miércoles, 28 de julio de 2010

CATALUNYA RESTAURA LAS VEGUERIAS Y PROHIBE LOS TOROS




Recientemente los políticos catalanes han restablecido las Veguerias, sustituyendo el régimen provincial establecido tras los Decretos de la Nueva Planta del siglo XVIII, por los cuales Felipe V abolió el régimen Foral de los distintos Estados peninsulares que se habían sublevado contra él y que aun conservaban sus Fueros i Usos; tal fue al caso de Catalunya donde las veguerias eran la demarcación territorial histórica del Principat de Catalunya, de origen medieval, que existió desde el siglo XII hasta el XVIII.




Al mismo tiempo que se restablecen las demarcaciones territoriales históricas catalanas, que deberían llevarse a cabo conforme a la Tradición de la antigua Monarquia Catalana, respetando las denominaciones tradicionales. Los políticos catalanes, tanto nacionalistas, socialistas como independentistas se han medio inventado las denominaciones de las mismas, de forma que nos recuardan un tanto a las denominaciones de algunos departamentos franceses. De cualquier forma se ha de celebrar la sustitución y la finiquitación del sistema provincial, sistema irrespetuoso con la tradición territorial de Catalunya basado en las mencionadas Veguerias.




Eso si, resulta un tanto paradójico e incoherente por parte de los políticos Catalanes muy empeñados en "restablecer y restaurar los antiguos Usos y Tradiciones Catalanas" y sin embargo comprobamos como han votado a favor de la prohibición de la fiesta de los Toros en Catalunya sin venir a acuerdos y posiciones intermedias que tuviesen como resultado y objetivo las Corridas de Toros que se llevan a cabo por ejemplo en Portugal, donde no se mata al Toro, satisfaciendo en parte la posición política antitaurina, de forma que nos acercaría mucho más al país vecino.




Por otro lado debemos recordar que en las Islas Canarias las corridas de Toros están prohibidas y no por ello se les niega su españolidad, a parte que tienen legalizadas las peleas de gallos, y nadie dice nada, simplemente que la cuestión taurina y antitaurina se ha politizado hasta el punto de la incoherencia y buscando siempre el enfrentamiento para dejar de lado los verdaderos problemas de todos los habitantes de las Españas.




En cuanto a las Veguerías, los Veguers eran de nombramiento real, dependían del monarca o del gobernador general y tenían poderes de justicia, mando militar y policía. Los municipios conservaron su propio Batlle, con caracter de juez, pero en todo caso inferior y superior al veguer del territorio. El mismo sistema fue aplicado en el Regne de Mallorca, dividida en dos veguerias. El Regne de València estaba dividido a partir de 1347 en cuatro distritos: Castellón, València, Xàtiva i Oriola, que en este caso se llamaron gobernaciones.
En Catalunya y Mallorca, durante la edad media y moderna, las veguerias eran distrito administrativo, judicial y militar, regido por un veguer. Los condados catalanes fueron divididos en veguerias y su número aumentó al crecer la influencia de la autoridad real sobre las jurisdicciones feudales, llegando a constituir la demarcación territorial catalana más importante; desde el reinado de Jaume II (1292-1327). En Catalunya existieron dieciocho veguerias (Ausona, Bages, Barcelona-Vallés, Bergadà, Besalú, Camarasa, Camprodón, Castellbó-Urgellet, Cervera, Girona, Lleida, Montblanc, Pallars, Ripollés, Sarreal, Tarragona, Tortosa i Villafranca) y en Mallorca se formaron dos. Algunas estaban divididas en demarcaciones más pequeñas, subveguerias. Estos distritos desaparecieron junto con los vegueres y fueron sustituidos por corregimientos tras los decretos de Nueva Planta.
La figura del veguer en Catalunya i Mallorca, durante la edad media y moderna, hasta el siglo XVIII, fue la de un oficial público de la administración territorial que tenía funciones gubernativas, judiciales y militares. Dentro de la estructura feudal catalana existían delegados de los condes (vicario) en las diversas comarcas del condado. A partir del siglo XII al aumentar la autoridad regia, estos delegados se convirtieron en los representantes reales y recibieron el nombre de veguers, con lo que el Principat Català quedó dividido en varios distritos llamados veguerias. El veguer asumió la función de gobernador del distrito, de juez ordinario con jurisdicción civil y criminal, y de comandante de la hueste de su vegueria. Junto con el batlle, formaba parte de la curia local de la capital del distrito. El veguer, nombrado por el rey, estaba sujeto directamente a la autoridad del procurador y tenía asimismo sus delegados (subvegueres)