, que esgrimía el factor capital frente al factor tierra. Así la justicia y todos los valores que podamos imaginar quedaron al servicio de la plutocracia oligárquica burguesa.
La Monarquía Tradicional presentó lucha en el campo de batalla y peleó contra la revolución capitalista, no sólo en las Españas, sino en todo el mundo. La monarquía tradicional pasó al destierro, y sus partidarios proscritos todos: jacobitas, vandeanos, carlistas, miguelistas, brigantes. La lucha de los pueblos en Europa contra el nuevo orden oligárquico burgués comenzaba, y sigue hoy expresado en diversos movimientos y partidos políticos, porque la izquierda copio argumentos y reivindicaciones populares que ya se gritaban cuando el pueblo gritaba: ¡Viva el Rey y muera el mal gobierno! ¡Viva el Rey sin la Gabela! o ¡Viva el Rey y los Fueros!.
El pueblo, los pueblos tenían una concepción mucho más amplia, clara y social sobre la institución de la monarquía en referencia a la defensa de “lo público” frente a lo “privado” de los aristocracismos feudales y mercantiles, y que han venido significando el poder del factor capital representado por la Banca y las Multinacionales. ¿Y quien puede poner orden en todo esto? Sino una monarquía socialista indignada y comprometida que se enfrente de nuevo a sus antiguos y seculares enemigos defensores del sistema económico neoliberal capitalista y su plutocracia consumista que lo mantiene en pie?

El manifiesto de nuestro Rey Legítimo Don Carlos Javier de Borbón que lanzó el día 08/04/2011 ponía de manifiesto la crítica, la indignación y el compromiso que sigue teniendo hoy la Monarquía Carlista representada en su persona.

La institución de la monarquía al menos de forma teórica refleja ser independiente y por tanto debiera ser consecuente en la defensa de los derechos de todos, comenzando por la defensa de la Rex pública o Cosa Pública, que la oligarquía burguesa trata de aniquilar, con la defensa de la privatización de los derechos sociales. Independiente digo, porque un Rey no le debe el poder o su trono a un grupito “que lo colocó ahí”, como ocurre con los presidentes de las repúblicas en todo el mundo, mediatizadas, instrumentalizadas y dirigidas por los intereses de la Banca y las Multinacionales, y que tienen su consecuencia directa en la privatización de los derechos sociales, de las empresas públicas, de la sanidad pública, de la educación pública, hasta de la ecología y el medio ambiente. La monarquía tradicionalista que es la carlista, hace gala, y sigue manteniendo los mismos principios, las mismas reivindicaciones de siempre, pero con mayor ahínco después de ver como la izquierda oficial española y europea ha hecho tabla rasa de la defensa de “lo público” y “lo social” compinchada con el stablismen político económico neoliberal capitalista que sostiene la derecha burguesa y neoliberal neocon, y que trata de vender nuestra alma y nuestra moral al infame capitalismo burgués que siempre combatió nuestra monarquía carlista.

La monarquía tradicional combatió a la Banca al poder del dinero, y en su lucha perdió el pueblo todos sus derechos, postrado ante las fuerzas económicas de la oligarquía financiera y plutocrática burguesa. Aquellas revoluciones burguesas significaron la soberanía e independencia del poder del dinero, y la libertad quedó establecida únicamente y exclusivamente para ese poder monetario.
La monarquía tradicional trató de someter al poder del dinero, poniéndole trabas, las trabas feudales, de tasas, impuestos y territorialidad local, prohibiendo cualquier tipo de movilidad económica o social. El poder del dinero resultó escurridizo y sagaz, utilizado por burgomaestres, prestamistas y burgueses. Fue la usura la que se adueñaba del mundo privatizándolo todo en nombre del “Dios Capital”. En su lucha, la monarquía tradicional, para someter al poder del dinero, demostró que aquella fuerza económica necesitaba ser destruida si un día no nos quisiéramos ver como nos vemos hoy; esclavos del capital financiero. Fue precisamente en el mundo del antiguo régimen donde surge la burguesía capitalista, y fue la misma clase económica la que aniquiló las antiguas instituciones sociales políticas, religiosas y gremiales. El mismo intento por parte de la Iglesia y la Corona de controlar el capital y el mercado, demuestra cuan peligroso era el sistema económico que se nos vendría encima. Hoy ya lo tenemos, lo padecemos. ¡Todos estamos a merced del capital! El Carlismo y su Monarquía NO!

jueves, 15 de septiembre de 2011

RUBALCABA Y RAJOY PELEAN POR LIDERAR LOS RECORTES SOCIALES:¡¡¡FRENTE A LOS RECORTES UNIÓN SOCIAL!!!

EL PARTIDO CARLISTA EN LA FUNDACIÓN DE I.U. (1986)


Fotografía publicada en la portada del ABC el día 30 de abril de 1986 del acto de firma de constitución de IZQUIERDA UNIDA, bajo este titular: “SE UNIERON LAS FUERZAS A LA IZQUIERDA DEL PSOE”.


Los “padres fundadores” de izquierda a derecha:
Ignacio Gallego (Partido Comunista de los Pueblos de España, escisión del Partido Comunista), Juan Francisco Martín de Aguilera (entonces fuera del Partido Carlista desde su expulsión por José Mª Zavala, participó en la firma como carlista en su calidad de fundador del “Círculo Cultural Valle-Inclán”), Enrique Curiel (entonces del Partido Comunista , en la actualidad del PSOE), tras él se vislumbra a Enrique Cordero de Ciria (en aquel tiempo Secretario General del Partido Carlista), Ramón Tamames( de la fantasmal Federación Progresista , creada por él mismo cuando dejó el Partido Comunista; pretendió federarse con el Partido Carlista, pero éste le expresó su más absoluto desprecio), Alonso Puerta, con gafas claras( en aquellas fechas del, actualmente desaparecido, PASOC Partido de Acción Socialista), Gerardo Iglesias( Secretario General del Partido Comunista, fundador y Coordinador General de Izquierda Unida, posteriormente defenestrado; vive de su pensión de silicótico y sigue siendo del Partido Comunista), y Nicolás Sartorius y Álvarez de las Asturias (entonces del Partido Comunista; monárquico “juanista” del grupito de Ansón “Círculo Verde” en sus años juveniles, tras pasar unos años en el Partido Comunista lo abandonó y ahora es comentarista radiofónico en las estribaciones del PSOE).
En 1986, tras numerosas reuniones entre los dirigentes de las organizaciones políticas y sociales que habían participado en la campaña del referéndum sobre la entrada de España en la OTAN, con la denominada “Mesa por el Referéndum” y posteriormente con la “Plataforma Cívica”, nació Izquierda Unida.






El Partido Liberal Progresista o lo que viene a ser el PSOE presenta como candidato a Rubalcaba, un animal político, que ya hemos visto todos desde hace muchos años lo que da de si. Rubalcaba se presenta como si estuviera en la oposición, liderando a sus seguidores como si su partido político, el PSOE no estuviera en el gobierno. ¿A quien quiere engañar el señor Rubalcaba?.






El PSOE es un partido y sus dirigentes, que traicionaron hace mucho tiempo la palabra socialismo, donde por otro lado iban otorgando carnets de quien es y no es socialista, de acuerdo a los planteamientos de la internacional socialista o lo que hoy serían los partidos socialistas existentes en cada uno de los países de la Unión Europea. A modo de cataplasma, el jefe de los socialistas en el Parlamento Europeo ha criticado los cambios y reformas que PP y PSOE estan llevando a cabo para transformar la Constituión de 1978 en una constitución mucho más neoliberal y derechista, con el objetivo de recortar los gastos sociales, privatizar los beneficios y socializar las pérdidas, eso si, sin devaluar la moneda, y admitiendo la libre circulación de capitales financieros.






Sin posibilidad de llamar a referendum, y en cualquier caso sería consultivo, nuestra "democracia" se presenta como modelo a seguir, ya que las decisiones la toma la mayoría parlamentaria, y no el pueblo a través de referendum.






Por otro lado tenemos al señor Rajoy lider del Partido Liberal Conservador, es decir del Partido Popular (PP), el partido de los defensores del libre mercado y la privatización, de lo que queda por privatizar, porque así es como solucionan ellos los problemas de la Hacienda Pública, obteniendo dinero para hoy y hambre para mañana. Su argumento es tan enfermizo que resulta contagioso, ya que el propio Esteban Gonzalez Pons aseguraba que el dinero "tiene que estar en manos de las familias y la pequeña empresa y no en manos del Estado y su burocracia", por eso afirma Esteban de la necesidad de no subir los impuestos, para que además no salga el capital del país. Pero Pons ignora que si no hay subida de impuestos, no es posible mantener las coberturas públicas y sociales.








Afirman alegremente que las políticas socialistas han fracasado. ¡Oiga usted señor Pons! Nunca hubo política socialista en el remedo del PSOE, porque es imposible llevarla a cabo en un contexto donde el libre mercado y el capitalismo campea por doquier. Es como si quisiéramos aplicar un remedio para una enfermedad incurable. Esa enfermedad hay que arrancarla de raiz, y el PSOE solo ha jugado a la socialdemocracia sin poner en dudas el funcionamiento del sistema capitalista.




La farsa entre Alfredo Perez Rubalcaba y José Luís Rodriguez Zapatero es aparecer como si ambos fuesen de distintos partidos, según Rubalcaba: "José Luís, yo no lo habría hecho así", cuando ambos en realidad son del partido en el gobierno. Como decía Javier Arenas: ¿Por qué no lo habéis hecho Alfredo?.




Mientras ocurre todo esto, la sociedad española se postra todavía más a los criterios "democráticos" y designios del capitalismo mercantil y financiero. Pues la Burguesía y Oligarquía Capitalista ha logrado convertir lo que había sido desde el principio una crisis del sistema capitalista, una crisis del sector privado financiero, en una crisis del sector público, porque si ustedes mal no recuerdan, fueron las grandes empresas privadas y el sector de la banca privada quienes pidieron ayuda al Estado, a los gobiernos para que pudiese sobrevivir el sector privado. La carambola de todo esto, es que la "sagacidad" y desvergüenza del sector privado ha señalado a todo lo público como una auténtica carga del Estado, poniendo en duda y en serio peligro los avances de las coberturas sociales y públicas del llamado Estado del Bienestar.




El panorama electoral se presenta bien dificil y complicado para los defensores de lo público. Las izquierdas se presentan tan divididas como siempre, y si han activado su discurso ha sido gracias al movimiento 15-M. El viejo Partido Carlista tenía en su haber historicamente la defensa de la institución de la Corona Legitimista en la persona del Rey Legítimo, encarnación de la institución de la Monarquía Histórica Española, una institución reresentante del pacto entre los distintos pueblos de las Españas y los distintos Estados que la componían; una institución que representaba la defensa de "lo público", del "Bien Público". La historia de la monarquía española en referencia a su pasado federalista y socialista está plagados de enfrentamientos entre la oligarquía aristocrática por un lado que trataba de afincarse y adueñarse de lo público mediante la violación de los derechos de las aldeas, adueñándose de las tierras comunales de los municipios, reforzando su control sobre el gobierno municipal atendiendo a la privatización. Así pues, la historia de la institución monárquica, aun antes que la oligarquía financiera la usurpara y la comprara, era una institución que a su manera había demostrado ser el reflejo y perfil de ese gran ente público a que está predestinada. La monarquía carlista es la heredera de aquella, y expresa el tradicionalismo de la misma mediante la defensa de "lo público" frente a "lo privado". Hoy el PSOE y el PP significan la defensa de los recortes y las privatizaciones, son la ayuda y el amparo de la oligarquía y la burguesía capitalista, son el soporte de la globalización neoliberal capitalista, porque en lugar de controlar los mercados, fiscalizar las grandes fortunas, "sujetar a los ricos en interés de todos", por cierto gran misión histórica de la monarquía; se han convertido con la connivencia de la actual monarquía, la de Juan Carlos en todo lo contrario. Porque la actual monarquía es el símbolo del poder burgués capitalista, es la cabeza visible de los "amigos del mercado y la globalización", representantes de una sociedad "dinámica y competitiva" que oprime a la masa social y promueve la privatización de lo que queda de "lo público": sanidad, educación...




La monarquía carlista puede ser una institución que encabece el descontento popular de la indignación y el compromiso por lo que está ocurriendo. Como antaño, tanto en el siglo XIX, como anteriormente.




El auténtico compromiso de la izquierda para estas elecciones debía ser la defensa de "lo público" frente a la creciente privatización que representan los dos grandes partidos PP-PSOE. Como ejemplo de lo que debería ser una gran alianza de las fuerzas políticas defensoras de "lo público", en su día se dio mediante la formación de Izquierda Unida:








Izquierda Unida (IU) fue fundada al calor de las movilizaciones para exigir la salida de España de la OTAN en 1986, cuando la Plataforma Cívica por la salida de España de la OTAN, presidida por el escritor Antonio Gala, consiguió aglutinar a casi todas las organizaciones de izquierdas del estado excepto el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Muchas de esas organizaciones se integraron después en la llamada coalición Plataforma de la Izquierda Unida. Se celebró un referéndum el 12 de marzo de 1986, cuyo resultado fue a favor de la permanencia en la OTAN, pero hubo casi siete millones de votos en contra.
La primera reunión (en el despacho de la abogada Cristina Almeida) tuvo lugar el 27 de abril de 1986 y contó con la participación del Partido Comunista de España (PCE), el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), el Partido de Acción Socialista (PASOC), Izquierda Republicana (IR), Federación Progresista (FP), el Partido Humanista y el Partido Carlista. A estos partidos se les unirían, para fundar Izquierda Unida, el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) y el Colectivo de Unidad de los Trabajadores - Bloque Andaluz de Izquierdas (CUT-BAI), así como independientes. Se constituyó una Comisión Política para regirla presidida por Gerardo Iglesias, secretario general del PCE (partido que constituía el 80% de la coalición).
En junio de 1986, IU participó por primera vez en unas elecciones generales obteniendo 7 escaños (3 más que el PCE en las anteriores generales) con un 4,6% de los votos. En las municipales de 1987 sus resultados mejoraron, obteniendo el 7,18% de los votos. Ese mismo año, el Partido Humanista era expulsado de IU, entre otras razones, por sus conexiones con la secta argentina llamada La Comunidad.[3] También abandonan la coalición la Federación Progresista, que se disolvió un año después en 1988, y el Partido Carlista, por decisión de su recién elegido Secretario General Federal, Juan Francisco Martín de Aguilera.








La idea básica de todo esto no es ni más ni menos que la defensa de aquello que todas las demás fuerzas políticas han renunciado a defender, o bien por los designios del mercado neoliberal capitalista o bien por mandato imperativo de una Unión Europea que a estas alturas muchos críticos ponen ya en duda.




La izquierda como la derecha han jugado a enfrentar a la gente, a la sociedad, mientras tanto, la burguesía financiera y capitalista lo privatizaba todo, dejando libre albedrío al capital financiero. Especialmente es muy significativa la manía persecutoría que tiene prácticamente toda la izquierda progresista por los sentimientos y valores cristianos de la sociedad española representada por la Iglesia Católica, ya que en lugar de enjuiciar y señalar como mal, como opio del pueblo el capital; en lugar de pregonar muerte al mal, muerte al capital, siguen teniendo grandes y fuertes prejuicios contra nosotros los Cristianos, y esto es algo que debían superar ya a estas alturas y demostrar realmente que son tan plurales como dicen.


Por ello la izquierda debía aparecer estrictamente como defensora de "lo público" frente a la privatización, dejando al margen que las personas puedan ser cristianas o no, puedan ser monárquicas o no, puedan ser lo que quieran ser.., es la defensa de "lo público" lo que está en juego y quienes nos lo estan poniendo dificil son las grandes fortunas capitalistas, y el sistema que ellos quieren que sigamos soportando. Esta es la realidad. Izquierda Unida debía reflexionar no como partido político sino como confederación de partidos políticos que se unen para la defensa de "lo público".