domingo, 1 de mayo de 2011

MENSAJE AL PUEBLO CARLISTA DE S.M.C. DON CARLOS JAVIER I DE BORBÓN, REY DE LAS ESPAÑAS






"Fiel a mis antepasados, fiel a mi Augusto Padre, cumpliré con los deberes y sacrificios que me impone el ser hoy el abanderado dinástico del Carlismo, que la legitimidad de origen y de ejercicio, desde los tiempos de Carlos V, ha hecho recaer en mí.
Como mi padre, seré fiel a nuestras tradiciones, en primer lugar a nuestra tradición religiosa y, continuando su fidelidad innovadora, junto a los que deseen seguir este camino, dentro y fuera del vasto panorama del carlismo, elaborar entre todos un programa de futuro. No en balde se sacrificaron tantos carlistas, no en balde mi padre vivió y luchó hasta el final de su vida al servicio de estos ideales.







Los tiempos son hoy distintos, el panorama político y su problemática distintos. No por esto ha terminado nuestra misión: perseverar en el camino y en la lucha por la justicia y la libertad.
Una misión que se despliega frente a un mundo donde los países y hasta los continentes están interconectados. Por esto, nuestra mirada ha de abarcar a la vez nuestras Españas y este mundo interconectado que camina hacia una convergencia cada vez mayor. No pienso con este mensaje
exponer un plan de actuación. Este plan, este camino, lo iremos haciendo “al andar”.







Sí quiero subrayar que para nuestro presente inmediato la grave crisis moral, política y económica por la que atraviesa el mundo nos obliga a explorar más a fondo, con más rigor y exigencia nuestra propuesta de gestión desde la base de la sociedad, desde la base de nuestras Españas, para que la renta producida sirva al desarrollo progresivo de los ciudadanos, y no al enriquecimiento de determinados entes o individuos, o vaya a engrosar burbujas evanescentes que, al final, a todos arruinan.







Desde siempre, inspirados por el principio de subsidiaridad, le hemos dado una expresión más acorde con los tiempos modernos; se trata de resolver a cada nivel, local, regional, nacional y, hoy en día, supranacional, los problemas por los actores sociales y que estos se impliquen
responsablemente y con capacidad inventiva en esta resolución, teniendo siempre a la vista el bien colectivo. Es lo que hemos llamado nuestra autogestión. Así podemos obviar la irresponsabilidad y también la polarización agresiva que conforma cada vez más el diálogo político cuando, al contrario, debería ser abierto y constructivo.







También nuestras raíces de cultura cristiana y humanista, donde han dejado huella otras espiritualidades, nos instan a luchar contra el terrible déficit ético que aqueja hoy en día una sociedad como la nuestra con larga tradición de sacrificios y altura moral. La adoración del becerro de oro no sólo envilece, también hace opaca la visión de un mundo donde la pobreza sigue haciendo estragos y no sólo la pobreza, también la falta de democracia y libertad y el olvido de los derechos humanos y de los derechos de los Pueblos, que van unidos, concretamente como lo revelan las revueltas de la ribera sur del Mediterráneo. Podemos ser eficazmente solidarios y debemos preocuparnos por ellos.







Creo que desde nuestra secular identidad, original, comprometida y con la legitimidad democrática que nos otorga nuestra decidida participación en la transición democrática y nuestra marcha hacia una España plural, podemos ser actores históricos de un cambio de sistema económico, político, administrativo, de gestión ecológica de la sociedad, siendo líderes de opinión en el campo público, intelectual y político, que es lo que se necesita hoy en día.
Tenemos por delante una cautivadora tarea, y por ello, fiel a mi compromiso histórico y llevado por el amor que tengo a las Españas, haciendo una llamada especial a la juventud, me comprometo al asumir la herencia dinástica del Carlismo y del Ducado de Parma, a entregarme a ello junto con mi esposa, mi hermano Jaime, mis hermanas Margarita y Carolina, y mis tías María Teresa, Cecilia y María de las Nieves."





Dado en París el ocho de abril del año dos mil once

1 comentario:

Legitimidad dijo...

En exégesis:

Don Carlos Javier asume los derechos dinásticos que, teniendo su origen en Carlos V, el transcurso del tiempo ha hecho recaer en él. Estos derechos, es claro y manifiesto, no son otros que los derechos legítimos que le asisten a la Corona de Las Españas.

Reconoce que existe una crisis política y económica, pero además también reconoce que existe una crisis moral. Estas tres crisis afectan a Las Españas y al mundo entero siendo causa y efecto de las mismas la “adoración al becerro de oro” y el hecho probado y notorio de que las rentas producidas no reviertan en el común de los ciudadanos. Asimismo critica la economía especulativa al referirse a “burbujas evanescentes”.

Critica el bipartidismo y la falta de diálogo constructivo entre las fuerzas políticas al referirse al “la irresponsabilidad y polarización agresiva”.

Frente a esto aboga por un cambio de sistema económico, político y administrativo por lo que a “sensu contrario” viene a decir que el sistema existente no es ni justo ni válido.

Apela, igualmente a nuestras tradiciones y raíces espirituales cristianas para solventar la crisis moral y material que nos afecta y, finalmente, nos apela a todos para que trabajemos para que el Carlismo, los Carlistas y el Partido Carlista, lidere la opinión española que genere los cambios.

Por lo tanto, de todo el mensaje del Augusto Señor (tratamiento regio solo apropiado para referirse a los Reyes) don Carlos Javier de Borbón Parma, se ve claramente su compromiso con el Carlismo, con las Españas y con el fomento de los cambios políticos y sociales que son necesarios para construir un mundo mejor y más justo.

Así pues, solo cabe rubricar lo dicho con: ¡¡¡Viva don Carlos Javier de Borbón Parma!!! ¡¡¡Viva Carlos VIII!!!