lunes, 6 de septiembre de 2010

EL HIJO DE CARLOS HUGO ASUME LOS DERECHOS AL TRONO DE ESPAÑA

El féretro de Carlos Hugo en la cámara ardiente cubierto con la bandera española y la boina roja. A la derecha, la bandera carlista; sobre el cojín de las flores de lis, el Tosión de Oro. / ParmaOggi


FUENTE: CUARTOPODER
En un principio, daba la impresión de que el entierro de Carlos Hugo el pasado sábado solo iba a ser la despedida de quien, para muchos habitantes de Parma, simbolizaba la añorada independencia de este antiguo ducado al norte de Italia. Cientos de personas se agolpaban junto a la céntrica iglesia de la Steccata una hora antes de que llegara el féretro del último duque de Parma.
Aún recordaba al día siguiente la prensa local la inútil resistencia de los voluntarios parmesanos por conservar su autonomía política a mediados del siglo XIX ante el imparable proceso unificador de la nación italiana. Dentro de esta céntrica iglesia barroca con planta de cruz griega, los 400 invitados, de riguroso luto, se distribuían por las tres alas simétricas del templo, reservando la cuarta a la familia Borbón Parma y a los oficiantes de la misa, concelebrada por los obispos de Parma y Rótterdam.
Entre los presentes, numerosas autoridades locales, políticas, militares y universitarias, además de miembros de casas reales europeas y los embajadores del Vaticano, Malta y Georgia. En las primeras filas, Guillermo de Orange-Nassau, príncipe heredero de Holanda; Enrique, gran duque de Luxemburgo, y el príncipe de Löwenstein, mientras que los Reyes de Jordania y la Casa de Francia habían enviado sendas coronas de flores.
El funeral del “príncipe Carlos Hugo de Borbón Parma”, como se decía textualmente en el anuncio oficial, no era, por lo tanto, una ceremonia para salir del paso; la rigurosa organización, los trajes de gala y etiqueta, el despliegue policial y la nutrida presencia de medios de comunicación daban a la ceremonia el rango de un funeral de Estado.


Dado el nítido carácter hispano que tuvo toda la ceremonia, resultaba sorprendente que, entre las numerosas delegaciones europeas, prácticamente no hubiera ninguna de España, salvo la corona de flores enviada por “SS. MM los Reyes” y una veintena de leales carlistas llegados de diferentes puntos de la Península.
Monseñor Enrico Solmi, se encargó de recordar el compromiso por la justicia social, el bien común, la paz entre los Estados y el desarrollo de los pueblos de quien dirigió la evolución ideológica del carlismo. Tampoco se olvidó de ensalzar sus últimos trabajos en la Universidad de Harvard sobre las secuelas de la globalización en el mundo, a las que, según dijo el obispo de Parma, había dado respuestas para toda la familia humana desde posiciones cristianas.
Frente a los oficiantes, se encontraban los hijos de Carlos Hugo: Carlos Javier, Margarita, Jaime y Carolina; a su lado sus hermanas María Teresa y María de las Nieves. Junto a ellas, Irene de Holanda, hermana de la reina Beatriz, con quien Carlos Hugo se casó en 1964 para separarse veinte años después.
Acabado el oficio religioso, el féretro fue de nuevo llevado a hombros hasta la cripta de la iglesia, donde recibió sepultura en la más estricta intimidad familiar. A continuación, utilizando el atril del altar, un representante de la familia Borbón Parma leyó el testamento de Carlos Hugo, fechado el 9 de agosto, nueve días antes de su fallecimiento por cáncer. En este texto legal, Carlos Hugo transmite de forma solemne a Carlos Javier, el mayor de los hijos, y a todos sus descendientes los derechos legítimos al trono de España.



Carlos Javier, al fondo, se dirige a los invitados reafirmando sus derechos al trono de España. FOTO: Manuel Martorell



Carlos Hugo, que se postuló al trono frente a la candidatura de Juan Carlos en los años 60 hasta que fue expulsado de España por Franco, no había realizado una reafirmación tan contundente desde la transición democrática. Con esta declaración, se mantiene abierto el contencioso dinástico que ensangrentó las tierras de España entre carlistas y liberales durante todo el siglo XIX. Citando los tratados de Aranjuez de 1801 y de Nápoles de Nápoles de 1759, el testamento proclama, además, la nacionalidad española para todos los miembros de la familia Borbón Parma y sus sucesores.
Inmediatamente después, con todo el público y autoridades en pie, su hermano menor, Jaime, le colgó el Toisón de Oro, símbolo de la realeza española. Con este emblemático collar, el nuevo pretendiente a la Corona de España se dirigió a los presentes aceptando el testigo que le pasaba su padre mientras recordaba su vital compromiso. “¡¡Aita!!”, dijo en euskera mirando al cielo, “¡padre!: Sacrificaste con coraje tu vida por la democracia, la libertad, la justicia social, la igualdad y por hacer de este mundo un lugar mejor para vivir. Seguiremos tu camino”. Más tarde, a preguntas de los periodistas, Carlos Javier confirmó lo dicho declarando que él no podía renunciar a estos derechos porque “fueron otorgados por el pueblo español y solo el pueblo español puede arrebatárselos”.
Aún hubo otro significativo “toque” español en las solemnes exequias. María Teresa, inseparable compañera política de su hermano, comunicó que también habían recibido un telegrama de Santiago Carrillo, con quien los Borbón Parma integraron la Junta Democrática el año 1974, reconociendo que Carlos Hugo había sido un hombre con más valores progresistas que mucha gente que se dice de izquierdas.