jueves, 1 de diciembre de 2011

TEMPLARIOS Y JESUITAS, VÍCTIMAS DE PERSECUCIÓN


El Baucan templario, estandarte de los caballeros templarios, para algunos ha significado la dualidad del mundo terrenal y el celestial. La dualidad de la que hablaban los Cristianos dualistas y el mismo Platón, y eso es lo que los relacionaba a los Cátaros, ¿quizá por eso también los quemaron en la hoguera?.




Tanto la Orden de los Templarios como la de los Jesuitas fueron perseguidas por una política llevada a cabo por gabinetes de gobiernos anticlericales que tenían por objetivo alcanzar el poder absoluto. En el caso de los Templarios, el rey francés Felipe IV el Hermoso, se aprovechó del descredito del ideal de cruzada que se había fraguado en Europa unos siglos antes para imputarles a los Templarios de incompetencia, de que ya no servían para lo que habían sido creados. Y en el afán de aquel monarca autoritario constaba pretender ser Gran maestre de una orden inventada y creada por él mismo, formada por Templarios y Hospitalarios, adueñarse de sus recursos y alcanzar con estos el poder absoluto. Así forzó al Papa Clemente V a que les condenara, cosa que finalmente se ha visto erronea y falsa, porque dicho Papa mando la absolución a dichos Frailes y Caballeros al considerarlos inocentes en una carta que fue enviada al Castillo de Chinon, para que la considerara el rey francés, y así dejara de perseguir a dicha Orden. El rey francés pretendió un poder absoluto basado en su anticlericalismo, en su dominio y control de la Iglesia, que estuviera por debajo de él, al servicio de su libre alberdrio. Por ello aprovechó la crisis del año 1314, el descontento popular, el descredito de la función de los Templarios ante el ideal de la recuperación de los Santos Lugares para la Cristiandad, imputandoles falsos testimonios formando un gabinete legalista en el cual sobresalió Guillermo de Nogaret y algún que otro miembro de la jerarquía católica al servicio del rey de Francia. El mayor simbolo representativo de esta persecución fue la condena en la hoguera de Jacques de Molay, último Gran Maestre oficial del Temple. El comportamiento de ese rey para con los Templarios fue el hecho de arrebatarles su patrimonio económico, histórico y cultural para ponerlo en exclusiva a su servicio, valiéndose del sentimiento anticlerical, debido a la crisis económica de principios del siglo XIV.

La masonería especulativa fue una mutación de la operativa basada en la estructura gremial de la construcción; el Gran Maestre de la Construcción era quien tenía y poseía los conocimientos para la construcción transmitidos de padres a hijos de generación en generación, o transmitidos a los diversos miembros del gremio según su grado de aprendizaje e implicación dentro del grupo. Esta estructura interna gremial fue aprovechada por personajes ajenos a la construcción, poseedores de gran poder económico, quienes de alguna manera compraban su puesto de gran maestre en dicho gremio, a cambio de financiar, e incluir nuevas herramientas, comenzando un proceso de influencia dentro del Gremio de la Construcción que le llevaría a convertirse a dicho personaje en Gran Maestre de la Logia Masonica. Dicho maestre será un burgués adinerado, con ansias de poder y avaricia, bien posicionado socialmente, muy querido en su gremio, convertido ahora en logia masónica, y donde se proyecta un nuevo funcionamiento de dicha estructura, no al servicio de la comunidad y del gremio en particular, sino que todos sus miembros bajo su falso lema fraternal, se ponen al servicio de ese gran maestre, así es como nace la masonería especulativa.

Es en Escocia donde nació la masonería especulativa, sobre todo porque sus influencias tienen una base precristiana asociada a los ritos célticos de las Tierras Altas, gentes que continuaban con aquellos ritos y que siempre apoyaron la causa legitimista de los Estuardos. Por ello muchos Jacobitas partidarios de los Estuardos, que se habían exiliado en Francia, portaban ideas masónicas asociadas a los ritos célticos; se trataba sobre todo de nobles de la alta aristocracia como el alquimista Conde de Saint-Germain, y otros tantos otros nobles Jacobitas que se ganaron la vida en la Corte Francesa del XVIII, como parlanchines, que influenciaron posteriormente en algunas de las ideas de la revolución Francesa, que sirvió de preludio de una nueva persecución religiosa muy anticlerical. De manera que se le acusaría a la masonería especulativa de estar en contra del Cristianismo Católico, por fomentar el anticlericalismo de tipo revolucionario-burgués. Nobles como Felipe de Orleans, primo de Luís XVI de Francia, fue uno de los máximos responsables de la agitación prerrevolucionaria y revolucionaria contra su primo Luís XVI, y contra el Clero. Si por un lado la masonería asociada a los ritos célticos existente en Escocia, era una masonería inofensiva al estar asociada a la Causa Jacobita, cuando pasó al continente tuvo nuevas interpretaciones, desprendiendose de su caracter religioso-místico, asumiendo un papel revolucionario liberal burgués, que posteriormente sirvió de ejemplo a las doctrinas revolucionarias ateas.

En cuanto a la persecución religiosa anticlerical contra los Jesuitas debemos partir de las políticas anticlericales ilustradas de Carlos III de España, muy influenciado por burgueses ilustrados y nobles agnósticos jugadores de casinos, gentes materialistas y descreidas, superficiales y frías, con afan de poder e influencias, gentes que inspiraron el capitalismo liberal burgués, y que fraguaron la maquinaria que luego exprimiría al pueblo bajo la doctrina de la industrialización y la libertad del sistema censitario, turnista, que potenció un nuevo despotismo ilustrado parlamentario y partidocrático, llevándonos a regímenes tiránicos y despóticos, disfrazados unas veces de monarquía y otras de repúblicas, pero que sirvieron para demostrar más de lo mismo, el intento consecutivo e incesante de monopolizar el poder: unas veces detentado por un rey manejado por burgueses y por gobiernos dependientes del tanto por cien, otras veces por Estatalismos Centralistas Derechizantes o Izquierdistas, que pretendían el sometimiento y control de las instituciones que se le escapaban de las manos; una de esas instituciones dentro de la Iglesia Católica habían sido tanto Templarios como Jesuitas, perseguidos, oprimidos, injustamente por gobiernos dictatoriales de turno, simplemente porque formaban una sociedad paralela, a la que dichos dictadores no podían controlar. Descubrimos estupefactos los archivos Vaticanos sobre la absolución a la Orden del Temple, comprobando que esta fue totalmente inocente ante las imputaciones y falsos testimonios inventados por el gabinete de un rey francés avaricioso, orgulloso, despiadado, megalómano y prepotente con ansias de poder. Muchos ilustrados del XVIII y burgueses que cuestionaban la monarquía absoluta, mostraban cierto interés por la persecución de los Templarios llevada a cabo por la monarquía Francesa, sin pararse a pensar que ellos mismos, con sus medidas anticlericales, desamortizadoras, que harían aún más dependiente a la Iglesia Católica con respecto al Estado, etc, con esas medidas, solo fomentaban un proceso similar al de los Templarios, pero esta vez contra los Jesuitas, víctimas de una persecución anticlerical de gobiernos ilustrados y burgueses liberales, que sentían comprensión intelectual por los Templarios al considerarlos víctimas de una monarquía, de una monarquía a la que posteriormente en el tiempo estos servirían, cometiendo el mismo error e injusticia que Guillermo de Nogaret y el Gabinete legalista de Felipe IV el Hermoso, Rey de Francia, cometerían contra los Templarios.

TEMPLARIOS Y JACOBITAS

Después de comprender la existencia de los caballeros templarios, y el golpe de efecto que el Estado francés realizó contra ellos, con el objeto de apropiarse de sus bienes, llama la atención las “Disertaciones históricas del orden y caballería de los templarios” en la que el ministro ilustrado español Campomanes explica que los frailes templarios fueron victimas inocentes del Rey de Francia Felipe IV el Hermoso. Sin embargo Campomanes, convencido de la inocencia y catolicismo de los templarios, no dudará en perseguir a la Compañía de Jesús en el siglo XVIII, admitiendo que no se debía permitir que una Orden llegara a adquirir tanto poder como para convertirse en un Estado dentro del Estado. ¿Por qué Campomanes es tan indulgente, comprensivo y tolerante con los Templarios y sin embargo con los Jesuitas es partidario de un proceso similar del que fueron objeto los frailes templarios en Europa y en Francia, salvo que ya en el siglo XVIII hubiese sido escandaloso tal operación?
La masonería que se desarrolló en Francia en el siglo XVIII, denominada francmasonería, está inspirada en la orden y organización de la antigua Orden del Temple, aquella que fue perseguida por el celo de la monarquía francesa, que aprovechaba el descontento popular y el fracaso de las cruzadas capitalizadas por las antiguas ordenes militares, para desmontar la Orden del Temple, aprovechando el anticlericalismo y el desprestigio del Clero vinculado a la Cruzada, dentro del contexto de la crisis económica y demográfica del siglo XIV, en la cual la peste bubónica era la protagonista y el pueblo de Dios era totalmente castigado. Si el pueblo de Dios era castigado era porque dentro del mismo, interpretaban, había una abominación. ¿Cuál era el chivo expiatorio? ¿Cuál la cabeza de turco a quien responsabilizar de los males de la humanidad?

Abate Barruel uno de los miembros representantes de la masonería radical, admitiría: “Todo conecta, desde los Cátaros a los Albigenses, a los Caballeros del Temple y de ahí a los masones Jacobinos; todo apunta a un parentesco común”.
A este hombre se le olvidaban entre otros los maniqueos, los gnsosticos, y los Jacobitas Escoceses, que no Jacobinos (Revolucionarios franceses que se reunían en la Iglesia de San Jacobo para defender sus tesis revolucionarias en los días de 1789 a 1795).
El Catolicismo en las Islas Británicas había estado fuertemente perseguido por el Anglicanismo protestante en Inglaterra y por el Presbiterianismo o Calvinismo en Escocia. Los antiguos ritos paganos de los Céltas, de pueblos como los Pictos, Galeses o Cornualleses, se habían entremezclado con el Catolicismo que habían llevado a las Islas Británicas los Normandos y Bretones que fueron capitaneados por el Duque Guillermo el Conquistador, quien fue el primer Plantagenet en ser instaurado como heredero de el último rey de Inglaterra Eduardo el Confesor. El Catolicismo de las Islas Británicas fue siempre distinto al del continente, no sólo porque se entremezcló con los ritos paganos célticos, sino porque al ser perseguido por la autoridad gubernamental, fue auténtico refugio de los oprimidos y en su seno se desarrollo el librepensamiento y la tolerancia religiosa, algo muy curioso para el resto de Católicos europeos. La familia real de Escocia y de Inglaterra que encarnaba los derechos de los católicos eran los Estuardo, queienes desde Jacobo II de Inglaterra venían reclamando sus derechos legítimos y dinásticos al Trono Inglés, escocés, e irlandés. Ello suponía una convergencia entre los episcopalianos y los católicos escoceses por enfrentarse a la intolerancia y absorbencia que representaba el gobierno de la City de Londres. La burguesía capitalista protestante había impuesto el capitalismo como forma de explotación, y ello se había desarrollado con las desamortizaciones de los monasterios y las tierras comunales desde los tiempos de Enrique VIII de Inglaterra. El Protestantismo Anglicano, incluso el Presbiterianismo escocés había representado el yugo capitalista, el hundimiento del campo y las tradiciones rurales de los pueblos, y sobretodo la intolerancia religiosa. Así el movimiento jacobita, no sólo era el resquicio y la vuelta al trono de los Estuardo en cuanto a la legitimidad dinástica se refiere. Los Estuardo simbolizaban en el exilio la Justicia social y apartar a los malos del gobierno. El maniqueismo gnostico llevó a una serie de Católicos escoceses e incluso ingleses a pensar que el mal siempre gobernaría el mundo, a menos que una fuerza política y sincera como podía serlo el Partido Jacobita pudiera impedir y hacer frente a las injusticias sociales que se estaban produciendo con la llegada del Capitalismo Liberal Burgués y el poder del Dinero. Así, dentro de los partidarios del Rey Jacobo III Estuardo y sus descendientes, había, no sólo republicanos escoceses, sino caballeros masones. El Católico escocés y jacobita Chevalier Ramsay, partidario del Rey Jacobo III de Inglaterra, quien apoyó la causa del príncipe Carlos Eduardo Estuardo, el joven pretendiente, como se le conocía durante los años de 1745-1746, se había convertido en secretario y representante del conocido escritor francés y padre del quietismo llamado Fenelón. Para Ramsay la masonería era un establecimiento cuyo único fin era la reunión de los espíritus y de los corazones para hacer una sociedad mejor en espíritu. Los masones se inspiran en el ideario de las Cruzadas, admitiendo la constitución de alcanzar como meta un auténtico ideal, y en ese ideal quedaría marcado el gnosticismo, la ilustración y por tanto el conocimiento, al objeto de eliminar la sinrazón, la cabezonería, y la intolerancia. Para Ramsay los masones de los tiempos de las cruzadas eran “principes religiosos y guerreros que deseaban alumbrar y levantar los Templos vivientes de lo Más Alto”. En el seno de estos masones que vivían en la Francia monárquica de antes de la Revolución de 1789, había charlatanes y alquimistas como el famoso Conde de Saint-Germain. La masonería venía del gremio de la construcción. Primero nació la masonería operativa que era relativa a la pertenencia de sus miembros a los cuadros de los maestros y constructores de catedrales, castillos, Iglesias y palacios, sin embargo a ellos se sumó la masonería especulativa, pues miembros de la alta burguesía y la nobleza con poder económico e influencia política llegaron a copar los cuadros y se convirtieron en dirigentes de las Lógias masónicas a imitación de lo que fueron en el pasado los Grandes Maestres de las Ordenes Militares como la del Temple, dentro del Temple.
La masonería francesa se fortaleció con la llegada de los exiliados jacobitas cuyo espíritu contestatario y a la observancia de las injusticias, señalaron como primera la retirada que los Borbones realizaron ante los Estuardo, pues si bien Luís XIV había apoyado a Jacobo II, a Jacobo III, y Luís XV al ya anciano Jacobo III y a su hijo Carlos Eduardo Estuardo, no deja de ser sorprendente que esos mismos masones franceses por su acercamiento al capitalismo inglés decidieran en la época del regente Felipe de Orleans, en el siglo XVIII, quien obligó, a petición de la Inglaterra Orangista Hannoveriana y protestante Capitalista, a exiliarse a la familia legítima de los Estuardo a Italia, exactamente a Roma y a Florencia.
Dentro de la masonería volvía a poner en tela de juicio e inspirada por los valores de la Orden del Temple y las Cruzadas, junto a la mezcla que de ello se hacía del Catarismo, que una cosa era el mundo real y sus injusticias y otra el mundo celestial y su creación Divina. Las tesis maniqueas volvían a ponerse encima de la mesa, y en el movimiento jacobita convergían diversas ideologías políticas y la tolerancia religiosa basada en un escaparate de catolicismo y de episcopalianismo. El Gnosticismo y el maniqueismo llevaban a pensar que el mundo terrenal que era injusto y daba la espalda al pueblo de Dios, no podía ser obra de Dios, y es en este sentido que creo un revulsivo dentro del Catolicismo, cuando la Iglesia de Roma trataba de defenderse de las tesis masónicas, que acaparaban cierto resentimiento y venganza Cátara y Templaria. Si todo lo terrenal era diabólico y lo celestial divino, entonces cualquier Iglesia oficial y organizada podía ser señalada como instrumento de Satanás, y ese fue el choque que se producía entre masonería y catolicismo.
Pero dentro de los templario-masones había dos corrientes, una mística de mitos y creencias célticas mezcladas con el Catolicismo cuyo exponente es el jacobita Ramsay y que constituiría la masonería escocesa de rito céltico y cristiana católica; y otra la racionalista que llevaría al ateismo, y a la negación de la monarquía tradicional y a las antiguas tradiciones, cuyo exponente es Barruel, y que daría lugar a la masonería europea, donde las tesis republicanas y revolucionarias tendrían mucha importancia en los días de la revolución Francesa, de hecho no es casual que a Luís XVI y a su familia los encarcelaran en la prisión del Temple de París, en la misma celda que estuvo preso el último Gran Maestre del Temple Jacobo de Molay, quien, mientras las llamas de la hoguera le consumían citaba ante Dios al Papa Clemente V y al Rey Felipe IV el Hermoso de Francia, ambos, responsables de la persecución de la caída del Temple y la muerte de inocentes. Dicen que la Iglesia Católica continuó existiendo por las Cartas que el Papa Clemente V envió al castillo de Chinón donde se encontraba el Rey de Francia Felipe IV, encomendándole que cesaran las persecuciones y crímenes contra los Templarios. Estas famosas cartas salieron a la luz cuando en el 2002 el Papa Juan Pablo II se las entregó a la actual Orden del Temple, reconociendo implícitamente la inocencia de los frailes y caballeros Templarios, para que así terminasen todo tipo de especulaciones que se han dado desde su liquidación en 1304.
Una Orden como la del Temple, una vez finiquitada fue símbolo e impulso de mitos y leyendas que significó una piedra dentro del zapato de la monarquía absoluta y posteriormente del despotismo ilustrado. La masonería especulativa que deseaba aplastar el antiguo régimen pero sobre todo las injusticias sociales, paradójicamente se convirtió sin saberlo o pretenderlo en la conciencia política de la burguesía liberal y por ende estaban al servicio del sistema liberal capitalista que ayudaron a imponer a sangre y fuego bajo los procesos revolucionarios desde 1800- 1848. Actualmente la masonería pinta bien poco, porque al sistema económico que ayudaron a establecer ya no los necesita. Sin embargo hoy en día hay otros grupos económicos de altos financieros del mundo que rigen los designios planetarios, y en ese sentido materialista y economicista si podemos comparar al antiguo Temple, pero hoy día de manera más descarada.
El movimiento jacobita fue un ejemplo de monarquismo legitimista y cristianismo católico que sirvió para hacer converger al “Pueblo de Dios” para combatir y enfrentarse a las injusticias sociales y en este sentido aquellos caballeros masones que formaban parte del Jacobitismo escocés si que tenían altas miras para alcanzar una sociedad y un mundo mejor. En el Carlismo, homologo del Jacobitismo tiene sus semejanzas al respecto.

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