lunes, 19 de septiembre de 2011

LA MONARQUÍA TRADICIONAL Y EL SISTEMA ECONÓMICO CAPITALISTA

En el mundo medieval del Caballero y el Sacerdote surgió un tercer poder, el de las ciudades y la burguesía, el poder monetario y plutocrático, el poder capitalista al que habría de someterse el futuro. El Clero y la Nobleza durante mucho tiempo se mantivieron anticapitalistas, defendiendo el factor tierra frente al capital financiero de la burguesía. La monarquía tradicional también combatió el sistema económico capitalista que la plutocracia burguesa imponía en la economía y en la sociedad, destruyendo con ello los lazos sociales y comunitarios, imponiendo el materialismo, el consumismo y el egoísmo burgués y capitalista en la sociedad. Por ello el mundo de los sentimientos se pronuncia argumentando: ¡Muerte al Mal, muerte al Capital! en la esperanza que cambie todo.





La defensa de lo público se presupone con una República, en el sentido de defensa de la Cosa Pública mediante un presidente de la república elegido por una parte de la sociedad mediatizada por los intereses capitalistas bancarios, financieros y mercantiles. Ese presidente electo deberá el poder a una parte de la sociedad representada, y deberá rendir cuentas, no ante toda la sociedad, sino a los grupitos de presión y capitalistas que lo han colocado en la presidencia de la república, pues es precisamente esto lo que pasa con la presidencia de gobierno.
La Monarquía también puede ser capitalista, y de hecho la actual, tanto en España como en Europa representa a la oligarquía financiera y capitalista, porque se trata de una institución postrada ante el capitalismo y los intereses de la oligarquía de mercaderes que tenemos en España, Europa y el Mundo.
Hubo un tiempo en que la monarquía era tradicional, y en este sentido tenía un fuerte contenido socialista, tanto por su concepción escolástica, como por la crítica que hacía la Iglesia Católica Medieval a la Usura, y la defensa del Justiprecio para mantener la Paz Social en expresión actual reclamada por la izquierda como Justicia Social.
Y sólo puede haber justicia social si lo público, si la rex-pública está protegida y a salvo de los intereses financieros y capitalistas de la nueva aristocracia capitalista que se erige en representante de una oligarquía que aniquila los derechos públicos de todos los habitantes de los Reynos, Señoríos y Principados de las Españas, que en expresión de la izquierda y la derecha serían los derechos de todas y todos los ciudadanos.

La monarquía tradicional siempre se apoyó en el campo y sus labores agrarias, el factor tierra era el elemento económico que tanto la Iglesia, como los Caballeros y el Rey detentaban para ejemplificar y demostrar el llamado poder feudal. La aparición del artesanado y las actividades comerciales, fomentaron la aparición de la clase burguesa capitalista que acumulaba capital financiero, y con el tiempo esas acumulaciones sirvieron de garantía financiera para llevar a cabo empresas y actividades de mayor proporción mediante el fondo de salarios. Adam Smith explica el fondo de salarios, que el capitalista debe poner encima de la mesa adelantando los salarios de los trabajadores, y a consecuencia de esos adelantos salariales justifica el interés de usura que cobra el empresario capitalista a cada trabajador suyo. Carlos Marx crítica este hecho, conocido en las Españas como “las demasías”, que no era ni más ni menos que la plusvalía que el empresario robaba al trabajador. La doctrina marxista en los planteamientos económicos fundamenta criticando a Adam Smith y a los llamados liberales, que el empresario capitalista no tiene derecho alguno en cobrar las plusvalías, es decir, en cobrar intereses por adelantar el salario a sus trabajadores de la empresa capitalista.

La lucha comenzaba y quedaba representada en las instituciones, pues los banqueros y la oligarquía burguesa y mercantil azuzaron pretextos religiosos, protestantes y calvinistas para hacer la revolución económica que llevara a tolerar en la Europa cristiana tradicional, el capitalismo liberal burgués, la libre circulación mercantil y capitalista, posibilitando el descontrol financiero, facilitando la movilidad ineficiente de los recursos y factores productivos, hasta el punto de quedar absolutamente todos los estamentos e instituciones postrados ante el “poder del dinero”.

La Revolución de los Países Bajos contra la Monarquía Española, la Guerra Civil Inglesa, la Revolución Francesa, la llegada de la Pepa y el Constitucionalismo de 1812 y la revolución de 1833 que pondría en el trono a Isabel “II” de España, son ejemplos claros y graves, de cómo el capitalismo oligárquico burgués fue apoderándose de gremios, estamentos e instituciones políticas, y de cómo los factores tierra y trabajo perderían la batalla contra el factor capital de la burguesía. Porque en el mundo medieval surgió un nuevo poder, el de las ciudades y la burguesía, el de la oligarquía capitalista, que esgrimía el factor capital frente al factor tierra. Así la justicia y todos los valores que podamos imaginar quedaron al servicio de la plutocracia oligárquica burguesa.
La Monarquía Tradicional presentó lucha en el campo de batalla y peleó contra la revolución capitalista, no sólo en las Españas, sino en todo el mundo. La monarquía tradicional pasó al destierro, y sus partidarios proscritos todos: jacobitas, vandeanos, carlistas, miguelistas, brigantes. La lucha de los pueblos en Europa contra el nuevo orden oligárquico burgués comenzaba, y sigue hoy expresado en diversos movimientos y partidos políticos, porque la izquierda copio argumentos y reivindicaciones populares que ya se gritaban cuando el pueblo gritaba: ¡Viva el Rey y muera el mal gobierno! ¡Viva el Rey sin la Gabela! o ¡Viva el Rey y los Fueros!.
El pueblo, los pueblos tenían una concepción mucho más amplia, clara y social sobre la institución de la monarquía en referencia a la defensa de “lo público” frente a lo “privado” de los aristocracismos feudales y mercantiles, y que han venido significando el poder del factor capital representado por la Banca y las Multinacionales. ¿Y quien puede poner orden en todo esto? Sino una monarquía socialista indignada y comprometida que se enfrente de nuevo a sus antiguos y seculares enemigos defensores del sistema económico neoliberal capitalista y su plutocracia consumista que lo mantiene en pie?

El manifiesto de nuestro Rey Legítimo Don Carlos Javier de Borbón que lanzó el día 08/04/2011 ponía de manifiesto la crítica, la indignación y el compromiso que sigue teniendo hoy la Monarquía Carlista representada en su persona.

La institución de la monarquía al menos de forma teórica refleja ser independiente y por tanto debiera ser consecuente en la defensa de los derechos de todos, comenzando por la defensa de la Rex pública o Cosa Pública, que la oligarquía burguesa trata de aniquilar, con la defensa de la privatización de los derechos sociales. Independiente digo, porque un Rey no le debe el poder o su trono a un grupito “que lo colocó ahí”, como ocurre con los presidentes de las repúblicas en todo el mundo, mediatizadas, instrumentalizadas y dirigidas por los intereses de la Banca y las Multinacionales, y que tienen su consecuencia directa en la privatización de los derechos sociales, de las empresas públicas, de la sanidad pública, de la educación pública, hasta de la ecología y el medio ambiente. La monarquía tradicionalista que es la carlista, hace gala, y sigue manteniendo los mismos principios, las mismas reivindicaciones de siempre, pero con mayor ahínco después de ver como la izquierda oficial española y europea ha hecho tabla rasa de la defensa de “lo público” y “lo social” compinchada con el stablismen político económico neoliberal capitalista que sostiene la derecha burguesa y neoliberal neocon, y que trata de vender nuestra alma y nuestra moral al infame capitalismo burgués que siempre combatió nuestra monarquía carlista.

La monarquía tradicional combatió a la Banca al poder del dinero, y en su lucha perdió el pueblo todos sus derechos, postrado ante las fuerzas económicas de la oligarquía financiera y plutocrática burguesa. Aquellas revoluciones burguesas significaron la soberanía e independencia del poder del dinero, y la libertad quedó establecida únicamente y exclusivamente para ese poder monetario.
La monarquía tradicional trató de someter al poder del dinero, poniéndole trabas, las trabas feudales, de tasas, impuestos y territorialidad local, prohibiendo cualquier tipo de movilidad económica o social. El poder del dinero resultó escurridizo y sagaz, utilizado por burgomaestres, prestamistas y burgueses. Fue la usura la que se adueñaba del mundo privatizándolo todo en nombre del “Dios Capital”. En su lucha, la monarquía tradicional, para someter al poder del dinero, demostró que aquella fuerza económica necesitaba ser destruida si un día no nos quisiéramos ver como nos vemos hoy; esclavos del capital financiero. Fue precisamente en el mundo del antiguo régimen donde surge la burguesía capitalista, y fue la misma clase económica la que aniquiló las antiguas instituciones sociales políticas, religiosas y gremiales. El mismo intento por parte de la Iglesia y la Corona de controlar el capital y el mercado, demuestra cuan peligroso era el sistema económico que se nos vendría encima. Hoy ya lo tenemos, lo padecemos. ¡Todos estamos a merced del capital! El Carlismo y su Monarquía NO!

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