lunes, 8 de agosto de 2011

LA MONETIZACIÓN DE LA DEUDA SOBERANA





En los manuales de política económica e instrumental, en las primeras lecciones, las orientaciones neoliberales nos indican la absoluta prohibición de monetizar la deuda soberana. Es decir, la imposibilidad que e Banco Central emita masa monetaria y con ella compre la deuda pública de los países en riesgo de quiebra.
Hace tres semanas aproximadamente, la prima de riesgo italiana se situaba en los 300 puntos y la española en los 380 puntos. Durante esta primera semana de Agosto, la prima de riesgo española sobrepasaba los 400 puntos al igual que la italiana. La prima de riesgo mide la solvencia de los países, la capacidad de respuesta que tienen los países para hacer frente a sus deudas y obligaciones económicas y financieras.
Recordemos que el estado español tenía unos recursos financieros, que parte fueron a rescatar el sistema financiero privado “español”, rescatando a la Banca; y otra parte ha ido a prestar a las economías poco solventes como la Griega o la Portuguesa.
Se habla de nuevos rescates, pero si Grecia o Portugal no son capaces de devolver el dinero prestado a España, difícilmente España podrá atender a sus obligaciones financieras para con terceros países; y así habrá riesgo y cabe la posibilidad que todos los países de la UE vayan cayendo económicamente en una especie de caída de las fichas del dominó.

La plutocracia neoliberal burguesa es la dueña del capital y quiere impedir a toda costa la devaluación de su capital, de su dinero, ya que supondría para ellos una fuerte pérdida del poder adquisitivo que representan sus ahorros en los Bancos.
La única autoridad monetaria que puede devaluar el dinero es el Banco Central Europeo. Antes del Euro, eran los Bancos Centrales de cada uno de los países y estados soberanos e independientes, cuando lo demandaba la autoridad política institucional de los estados a la autoridad económica representada por el Banco Estatal.
La devaluación de la moneda tiene lugar cuando la autoridad monetaria crea nueva masa monetaria, inyectando dinero en la economía, de forma que esto afecta relativamente al poder adquisitivo de las familias, pues en realidad afecta negativamente y mucho más a la plutocracia neoliberal burguesa y capitalista, por la merma que supondría dicha devaluación en su poder adquisitivo, es por ello que retardan cuanto pueden la devaluación de la moneda y la monetización parcial y progresiva de la deuda soberana.
Esta clase económica que es la plutocracia neoliberal burguesa es la que está incrustada dentro del establisment político, económico social, militar, judicial ya que se encuentra influenciando permanentemente a cada uno de los estamentos sociales que están subyugados por el dominio del gran capital. Todos los poderes fácticos están al servicio de la plutocracia neoliberal burguesa capitalista de forma que harán todo lo posible para seguir detentando el poder y el ejercicio del poder al objeto de incrementar el afán de lucro y beneficios privados, socializando las pérdidas económicas, ecológicas, etc. Y en este sentido tratan de impedir la devaluación de la moneda, lo que implica la entrada de masa monetaria en la economía.
Cuando huelen la situación de posible devaluación monetaria, los “ahorradores” plutócratas tratan de cambiar los euros por otras monedas más estables, y en ese proceso venden euros demandando otras monedas que mantengan o incrementen el poder adquisitivo de sus ahorros. Y todo ello porque se les permite la libertad de movimientos de capitales financieros a nivel nacional e internacional, cuando deberían prohibirse, o por lo menos gravarse con tasas y trabas que desincentiven la salida de capital financiero, que desincentiven la venta de euros por la compra de otras monedas internacionales.
Se nos vendió el euro como una moneda que impediría a los especuladores jugar con las monedas nacionales que les llevaba a enriquecerse, e incluso a nivel utilitario podríamos cortarnos el pelo en una peluquería alemana, ese era el éxito, no tener que cambiar pesetas por marcos alemanes. Sin embargo hoy comprobamos como esos mismos especuladores ponen en evidencia la capacidad solvente de nuestras economías poniéndolas en sus juicios al borde de la quiebra. Ya no especulan con la moneda sino con la solvencia financiera de nuestros países y por tanto de nuestra capacidad social para devolver los créditos que nos han prestado, muchos de ellos sin realmente necesitarlos. Agencias privadas financieras internacionales que estudian y analizan la situación económica y solvencia de los países de la Unión Europea están poniendo en serios aprietos a economías que como la española, sitúan su capacidad de solvencia con una prima de riesgo que está dentro del intervalo (300-400) puntos. Se trata de las mismas agencias de análisis financieros que apoyaron los productos de hipotecas basura que vendían los bancos norteamericanos a parte de la banca europea, ya que suponían altas y beneficiosas rentabilidades sujetas al riesgo de la operación que situaban los tipos de interés por encima de los tipos a precios de mercado y con ello otra vez para alcanzar el afán de lucro privado y la socialización de las pérdidas económicas.
Ante esta crisis neoliberal capitalista, la plutocracia burguesa neoliberal capitalista no quiere compartir las pérdidas económicas y financieras con todo el pueblo porque únicamente quiere resarcirse de las deudas, al objeto de socializar las pérdidas y privatizar los beneficios y para ello no tienen ningún escrúpulo en buscar el desmantelamiento del Estado.

Ante esta situación de creciente riesgo es lógica la respuesta de inyectar masa monetaria en la economía y monetizar la deuda soberana. La monetización de la deuda pública era una práctica que está desautorizada en los manuales de política económica e instrumental, como algo del pasado que llevaba a una situación de fuerte y creciente inflación, si no se sabe canalizar.
El miedo a la inflación es en realidad el miedo de la plutocracia neoliberal capitalista a perder su poder adquisitivo, de ese capital financiero que tienen ahorrado. Trasladan su miedo a la inflación al resto de la sociedad, haciendo de ese miedo a la inflación un temor oficial, cuando en realidad esconden el egoísmo de mantener su poder adquisitivo y fortunas a buen recaudo.
En tiempos de Colbert, ministro de economía y finazas de Luís XIV de Francia, la práctica de la devaluación de la Libra Francesa era habitual y se combinaba con la imposibilidad que los plutócratas se largaran con su capital financiero, impidiendo la movilidad de movimientos de capital financiero. Al mismo tiempo posibles nuevas devaluaciones servían de amenazas por parte de la Corona a la Plutocracia Burguesa si ésta no colaboraba prestando dinero barato al Estado Monárquico, que reinvertía el dinero en la apertura de empresas públicas como las famosas manufacturas reales de tapices, porcelanas y vidrios. La idea de Colbert es que fluyera dinero barato y constante como hace el bazo creando la sangre suficiente en el organismo de un ser humano herido y que se está desangrando. Esta idea la heredó Keynes en el siglo XX con la inyección de nueva masa monetaria en la economía, significaría no interpretar este fenómeno como apuntan los liberales en el miedo a la inflación, sino que canalizando esa inyección de capital financiero en la economía, pueda destinase en productividad, en aquello que impida precisamente el incremento de los precios de los productos, bienes y servicios, creando así empleo público y de calidad en todos los sectores económicos de nuestra sociedad, no sólo en sanidad y educación.

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