lunes, 3 de enero de 2011

EL CIENTIFISMO DE LAS IDEOLOGÍAS


La llegada de la revolución liberal burguesa en Inglaterra durante 1642-1688, en Francia durante 1789 y en España durante 1833 puso de manifiesto el triunfo de las ideas burguesas liberales capitalistas. Las obras filosófica, política y económica de los padres del liberalismo Hume, Locke, y Adam Smith, significaban el comienzo del cientifismo de las ideologías.

Los productores tradicionales, pequeños propietarios agrícolas, pequeños burgueses, comenzaban a renunciar para siempre a formar parte del grupo de la Oferta, para vender en el mercado su fuerza laboral a cambio de un salario, pasando a ser como el resto del pueblo, la amalgama de las fuerzas de la Demanda.

Los grandes capitalistas, financieros y empresarios hacían notar que ellos son los dueños de los medios de producción y que además obstentan todos los instrumentos al respecto para que así conste. Así las gentes de derechas se agruparían en torno al sector de las fuerzas productoras, es decir las fuerzas de la Oferta. Ello no significa que sean ellos quienes realicen los trabajos, sino que son ellos, quienes son los dueños de los medios de producción y de los recursos, a través del sistema capitalista que fueron imponiendo con las revoluciones burguesas.


Una curiosa Ley económica de uno de los profetas del capitalismo liberal, y que de alguna manera lo convertiría en Capitalismo Científico más allá de Adam Smith, sería Say, quien inventó una afirmación que trataba de aseverar que "Toda oferta tiene su propia demanda", o lo que es lo mismo todos los productos que se producen en el mercado son consumidos y por tanto hay un vaciado de mercado eficiente.


Así el Capitalismo científico y sus agoreros llegarían hasta la Crisis de 1929; crisis que puso de manifiesto el error de tal afirmación económica descrita por Say, ya que la oferta era amplia y se había desarrollado por los métodos tayloristas de producción en cadena a gran escala. Sin embargo a pesar del abaratamiento de los precios de los productos, las rentas familiares y el poder adquisitivo de los individuos así como el consumo marginal no era lo suficientemente fuerte como para igualarse a la portentosa oferta de los productores.


Ello significaba que con el triunfo de la era de la burguesía capitalista industrial, la inmensa mayoría de la población no había hecho más que perder sus derechos y libertades hasta el punto de pertder la dignidad en el seno de un capitalismo que les sobrexplotaba. El abandono del medio rural por el reconocimiento que los regímenes liberales constitucionales hacían de la propiedad privada de la tierra y de los inmuebles a las clases adineradas y plutócratas, de las que destacaban los nuevos ricos burgueses, implicaba la creciente fuerza laboral que pasaba del campo a la ciudad, y que se convertían de campesinos con derecho al usufructo a jornaleros y proletarios mal asalariados. Es por ello que todas estas gentes pasarían de tener una propiedad usufructuaria con la que mantener su nivel de autosuficiencia sin depender de la burguesía, a depender completamente de la misma. ¿Por qué? porque pasaron a convertirse en trabajadores asalariados de la burguesía y con lo cual pasarían a formar parte, no de las fuerzas de la oferta o productoras, sino de las fuerzas de la demanda, trabajadora y consumidora.


Los trabajadores del Antiguo Régimen si pueden ser considerados productores porque ellos mismos completaban todo el proceso de la elaboración tanto artesanal, como agraria de los bienes que manufacturaban y producían, pero la llegada de la burguesía capitalista y su régimen de explotación en cadena, supuso la alienación en el trabajo de los trabajadores quienes eran completamente ajenos al resultado de los bienes que producían las empresas capitalistas, con lo cual, los trabajadores pasan de ser productores a formar parte del engranaje y mecanismo de producción en cadena, y por tanto no son ellos dueños de su trabajo, ni de los medios de producción, como muy bien explicaría Marx. Así pues los trabajadores a través del movimiento obrero y las fuerzas de la izquierda, desde una perspectiva económica formarían la amalgama de las fuerzas de la demanda, al representar a los consumidores y trabajadores que venden su mano de obra a los productores o capitalistas.


En el sistema capitalista, desde un punto de vista científico y objetivo tiende haber dos fuerzas políticas: la izquierda y la derecha. La derecha tuvo como origen la organización de las fuerzas de oferta (capitalistas, empresarios, grandes comerciantes, nuevos ricos) para acabar con el Antiguo Régimen (Feudalismo y Comunalismo). La aniquilación de las antiguas instituciones fue llevado a cabo por la burguesía capitalista de tal modo que permitiera la libre explotación del hombre por el hombre. Tuvo pues su apogeo durante todo el siglo XIX y buena parte del XX, ya que lograron anular todos los derechos de los trabajadores para pagarles una miseria.

Esto llevó a la Crisis de Demanda, ya que al contrario de lo que indicaba el economista Say, no toda oferta tiene su demanda, y esto lo puso claramente en evidencia el economista Keynes durante la Crisis de 1929. Keynes trataba de apoyar el sistema capitalista pero por el lado de la Demanda, pues según él habría que reforzar el consumo marginal, bajo ayudas económicas directas a las familias o bien con la contratación pública, a través de la apertura de un tegido empresarial público. Ello tuvo como respuesta el reforzamiento de las fuerzas de la Demanda y con ellos todos los grupos sociales y políticos vinculados a la izquierda liberal o socialdemócrata.

Lo curioso de todo esto es que izquierda y derecha en realidad representan de forma científica la demanda y oferta económica, es decir a trabajadores-consumidores y a productores-empresarios-capitalistas. Cuando ambas fuerzas se equilibran surge la "panacea" del capitalismo científico o la socialdemocracia científica. Por ello apenas existen conatos de rebelión intelectual o de base científica para negar la formación de las fuerzas de la oferta y de la demanda.

Observamos que los grupos políticos han decidido vincularse o formar parte de esos dos pilares cientifistas que son Oferta y Demanda.

Hasta ahora nadie había puesto en tela de juicio este equilibrio predicando la economía mixta. Sin embargo la aparición de la inflación en los años 60 del siglo XX como consecuencia del reforzamiento de la demanda y el debilitamiento de las fuerzas de la oferta, debido a los años del pleno auge de la socialdemocracia Keynesiana, llevó a la Escuela de Chicago de Milton Friedman a afirmar, que la crisis de 1973, que era una crisis de oferta por el problema del encarecimiento del precio del crudo; significaba una merma para la capacidad de producción de la oferta, con lo cual aparece el fenómeno de la inflación, es decir se incrementa el nivel de los precios de los bienes.


Para reajustar e igualar Oferta y Demanda, la escuela de Chicago y la escuela Austriaca, las dos de tientes ultraconservadores, herederas de las tesis de los autores clásicos del pensamiento de la revolución liberal burguesa, proponen liberalizar los sectores productivos, privatizar las empresas públicas que se habían creado durante el periodo Keynesiano o socialdeócrata, flexibilizar jornadas laborales y horarios, abonar unos salarios ínfimos que respondía todo a la planificación de la precarización del mundo del trabajo, con lo cual ello significaba mermar la capacidad de las fuerzas de la demanda y los grupos vinculados a la misma.


Asistimos al choque frontal entre las fuerzas de la izquierda (demanda) y las fuerzas de la derecha (oferta). En este choque observamos la fuerte destrucción de empleo que se produce en el seno del sistema capitalista debido a la crisis económica. Las fuerzas de la oferta promete ser capaces de reactivar la economía y ponerla en pleno rendimiento, a los niveles de creciemiento económico del 1.5%, pero esto es una utopía si estudiamos nuestro tegido productivo y la enorme importancia que se le ha otorgado al mercado inmobiliario y a la terciarización de nuestra economía. Las fuerzas de la oferta (derecha) se pueden permitir el lujo de contratacar a una inexistente izquierda (demanda), al menos en lo económico, porque ellos son los dueños de los medios de producción y de los recursos escasos a través del capital financiero.

Los trabajadores-consumidores (izquierda) no son dueños de nada salvo de su fuerza laboral que ofrecen a cambio de un salario. En su mayoría se dejarán influenciar por las promesas de una derecha, que les asegura empleo precario, una vivienda y un coche, y un nivel de vida dentro de lo que cabe a pleno rendimiento. La izquierda en el seno del sistema capitalista no puede prometer ya nada, porque quienes gobiernan son los mercados y los plutócratas. Sólo puede resistirse al inquebrantable avance de las fuerzas de la derecha (productores-capitalistas-financieros-comerciantes).


Pero a los grupos sociales y políticos vinculados a la izquierda (demanda) y a la derecha (oferta), se les olvida un pequeño detalle. Oferta y Demanda no pueden entrar en juego si no se conservan los recursos. Puede que los representantes de las fuerzas de la oferta sean los dueños de los medios de producción y de los recursos escasos a través del capital financiero. Sin embargo los recursos terrenales se agotan. La vida en la tierra se esfuma. La tasa de regeneración de los recursos que se utilizan para que la oferta de los productores sea cada vez mayor, está en regresión, por ello nació una tercera vía vinculada, no a la oferta(derecha-productores-financieros y capitalistas), tampoco a la izquierda(trabajadores-consumidores que copiaron el egoismo materialista burgués), sino que surgió una vía preocupada por los recursos escasos, y esas son las fuerzas ecologistas.


Las fuerzas de la oferta prometen montañas con recursos que no les pertenecen. Las fuerzas de demanda influenciadas por el egoismo materialista burgués terminaron por aceptar el juego capitalista al atender a las necesidades cortoplacistas. Sin embargo las fuerzas preocupadas por los recursos tratan de hacer comprender la problemática de la escasez de los mismos, a pesar de que se trata de parametros en el largo plazo que tristemente y lamentablemente no interesan a casi nadie.

Pero el objetivismo científico de las ideologías redunda precisamente en estos tres pilares: la oferta, la demanda y los recursos. La revolución burguesa trabajó por hacer fuerte la oferta y beneficiar con ello a los productores-empresarios y capitalistas. La revolución socialista comunista y socialdemócrata trabajó por hacer fuerte la demanda y beneficiar con ello a los trabajadores-consumidores y llevarlos en el caso socialdemocrata a ser parte del sistema capitalista y a gozar de "innumerables" garantías sociales políticas y económicas-materiales, como lo fue a través de la generación de contratación del empleo público. Sin embargo la sociedad de consumo es ajena a la escasez de los recursos, y solo un movimiento ecologista puede hacer fuerte a los recursos, precisamente a aquello de lo que economicamente y en realidad el ser humano depende.

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