martes, 18 de octubre de 2011

PLATONISMO Y CATARISMO: Dualismo Mitigado frente a Dualismo Absoluto






La existencia del mundo ha llevado al ser humano a pensar en la Creación Divina y Perfecta. El origen de todo está en Dios. Si Dios ha creado todo el Universo o el conjunto de Universos; si ha sido el Creador de “Todo”, será autor del bien como del mal, de lo imperecedero como de lo perecedero, etc.
El Cristianismo Oficial (Católico u Ortodoxo) trata de hacernos ver que Dios autor de toda creación lo es tanto del bien como del mal, pero este último sometido y doblegado al bien. A través de la “liberalidad Divina” se nos explica que Dios dio la oportunidad a todos y a Todo a permanecer o a corromperse. Ese mal doblegado al bien se nos aparece entre los combates entre San Miguel contra el maligno o San Jorge contra el dragón. Sin embargo la existencia y vigencia de este mundo sensible, empírico y real nos demuestra de nuevo la doctrina Platónica, en la cual el mundo real y material es imperfecto, corruptible y perecedero, sombra de lo Divino, sombra del mundo Celestial, que es incorruptible, perfecto e imperecedero.
El Cristianismo Cátaro demuestra que si Dios es infinitamente bondadoso y perfecto no puede ser el autor, el creador de un mundo injusto, cruel, imperfecto y despiadado, por lo tanto Él no es el autor de esta obra, sólo y únicamente es autor de la esencia, del alma, de lo perfecto y eterno y no de lo perecedero y corruptible.


Platón nos enseña “lo que es” una cosa y “lo que debería ser”, enfrentando el mundo real al mundo ideal o celestial. Un ser humano que vive en el mundo real y material está compuesto de cuerpo y alma, de los cuales el cuerpo es la parte corrompible y perecedera y el alma es la parte perfecta e imperecedera, la cual pertenece al mundo de las ideas, al mundo celestial. Platón aseveraba que somos personas, animales y cosas una representación parcial del mundo celestial, en cuanto en tanto el espíritu o esencia de personas, animales y cosas vuelven de nuevo a su origen, al mundo de las ideas o celestial. Hasta el mismo Aristóteles, discipulo de Platón hablaba de las esencias, como las almas eternas de los cuerpos perecederos, con aquello de todo cambia, pero hay algo que siempre permanece, es decir, lo puro y estático creado por lo divino, y lo que degenera, se corrompe y es dinámico que encontramos en el mundo sensible, contaminado por las fuerzas del mal.


Estos dos mundos, ideal y material están divididos según Platón por la línea o membrana permeable denominada Jorismós, que es por la que se comunican cuerpo y alma. Cuando un ser humano muere su alma vuelve al cielo, ya que antes de nacer estaba en el cielo, en el mundo de las ideas. En la tierra, cuerpo y alma conviven el alma dentro del cuerpo, y cuando morimos, entonces el cuerpo queda en tierra, mientras que su esencia, el alma, vuelve al cielo.

El Cristianismo Cátaro pone en evidencia las enseñanzas platónicas de alguna manera, entre otras cosas al diferenciar entre mundo celestial y mundo terrenal. Para los Cristianos Cátaros, en principio Dios lo crea “Todo”, aunque posteriormente una parte de ese todo degenere en el mal, a partir de ahí se niegan admitir que Dios es el autor del mal, para lo cual afirmaban como los clásicos la existencia del Demiurgo o “gran arrogante”, es decir, señalaban al maligno como el origen del mal y no a Dios. Así para los estudiosos del fenómeno Cátaro surge un dualismo mitigado que no rechaza todo lo material existente en este mundo terrenal, para pasar a un dualismo absoluto en el que se afirma que todo lo que existe en el mundo terrenal no ha sido obra o creación de Dios, sino del maligno Demiurgo, responsable de la putrefacción y corruptibilidad de las personas, animales y cosas. Aquello que percibimos en el mundo real o empírico, no es ni mas ni menos que una parte sesgada de la Creación Divina, ya que sólo la parte perfecta es la que ha sido creada por Dios, mientras que la imperfecta que deteriora o degenera al ser en el mundo terrenal, es la creada por el mal, cuyo responsable es el Demiurgo. En este sentido el Cristianismo Cátaro tenía unas influencias del maniqueísmo de Manés, procedentes del Zoroatrocismo, cuyos planteamientos hacen referencia al enfrentamiento permanente y constante entre las fuerzas del Bien y las fuerzas del Mal. A todo ello se añadió el Gnosticismo de la Fe, es decir conocer a Dios a través del conocimiento la lógica y la razón y no sólo a través de las Buenas Obras y la Fe por la Fe como diría la doctrina Cristiana Católica que con el tiempo aceptará el racionalismo Cartesiano; como tampoco parecía justo la idea exclusivista de la predestinación Protestante, tanto del Luteranismo como del Calvinismo, porque si te ha mirado un tuerto y tienes mala suerte en la vida significa que Dios hacía tiempo que te había retirado su favor, con lo cual, no parece lógica ni razonable esta interpretación Protestante. Combinando estas ideas Platonismo y Maniqueísmo obtendremos los dos mundos celestial y material y su relación permeable a través de la línea denominada Jorismós.

El Dualismo absoluto parece que triunfó tras el Concilio Cristiano Cátaro de 1167 presidido por el obispo búlgaro Nikita, apodado el “Papa” de los Cátaros. Ese dualismo absoluto trataba de vincular el mundo material irremediablemente con haber sido creado por el maligno, por el demiurgo, por Satanás. Ello suponía la negación y renuncia de todo lo material, pero también suponía negar lo que la doctrina platónica explicaba en cuanto a la relación existente y permanente entre los dos mundos celestial y terrenal a través de la línea o membrana permeable llamada Jorismós, y que filosóficamente respondía al Dualismo mitigado que defendían otros Cátaros, más cercanos a la doctrina Católica, en tanto en cuanto no presenciaban la obra del maligno en toda la creación del mundo terrenal, tan sólo una parte, al percibir el bien y el mal en cada persona, animal o cosa existente en ese mundo sensible terrenal. Para los Dualistas absolutos todo lo relacionado con el mundo sensible o terrenal era creación del Demiurgo, de Satanás, y por tanto había que rechazarlo; mientras que para los Dualistas mitigados no todo lo relacionado con el mundo sensible o terrenal era creación del Demiurgo, de Satanás, más bien en principio fue obra y creación de Dios, como un pintor pinta un gran y bonito cuadro y alguien con mala sombra en un momento de despiste lanza un cubazo de pintura de color negro que salpica en el lienzo. Parece que esta última opción sería mucho más racional, ya que en la tierra, en el mundo sensible está presente Dios, como el Mal.

Mientras que el dualismo mitigado se sostenía por las reminiscencias de la doctrina platónica, maniquea y gnóstica; el dualismo absoluto se sostenía por la inconcreción de los primeros en determinar donde empieza y termina el bien en cada una de las personas, animales y cosas que hay en este mundo sensible. Animados por el rechazo total a ser convertidos al Catolicismo, los cristianos Cátaros prefirieron divergir todavía más de los Católicos admitiendo el dualismo absoluto, que ponía sobre la mesa que todo el mundo terrenal, empírico y sensible había sido creación del Demiurgo, del maligno, y que sólo el mundo Celestial había sido Creación de Dios, quien es Bondadoso y Perfecto.


Tanto los Cátaros que aceptaban el dualismo mitigado, como los que asumían el dualismo absoluto afirmaban que si Dios es Bondadoso y Perfecto no era posible que hubiera tenido mucho que ver en la construcción y obra de este mundo sensible, terrenal, empírico y real. Eso dio origen a un estado de permanente conflicto entre quienes profesaban el cristianismo cátaro y quienes gobernaban los países, generando conflictividad social, y fuertes críticas que iban dirigidas sobre todo al comportamiento hipócrita de determinados sectores de la Iglesia Católica quienes permanecían pasivos ante las injusticias y crueldades existentes en este mundo terrenal, y se les exigía desde las bases cristianas la NO colaboración con los poderes GUBERNAMENTALES y MERCANTILES. Rechazando el mundo sensible y terrenal por considerarlo Satánico, los cátaros tachaban todo lo terrenal de maligno, y ello resultó de la connivencia de la Iglesia Católica con los poderes establecidos entonces y ahora.
Parte de la masonería se ha atribuido a los Cátaros como sus ascendientes ideológicos, pero sobretodo a la interpretación maniquea, ya que aseveran que el maniqueísmo es común a todas las religiones porque en todas ellas existen las fuerzas del Bien y las fuerzas del Mal. El Maniqueísmo, y el Gnosticismo han sido claves en el desarrollo del pensamiento y filosofía masónica, pero ellos, los masones no pueden ser tan pretenciosos de interpretar que los Cátaros fuesen masones, sino simplemente Cátaros.


Entonces parece quedar claro, que el autor de este mundo sensible no es tanto Dios creador del Cielo y de la “Tierra” (a priori, porque a posteriori se ha visto que un Dios perfecto y bondadoso no puede ser el creador de un mundo cruel, injusto y despiadado, pues los cátaros así lo creían) sino más bien el que ha determinado que en este mundo terminen por triunfar las fuerzas del Mal sobre las del Bien, ese Demiurgo, ese Maligno o Satanás es el que ha llevado en parte por la ignorancia de la Humanidad o el Desconocimiento a drede que este mundo esté gobernado por las fuerzas demoníacas del sistema económico capitalista.

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