sábado, 27 de noviembre de 2010

EL SOCIALISMO FEUDAL DE CARLOS MARX EN EL MANIFIESTO COMUNISTA









Ante la crisis económica capitalista muchos nos preguntamos exactamente hacia dónde vamos, a dónde nos dirigimos con este neoliberalismo económico basado en el libre equilibrio y asignación arbitraria de los recursos por parte del mercado y su egoísmo materialista que imprime a los valores totalmente disueltos de nuestra sociedad.



En las tertulias comienza afinarse el tema de que ya no es la voluntad popular, ni siquiera las instituciones políticas actuales, pasadas y hereditarias; pues ninguna de ellas puede hacer frente hoy por hoy a los ingobernables poderes capitalistas y financieros. ¿Es esto democracia? ¡La libertad del capital, y los gobiernos de los mercados sobre las legitimas voluntades populares!



Para mi desde luego que no, y para muchos de ustedes tampoco.






Curiosamente se vuelve a poner de actualidad ejemplares de libros como "El Capital" de Carlos Marx, o el Manifiesto Comunista, y es que uno no deja de sorprenderse al contemplar la crítica tan exacta y tan severa que este autor, filósofo, político y economista trazó al describir la realidad de su tiempo que tristemente es una realidad actual.



Debo admitir que no comparto toda la crítica marxiana, y menos aun sus soluciones a los problemas políticos, económicos y sociales, pero no estaría demás añadir algunas de las opiniones de Marx del Manifiesto Comunista para tratar de hacer constar la descripción de aquella realidad de su tiempo existente todavía hoy:






"La burguesía ha desempeñado un papel altamente revolucionario en la historia.



Allí donde ha llegado al poder, la burguesía ha destruido todas las relaciones feudales, patriarcales, idílicas. Ha arrancado despiadadamente los abigarrados lazos que ligaban a los hombres con sus superiores naturales, y no ha dejado otro lazo entre hombre y hombre que el desnudo interés, que el seco "pago al contado". Ha sofocado el sagrado embeleso de la ilusión piadosa, del entusiasmo caballeresco, de la melancolía pequeñoburguesa en las aguas heladas del cálculo egoísta. Ha disuelto la dignidad humana en el valor de cambio y ha sustituido las libertades garantizadas y legalmente adquiridas por la única libertad, la libertad de comercio sin escrúpulos...



La burguesía ha despojado de su aureola todas las profesiones que hasta hoy eran venerables y contempladas con piadoso respeto. Ha convertido en asalariados suyos al médico, al jurista, al cura, al poeta, al hombre de ciencia.



La burguesía ha rasgado el velo de tierno sentimentalismo que envolvía las relaciones familiares y lo ha reducido a una relación dineraria."






"La burguesía ha sometido el campo al dominio de la ciudad. Ha creado enormesciudades, ha multiplicado considerablemente la población ciudadana en comparación con la agraria, arrancando así a una parte importante de la población del particularismo de la vida campesina."






Estos fragmentos extraídos del Manifiesto Comunista puedo subscribirlo sin menoscabo de una coma, aunque posiblemente las afirmaciones de Marx fuesen más en la dirección de aplaudir a esta burguesía destruyelotodo, en su afán de crear el contexto oportuno donde burgueses y proletarios se enfrentasen en su lucha de clases a posteriori.






En su descripción y análisis del socialismo junto con Engels puntualizarán la existencia de diversos socialismos que se contraponen a la realidad burguesa y capitalista, destacando al primer socialismo de todos denominándolo socialismo reaccionario.






No necesitamos de la condelescencia, de los juicios y prejuicios de las demás corrientes ideológicas que pretenden definirnos situándonos a los carlistas cuando a ellos les conviene ya sea en la extrema izquierda, ya sea en la extrema derecha, ya sea en el nacionalismo independentista periférico, ya sea donde quieran ponernos. Nosotros sabemos y podemos definirnos, aunque no renunciamos al estudio de personajes históricos tan importantes como Marx, que han sido instrumentalizados por la corriente ideológica de izquierdas, queademás se ha destacado como la defensora de los valores y derechos de los pueblos atacando las esencias de los mismos, es decir cayeron en la contradicción al pretender aniquilar la tradición de los pueblos.




Volvemos a Marx:







1.- El socialismo reaccionario



a) El socialismo feudal







Las aristocracias francesa e inglesa estaban llamadas, dada su posición histórica, a escribir panfletos contra la moderna sociedad burguesa. En la revolución francesa de julio de 1830, en el movimiento reformista inglés, la aristocracia volvió a sucumbir ante el odiado advenedizo.



Ya no se podía hablar de una lucha política seria. Le quedaba solamente la lucha literaria. Pero tampoco en el terreno de la literatura eran ya posibles las viejas expresiones de la época de la restauración francesa (1814-1830). Para despertar simpatía, la aristocracia tuvo que perder de vista, aparentemente, sus intereses y formular su acta de acusación contra la burguesía en interés solamente de la explotada clase obrera. Preparaba así el desquite de lanzar canciones injuriosas a su nuevo dominador y de susurrarle al oído profecías más o menos preñadas de desgracias.



Surgió así el socialismo feudal, mitad elegía, mitad libelo, mitad eco del pasado, mitad amenaza del futuro, dando a veces en el corazón de la burguesía con juicio amargo, ingeniosamente demoledor, produciendo siempre un efecto cómico debido a su total incapacidad de comprender la marcha de la moderna historia.



Enarbolaban como bandera el saco de mendigo del proletariado para poner de su parte al pueblo. Pero cuantas veces éste se situó tras ellos, vio en su trasero los viejos escudos feudales y se dispersó con sonoras e irreverentes carcajadas.



Un sector de los legitimistas franceses y la Joven Inglaterra (Organización Inglesa en la que participaron literatos y políticos del Partido Conservador con sensibilidad de los antiguos Tories. Se trataron de Disraeli, Borthwick, Manners y Ashley después Lord Shaftesbury. Desarrollaron su actividad política en la década de 1840, iba dirigida contra la burguesía industrial y quería volver a la Inglaterra del feudalismo, restaurando el poder de la antigua aristocracia) han ofrecido este espectáculo."







En su crítica a este socialismo feudal, Marx reconoce que se trata de un socialismo protagonizado por los "feudales" como él los denomina; comparte en parte la crítica hacia la burguesía que los defensores del Antiguo Régimen realizan, pero el desprecio de Marx es mayor por estos que frente a la burguesía a la que aplaude por sus innovaciones políticas, sociales y económicas. Este desprecio a todo lo que oliera a nostalgia por el pasado de la aristocracia y el feudalismo, se observa en el rechazo de Marx a autores tradicionalistas como De Bonald, Chateaubriand, Lord Ashley, Conde de Shaftesbury y el último Carlyle.

Las fábricas que surgieron a finales del siglo XVIII causaron preocupación por las largas jornadas de trabajo que exigían y por la falta de salubridad de las condiciones que se daban en ellas, pero como en general, debido a las corrientes liberales burguesesas capitalistas, se pensaba que el gobierno no debía interferir en la mecánica del mercado, no se hacía nada para proteger a los trabajadores. No faltaron quienes se oponían al laissez-faire (dejar hacer) incontrolado y exigían la acción del gobierno para doblegar al sistema capitalista, sobre todo la explotación a que se veían sometidos los niños, con jornadas que se prolongaban de diez a catorce horas al día, trabajando seis días a la semana. Quienes protestaron con todas sus fuerzas contra estos desafueros fueron miembros como Lord Ashley, Conde de Shaftesbury, todos ellos movidos por intereses humanitarios y religiosos, quienes condenaban las formas y métodos del sistema de explotación burgués capitalista.







Marx diría más:







"La burguesía, con su explotación del mercado mundial, ha configurado la producción y el consumo de todos los países a escala cosmopolita. Con gran pesar de los reaccionarios, ha sustraído a la industria el suelo nacional bajo sus pies. Las antiguas industrias nacionales han sido destruidas y lo siguen siendo a diario. Quedan desplazadas por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en una cuestión vital para todas las naciones civilizadas, por industrias que ya no emplean materias primas del lugar, sino que las elaboran procedentes de las zonas más alejadas, y sus productos no se consumen ya sólo en el propio país, sino simultáneamente en todos los continentes. En lugar de las viejas necesidades, satisfechas con productos del campo, aparecen otras nuevas que requieren ser satisfechas con productos de los países y climas más lejanos."







Contrariamente a lo que pensaban Marx y Engels las revoluciones obreras socialistas tuvieron lugar en países que tenían muy poco de burgueses, aunque si es cierto que en el Imperio Ruso había penetrado el capitalismo internacional de la mano de las burguesías inglesa y francesa.







El reconocimiento marxiano del socialismo feudal y de posiciones socialistas "blancas" en el seno de los movimientos históricamente contrarrevolucionarios, como el de los Legitimistas Franceses o los "Jacobitas" Ingleses de la Joven Inglaterra, le lleva al mismo tiempo a restarle autenticidad socialista. Primero, tanto Marx como Engels proceden a describir los tipos de socialismos existentes, para posteriormente decir: ¡Ojo, el nuestro es el verdadero, el cientifista, el materialista, el ateo!, dando a todos los demás por socialismo falsos o simplemente vacios de contenidos. Ahí se descubría el encasillamiento, la cerrazón y la falta de sensibilidad por el respeto a las demás formas de pensamiento socialistas, destacando que solo había un socialismo, y que ese era el suyo, tratando de deslegitimar o ridiculizar como hace el socialismo de los demás.







Precisamente ocurre, que a la caída del muro de Berlín y del comunismo (1989), no existen otras alternativas socialistas, y el socialismo queda diluido en el seno del capitalismo, como instrumento de control por parte de las burguesías de las masas obreras egoistamente acomodadas.



Al mismo tiempo es muy interesante señalar el papel que Marx reconoce en los socialistas feudales porque todos los pensadores de la izquierda y de la derecha de la historiografía política oficial, negarán esta sensibilidad socialista a los movimientos considerados como de extrema derecha, o partidarios de los ricos y la plutocracia capitalista, cuando se trata de demostrar todo lo contrario, ya que estas aristocracias son anticapitalistas y socialistas cristianas las cuales criticaron las formas de explotación de la burguesía capitalista internacional.







En el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, o al menos en el oficial no se encuentra ninguna referencia al Carlismo. El texto apócrifo de Marx sobre el carlismo, pudiera ser de él al tratar de diferenciar el movimiento Carlista del Legitimista Francés e Inglés, ya que el Carlismo apenas tenía miembros de la alta y antigua aristocracia, pues sus miembros en España habían decidido traicionar los antiguos usos y costumbres para imponer con la burguesía el yugo capitalista sobreexplotador que todavía estamos viviendo. En Francia la antigua aristocracia fue mucho más crítica con el capitalismo liberal burgués, y llegó a defender posiciones socialistas, en comparación con la aristocracia española que se sometió y aceptó las reglas de la burguesía, traicionando los antiguos usos tradicionales y costumbres que defendería el Carlismo.







K. Marx y F. Engels escriben en "La Revolución española, 1808-1843" y atendiendo a la traducción de Andrés Nin. Editorial Cenit. Madrid, 1929, lo siguiente sobre el Carlismo:




“el carlismo no es un puro movimiento dinástico y regresivo, como se empeñaron en decir y mentir los bien pagados historiadores liberales. Es un movimiento libre y popular en defensa de tradiciones mucho mas liberales y regionalistas que el absorbente liberalismo oficial, plagado de papanatas que copiaban de la Revolución Francesa. Los Carlistas defendían las mejores tradiciones jurídicas españolas, las de los Fueros y las Cortes Legítimas que fueron pisoteadas por el absolutismo monárquico y el absolutismo centralista del Estado Liberal Burgués. Representaban la patria grande como suma de las patrias locales, con sus peculiaridades y tradiciones propias. No existe en Europa ningún país que no cuente con restos de antiguas poblaciones y formas populares que han sido atropelladas por el devenir de la Historia. Estos sectores son los que representan la contrarrevolución frente a la revolución que imponen las minorías dueñas del poder. En Francia lo fueron los Bretones y en España, de un modo mucho más voluminoso y nacional, los defensores de Don Carlos. El tradicionalismo carlista tenía unas bases auténticamente populares y nacionales de campesinos, pequeños hidalgos y clero, en tanto que el liberalismo estaba encarnado en el militarismo, el capitalismo (las nuevas clases de comerciantes y agiotistas), la aristocracia latifundista y los intereses secularizados, que en la mayoría de los casos pensaban con cabeza francesa o traducían, embrollando, de Alemania”.








No hay comentarios: