miércoles, 10 de febrero de 2010

ENRIQUE VIII DE INGLATERRA Y EL ACTA DE SUPREMACÍA


El Rey por antonomasia que aplastó en Gran Bretaña la Tradición Inglesa fue Enrique VIII. Para ello se valió de la excusa de pretender un heredero varón para llevar a cabo la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando.

Inglaterra, acababa de salir de la Guerra de las dos rosas y la mayor parte de la aristocracia medieval había perecido en el enfrentamiento nobiliar que dividia a los ingleses entre los parciales Yorkistas y Lancasterianos. Enfrentamiento, que de algun modo, venía a su vez de la guerra de los cien años, que había enfrentado a Inglaterra y a Francia.

La cuestión es que Inglaterra estaba vinculada a una monarquía tradicional heredera de la Casa Plantagenet, que había mantenido unas instituciones políticas independientes y con derechos a su vez, instituciones formadas por personas, instituciones que en su equilibrio de poderes, contrapesaban entre si, ya que en ningun modo, ninguna de ellas tenía la supremacía absoluta.

Los tres brazos tradicionales: nobleza, clero y estado ciudadano estaban representados en el Parlamento de Inglaterra. Los Reyes ingleses gobernaban de acuerdo a las leyes históricas consuetudinarias del País.

El problema se planteó con la aniquilación del tradicionalismo inglés, que vendría de manos de los aduladores del monarca, aprovechando la cuestión anticlerical asociada a la imposibilidad de la anulación matrimonial del rey Enrique VIII, quien llevaría a cabo un proceso desamortizador y de privatización de los bienes de la Iglesia Católica, bienes intergeneracionales y transgeneracionales de la comunidad religiosa, donde sus miembros, no eran propietarios absolutos de los bienes y patrimonio de la Iglesia. Bienes y patrimonio que sería entregado por el monarca a una burguesía ennoblecida, que había sustituido a las antiguas familias feudales, que en los mayores casos se habían extinguido por la guerra de las dos rosas, que hablabamos anteriormente. Ésta incipiente burguesía inglesa es la que llevaría a cabo el "desarrollo" capitalista, llevando el liderazgo económico capitalista en los siglos XVIII y XIX, culminando con el proceso industrializador de Gran Bretaña. Pero ésto, fue debido a la antesala de lo ocurrido en el siglo XVI con Enrique VIII y sus aduladores burgueses ennoblecidos, que satisfechos con el botín que habían adquirido del saqueo a la Iglesia Católica inglesa, mediante las privatizaciones, desamortizaciones otorgadas por Enrique VIII. A cambio, el rey sería reconocido como Cabeza y Jefe de la Iglesia de Inglaterra, llevando la Supremacía a la Corona de Inglaterra, y por tanto el Despotismo de Monarquía Absoluta reconocida por una burguesía ennoblecida que había salido altamente beneficiada del proceso desamortizador ocurrido en el siglo XVI, ya que en España, en las Españas, ésto mismo tendría lugar, pero en el siglo XIX, a partir de 1833 sobretodo.

Así, el poder del monarca inglés no se vería limitado por la Iglesía como ocurría en toda monarquía feudal, ya que había alcanzado un poder político y religioso de verdadera supremacía, aplastando con ello los contrapesos interinstitucionales de los poderes de las diversas instituciones políticas del reino. La monarquía de Enrique VIII aparecería como la única y máxima institución del reino. Aquel proceso desamortizador inglés sería la tumba de la propia monarquía inglesa, al ponerla al servicio de la oligarquía y la burguesía capitalista y mercantil.

Si bien el despotismo permaneció con Isabel I y el fin de la Casa de Tudor; a la llegada de la Dinastía Escocesa de los Estuardo, las cosas fueron cayendo por su propio peso, al no haber respetado el funcionamiento tradicional e interinstitucional de los contrapesos de poderes, y pretender absorver el poder absoluto para una sola y única institución.

Aquella supremacía monárquica sobre la Iglesia escupía sobre la tradición histórica de la propia monarquía inglesa, y le amputaba su propia razón de ser, porque la convertía en el centro de los aduladores y lo peor de todo, en una cueva de piratas y ladrones, símbolo de los capitalistas y plutócratas. Podríamos decir que el nuevo status quo de supremacía, ponía a la monarquía inglesa como una institución superior al resto.

Éste hecho vulneró salvajemente el equilibrio medieval tradicional de poderes.

El devenir de ésta problemática surgió cuando los herederos de aquella burguesía ennoblecida, la llamada gentry, ya no estaba tan agradecida al monarca en cuestión que les había enriquecido, porque el tiempo del siglo XVI, había pasado, y los herederos burgueses enriquecidos que dominaban el Parlamento de Inglaterra en el siglo XVII, ya no estaban dispuestos a reconocer que la Monarquía Inglesa estuviera limitando el poder de la plutocracia capitalista. Es decir, los piratas capitalistas, conspirarían contra su Rey Legítimo, que en aquel momento era Carlos I de Inglaterra. La burguesía capitalista utilizando el mando de los puritanos se levantó contra el Rey Legítimo y el Pueblo de Inglaterra, aunque claramente, el bando parlamentario, que representaba a la plutocracia y a la oligarquía capitalista, se arrogaba la representación a si misma por el hecho de formar parlamento, la representación "legítima" del pueblo de Inglaterra.

La guerra Civil de 1642 a 1649, llevó al asesinato legal del rey Carlos I Estuardo, y institucionalizó la Republica Inglesa y dictatorial de Cromwell y el papel absoluto del ejército.

La cuestión de lo sucesido pone de manifiesto que Carlos I de Inglaterra no estaba dispuesto a renunciar a ese grado de supremacía en el que teóricamente estaba enmarcada la Corona de Inglaterra. Aquella supremacía, que hacía de la monarquía una institución absolutista, sería la trampa de la Corona y su propio fin, como institución del pueblo, para ser la institución de la burguesía capitalista y financiera.

La vuelta de los Estuardo durante la Restauración llevó al trono de Inglaterra a Jacobo II de Inglaterra, Duque de York. Convencido partidario de las libertades religiosas, quiso anular las leyes que perseguían a los Católicos y disidentes. Éste hecho, junto a los derechos que el propio Jacobo II defendía para la Corona frente a la Oligarquía Capitalista instalada en el Parlamento, le enfrentó con sus subditos protestantes, más proclives a la libertad de comercio y a las finanzas, y por ello decididos defensores de la NO intervención de la Corona (ESTADO) en la ECONOMÍA. ¿Les suena el debate? ¿Acaso no está de actualidad lo que cuento? Y es que la historia ciclica se vuelve a repetir, salvando las distancias, ciertamente. Volviendo al tema, el caso es que la Corona de Inglaterra en tiempos del Rey Jacobo II Estuardo, aparecía como una institución que le plantó cara a la Oligarquía Capitalista y Financiera, y fue precisamente por eso, por lo que Jacobo II perdería la Corona de Inglaterra.

Los subditos protestantes y capitalistas representados por la burguesía ennoblecida, llamaría a Guillermo de Orange a ocupar ilegitimamente la Corona de Inglaterra, pero ésta Oligarquía de los negocios, reunida en el Parlamento, dueña del mismo; se aseguraría de dos cuestiones:

1ª Que el Parlamento no representara nunca las reivindicaciones campesinas, ni democráticas, sino que fuera unicamente la voz de la burguesía capitalista instalada en él, que usurparía la voz del Pueblo de Inglaterra.

2ª Que el nuevo monarca puesto e instaurado por la Oligarquía Financiera de los negocios, tendría que acatar el ACTA DE SUPREMACÍA, normativa heredera e inspirada en la Supremacía que Enrique VIII llevó a cabo para con la Iglesía Inglesa en el siglo XVI, y con la que dinamitó el equilibrio interinstitucional de poderes. Ésta ACTA DE SUPREMACÍA formalizaría de hecho la puesta en marcha de la monarquía como una institución al servicio de la oligarquía capitalista y financiera, convirtiendo a la monarquía inglesa en la primera monarquía liberal burguesa y capitalista. Pero frente a ésta bazofia de monarquía parlamentaria, estaría la monarquía democrática, en el caso inglés, escocés e irlandés, la monarquía jacobita, institución que ampararía en el exilio las aspiraciones del campesinado y las clases humildes que en la realidad no tendrían voz en el Parlamento de Inglaterra. Por ello ése parlamento, resulta ser un símbolo de la Oligarquía Capitalista y no representa de ningun modo las aspiraciones democráticas del mundo rural torturado por el orden industrial liberal y capitalista que paulatinamente irían imponiendo los dueños del Parlamento, haciendo de la monarquía, una monarquía arlequín, una institución fantoche al servicio del capitalismo. El Partido Jacobita, de algun odo pondría de manifiesto que la monarquía no volvería a ser nunca la guarida de un sistema capitalista. No sería un nido de piratas y ladrones. Ésto lo supieron bien los jacobitas escoceses que desgraciadamente perderían la batalla de Culloden en el año 1746. No obstante y finalmente se establecería en Inglaterra y en los países del mundo occidental la dictadura de los Parlamentos, es decir, de ahí en adelante sería la partidocracia plutocrática burguesa la que realmente gobierne Inglaterra y los países de occidente. Así es como se establecería el parlamentarismo liberal burgués, disfrazado por una falsa democracia, donde son los partidos políticos de cuadros burgueses y neocapitalistas quienes nos gobiernan en beneficio de los intereses económicos que sostendrían bajo sus "principios" liberales.