viernes, 16 de diciembre de 2011

CONSTITUCIÓN DE CADIZ DE 1812 (LA PEPA)




En el año 2012 que estamos a punto de comenzar los herederos de los liberales burgueses del XIX celebrarán con entusiasmo la llegada de "La Pepa", es decir de la Constitución que los liberales impondrían aprovechando la guerra contra la invasión napoleónica entre 1808 y 1814.


El fracaso y sobretodo el hundimiento de las estructuras políticas de antiguo régimen a causa de la invasión de los ejércitos napoleónicos, vinculada a la guerra colonial sostenida contra Inglaterra, que apoyaba la emancipación de los Virreynatos Hispano-americanos, significaba por un lado la pérdida de la alianza entre la antigua monarquía española y la burguesía comercial que se había beneficiado historicamente del los monopolios comerciales y había acumulado numerosas riquezas derivadas del comercio de ultramar. La pérdida de los territorios americanos fue la causa al mismo tiempo del empobrecimiento de la península, y sobretodo que la burguesía que había acumulado capital pecuniario, retiraba los últimos capitales, trayendolos a las Españas con el objetivo de crear un mercado nacional, y para ello tenían pensado acabar con las estructuras feudales de antiguo régimen y vertebrar un mercado nacional.


El liberalismo político proviene del liberalismo económico sostenido por la revolución religiosa protestante que había azotado a Europa durante los siglos XVI y XVII. La revolución protestante fue el origen de las desamortizaciones eclesiásticas y pusieron la tierra en manos de particulares que las compraron o las adquirieron de alguna manera, fomentando el comienzo de la propiedad privada absoluta, de origen revolucionario protestante. Estas ideas nacieron en el seno del pensamiento republicano de la burguesía comercial que ya se había sublevado en Holanda en el siglo XVI contra la Corona de España. Representaban dos ideas: "Esparta frente Atenas"; "sociedad agrícola frente a sociedad comercial"; "monarquía tradicional frente a república burguesa"; "democracia foralista o particularista con un sentido comunitario derivado del comunitarismo de la Iglesia Católica representado por la propiedad comunal, de abadías y monasterios, tierras municipales, comunales frente a una democracia capitalista y burguesa fomentadora del individualismo burgués capitalista, la cual daría más importancia al individuo consumista y descastado de todas las tradiciones comunitarias, asume un perfil competidor". Y este último esquema es el que parece desarrollar un socialismo tradicionalista frente a un capitalismo burgués y liberal constitucionalista.


Así, teniendo en cuenta los dos polos enfrentados, llamados realistas por un lado y por otro liberales, estos dos mundos políticos se enfrentarán militarmente en la España decimonónica entre 1808 y 1875.


Las propuestas de los liberales desde el punto de vista económico era ni mas ni menos que la privtización de todas las estructuras comunitarias existentes en las Españas de Antiguo Régimen. Lo que los llamados liberales denominaban despectivamente como Absolutismo Real Monárquico, no era más que la garantía del débil frente a la oligarquía poderosa. Y es que el triste siglo XIX es el siglo de la oligarquía capitalista, porque será esta impulsada por las ideas liberales capitalistas, la que llevará a cabo el proceso de desamortización o privatización de los bienes comunitarios que estaban amortizados y vinculados a las familias, a la Iglesia y a los Municipios, de manera que las estructuras de antiguo régimen pueden representar perfectamente las de un socialismo feudal o tradicional. Así por ejemplo en la época de antiguo régimen los bienes inmuebles, el suelo y la tierra estaban amortizados y vinculados, no exactamente al "Estado monárquico tradicional", es decir a las familias aristocráticas, a la Iglesia Católica y a los Municipios, y eran la garantía del bienestar de numerosos campesinos, que estaban situados geográficamente en las tierras donde prosperaba o venía dándose una estructura de la tierra minifundista, y donde pervivía el recuerdo o la estructura de la democracia particular o foralista. Así a comienzo del siglo XIX seguía existiendo el Reyno de Navarra y los Señoríos Vascos de Guipuzcoa, Vizacaya y Álava, ya que los habitantes que vivían en cada uno de estos territorios seguían conservando sus derechos y libertades tradicionales consuetudinarias. El Rey de las Españas no era mas que el Rey y Señor de cada uno de aquellos territorios, como si fuera rey y señor de cada uno de ellos, como si los mismos fueran independientes unos de otros, y en este sentido es como tenemos que interpretar la estructura monárquica de antiguo régimen en España, como la de una Monarquía Confederal, que si bien con la llegada de los Borbones, habían tratado de centralizar la península Ibérica, jamás lo conseguirían por la diversidad de sus pueblos. La monarquía tradicional significaba la garantía de los grupos sociales débiles o con menor poder de influencia frente a la oligarquía comercial y a la burguesía capitalista, que ya apuntaba a dar el golpe mortal a la antigua monarquía histórica, al pretender impulsar el mercado nacional y copial las ideas de la revolución francesa jacobina que imponía la igualdad basada en la homogenización cultural y lingüistica.



Del movimiento realista, una parte del mismo se organizará en torno a la figura del Infante Don Carlos María Isidro de Borbón, futuro Carlos V de las Españas para los Carlistas, mientras que el movimiento liberal atraerá a una parte de aquellos realistas moderados que tendrían intereses económicos capitalistas que defender y compartir, y a quien no importará apoyar a la niña Isabel "II" sobrina de Don Carlos y aupada al trono de las Españas por los liberales tanto moderados, conservadores o progresistas. Y así el siglo XIX en España, se convierte en un siglo de luchas civiles donde la oligarquía financiera y capitalista no duda en defender la economía capitalista, e introducir la Banca, la deuda nacional, el mercado nacional y su unidad, la eliminación de las "trabas feudales", que eran las garantías sociales para los campesinos, quienes pronto verían lo que significaba el triunfo de la revolución liberal burguesa , propicida por los jefes de los partidos conservadores y liberales. Para empezar los jornaleros y labriegos que habían vivido en el contexto de una estructura económica de la tierra basada en el latifundismo sudista peninsular, no había muchas diferencias entre el antiguo régimen y el nuevo. ¿Por qué? Pues porque ellos no eran propietarios de nada, a diferencia del minifundismo territorial norteño. Así los labriegos y jornaleros, celebraron al principio el triunfo del constitucioalismo liberal, y la Pepa fue vitoredada en 1812 y posteriormente para reclamar u espíritu en el resto de constituciones que vendrían en el XIX español. Pero este constitucionalismo liberal y burgués era un invento artificial que escupía sobre las tradiciones de los pueblos de las Españas, su derecho foral y consuetudinario, y discutía la soberanía de la Corona, ya que pretendía reducir el papel de la Monarquía a la nada, a una simple figura representativa. El liberalismo constitucionalista deseaba aplastar el poder e influencia política de la Corona, porque en realidad todos ellos eran republicanos, porque defendían el individualismo capitalista, y la oligarquía financiera no dudaría, junto a los grandes de España, máximos beneficiarios de la liberalización económica, la privatización de las manufacturas, y sector público de antiguo régimen, ya que las nuevas fortunas, y las antiguas adquirirían a precio de amigo, todas las tierras de los monasterios y abadías, todas las tierras comunales de los municipios, y parte de las tierras de la aristocracia hidalga, que al no poder conservar sus bienes y patrimonios se vieron obligados a vender todo su pasado familiar. Y así es como comenzaría en las Españas la mercantilización de la vida, hasta hoy en día que seguimos celebrando, algunos, yo desde luego que no, ese "espíritu liberal" de ponerle precio absolutamente a todo, a la cultura, a la historia familiar, en fin, que las Españas dejaron de existir administrativamente, y se convirtió por imperativo liberal en Reino de España o República Española, según gustos, y con todo ello primarían, no los derechos y libertades de todos los españoles, sino los intereses privados de la banca, y los sectores de la oligarquía capitalista financiera, terrateniente y comercial. El desmantelamiento que sufrió el estado monárquico de antiguo régimen en las Españas, fue la consecuencia de la marginación y el empobrecimiento de labradores y campesinos, convertidos en proletariado urbano y rural, que pasaron a engrosar la masa de ejercito de trabajadores mal remunerados, carnaza del sistema liberal capitalista. El desmantelamiento del estado monárquico tradicional en el siglo XIX favorecido e impulsado por la ideología liberal burguesa y capitalista, significó el resultado del pobrerío de las clases labriegas, campesinas y proletarias, los hijos de los desehedados, quienes a las puertas de la 2ª República Española trataron de poner remedio a los probelmas que venían padeciendo desde que la oligarquía burguesa y capitalista los había dejado merced de la desprotección social y el desamparo, por ello triunfó el movimiento obrero, y por ello el carlismo seguía engrosando sus filas.


Los abusos de la burguesía capitalista, que comenzaba a prostituir las antiguas instituciones, y tradiciones históricas de las Españas y de Europa, significó la enérgica respuesta y organización de la internacional socialista y el movimiento obrero, que representado por socialistas, comunistas y anarquistas trataron de desvincularse y quitarse de encima el yugo capitalista. Era la respuesta aposteriori de la clase obrera y todos los afectados, marginados y descontentos con el régimen liberal burgués constitucionalista. Sin embargo, antes de que se llevara a cabo la implantación del sistema liberal capitalista burgués en las Españas, los parciales Carlistas, seguidores de las banderas de Don Carlos María Isidro de Borbón y sus descendientes y herederos, ya habían denunciado apriori dicha implantación y usurpación. Porque denunciaron el desmantelamiento de las estructuras e instituciones tradicionales de antiguo régimen que habían sido la garantía social y esto hay que decirlo, de los labriegos y campesinos, de la aristocracia hidalga, de los curas rurales, de los pequeños de España frente a los grandes propietarios y terratenientes, bajo el paraguas protector de la monarquía tradicional y legítima que representaba la Dinastía Carlista. Así todos los fracasos del liberalismo burgués capitalista se los apuntaba como triunfo el carlismo político y tradicionalista. Y así descubrimos como desde una defensa aprioristica de la monarquía absolutista, se va desarrollando dentro de las filas del carlismo el arraigo y la vinculación del hombre a la tierra y a la naturaleza, el vinculo de los hombres en el seno de estructuras socialistas y comunitarias, fiel reflejo de lo que había siginificado el pasado comunal y societario de la Iglesia Católica frente al individualismo burgués de origen protestante y anglosajón. Por todo ello no se puede entender ni aceptar, se celebre con vítores, ni esta ni ninguna constitución liberal burguesa que ha sido el marco político favorecedor de la entromisión del sistema neoliberal capitalista llevado de la mano por los intereses creados de una oligarquía y un burguesía capitalista plutocrática y patitocractica, que ha hecho creer a toda la sociedad española, europea y mundial que vivimos en democracia, cuando la realidad de todo esto es que, haquí lo único que goza de libertad y de democracia el el puñetero caballero Don Dinero, es el puñetero dinero, y la clase burguesa oligárquica y capitalista que lo acumula, y que lo utiliza para sangrar a la sociedad, hipotecando los ingresos futuros, menguandolos, por la aplicación de la Deuda Soberana y Nacional.


Todos los conceptos y estructuras capitalistas y liberales son origen de aquellas revoluciones burguesas que mercantilizaron y privatizaron la vida de los seres humanos, desde la bolsa, a la deuda nacional, etc. Hoy somos presas, victimas, carnaza de toda esa idolatría del dinero, y lo que es más triste, la prostitución de toda nuestra sociedad, al asumir el relativismo y el egocentrismo nihilista, y con todo ello, somos víctimas del capitalismo de libre mercado y la libre competencia desenfrenada, no viviremos, ni vivimos tiempos tranquilos porque nuestras garantías sociales, defendidas hipoteticamente por la izquierda política han caído en saco roto, ya que no nos gobiernan ni los partidos políticos a los que votamos, sino la casta burguesa y capitalista y desde miles de kilometros, y sus complices conservadores, liberales y progresistas. ¿Si no? ¿Qué va a pasar con la sanidad, con la educación, con las garantías y prestaciones públicas y sociales? ¿Qué va a pasar con el empleo público y de calidad? ¿Que está pasando? ¿Qué nueva desamortización y privatización se va a consentir en el seno de la actual Constitución Neoliberal de 1978, la cual todos los liberales destacan como heredera espiritual de la Pepa de 1812?. El constitucionalismo liberal burgués no es ni mas ni menos que el marco político económico para mermar el poder soberano del estado, para aplastar lo público, venderlo a los amiguetes y particulares, para seguir vendiendo España a los cuatro vientos, a las compañías plutocráticas nacionales y extranjeras, es el marco de los desaucios, del desamparo y la desprotección social, de los recortes, de la burla a los derechos fundamentales de los seres humanos, de la competencia egoísta desmesurada, es el gobierno del que tiene frente al que no tiene. ¡¡¡No hay nada que celebrar!!! Ya ni siquiera es la oligarquía del lejano Madrid, señores, ahora es Bruselas y más allá, es mucho más abstracto y complicado, es la raña universal que teje su tela, es la trampa neoliberal en la que hemos caído todos!!!. Y mientras todo esto ocurre ya nos hemos cargado el Planeta Tierra. No obstante, seguimos de celebración...!!!

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